Desarrollo Sustentable
Ministra Toledo: «La economía circular también comienza en nuestros lugares de trabajo»
El intercambio de ropa “Pasando y Pasando” fue organizado por el Ministerio del Medio Ambiente para dar una segunda vida a prendas en un contexto en que el consumo de vestuario en Chile aumentó un 233% en las últimas dos décadas, y donde menos del 1% de los residuos textiles se valoriza formalmente. Durante la actividad, la ministra Francisca Toledo llamó a organizaciones públicas y privadas a replicar esta iniciativa y convertir la reutilización en parte de su cultura organizacional.
Con el objetivo de fomentar la reutilización, el consumo responsable y la reducción de residuos textiles, el Ministerio del Medio Ambiente realizó este miércoles una nueva versión de “Pasando y Pasando”, una jornada de intercambio de ropa de invierno entre funcionarias y funcionarios de la institución. La iniciativa forma parte del Ropero Compartido del MMA, espacio creado por la Oficina de Economía Circular en 2024 y gestionado por los propios equipos de trabajo.
La actividad permitió que los participantes intercambiaran prendas de vestir en buen estado, extendiendo su vida útil y promoviendo hábitos más sostenibles dentro del espacio laboral. Además, las prendas que no fueron intercambiadas permanecerán disponibles en el ropero para futuros usuarios o, en su defecto, al finalizar la temporada de invierno, serán donadas a COANIQUEM, lo que añade un sentido social a la iniciativa.
Crear roperos compartidos o espacios de intercambio en los lugares de trabajo cobra especial relevancia en un contexto en que el consumo de vestuario en Chile aumentó un 233% en los últimos 20 años, pasando de 15 prendas por persona en 2007 a 50 en 2021. Además, Chile es actualmente el cuarto importador mundial de ropa usada, mientras que menos del 1% de los textiles se recicla de fibra a fibra a nivel global, y la valorización formal de estos residuos en el país también es inferior al 1%.
La ministra del Medio Ambiente, Francisca Toledo, destacó que este tipo de acciones –que en el MMA ya han generado más de 200 intercambios- permiten acercar la economía circular a la vida cotidiana de las personas y transformar los lugares de trabajo en espacios de cambio cultural.
“Queremos demostrar que la economía circular también puede comenzar en nuestros espacios de trabajo. Un ropero compartido es una iniciativa sencilla y con múltiples beneficios ambientales y sociales. Por eso invitamos a otras organizaciones públicas y privadas a replicar esta experiencia y convertir la reutilización en parte de su cultura organizacional. Cuando una prenda sigue en uso, evitamos residuos y avanzamos hacia modelos más sustentables”.
La secretaria de Estado agregó que Chile está impulsando una transformación profunda en materia de circularidad textil mediante instrumentos y políticas públicas como la incorporación de los textiles como producto prioritario de la Ley REP y la construcción participativa de la Estrategia de Economía Circular para Textiles al 2040. Sin embargo, el cambio también requiere de la acción ciudadana.
Durante la actividad, el SEREMI del Medio Ambiente de la Región Metropolitana, Gonzalo Cruces, anunció que impulsará la implementación de un ropero compartido en las dependencias de la SEREMI Metropolitana.
“Lo valioso de esta iniciativa es que cualquier organización puede replicarla. No se requiere una gran inversión, solo voluntad y compromiso. Por eso queremos implementar un ropero compartido en nuestra SEREMI y motivar a que otros servicios públicos de la Región Metropolitana se sumen a esta práctica”.
Por su parte, la jefa de la Oficina de Economía Circular del Ministerio del Medio Ambiente, María José Ureta, destacó el valor de la reutilización para enfrentar los impactos ambientales asociados al sector textil.
“La economía circular para textiles no solo depende del reciclaje. También implica reducir el sobreconsumo, promover la reutilización y mantener los productos en uso durante más tiempo. Este ropero compartido es un ejemplo concreto de cómo esos principios pueden aplicarse en la vida diaria y en los lugares de trabajo”, dijo.
El desafío no es menor. La industria de la confección y el calzado genera cerca del 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, más que el transporte marítimo y los vuelos internacionales combinados. Además, una sola camiseta de algodón requiere alrededor de 2.700 litros de agua para su fabricación, es decir, equivalente al agua que una persona necesita para vivir durante aproximadamente dos años y medio.
La actividad se realizó pocas semanas después de que Chile fuera anfitrión de la primera Cumbre Ministerial e Industrial Global sobre Circularidad Textil, consolidando el liderazgo que el país ha asumido en la promoción de sistemas textiles más sostenibles y circulares.
Para el Ministerio del Medio Ambiente, iniciativas como el Ropero Compartido permiten llevar esos principios desde las políticas públicas a la práctica cotidiana.
“La transición hacia una economía circular no solo depende de grandes transformaciones productivas, muchas veces comienza en nuestros propios clósets y lugares de trabajo, donde decisiones simples como reutilizar, compartir e intercambiar aquello que todavía puede seguir siendo útil, puede hacer la diferencia”, concluye la ministra Francisca Toledo.
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