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COP25: Estos son los cuatro grandes temas que se discutirán en Chile
Dos semanas de negociaciones climáticas en Bonn fueron un adelanto de cómo se desarrollará la esperada cumbre de diciembre en Santiago. Junio fue el mes más caluroso de la historia en Europa. Mientras los termómetros superaban los 40º C, en paralelo se desarrollaba en Bonn, Alemania, la conferencia “intersesional” de cambio climático, que se celebra a mediados de año entre cada COP en esta ciudad.
Representantes de los 197 países de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC) se sentaron a negociar durante dos semanas. En su última jornada, el jueves 27 de junio, el calor del norte de Alemania entró al recinto: el cierre programado para las 17.00 se extendió hasta cerca de la medianoche y el salón plenario se repletó de poleras blancas con la consigna de “la ciencia no se negocia”.
Las sesiones intersesionales suelen ser más técnicas, pero este año en Bonn no faltó la polémica entre los países, en un escenario diplomático pero tensionado que se repetirá en diciembre de este año en Santiago, donde se negociará el reglamento que determine la aplicación del Acuerdo de París, el tratado internacional más importante en la lucha contra el cambio climático, celebrado en la COP21 en 2015. Tal como cualquier ley, el tratado no será ley sin su reglamento, que es lo que se ha discutido en los últimos cuatro años.
El Acuerdo comienza a regir el año 2020 y será la COP25 de Santiago la última oportunidad de ajustarlo para su aplicación. Los ojos del mundo estarán puestos en Santiago y en el rol que jugará Chile como el mediador de todas las negociaciones.
En Bonn se terminaron de definir los cuatro grandes temas que tendrá la cita en Cerrillos, cuyos resultados marcarán el éxitos de la gestión chilena y de su posición como líder internacional en la lucha contra el cambio climático.
1. Los mercados de carbono y el temible Artículo 6
Si hay un tema por el que será recordada la COP de Santiago será por el Artículo 6, el único punto de todo el Acuerdo de París que permanece sin definición.
Se trata de un marco de reglas que facilitaría cooperación “para permitir una mayor ambición en las acciones de mitigación y adaptación de los países y para promover el desarrollo sostenible y la integridad ambiental”. En la práctica, es un sistema de “mercado de carbono”, en el que los países puedan intercambiar, comprar y vender “bonos” de carbono, es decir, reducciones de emisiones.
Por ejemplo, un país desarrollado invierte en un proyecto de energías renovables en otro menos desarrollado y puede contabilizar esa inversión como parte de sus políticas de mitigación del cambio climático. Las negociaciones deben dejar claro cada detalle del mecanismo de intercambio de emisiones. Crear un mercado de algo que no se ve, como la reducción de emisiones –cuánto menos contamino con este proyecto- hacen que la discusión sea en gran parte técnica.
Pero como todo en las negociaciones climáticas, también es política. El cómo evitar que los dos países cuenten dos veces la reducción de emisiones, cómo garantizar la sostenibilidad ambiental de los proyectos que se incluyan en el mecanismo o agregar un enfoque de derechos humanos a la hora de formular proyectos, son todos temas que se deben definir en Santiago.
El Artículo 6 es, para muchos, el más crítico de todo el Acuerdo. Un mecanismo “débil”, podría debilitar las políticas globales contra el cambio climático, repitieron a lo largo de dos semanas distintos negociadores. “El Artículo 6 es una de esas aves raras que dentro de nuestro sistema podrían hacer un daño proactivo: si esas reglas no son lo suficientemente buenas, básicamente nos otorgan licencias para imprimir dinero falso, y si permiten que las personas impriman dinero falso, comienzan a pagar sus facturas con dinero falso. Y en este caso, debido a que a la geofísica no le importa lo inteligentes que sean nuestros mecanismos de contabilidad, volverá a atormentarnos “, dijo un negociador de Costa Rica en Bonn.
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La cita en Alemania debía dejar avanzado el texto final para llegar a Santiago a negociar, pero las diferencias provocaron que solo quedaran consignados algunos avances en los borradores sobre “enfoques cooperativos” y el mecanismo en sí. El grueso de la discusión y negociación será en diciembre.
En la negociación, los países africanos enfatizaron en evitar el “doble conteo” (que tanto el país inversor como el receptor de los proyecten contabilicen la misma reducción de emisiones), así como la transferencia de “bonos de carbono” del sistema existente, creado bajo el protocolo de Kyoto en 1997 y que dejará de funcionar en 2020.
Frente a negociadores de todos los países, la ministra de Medio Ambiente y presidenta de la COP25, Carolina Schmidt, dijo que el gran desafío de su gestión será “llegar a un acuerdo en los mecanismos de carbono. Tenemos que terminar el Artículo 6, el único que incluye al sector privado en la acción climática, y debemos llegar a un acuerdo para reducir emisiones”.
2. ¿Quién paga por los daños de los desastres naturales?
Otra definición que saldrá sí o sí de Santiago es qué pasará con el Mecanismo Internacional de Varsovia (WIM), una instancia creada hace cinco años para analizar acciones para enfrentar las pérdidas y daños inmediatos que genera el cambio climático. Es decir, cómo enfrentar las consecuencias directas de desastres que provocan huracanes o tornados.
Por un lado, los países desarrollados como Estados Unidos, la Unión Europea y Australia, quienes hacen una evaluación positiva del funcionamiento del mecanismo, apuestan a que la revisión no agregue nuevas funciones y se mantenga como está. Del otro están los países en desarrollo, sobretodo de África, y América Latina, críticos de un sistema creado para enfrentar los desastres de la crisis climática, pero que en 5 años no ha generado alternativas de financiamiento para las comunidades más vulnerables.
De las múltiples formas de financiamiento climático existentes, no hay ninguna que aborde directamente el tema de pérdidas y daños. Es más, los países que más reciben son grandes como Brasil o China, no los más afectados por pérdidas directas.
Las posiciones en Bonn no se acercaron mucho y la pauta definida muestra la amplitud de opciones.
Desde la sociedad civil dicen tajantes que la discusión del WIM en Santiago “definirá si es una COP exitosa o no”. La ministra Schmidt, por su parte, lo mencionó como uno de los desafíos de la cita: “Queremos mejorar el mecanismo de pérdidas y daños. Es muy importante porque la adaptación no es suficiente y debemos revisar este mecanismo”.
En estas instancias Chile es parte de AILAC, grupo de 8 países de América Latina que se coordina para un despliegue conjunto en las negociaciones climáticas. Es, debido a la alta vulnerabilidad de sus países al cambio climático, uno de los grupos más activos y “progresistas” en las discusiones.
3. Metas de reducción: ¿cada cinco o diez años?
Fue la palabra más repetida por la ministra Carolina Schmidt ante el plenario de Naciones Unidas: Que la COP25 será la de la “ambición”. “Estamos en un momento especial. No solo la juventud, los ciudadanos esperan que nosotros reaccionemos ante el calentamiento global. Necesitamos usar este poder de la gente para mayor ambición”, dijo.
En septiembre, el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, convocó a una cumbre climática en Nueva York, una instancia que sorprendió a muchos negociadores al estar fuera de las clásicas reuniones de negociaciones climáticas. Por lo adelantado en Bonn, la cumbre no será de negociación, sino una instancia que reúna a líderes políticos y se comprometan ante el mundo de generar un mayores acciones en la lucha global contra el cambio climático. Según Guterres, 80 países utilizarán la cumbre para aumentar sus promesas de ambición climática.
En Bonn se vio que 30 países, todos pequeños y vulnerables al cambio climático, son los que están liderando los esfuerzos conjuntos ante la crisis, al comprometerse públicamente a una mayor ambición.
El Acuerdo de París contempla un documento tipo que refleja las acciones climáticas de cada país, conocido como Contribuciones Determinadas a nivel Nacional (NDC por sus siglas en inglés). 2020 es la fecha en que todos deben entregar un nuevo NDC y se espera mayor ambición, ya que la actual ronda de documentos, según estudios de Climate Action Tracker, conduce al mundo a un calentamiento por sobre los 3°C, muy lejos de la meta límite de 1,5°C que se puso en París. Según adelantaron negociadores chilenos a Qué Pasa, el país está trabajando para presentar su nuevo NDC antes de la COP.
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Pero las negociaciones en Bonn dejaron un trago amargo en este sentido para algunos países. Las 197 partes se han puesto de acuerdo en los NDC como principal medición de la acción climática, pero no lo han hecho en cada cuánto tiempo se deben presentar y, por lo tanto, cada cuánto aumentar la ambición. El consenso es que recién a partir de 2030, todos presentarán sus NDC al mismo tiempo, pero falta por definir si será cada cinco años, como piden países chicos, o cada 10, como insiste la Unión Europea o Japón. Esa decisión se espera que se tome en Santiago.
En Bonn, la ministra Schmidt fue interpelada por organizaciones de la sociedad civil por el rechazo de Chile a firmar el Acuerdo de Escazú, por lo que se espera que el tema vuelva a surgir en la misma COP25.
4. La ciencia vilipendiada
El tema que generó más polémica en Bonn fue la ciencia. El año pasado, el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), que reúne a científicos de todo el mundo, publicó un documento técnico sobre el estado del cambio climático, que evidencia la enorme diferencia que hay entre un calentamiento global a 2°C desde la era pre industrial y uno a 1,5°C.
El informe salió justo antes de la COP24 en Polonia, donde los países discutieron el cómo incorporarlo a las negociaciones. La presión de Estados Unidos, Rusia, Kuwait y Arabia Saudita fue clara entonces, cuestionando la metodología y rechazando a las conclusiones del informe, pese a que el propio IPCC está conformado por gobiernos de todos los países que ya lo habían aprobado.
Como no hubo consenso, el tema pasó a la discusión en Bonn, y durante dos semanas no hubo mucho avance en las posiciones. AILAC (el grupo de Chile) y países en desarrollo, propusieron generar una serie de talleres a raíz del informe científico y así profundizar en la ciencia del cambio climático y darle relevancia en las negociaciones. A esta postura se sumó la Unión Europea. Pero el otro grupo, liderado por Estados Unidos y Arabia principalmente, volvió a cuestionar la metodología. Los borradores fueron incorporando una opción y otra a medida que avanzaba el tiempo.
El último día de negociación se cayó todo. El único consenso fue “agradecer” el controversial informe y a la comunidad científica, pero sin otra acción concreta. El enojo de algunos países quedó manifestado en la plenaria final, donde algunos negociadores vistieron una polera con la consigna “la ciencia no se negocia”.
“La ciencia no es negociable” es también lo que repitió una y otra vez la ministra Schmidt en Bonn, dejando en clara la posición chilena. Si bien la discusión sobre el informe del 1,5°C está cerrada, el mismo IPCC publicará en septiembre otro informe sobre el estado de la criosfera y los océanos con el cambio climático, y Chile ya anunció que usará su rol como organizador para darle un lugar especial a la ciencia, sobre todo con el anuncio de que esta será una “COP Azul”.
Como el punto más tenso y polarizado de los debates en Bonn, es esperable que la ciencia vuelva a ser un tema en la COP25.
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Tratado de Alta Mar: Una noticia esperanzadora para la salud de los océanos
Más del 60% del océano corresponde a aguas de alta mar: aquellas que se encuentran fuera de las zonas jurisdiccionales de los países ribereños. El resto, las jurisdiccionales, que ocupan un tercio de los océanos, llevan bastante tiempo reguladas. Pero el ordenamiento de aquellas más alejadas de la costa se lleva discutiendo desde hace dos décadas y solo recientemente se ha firmado un Tratado de Alta Mar.
El Convenio del Derecho del Mar, firmado en Montego Bay (Jamaica) el 10 de diciembre de 1982, regula las aguas jurisdiccionales. Pero el nuevo Tratado de Alta Mar solo se aplica a partir de las zonas económicas exclusivas de los Estados. Es decir, en las aguas alejadas más de 200 millas de los territorios soberanos.
El tratado BBNJ (según sus siglas anglosajonas) es el tercer acuerdo de aplicación de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. El pacto incluye la protección de la biodiversidad y el uso sostenible de los recursos marinos.
Ratificación y entrada en vigor
Fruto de las reuniones mantenidas previamente, el 17 de enero de 2026 entró en vigor el nuevo acuerdo, denominado Tratado sobre la Conservación y el Uso Sostenible de la Diversidad Biológica Marina fuera de las Jurisdicciones Nacionales.
Más conocido como el Tratado de Alta Mar, ha obtenido la ratificación 81 países. En febrero de 2025, España se convirtió en el primer país europeo en depositar su ratificación ante la sede de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York. Marruecos y Sierra Leona se unieron recientemente (septiembre 2025) al total de Estados que lo han firmado. Se convirtieron en los países 60 y 61 en respaldar el tratado, permitiendo que entrara en vigor lo firmado en junio del año 2023.
El objetivo principal del acuerdo (dotado de 76 artículos repartidos en 12 partes) se centra en mejorar la coordinación entre los países y establecer un enfoque integral destinado a la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad en las aguas afectadas.
Por lo tanto, se busca garantizar el uso de los recursos del océano en alta mar a un ritmo y de una manera adecuados. Es decir, que su aprovechamiento no provoque una reducción (en el presente y a largo plazo) de las especies animales y vegetales. Adicionalmente, el reparto de los beneficios obtenidos del uso de los recursos genéticos marinos debe ser llevado a cabo de una manera equitativa. Y ello creando áreas protegidas y fortaleciendo la cooperación científica.
Preocupación en el sector pesquero
En referencia a la pesca, el artículo 10 del tratado refleja de manera clara lo que pretende en este aspecto. El acuerdo no busca invadir las competencias de otros organismos internacionales en referencia al reparto de los cupos de pesca. Se enfoca principalmente en el cambio climático, la acidificación de los mares, la contaminación y la explotación tecnológica.
No obstante, debido al fin ambientalista del pacto, es normal que se cree un posible foco de incertidumbre sobre sus posibles implicaciones para la pesca. Ello puede traer la consiguiente desconfianza por parte de los afectados.
El tratado permite el establecimiento de áreas marinas protegidas en alta mar. Asimismo, pretende que estén conectadas formando una red, una meta importante para poder alcanzar la protección del 30 % de los océanos (objetivo “30×30”) antes del año 2030. Actualmente, solo el 0,9 % de las aguas de alta mar está totalmente protegida.
Implicaciones jurídicas
Desde una óptica estrictamente jurídica, las normas del Tratado de Alta Mar no van en contra del Convenio del Derecho del Mar de las Naciones Unidas, sino que lo complementan en las áreas fuera de las aguas jurisdiccionales de los países. Así, se presentan como las primeras normas que tendrán efectividad en alta mar.
Adicionalmente, el tratado crea un nuevo órgano para conservar y gestionar la biodiversidad: la Conferencia de las Partes, que será el foro especializado para ejecutarlo.
Este tratado, como cualquier otro instrumento de derecho internacional, contiene una lista de principios. Estos deben tenerse en cuenta para su aplicación. Entre ellos destacan los de “quien contamina, paga” y “distribución justa y equitativa de los beneficios”, es decir, se obliga a quien contamina a asumir la responsabilidad y se garantiza una distribución equitativa de los beneficios derivados de los recursos marinos.
81 países lo incorporarán a su legislación
Tras su reciente entrada en vigor, el tratado pasa a ser jurídicamente vinculante. Afectará a los más de 80 países que lo han ratificado hasta ahora. Esto significa que aceptan incorporarlo a su legislación nacional.
El éxito del acuerdo dependerá de su traducción en medidas operativas y de los países implicados. Todos los Estados de la Unión Europea lo han firmado y ratificado. También lo han hecho otros países de América Latina, África y pequeños Estados vulnerables a la degradación oceánica, como las islas Seychelles y Palaos. Incluso China se ha sumado al pacto.
Pero existen países que, a pesar de firmarlo, aún no lo han ratificado, como Estados Unidos, Reino Unido y Rusia. Esto genera un escenario de adhesión desigual que condiciona el alcance real del tratado. En cualquier caso, la eficacia en su aplicación dependerá de la capacidad de los órganos institucionales ya existentes. Además, la puerta sigue abierta para que más Estados lo ratifiquen.
Fuente/The Conversation/ Licencia Creative Commons
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El mundo entra en ‘bancarrota hídrica’, según un informe de la ONU
Un estudio de la Organización de las Naciones Unidas declara que el término de ‘crisis hídrica’ que se utiliza habitualmente ya no se ajusta a la realidad, ya que hay daños irreversibles que han llevado a muchas cuencas y reservas a un punto sin retorno.
En medio del agotamiento crónico de las aguas subterráneas, la degradación de la tierra y el suelo, la deforestación y la contaminación, todo ello agravado por el calentamiento global, un informe de la ONU ha declarado hoy el inicio de una era de bancarrota hídrica mundial.
Según el nuevo informe, los términos habituales “estrés hídrico” y “crisis hídrica” no reflejan la realidad actual en muchos lugares: una situación caracterizada por pérdidas irreversibles de capital hídrico natural y la incapacidad de recuperar los niveles históricos. Por eso, los autores instan a los líderes mundiales a facilitar “una adaptación honesta y basada en la ciencia a una nueva realidad”.
“Este informe revela una verdad incómoda: muchas regiones están viviendo por encima de sus medios hidrológicos y muchos sistemas hídricos críticos ya están en bancarrota”, afirma el autor principal, Kaveh Madani, director del Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH).
Este informe revela una verdad incómoda: muchas regiones están viviendo por encima de sus medios hidrológicos y muchos sistemas hídricos críticos ya están en bancarrota
Kaveh Madani, UNU-INWEH
En términos financieros, el informe afirma que muchas sociedades no solo han gastado en exceso sus “ingresos” anuales renovables de agua procedentes de ríos, suelos y nieve acumulada, sino que han agotado sus “ahorros” a largo plazo en acuíferos, glaciares, humedales y otros depósitos naturales.
Esto ha dado lugar a una lista cada vez mayor de acuíferos reducidos, terrenos hundidos en deltas y ciudades costeras, lagos y humedales desaparecidos y una pérdida irreversible de biodiversidad.
El informe de la UNU se basa en un artículo publicado en la revista Water Resources Management, que define formalmente la quiebra hídrica como la sobreexplotación persistente de las aguas superficiales y subterráneas en relación con los caudales renovables y los niveles seguros de agotamiento; y la consiguiente pérdida irreversible o prohibitivamente costosa del capital natural relacionado con el agua.
Sistemas hídricos interconectados
Aunque no todas las cuencas y países se encuentran en bancarrota hídrica, Madani afirma que “suficientes sistemas críticos en todo el mundo han superado estos umbrales. Estos sistemas están interconectados a través del comercio, la migración, las retroalimentaciones climáticas y las dependencias geopolíticas, por lo que el panorama de riesgo global se ha alterado fundamentalmente”.
El 75 % de la humanidad esté en países clasificados como inseguros o críticamente inseguros en materia de agua.
Según el informe, uno de los puntos críticos está en la región de Oriente Medio y África del Norte, donde el alto estrés hídrico, la vulnerabilidad climática, la baja productividad agrícola, la desalinización intensiva en energía y las tormentas de arena y polvo “se entrecruzan con economías políticas complejas”.
En algunas partes del sur de Asia, la agricultura dependiente de las aguas subterráneas y la urbanización han provocado descensos crónicos de los niveles freáticos y hundimientos locales. Y en el suroeste de Estados Unidos, el río Colorado y sus embalses “se han convertido en símbolos de promesas de agua de forma excesiva”.
Basándose en conjuntos de datos globales y pruebas científicas recientes, el informe presenta un panorama estadístico desolador de las tendencias, causadas en su gran mayoría por los seres humanos. Por ejemplo, el texto arroja que un 50 % de los grandes lagos de todo el mundo han perdido agua desde principios de la década de 1990 (con un 25 % de la humanidad dependiendo directamente de esos lagos).
También destaca que un 50 % del agua doméstica mundial ahora se obtiene de las aguas subterráneas y más del 40 % del agua de riego se extrae de acuíferos que se están agotando.
Además, unas 410 millones de hectáreas de humedales naturales —casi igual al tamaño de toda la Unión Europea— han desaparecido en las últimas cinco décadas, y se ha perdido más del 30 % de masa glaciar mundial desde 1970.
Esta situación provoca que el 75 % de la humanidad esté en países clasificados como inseguros o críticamente inseguros en materia de agua, y 4 000 millones de personas se enfrentan a una grave escasez de agua al menos un mes al año.
170 millones de hectáreas de tierras de cultivo en riesgo
Además, 170 millones de hectáreas de tierras de cultivo de regadío están sometidas a un estrés hídrico alto o muy alto, lo que equivale a la superficie de Francia, España, Alemania e Italia juntas, con la inseguridad alimentaria que conlleva.
“Millones de agricultores intentan cultivar más alimentos a partir de fuentes de agua que se reducen, están contaminadas o están desapareciendo. Sin una rápida transición hacia una agricultura inteligente en el uso del agua, la bancarrota hídrica se extenderá rápidamente”, dice Madani.
Según explican los autores, una región puede sufrir inundaciones un año y seguir estando en bancarrota hídrica, añade, si las extracciones a largo plazo superan la reposición. En ese sentido, la bancarrota hídrica no tiene que ver con lo húmedo o seco que parezca un lugar, sino con el equilibrio, la contabilidad y la sostenibilidad.
“Al igual que con el cambio climático global o las pandemias, una declaración de bancarrota hídrica global no implica un impacto uniforme en todas partes, sino que suficientes sistemas en todas las regiones y niveles de ingresos se han vuelto insolventes y han cruzado umbrales irreversibles para constituir una condición a escala planetaria”, afirma el autor.
Al igual que con el cambio climático global o las pandemias, una declaración de bancarrota hídrica global no implica un impacto uniforme en todas partes, sino que suficientes sistemas en todas las regiones y niveles de ingresos se han vuelto insolventes
Kaveh Madani, UNU-INWEH
Pero Madani señala que las consecuencias se extienden entre regiones: “los efectos se propagan por los mercados mundiales, la estabilidad política y la seguridad alimentaria en otros lugares. Esto hace que la quiebra hídrica no sea una serie de crisis locales aisladas, sino un riesgo global compartido que exige un nuevo tipo de respuesta: gestión de la quiebra, no gestión de crisis”.
El agua, un recurso limitado
Por eso, los autores reclaman que se reconozca el agua como una limitación y una oportunidad para cumplir los compromisos en materia de clima, biodiversidad y tierra.
Ana Allende, profesora de investigación del CSIC experta en seguridad alimentaria y calidad de aguas ajena al estudio, destaca que en Europa, aunque tradicionalmente se perciba como una región menos vulnerable, los problemas siguen existiendo: sobreexplotación de acuíferos, especialmente en zonas agrícolas intensivas, degradación de ríos y humedales; pérdida de calidad del agua por contaminación difusa y urbana, y una creciente frecuencia de sequías prolongadas, especialmente en el Mediterráneo.
La principal implicación para Europa es que no puede seguir abordando la escasez únicamente mediante mejoras de eficiencia, reutilización o nuevas infraestructuras
Ana Allende, CSIC
“El informe apunta a la necesidad de aceptar que algunos impactos son irreversibles y que la gestión del agua debe orientarse a prevenir más daños, redistribuir riesgos y costes de forma justa y adaptar los sistemas socioeconómicos a una disponibilidad de agua estructuralmente menor”, concluye.
Fuente/SINC Derechos: Creative Commons. Chile Desarrollo Sustentable www.chiledesarrollosustentable.cl www.facebook.com/pg/ChiledesarrollosustentableCDS twitter.com/CDSustentable #CDSustentable , #Sostenible #DesarrolloSostenible #MedioAmbiente #ChileDesarrolloSustentable, #ECOXXI
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Francisca Toledo, será la futura ministra de Medio Ambiente .
La ingeniera civil industrial de 40 años está desde 2022 en Libertad y Desarrollo, donde se especializó en recursos naturales y cambio climático. En el último tiempo ha trabajado estrechamente con Jorge Quiroz.
Francisca Toledo Echegaray (40) será la próxima ministra del Medio Ambiente. El presidente electo, José Antonio Kast, nombró a la ingeniería civil industrial con mención eléctrica de la Universidad Católica como la sucesora de Maisa Rojas.
La futura secretaria de Estado participó en los dos gobiernos de Sebastián Piñera. Primero, entre 2010 y 2014, Toledo fue asesora del Ministerio Secretaría General de la Presidencia, con Cristián Larroulet, en temas como educación y telecomunicaciones.
Y en la segunda administración tuvo dos posiciones. Entre marzo del 2018 y junio del 2020 fue asesora de gabinete de la Presidencia de la República, desde donde le tocaba interactuar con carteras como Obras Públicas y Medio Ambiente, recuerda un integrante de ese gabinete. Desde 2020 a 2022 fue jefa de división de evaluación social de inversiones del Ministerio de Desarrollo Social, según detalla en su cuenta LinkedIn.
Entre ambos gobiernos, tuvo un paso por el sector privado: desde 2014 a 2017 fue primero ingeniera de estudios por tres años y luego, gerente de estrategia en la Cámara Marítima y Portuaria (Camport).
Tras el término de la segunda administración de Piñera, en 2022, Francisca Toledo entró como investigadora a Libertad y Desarrollo (LyD). La también magíster en derecho regulatorio de la UC se enfocó en temas de tramitación ambiental y el centro de estudios declara en sus áreas de estudios los recursos naturales y cambio climático.
Según consigna la página de LyD, Francisca Toledo fue uno de los editores del libro de “30 años de política ambiental: ¿hacia dónde vamos?”, donde se habla de “un progresivo debilitamiento de la gestión ambiental, ofreciendo un diagnóstico sobre las posibles causas o factores que han incidido y algunas propuestas de cara a fortalecer la gestión ambiental en los próximos años”.
Toledo, en nombre de LyD, ha ido a exponer al Congreso en materias relacionadas con la tramitación ambiental, la ley de permisos sectoriales y las capacidades de la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA).
En este contexto, Toledo, junto con la coordinadora del programa legislativo de LyD, Pilar Hazbun, propuso fijar mínimos de desempeños en los plazos de tramitación y alertó sobre las atribuciones de la SMA, que le entregan muchas veces el rol de “juez y parte”.
La cartera de Medio Ambiente ha sido considerada clave por las nuevas autoridades en su tarea de destrabar proyectos de inversión. Toledo ha trabajado estrechamente con Jorge Quiroz en el último tiempo y fue una de las economistas que participaron en la reunión del futuro ministro de Hacienda con economistas que habían apoyado a Evelyn Matthei tras la primera vuelta, como los expresidentes del Banco Central Rodrigo Vergara y Vittorio Corbo, y el exministro de Hacienda de Sebastián Piñera, Felipe Larraín.
Fuente/Pulso/LaTercera
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¿Se quedarán sin nieve los Pirineos por culpa del cambio climático?
La nieve es uno de los elementos más característicos de las montañas y del invierno en gran parte del mundo. Más allá de su valor paisajístico, esta desempeña un papel clave en el funcionamiento de los ecosistemas de montaña y en múltiples actividades socioeconómicas.
Sin embargo, la nieve es también un componente del sistema climático especialmente sensible al calentamiento global. En las últimas décadas, su cantidad, duración y comportamiento han mostrado cambios significativos.
No nieva igual todos los inviernos
La nieve presenta una marcada variabilidad temporal y espacial. En las montañas de la península ibérica, los inviernos pueden alternar entre años con abundantes nevadas y otros casi sin nieve.
Esta variabilidad no es homogénea. Las cotas bajas y sectores como el Pirineo oriental son más irregulares debido a su posición frente a los flujos atlánticos, mientras que cordilleras occidentales y septentrionales actúan como barrera, captando la mayor parte de la humedad y dejando condiciones más secas hacia el este. Este fenómeno, conocido como sombra pluviométrica, también es observable en otras montañas españolas como Sierra Nevada.
A escala local, además, el relieve y el viento influyen también en la acumulación de nieve. En conjunto, estos factores hacen que las tendencias espacio-temporales de la nieve muestren una elevada heterogeneidad.
¿Hay menos nieve en el hemisferio norte?
A escala del hemisferio norte, la cobertura de nieve ha disminuido de forma acelerada desde la década de 1980. Este descenso se atribuye principalmente al aumento de la temperatura vinculado al cambio climático de origen antrópico. Este fenómeno ha dado lugar a lo que se conoce como sequía nival hidrológica, es decir, cuando la acumulación de nieve es insuficiente o la fusión es demasiado rápida y se genera un déficit respecto a un periodo histórico concreto.
Aun así, durante la estación fría, en cotas elevadas y en latitudes altas, la acumulación de nieve depende más de la precipitación que de la temperatura. En las latitudes medias de la cuenca del Mediterráneo, la precipitación presenta una elevada variabilidad anual y decadal, sin que se observen tendencias claras a lo largo del periodo histórico.
En los Pirineos, en cotas elevadas (>2 000 m), donde las temperaturas se mantienen bajo cero, las tendencias recientes (2000-2020) son neutras o ligeramente positivas. Sin embargo, en periodos más largos (1958–2017) se observa una disminución generalizada del número de días con nieve en el suelo y del espesor medio.
Además, en este sistema montañoso se detecta una fusión cada vez más temprana en la temporada y más intensa, asociada a un aumento de la energía disponible para derretir la nieve. Este fenómeno se ha relacionado con una mayor frecuencia de situaciones anticiclónicas durante la primavera. Estos periodos de estabilidad atmosférica favorecen la entrada de masas de aire templado, incrementan la radiación y el calor sensible, y aceleran la fusión. Estas situaciones atmosféricas se producen actualmente con temperaturas más elevadas debido al calentamiento global.
¿Qué pasará en el futuro?
Los estudios basados en simulaciones climáticas coinciden en proyectar una disminución de la nieve en el hemisferio norte, independientemente del modelo climático utilizado y del escenario de emisiones de gases de efecto invernadero considerado, tanto moderado como alto.
En los Pirineos, las proyecciones apuntan a una reducción generalizada de la nieve, especialmente en las cotas bajas, donde pequeños aumentos de temperatura determinan si la precipitación cae en forma de nieve o de lluvia.
Aun así, la nieve no desaparecerá de esta cadena montañosa, ni siquiera a finales de siglo. En concreto, las proyecciones para finales del siglo XXI (2080–2100) anticipan reducciones de la precipitación nival que oscilan entre el −9 % en un escenario de emisiones moderadas (entre 2 500 y 3 000 m) y el −29 % en un escenario de altas emisiones (entre 1 000 y 1 500 m), en comparación con el clima histórico (periodo 1960–2006).
Estos cambios afectan también la duración de la temporada de nieve, la rapidez de la fusión y los picos de escorrentía, es decir, el agua que circula por la superficie. Un aumento de 1 °C puede reducir hasta un 30 % la nieve estacional a 1 500 m.
Además, estudios recientes indican que el aumento de la temperatura debido al cambio climático contribuye a una mayor evaporación y a una mayor cantidad de humedad disponible en la atmósfera, lo que puede dar lugar a un incremento de episodios extremos de precipitación en forma de nieve, como la borrasca Filomena de 2021, siempre que la temperatura se sitúe por debajo del punto de fusión.
Implicaciones para el clima y los ecosistemas
La nieve es un factor clave en las zonas de montaña. Actúa como un regulador hidrológico natural: almacena agua durante los meses fríos y la libera de forma progresiva en primavera y verano. Su disminución altera los picos de escorrentía, afecta a la disponibilidad de recursos hídricos y condiciona la producción hidroeléctrica.
La nieve desempeña un papel fundamental en el clima debido a su alto albedo, ya que refleja gran parte de la radiación solar. La pérdida de cobertura nival incrementa la absorción de energía en la superficie, generando retroalimentaciones que aumentan la temperatura.
Los cambios en la nieve influyen también en los ecosistemas de montaña, en la fenología de la vegetación –en sus ciclos biológicos– y en la evolución de los glaciares, que dependen de una cubierta nival persistente para retrasar la exposición del hielo durante el verano. Además, el aumento de episodios de lluvia sobre nieve, favorecidos por temperaturas más elevadas, puede desencadenar crecidas rápidas e inundaciones, como la ocurrida en el municipio de Vielha (Lérida) en 2013, con elevados costes económicos.
En este contexto, el cambio climático plantea un desafío estructural para los sistemas naturales y económicos de montaña. Afrontar este nuevo escenario requiere avanzar en estrategias de adaptación y mitigación que permitan gestionar el agua, el territorio y las actividades de montaña.
Fuente/The Conversation / Creative Commons
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H2 Chile conmemora ocho años en un momento decisivo para la industria del hidrógeno verde
En un contexto de ajustes en el despliegue global del sector, el gremio reunió a autoridades y actores clave para analizar los desafíos de ejecución del hidrógeno verde en Chile, una industria que concentra 83 proyectos anunciados, una cartera estimada en US$170 mil millones y un potencial exportador de más de US$13.000 millones anuales, pero que enfrenta brechas críticas para avanzar hacia la escala comercial.
En un escenario marcado por un despliegue más selectivo de la industria del hidrógeno verde a nivel global, y un foco creciente en viabilidad económica y demanda, H2 Chile conmemoró su octavo aniversario con un encuentro que puso en el centro del debate la necesidad deacelerar la ejecución de proyectos y cerrar la brecha entre anuncios e implementación.
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