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Desarrollo Sostenible

COP16, PROTEGER EL 30 % DE SUPERFICIE TERRESTRE Y ACUÁTICA PARA 2030

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Las metas de Kunming-Montreal serán las que marquen las discusiones y debates que se lleven a cabo en la COP16 de la ciudad de Cali. Entre ellas, la más relevante es la de proteger el 30% de superficie terrestre y acuática para el año 2030, pero no es la única.


¿Qué pasa en la COP16?

La COP16 es una cita que ha generado grandes expectativas en un planeta que en estos momentos enfrenta las consecuencias de incendios forestales devastadores y la pérdida de biodiversidad continúa a un ritmo acelerado.

Para los mandatarios y representantes oficiales de 196 países miembros que participan de la COP16, es el momento de presentar sus planes hacia la implementación de las 23 metas que se definieron hace dos años cuando se firmó el Marco mundial Kunming-Montreal de la diversidad biológica, en la última COP sobre Biodiversidad que se realizó en Canadá en el año 2022.

Este acuerdo significó un cambio con relación a los compromisos anteriores establecidos en las Metas Aichi, que habían expirado en 2020. Según el acuerdo d Aichi, para el 2020 al menos el 17% de las zonas terrestres y de las aguas interiores y el 10% de las zonas marinas y costeras debían estar bajo alguna figura de área natural protegidas.

“Me parece importante que esta COP16 esté sucediendo en Colombia, un país megadiverso y amazónico, y que la Presidencia esté liderada por la ministra del Ambiente, Susana Muhamad, una vocera importante de las transiciones y cambios.

Creo que ella va a jugar un rol esencial en esta COP16 para intentar avanzar en la discusión de la implementación y para concatenar las agendas, el financiamiento y las soluciones ante la crisis de pérdida de diversidad y la crisis de cambio climático”, señala Laura Rico, directora de campaña de Avaaz, una organización civil estadounidense que promueve el activismo ciudadano en asuntos como el cambio climático, los derechos humanos, y la pobreza.

La conservación es vital en la COP16

En el documento del Marco Kunming-Montreal se especifica que la meta 3 es conservar el 30 % del planeta para el 2030, además de los sistemas de áreas naturales protegidas. Otras Medidas Efectivas de Conservación Basadas en Áreas, conocidas como OMEC, así como el reconocimiento de los territorios indígenas y tradicionales integrados en paisajes terrestres, marinos y oceánicos más amplios.

“La meta 3 es en la que, seguramente, los países tanto del Sur global como del Norte van a reportar mayor avance”, dice Angie Durán, investigadora de la Asociación Ambiente y Sociedad en Colombia, al considerar que muchas naciones cuentan con un gran porcentaje de su superficie terrestre y acuática bajo alguna figura de área protegida.

Como ejemplo cita a Colombia, país en el que, en los últimos años, se ha avanzado en la constitución de nuevas áreas protegidas, pero también en la ampliación de los parques nacionales. “Creo que a los países se les facilita porque el proceso de constitución o de ampliación de las áreas protegidas es una decisión de las autoridades ambientales”, señala Durán, sin embargo, menciona, en algunos contextos puede generar tensiones con las comunidades que habitan en estos territorios.

Durán se refiere también a las OMEC como una forma de cumplir con esta meta. “Lo interesante es que se reconoce la contribución de otro tipo de actores, no solo del Estado, sino de actores como las comunidades locales y los pueblos indígenas”. Sin embargo, comenta que en estas figuras de conservación el avance es mucho menor. “Estoy segura de que eso no ha avanzado tanto como las áreas protegidas, pues estas últimas tienen un marco normativo que los países vienen desarrollando hace décadas”.

En ese sentido, Durán menciona el reconocimiento de áreas geográficas en las que hay una gobernanza de diferentes comunidades o actores que contribuyen a la conservación y al cuidado de la biodiversidad. “Creo que, justamente, para llegar a ese 30 % las OMEC son muy relevantes, porque las áreas protegidas han implicado tensiones con los intereses de las comunidades. En todo caso, el 30 % de un territorio nacional es bastante para que solo se consideren áreas protegidas, que de hecho tienen una serie de restricciones y son bastante estrictas”.

Por ello, la investigadora cree que como parte de la discusión de esta meta en la COP16 se tiene que debatir, por un lado, la efectividad de las áreas protegidas y cómo funcionan, y por otro lado, las OMEC. Otro tema a tener en cuenta, dice Durán, es el reconocimiento de la contribución de los pueblos a la conservación y al uso sostenible de la biodiversidad.

Para Roberto Troya, vicepresidente y director regional para América Latina del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) “las áreas protegidas siguen jugando un rol fundamental, pero se deben reconocer otros esfuerzos de conservación. A quienes están protegiendo los recursos hay que darles los incentivos necesarios para que puedan seguir haciéndolo. Esto es lo que se llama otras medidas efectivas de conservación, los famosos OMEC que trae la meta al 2030”.

Otro tema que viene de la mano es lo que se reconoce como la restauración de los ecosistemas (meta 2), señala Troya, de cómo se recuperan sistemas que antes estaban dando servicios ambientales importantes para las ciudades y para los países. Uno de ellos es el tema de los manglares, menciona el experto y pone como ejemplo a México y a Ecuador, que cuentan con importantes coberturas de manglares, pero que si se pierden “se quedan sin una fuente maravillosa de producción de proteína”, entre ellos crustáceos y algunos peces.

En la meta 3 también se habla de usos sostenibles. “Si no pensamos cómo incorporar la provisión de alimentos de una manera más inteligente, vamos en la dirección incorrecta, porque necesitaremos muchísima más agua para producir menos alimentos cuando la fórmula debería ser la opuesta”, comenta Troya. No estamos siendo eficientes en intensificar la producción de alimentos utilizando lo que ya tenemos sin degradar otros ecosistemas, agrega el experto en relación a la expansión de la agricultura en la Amazonía.

“Cuando se habla de restauración de ecosistemas, de agricultura sostenible o de nuevas áreas naturales, como establecen las metas 2 y 3 del nuevo marco de biodiversidad, y no se toma en cuenta a las poblaciones más sensibles, como los pueblos originarios y las comunidades locales, resulta difícil que diseñen acciones que beneficien a los más vulnerables y que se generen cambios en la sociedad y en el planeta”, señala Troya.

Para Laura Rico, de Avaaz, lo que se debe priorizar para alcanzar las metas es la conservación de los ecosistemas más estratégicos y vitales para el mundo. Un ejemplo básico es la Amazonía, dice Rico, porque la regulación ecosistémica que provee el bioma va mucho más allá de los territorios donde se ubica, pues tiene que ver con corrientes de agua y lluvia que están relacionadas hasta con los desiertos africanos.

Rico considera que cualquier país puede cumplir con las metas del 30 % de conservación y restauración para el 2030. “Hay países que ya tienen más del 30 % de su territorio (terrestre y/o marino) bajo algún esquema de protección”, asegura.  La especialista de Avaaz añade que los pueblos indígenas van a solicitar que en la cuenta de cada país se integre el área de los territorios comunales indígenas que hayan sido legalmente reconocidos.

La directora de campaña de Avaaz explica que hay una tensión entre la pregunta cómo se cuidan los ecosistemas y cómo se conservan estos ecosistemas. “Por ejemplo, en Colombia se encargaron de declarar parques nacionales naturales o áreas de reserva forestal o incentivar las reservas privadas y todos esos son mecanismos que abonan a la meta global de proteger el 30 % de la tierra, pero hoy en día estamos viendo que, según indicadores científicos, los territorios indígenas son los que mejor absorben carbono, tienen bosques más densos y albergan más biodiversidad que otras áreas. En la Amazonía es el trabajo de los pueblos indígenas el que a la fecha ha preservado casi el 45 % de los bosques intactos”.

Otro ejemplo citado por Rico es el de Brasil, país en el que después de los procesos de titulación de tierras se logró disminuir la deforestación en un 75 %. “Nosotros estamos muy enfocados en resaltar esta idea de que los territorios mejor conservados del mundo son los que están en manos de los pueblos indígenas y que si queremos garantizar el cumplimiento de la meta 3 necesitamos que los países donde haya pueblos indígenas, reconozcan y formalicen los derechos de propiedad a la tierra de estos pueblos y sumen estas áreas legalizadas a sus planes nacionales de biodiversidad y a su reporte de monitoreo”.

En cuanto al seguimiento de estas metas, Rico explica que los acuerdos ambientales deben ser reportados por los países ante las Naciones Unidas. “Los Planes y Estrategias de Acción Nacionales sobre Biodiversidad (NBSAPs por sus siglas en inglés) que se deben presentar en la COP16 abordarán cómo cada país plantea cumplir con la meta 3.

De acuerdo con el portal del Convenio de Diversidad Biológica, hasta el jueves 16 de octubre, solo 94 países habían presentado sus planes de acción en los que indican sus avances y el camino para cumplir con las metas del Marco Kunming-Montreal.

Los pueblos indígenas tienen mucho que aportar en la COP16
Laura Rico comenta que una gran cantidad de territorios indígenas no tienen títulos colectivos ni demarcación y mientras sus territorios no estén legalizados, los pueblos indígenas están más expuestos a la invasión de frontera agrícola, a madereros extractivistas y otros intereses.

“Sabemos también que, por ejemplo, la Amazonía es una de las zonas más peligrosas para vivir y para defender la tierra, cada cuatro días asesinan a un líder indígena que está en la defensa de los territorios. Entonces, garantizar los derechos territoriales es una medida tanto para proteger sus vidsa, sus derechos básicos, su autogobierno y una de las soluciones más eficaces para combatir la pérdida de biodiversidad y abonar a la lucha contra el cambio climático”.

La directora de campaña de Avaaz agrega que para cumplir con la meta 3 en temas de implementación y monitoreo se tendría que garantizar que en los países donde hay pueblos indígenas “se legalicen más territorios indígenas, entendiendo que es una estrategia de conservación”.

Alicia Guzmán, asesora senior de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (Coica) señala que para los pueblos indígenas es “su modus vivendi” lo que permite la conservación. “Tenemos que reconocer que hay áreas que ya no pueden servir para el extractivismo, sino para cuidar la vida, que es un tema vital de seguridad nacional”.

Guzmán pone como ejemplo lo que está pasando en Ecuador con la sequía y las restricciones en el suministro de energía eléctrica. “No estamos hablando de un futuro y de que todo está perfecto y todavía tenemos tiempo para hacer planes. Tenemos que decidir cómo deben encaminarse estas metas ahora, abordarlas como un tema de emergencia”.

Y en medio de todo: la política

Para Laura Rico, de Avaaz, es importante avanzar en la discusión para concatenar las agendas del financiamiento y las soluciones para las crisis de pérdida de diversidad y de cambio climático. “No logramos nada con que haya una cumbre súper enfocada en descarbonización y haya otra cumbre súper enfocada en restauración y conservación de ecosistemas, cuando realmente los problemas y las necesidades coexisten en el mismo territorio vital”.

Por su parte, Troya, de WWF, agrega que desde esta institución están monitoreando el aspecto político de las metas de Kunming-Montreal. En ese sentido, menciona que, a nivel global, corresponde la integralidad entre las tres agendas: clima, sostenibilidad y biodiversidad. Troya se refiere a los Objetivos del Desarrollo Sostenible, los compromisos del Acuerdo de París y los del Marco Kunming-Montreal, acuerdos que deben estar conectados entre sí. “La integralidad en el enfoque es la primera observación. Se deben ver las tres grandes agendas como un gran diagrama de Venn, en donde las intersecciones van a marcar el camino”.

El vicepresidente de WWF comenta que una semana antes del inicio de la COP16 solo dos o tres países de América Latina habían preparado sus reportes para esta cumbre. “Hemos visto a México y Surinam presentar reportes, los otros países lo estarán haciendo tarde”.

Y agrega que “lo que estamos haciendo en la COP16 va a conectarnos con la COP29 de clima, en Azerbaiyán, y más adelante, el próximo año, con lo que el presidente Lula de Brasil ha llamado la COP del clima más verde, que será en Belén y donde vamos a tener nuevas discusiones sobre las contribuciones nacionalmente determinadas y qué es lo que estamos haciendo los países alrededor del clima”.

Alicia Guzman añade que “nos tenemos que reeducar y los gobiernos también”. En ese sentido dice que los pueblos indígenas tienen que tomar las universidades y enseñar a todos cómo hay que restaurar la Amazonía, el Chocó y, en general, todos los ecosistemas claves. “Necesitamos entenderlos mejor para saber cómo enfrentar este escenario apocalíptico. El aire está más seco, hay menos humedad, hay más calor y menos lluvia. Cada año es una espiral mayor. ¿Qué van a hacer los gobiernos?”.

El último informe Planeta Vivo, que presentó recientemente WWF, ofrece un panorama más que preocupante sobre la crisis de la biodiversidad. “América Latina, en particular, es la región con mayor pérdida. Los datos arrojan una cifra espeluznante del 95 % de pérdida de la biodiversidad”, dice Roberto Troya, vicepresidente de WWF sobre los resultados del informe.

Con este panorama se ha llegado a la COP16, donde los representantes de los gobiernos deben tomar decisiones que se conviertan en acciones concretas para afrontar una crisis que todos estamos viviendo.

“Estamos viviendo de forma cercana y evidente las consecuencias de la pérdida de biodiversidad y del cambio climático, por tanto, creo que las organizaciones llegaron a la COP16 con mucha expectativa sobre el cumplimiento del Marco Global Kunming Montreal, no sólo por parte de los Estados, sino también con la expectativa de una negociación que ponga en línea a los privados, a las transnacionales y dé una discusión alrededor del modelo económico”, comenta Angie Durán sobre lo que se espera del encuentro en Cali.

El mundo entero esta pendiente de cada una de las decisiones que se tomen en la COP16 que se está celebrando en la ciudad de Cali, de la que se espera salga un acuerdo en el que la protección a la biodiversidad deje de ser una promesa y se transforme en una realidad.


Fuente/Ecoticias
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Conversación

PUBLICAN PRIMER REGISTRO PARA CHILE DE “ALGA ABANICO” EN LA ISLA GRANDE DE TIERRA DEL FUEGO

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El hallazgo fue realizado durante una expedición conjunta a Bahía Inútil entre investigadores del Programa Marino de la Fundación Rewilding Chile y CADIC-CONICET de Ushuaia para caracterizar la biodiversidad asociada a los bosques del alga gigante Macrocystis pyrifera.


El área de Bahía Inútil, en la región de Magallanes, no deja de revelar su asombrosa biodiversidad marina. Una publicación reciente liderada por especialistas chilenos y argentinos documentó por primera vez para Chile la presencia de la macroalga parda Microzonia velutina en el ambiente submarino de la Isla Grande de Tierra del Fuego, sumando una nueva especie a la diversa flora ficológica de nuestro país y ampliando su rango de distribución en la costa atlántica Argentina.

El hallazgo se produjo en el contexto de la expedición conjunta realizada en marzo de 2025 entre investigadores del Programa Marino de la Fundación Rewilding Chile y CADIC-CONICET de Ushuaia, además de profesionales encargados del filmaciones submarinas y terrestres, con el fin de caracterizar la biodiversidad asociada a bosques fueguinos de Macrocystis pyrifera (huiro o sargazo). Para ello, se realizaron buceos exploratorios entre 3 y 6 metros en tres sitios de muestreo, dos en Bahía Inútil, lado chileno de la Isla Grande de Tierra Argentino, y uno en el sector argentino de Bahía Aguirre, en la Península de Mitre. 

Respecto a la importancia del registro, Mathias Hüne, Director del Programa Marino de Rewilding Chile, destacó: “En el contexto de la crisis climática, ampliar el conocimiento sobre la biodiversidad marina en altas latitudes es fundamental para sustentar estrategias de conservación y refuerza el valor biogeográfico de Tierra del Fuego y en particular de Bahía Inútil, como zona clave para la diversidad subantártica”.

El análisis de los resultados de la expedición fue publicado en la prestigiosa revista alemana Botánica Marina -la más clásica en su especialidad- como  “New records of Microzonia velutina (Syringodermatales, Ochrophyta) in Isla Grande de Tierra del Fuego in the sub-Antarctic region”. Sus autores son Mauricio Palacios, investigador asociado de la Fundación Rewilding Chile; Julieta Kaminsky, del CADIC CONICET de Ushuaia; Mathias Hüne, director del Programa Marino de Rewilding Chile; los ecólogos y taxónomos Erasmo Macaya de la Universidad de Concepción y Alicia Boraso, referente del estudio de macroalgas en Argentina, de la Universidad Nacional de la Patagonia, junto al fotógrafo submarino Mariano Rodríguez de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego.

Imagen:Microzonia velutina – mariano rodriguez

En todos los puntos de muestreo, Microzonia velutina fue observada como parte de la flora del sotobosque en sustratos rocosos bajo bosques de huiro. A diferencia de los alargados huiros, cuyos bosques submarinos pueden medir hasta 80 metros, esta pequeña macroalga, con forma de abanico, no supera los 3 centímetros de altura y destaca por su color café oliváceo con pigmentación iridiscente en los bordes.  

“No es fácil de ver, porque es bien chiquita y uno creería que puede ser un hongo como los que encontramos en los bosques terrestres, pero es una macroalga. Para poder encontrarla hay que buscarla con intención, no es fácil de ver, pero cuando la encontramos es muy característica la forma que tiene así de abanico, con unas pequeñas líneas y crece bien cerquita del sustrato de la roca”, indica Julieta Kaminsky, investigadora del CADIC-CONICET de Ushuaia.

“En términos generales, es una especie relativamente poco común y poco conocida, más típica en Nueva Zelanda, pero no abundante, con sólo dos registros en el hemisferio sur, particularmente en la costa atlántica de Argentina”, explica Mauricio Palacios, investigador asociado de Rewilding Chile. “Sabemos poco de su morfología externa, su ciclo de vida, de sus hábitos, por qué está acá y no en otro lugar, etc.”, complementa.

En la expedición se recolectaron talos completos de la pequeña macroalga y se realizó su identificación en base a morfología externa e interna, “a ojo desnudo”, como precisa Julieta Kaminsky para describir el método. “Después hacemos pequeños cortes que nos permiten observar en la lupa o el microscopio óptico y a partir de distintas características que son específicas o particulares y comparando con otros ejemplares que se parecían de Argentina y otros lugares del mundo podemos saber a cuál especie corresponde”, agrega. Una vez identificados, tres ejemplares fueron preservados en el herbario realizado que mantiene Rewilding Chile.

 

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Desarrollo Sostenible

Medio Ambiente busca recuperar Lago Vichuquén: MINISTRA TOLEDO INICIA PROCESO PARA AVANZAR EN SU DESCONTAMINACIÓN

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La secretaria de Estado firmó la resolución para comenzar la elaboración de una norma que establecerá límites a distintas sustancias que hoy afectan la calidad del agua, como el exceso de nutrientes.


La ministra del Medio Ambiente, Francisca Toledo, dio un paso fundamental para la recuperación del Lago Vichuquén, en la Región del Maule, que ha enfrentado una importante crisis ambiental y sanitaria producto de la contaminación de sus aguas. Se trata del inicio de la elaboración del anteproyecto de normas secundarias de calidad ambiental para este ecosistema, que permitirá mejorar la calidad de sus aguas y protegerlo para quienes viven y visitan la zona.

La secretaria de Estado luego de firmar la resolución que da inicio oficial a la creación de la norma, afirmó que “dada la crítica situación del Lago Vichuquén decidimos agilizar el inicio de la creación de esta norma y trabajaremos para concretarla lo antes posible. Tras esto, desarrollaremos un plan de descontaminación. Este proceso es un paso importante para recuperar sus aguas y cuidar su biodiversidad, pero también para mejorar la calidad de vida de las comunidades”.

Para avanzar en este objetivo, la norma establecerá límites a distintas sustancias que hoy afectan la calidad del agua, como el exceso de nutrientes. Este proceso abarcará todo el sistema lacustre, incluyendo el lago Vichuquén, la laguna Torca y el estero Llico, con el fin de enfrentar de manera integral esta problemática y avanzar hacia una solución definitiva,

Este trabajo se apoya en estudios científicos y monitoreos que han evidenciado la necesidad de actuar con mayor fuerza para proteger el lago. A partir de ahora, se comenzará a construir una propuesta que también considerará la opinión de la ciudadanía, abriendo espacios para que vecinos, organizaciones y distintos actores puedan aportar con su experiencia y conocimiento del territorio.

Tras contar con una norma de calidad para el Lago Vichuquén se podrá elaborar un plan de descontaminación ambiental, instrumento que establecerá medidas y acciones específicas con la finalidad de recuperar este ecosistema y sus especies.

La ministra Francisca Toledo añadió que recuperar el lago no solo es una tarea ambiental, “también es una oportunidad para fortalecer el turismo, las actividades recreativas y la identidad local. Un entorno más sano beneficia directamente a las personas y ayuda a proyectar un desarrollo más sostenible para la comunidad de Vichuquén y sus alrededores”.

 

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CON LA GASOLINA DISPARADA, CORRER SALE MUCHO MÁS CARO DE LO QUE PARECE

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Intentar emular a Fernando Alonso en los desplazamientos diarios de casa al trabajo no es una buena idea. Porque aparte de generar más estrés y más situaciones de riesgo, afecta a nuestro bolsillo más de lo que podríamos pensar.


Es evidente que conduciendo más rápido se llega antes, aunque la diferencia puede ser pequeña cuando el tráfico está condicionado por atascos, semáforos, etc. Sin embargo, conduciendo más rápido visitamos la gasolinera más a menudo. Entonces, ¿cuánto tiempo se gana en realidad? ¿Cuánto sube el consumo? ¿Merece realmente la pena apostar por la velocidad?

Consumo frente a velocidad

El consumo de combustible depende de la velocidad de una forma bastante simple de entender. Por un lado, el funcionamiento de los motores de combustión, incluso con el coche completamente parado, consume. Así, si nos desplazamos a una velocidad muy baja, del orden de 20 km/h, el gasto será grande en relación al espacio recorrido.

Por otro lado, la fricción con el aire crece con el cuadrado de la velocidad, por lo que conducir por encima de los 100 km/h también implica un consumo considerable. Además, están las pérdidas por rodadura, prácticamente independientes de la velocidad y sujetas a la distancia recorrida.

Combinando todos los factores, el consumo óptimo se obtiene a una velocidad que, en función del coche, está entre los 60-90 km/h.

La Agencia Europea de Medio Ambiente usa el modelo matemático COPERT para calcular las curvas de consumo de coches típicos, tanto de gasolina como híbridos y otros combustibles. En nuestro estudio, realizado específicamente para este artículo, hemos hecho los cálculos para un coche híbrido de tamaño medio/grande.

No consuma noticias, entiéndalas.

Consumo en función de la velocidad para un coche híbrido medio/grande según COPERT. J. A. Aguilar y Cristina Álvarez.

Cuestión de física

Los valores de referencia son representativos de una gran variedad de coches, tanto berlinas como SUV. En cualquier caso, aquí el dato de interés no es el valor absoluto del consumo, que para nuestro coche particular puede ser menor. El factor clave es cómo aumenta el consumo a grandes velocidades. Este es un comportamiento universal, basado en leyes físicas.

Por otro lado, está el sobreconsumo asociado a un estilo de conducción más agresivo, con aceleraciones y frenadas. Esta componente penaliza el consumo a mayor velocidad, sin disminuir significativamente el tiempo de desplazamiento. Por eso, ignoraremos en nuestros cálculos ese efecto, que por otra parte es imposible de modelar.

Estudiando trayectos reales

Queremos estudiar el impacto de la velocidad en situaciones como las de miles de personas que diariamente se desplazan en coche. Para ello, hemos tomado como ejemplo cinco trayectos reales desde casa hasta el trabajo en la Comunidad de Madrid. Los trayectos comprenden tramos urbanos –en Alcobendas, Madrid, Móstoles, Las Rozas, Tres Cantos y Vallecas– y tramos en las carreteras A3, A5, A6, M30, M40, y M607 de distinta consideración. Como ejemplo, la fracción de recorrido en carretera con límite de velocidad superior a 90 km/h varía entre el 73 % y el 43 %.

Trayectos considerados en este estudio. Juan A. Aguilar y Cristina Álvarez.

Hemos calculado las rutas usando Google Maps y hemos obtenido información de los límites de velocidad a través de OpenStreetMap. Como resultado, para cada una de las cinco rutas, preparamos una tabla que agrupa tramos por límite máximo de velocidad.

 
 
 
Ejemplo de rutas consideradas. J. A. Aguilar y Cristina Álvarez.

 

Estos límites nos proporcionarán valores de referencia para la velocidad en cada tramo. Así, conocida la longitud de cada tramo y su velocidad de referencia, un cálculo simple nos permite calcular el tiempo total empleado en el desplazamiento –suponiendo el caso ideal de ausencia de atascos y semáforos–.

Además, usando los datos de consumo típico, podemos calcular también el consumo de gasolina, suponiendo que existe una velocidad constante.

¿Más rápido es mejor?

A continuación, investigamos cuánto tiempo se ahorra desplazándose más rápido y cuánto más se consume. Aquí, hacemos una suposición razonable:

  • Para los tramos urbanos con límite hasta 50 km/h, siempre consideraremos velocidad igual al límite legalmente establecido. Esta simplificación es necesaria porque, al aumentar la velocidad, también aumentan las pérdidas por frenada (algo frecuente en entorno urbano) y, como se ha mencionado, es imposible modelar adecuadamente estas variaciones.
  • Para los tramos en carretera, consideraremos dos casos: velocidades 20 % mayores al límite y velocidades 40 % mayores. Es decir, si el límite está en 100 km/h, supondremos velocidades de 120 km/h y 140 km/h, respectivamente. Lo cual está bastante en línea con lo observado diariamente.
Ahorro de tiempo frente a consumo extra a mayor velocidad. J. A. Aguilar y Cristina Álvarez.

 

Los resultados no dejan lugar a dudas: pisar el acelerador sale muy caro. Para ahorrar un 10 % de tiempo gastamos ¡30 % más de combustible! Y esto es similar para todos los trayectos. Con una velocidad 20 % mayor al límite, el gasto de combustible triplica al ahorro de tiempo en los trayectos 1, 2, 3 y 5 y casi lo quintuplica en el trayecto 4. Y, para una velocidad 40 % mayor, las cifras de consumo se disparan.

Por otro lado, si no apuramos el límite de velocidad, el ahorro relativo de combustible es bastante comparable al incremento relativo del tiempo de viaje. La gran disparidad entre ambos solo aparece a velocidades elevadas.

Imagen de Christo Anestev en Pixabay

Pisar el acelerador hace daño al bolsillo y al planeta

Naturalmente, los detalles de consumo varían de un modelo de automóvil a otro, dependiendo del motor, la aerodinámica, el combustible y otras características. No obstante, los resultados cualitativos obtenidos aquí son extrapolables a coches de gasolina o diésel de diversos tamaños. Como hemos señalado, el incremento de consumo a gran velocidad es enorme y está basado en leyes físicas. Por tanto, la conclusión de que el gasto adicional excede con creces el ahorro de tiempo tiene un carácter bastante general.

Asimismo, pisar el acelerador también sale muy caro para el planeta. Las emisiones de CO₂ y otros gases son proporcionales al consumo. Por lo que ahorrar unos pocos minutos se traduce en una contaminación bastante mayor.

En términos generales, como sabemos, la huella de emisiones por viajero es inferior en transporte público que en coche privado, y más aún en áreas urbanas. Encima, cuando el vehículo viaja con un solo ocupante, este consumo y esas emisiones recaen íntegramente sobre un único viajero, empeorando aún más el balance.

Para esos casos en que el uso del coche es inevitable, no deberíamos olvidar que la velocidad no compensa, ni para el bolsillo ni para el planeta.

 

Fuente/The Conversation/Creative Commons
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PODEMOS CONVERTIR LA ROPA QUE DESECHAMOS EN COMBUSTIBLE Y OTROS RECURSOS PARA EVITAR QUE ACABE EN VERTEDEROS

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¿Sabías que la ropa que usamos nos la ponemos, de media, solo siete veces antes de desecharla? La industria textil es uno de los sectores con mayor impacto ambiental: genera alrededor del 10 % de las emisiones globales de CO₂, más que todos los vuelos transatlánticos juntos, y consume enormes cantidades de agua. Fabricar una camiseta de algodón requiere unos 2 700 litros, el equivalente al agua que bebe una persona en dos años y medio.


En los últimos años, estos problemas se han agravado con el fenómeno de la moda rápida o fast fashion, un modelo basado en producir grandes cantidades de ropa barata a gran velocidad, siguiendo tendencias casi inmediatas. Compramos más prendas, más baratas y con mayor frecuencia, pero a costa de un impacto ambiental creciente.

Reciclar más textiles sería parte de la solución, pero no es sencillo. En España, cada persona genera unos 20 kg de residuos textiles al año y solo se recicla el 1 %. El resto acaba en vertederos, formando auténticas montañas de ropa.

¿Cómo se recicla la ropa que desechamos?

La opción más extendida es el reciclado mecánico, que tritura y desfibra las prendas para obtener nuevas fibras. Sin embargo, este proceso las acorta y debilita, reduciendo su calidad y limitando su uso para fabricar ropa nueva. Además, es poco eficaz con tejidos mezclados, muy comunes hoy en día.

El reciclaje químico permite descomponer los tejidos hasta sus moléculas básicas para reconstruir las fibras originales; es como desmontar un puzle pieza a pieza y volver a montarlo. Así se recuperan materiales similares a los iniciales. Este método está más desarrollado para fibras sintéticas como el poliéster, utilizando disolventes, temperatura y presión para romper sus cadenas y obtener los componentes de partida, que luego se purifican y transforman en nuevas fibras. Aunque es prometedor, su impacto ambiental y sus limitaciones con tejidos mixtos o fibras naturales impiden que sea una solución universal.

En este contexto, la pirólisis surge como alternativa con gran potencial, ya que permite tratar prendas de tejidos complejos sin separar previamente las fibras.

Cómo convertir los tejidos en combustibles

El proceso consiste en calentar el residuo textil a altas temperaturas en ausencia de oxígeno. En lugar de quemarse, el material se descompone en tres fracciones: un gas, un sólido y un líquido.

El gas puede utilizarse como combustible para aportar el calor que requiere el propio proceso. El sólido carbonoso tiene múltiples aplicaciones: como combustible sólido, mejorador del suelo o material filtrante para eliminar contaminantes en corrientes líquidas o gaseosas. Y el líquido, conocido como aceite pirolítico, es una mezcla compleja de compuestos orgánicos cuya composición depende del tejido original y que puede revalorizarse para obtener combustibles o productos químicos.

En la Unidad de Procesos Termoquímicos de IMDEA Energía trabajamos desde hace años en la pirólisis de distintos residuos –orgánicos, agrícolas, forestales, plásticos o neumáticos– con el objetivo de producir aceites transformables en combustibles líquidos o compuestos similares a los derivados del petróleo.

No obstante, el aceite pirolítico es muy complejo. Contiene numerosos compuestos y, a diferencia del crudo de petróleo, presenta cantidades significativas de oxígeno, nitrógeno, cloro o azufre. Estos elementos dificultan su uso directo como combustible y su integración en procesos industriales.

Para superar esta limitación, el proyecto HYPY-CAT explora una solución innovadora: la hidropirólisis catalítica a baja presión. Este proceso realiza la pirólisis en presencia de hidrógeno, que ayuda a eliminar elementos indeseados y mejora la calidad del aceite obtenido. Y al hacerlo a baja presión, reduce los costes de operación.

Nuevos catalizadores

Un elemento clave es el catalizador, que facilita la ruptura de las largas cadenas de los polímeros y favorece la eliminación de compuestos no deseados. En el proyecto se proponen un tipo especial de zeolitas. Se trata de sólidos porosos, similares a esponjas con pequeños canales por los que deben entrar las moléculas para reaccionar.

Las zeolitas son excelentes catalizadores, pero sus poros suelen ser tan pequeños que muchas moléculas procedentes de los residuos textiles no pueden acceder por su gran tamaño. Pensemos en un camión o un autobús intentando pasar por una calle muy estrecha. Nuestra propuesta consiste en crear “avenidas”, es decir, poros de mayor tamaño que permitan el acceso de moléculas voluminosas. Una vez dentro, pueden transformarse en otras más pequeñas capaces de penetrar en los poros más estrechos y completar las reacciones deseadas.

Con esta iniciativa, abrimos una nueva vía para reciclar residuos textiles, reducir su impacto ambiental y convertirlos en recursos útiles para la industria, avanzando hacia una verdadera economía circular en el sector textil

 

Fuente/TheConversation /Creative Commons
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LA ACTIVIDAD FÍSICA MUNDIAL NO MEJORA EN 20 AÑOS PESE AL AUMENTO DE POLÍTICAS PÚBLICAS

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Tres estudios internacionales advierten de que los esfuerzos para aumentar el ejercicio entre la población apenas logran resultados. La falta de avances se agrava por profundas desigualdades sociales y de género que condicionan quién puede moverse más y quién queda atrás.


Los niveles de actividad física en el mundo no han mejorado en los últimos 20 años, a pesar del creciente número de políticas públicas destinadas a promoverla. Tres estudios publicados en Nature Medicine y Nature Health concluyen que los esfuerzos actuales no están logrando aumentar de forma significativa la práctica de ejercicio, mientras que las desigualdades sociales y de género siguen marcando grandes diferencias en quién puede mantenerse activo.

Según los investigadores, alrededor de uno de cada tres adultos y ocho de cada diez adolescentes no cumplen las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Estas establecen al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado en adultos y 60 minutos diarios en niños y adolescentes.

Inactividad física y muerte

La inactividad física se asocia cada año con más de cinco millones de muertes en todo el mundo, lo que la convierte en uno de los principales factores de riesgo para la salud pública.

Uno de los estudios, liderado por Andrea Ramírez Varela, investigadora de The University of Texas Health Science Center at Houston (EE UU), analizó 661 documentos de políticas nacionales de actividad física en 200 países entre 2004 y 2025. Los resultados muestran que la mayoría de los países han adoptado estrategias para fomentar la actividad física, pero existe poca evidencia de que estas se estén aplicando de forma efectiva.

El análisis revela que solo el 38,7 % de las políticas asigna responsabilidades a tres o más sectores gubernamentales, algo clave para implementar acciones que afectan a ámbitos como el transporte, la educación o el urbanismo. Además, el 26,5 % de los países con políticas no establece objetivos medibles, lo que dificulta evaluar su impacto.

Los autores también entrevistaron a 46 responsables políticos, académicos y representantes de organizaciones internacionales. Según sus testimonios, el ejercicio físico ha pasado de ser un tema casi inexistente en la agenda política a tener una prioridad baja pero creciente, aunque todavía muy por detrás de otras áreas de salud pública.

Entre los obstáculos identificados figuran la falta de consenso sobre cómo abordar el problema, la tendencia a tratarlo como una cuestión de comportamiento individual en lugar de un reto sistémico, y la ausencia de un organismo gubernamental claramente responsable de coordinar las acciones.

“Priorizar las políticas de ejercicio físico es esencial para mejorar la salud humana, social y planetaria”, concluyen los autores.

Imagen de Mircea Iancu en Pixabay

 

Desigualdades

Otro de los trabajos, encabezado por Deborah Salvo, investigadora de The University of Texas at Austin, analizó datos de actividad procedentes de 68 países. El estudio revela importantes desigualdades en las oportunidades de practicar ejercicio según el contexto social y económico.

El ejercicio físico recreativo —que depende de una elección personal, como el deporte o el ejercicio— es 40 puntos porcentuales más frecuente en grupos favorecidos, como hombres con altos ingresos en países ricos, que en grupos desfavorecidos, como mujeres con bajos ingresos en países de renta baja. En cambio, el asociado a la necesidad económica, como trabajos físicamente exigentes o desplazamientos obligados a pie o en bicicleta, es más habitual en poblaciones con menos recursos.

Los autores destacan además que la actividad física no solo reduce el riesgo de enfermedades crónicas. También puede reforzar el sistema inmunitario, disminuir los síntomas de depresión y mejorar los resultados en pacientes con cáncer, entre otros beneficios.

Cambio climático

El tercer estudio, dirigido por Erica Hinckson, investigadora de Auckland University of Technology (Nueva Zelanda), examina la relación entre actividad física y cambio climático. Los autores proponen un modelo conceptual que muestra cómo ciertas políticas pueden beneficiar simultáneamente a la salud y al medio ambiente.

Por ejemplo, estrategias que fomentan caminar, usar la bicicleta o el transporte público en lugar del coche pueden reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Al mismo tiempo, el cambio climático puede afectar negativamente al ejercicio físicoa, ya que fenómenos como olas de calor, inundaciones o contaminación del aire dificultan realizar ejercicio al aire libre.

Los investigadores advierten también de posibles efectos no deseados. Algunas iniciativas vinculadas al ejercicio —como grandes instalaciones deportivas o eventos internacionales— pueden aumentar las emisiones si no se planifican de forma sostenible. Además, la transformación urbana para crear ciudades más caminables podría provocar desplazamiento de residentes si eleva el coste de la vivienda.

Por ello, los autores defienden una aproximación integrada que combine salud pública, planificación urbana, transporte y políticas climáticas, con especial atención a las comunidades más vulnerables.

Un problema global persistente

En conjunto, los tres estudios coinciden en que el problema de la inactividad física sigue siendo global y persistente.

Para los investigadores, la clave está en pasar de políticas declarativas a acciones coordinadas entre distintos sectores —desde el urbanismo hasta la educación— que faciliten la actividad física en la vida cotidiana. Sin ese enfoque sistémico, concluyen, será difícil revertir una tendencia que afecta tanto a la salud pública como al desarrollo sostenible.

Referencias:

Deborah Salvo et al “Physical activity for public health in the 21st century”. Nature Medicine, 2026. Nature Health, 2026.
Erica Hinckson et al. “Benefit of physical activity initiatives for climate change mitigation and adaptation”. Nature Health, 2026.
Andrea Ramírez Varela et al. “Low global physical activity despite two decades of policy progress”. Nature Health, 2026.

 
 

Fuente/Sinc/Creative Commons
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