MedioAmbiente
Marejadas en Chile: La urgencia de adaptar las costas frente a un entorno cada vez más desafiante
Chile cuenta con más de 4.000 kilómetros de costa expuesta directamente al Océano Pacífico, una condición geográfica que constituye una enorme riqueza natural, económica y social, pero que también lo convierte en un territorio altamente vulnerable frente a fenómenos oceanográficos extremos, como las marejadas.
Durante la última década, la evidencia científica y la experiencia reciente han demostrado que estos eventos han dejado de ser episodios aislados. Hoy se presentan con mayor frecuencia, intensidad y persistencia, impulsados por factores como el cambio climático, el aumento del nivel del mar y la creciente intervención humana sobre del borde costero.
Desde la perspectiva técnica de GHD, Mario Venenciano, Ingeniero Civil Oceánico comenta que “las marejadas registradas recientemente tienen su origen en sistemas de tormentas intensas desarrollados en el Pacífico Sur. Estos eventos generan vientos fuertes y persistentes sobre extensas áreas oceánicas, permitiendo la formación y propagación de oleaje de alta energía hacia las costas de Chile. Al arribar al litoral, este oleaje impacta playas, puertos, caletas, paseos costeros e infraestructura pública, pudiendo provocar erosión costera, daños en obras marítimas e interrupciones en las actividades portuarias y pesqueras”.
Los eventos recientes han evidenciado que las marejadas pueden generar daños significativos en la infraestructura costera. En muchos casos, estas obras no fueron diseñadas para las condiciones de oleaje actualmente observadas, lo que hace necesario actualizar los criterios de diseño, conservación y planificación territorial para reducir la vulnerabilidad y asegurar la continuidad operativa de las zonas costeras.
Es importante mencionar que Chile debe prepararse tanto para las marejadas provenientes del suroeste, asociadas principalmente a los sistemas invernales del Pacífico Sur, como para aquellas originadas en el hemisferio norte, conocidas comúnmente como marejadas de verano. Si bien ambas representan riesgos importantes, desde GHD advierten que sus características y efectos sobre el litoral pueden ser diferentes.
Las marejadas de invierno suelen generar los mayores niveles de energía e impacto sobre el borde costero. Sin embargo, las marejadas de verano también representan un desafío relevante, ya que pueden ingresar desde direcciones para las cuales muchas zonas costeras chilenas presentan una exposición significativa. Frente a esta realidad, resulta fundamental avanzar hacia criterios de diseño y planificación basados en información oceanográfica actualizada, que permitan anticipar riesgos y mejorar el desempeño de la infraestructura costera en el largo plazo.
Para enfrentar este escenario, según explica Catherine Tapia, Ingeniero Civil en Obras Civiles con especialidad en Obras Marítimas, “Chile debe avanzar hacia medidas estructurales y de largo plazo: revisar y mejorar la infraestructura costera capaz de resistir eventos extremos, como los vividos en los últimos años, desarrollar obras de protección adecuadas, fortalecer los sistemas de monitoreo y alertas tempranas, y mejorar los protocolos de prevención y evacuación”.
Las marejadas en Chile ya no pueden entenderse como un fenómeno ocasional, sino como una amenaza estructural creciente. “El desafío país no consiste únicamente en reaccionar ante cada evento, sino en adaptarse estratégicamente, integrando ingeniería, conocimiento científico, planificación territorial y políticas públicas sostenidas en el tiempo”, comenta Catherine Tapia.
Porque frente a un mar que cambia, la verdadera urgencia no es contener la próxima ola, sino decidir hoy cómo queremos planificar, proteger y habitar nuestras costas para las futuras generaciones.
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