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Medio Ambiente

Te Falta Verde

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Los niños pasan cada vez menos tiempo en la naturaleza y las consecuencias, tanto físicas como mentales, se están notando. Desde obesidad a depresión, el trastorno por déficit de naturaleza es un llamado urgente para que salgamos al aire libre. No sólo los más chicos, sino todos.

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“Mira, esta es bien grande”, dice una niña de cuatro años sosteniendo una lombriz con las manos embarradas. Son las once de la mañana y en el jardín Centenario, de la comuna de San Miguel, los niños revisan el compost y cuentan las lombrices que después les ayudarán a cultivar verduras en su huerto. Hace dos años atrás, cuando por primera vez las tías sacaron una planta del macetero y les mostraron las raíces, los niños se asustaron. Ahora, cosechan sus propias betarragas y acelgas y se las comen felices.

Jessica Santelices, tía del jardín, cuenta con orgullo que de las ocho horas diarias que pasan con ellos, sus niños están alrededor de cinco afuera. Son parte del programa “Naturalizar educativamente”, que la Fundación Ilumina realiza en jardines de la JUNJI, y saben que son un caso atípico. En Chile, sólo el 40 por ciento de las personas de entre 5 y 17 años practican deporte o actividad física al aire libre, según la Encuesta Nacional de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (EANNA), de 2012.

Los efectos de la falta de aire libre no son pocos ni menores. “Se ve un serio déficit de vitamina D, por la poca exposición al sol, lo que desencadena problemas óseos y un aumento en el riesgo de osteoporosis. Además, como pasan sentados, tienen alteraciones posturales, los músculos del tronco y las piernas se atrofian, lo que genera dolores de espalda y rodillas”, explica el pediatra y médico deportivo de Clínica Las Condes, Francisco Verdugo, quien además participa del movimiento Mover, contra el sedentarismo. Todo esto, sin considerar los efectos sicológicos, como ansiedad, depresión y habilidades sociales disminuidas.

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Ante este escenario preocupante, desde hace algunos años han comenzado a emerger líderes que abogan por un “regreso” a la naturaleza. Uno de los primeros fue el periodista Richard Louv, quien en 2005 acuñó el término “trastorno por déficit de naturaleza” en su libro El último niño en los bosques, bestseller que tendrá versión en español en 2016. “El derecho de los niños a conectarse con la naturaleza y un medioambiente saludable está comenzando a ser reconocido lentamente en todo el mundo”, comenta desde China, donde se encuentra realizando conferencias sobre el tema. Allí, los colegios están comenzando a botar las paredes y construir grandes ventanales en las salas para combatir los problemas a la vista que sufren los niños por tanta luz artificial.

Louve y muchos otros más, como el escritor Robert Pye –quien habla de “la extinción de la experiencia”– e investigadores como Robin Moore y Nilda Cosco, del Natural Learning Iniciative de la Universidad Estatal de North Carolina, recorren el mundo divulgando la necesidad de que los niños jueguen y exploren libremente el medioambiente.

La tendencia, lentamente, comienza a instalarse en Chile. De hecho Moore y Cosco vinieron en agosto al seminario “Reconectando niños y niñas con la naturaleza”, que se realizó en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica. Asistieron además representantes de la JUNJI, el Consejo de la Infancia, el MINVU y fundaciones y empresas que trabajan en el desarrollo de iniciativas naturales en jardines, colegios, espacios públicos y privados. “Hay un diagnóstico claro de lo que hoy se necesita, pero se requiere una política bien planeada y, sobre todo, un gran cambio cultural”, dice Romina Kurth, sicóloga y asesora del Consejo de la Infancia.

Entre algodones y pantallas

Son varios los términos que se han acuñado para referirse a esta generación de niños que, acusan los expertos, viven demasiado sobreprotegidos y encerrados. “La cultura de los niños entre algodones” o “la generación del asiento trasero”, porque entre el colegio, las actividades extracurriculares y la casa es allí donde pasan su tiempo. “Los niños necesitan explorar su entorno en libertad. Ensuciarse, mojarse. Pero a los papás les cuesta, se asustan, quieren estar sobre ellos todo el tiempo”, dice Daniela Casanello, dueña de la empresa Ecoplan, que realiza intervenciones naturales enfocadas en los escolares.

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Estudios realizados en Estados Unidos confirman ese diagnóstico. Casi mil madres que fueron entrevistadas reconocieron los efectos positivos que tiene que sus hijos jugaran al aire libre, pero a la vez admitieron que la televisión, los computadores y los videojuegos, además de preocupaciones como la delincuencia, la inseguridad y la posibilidad de accidentes los mantienen adentro de las casas. En Chile, hay que agregarle a esas preocupaciones, que ninguna región llega en promedio a los nueve metros cuadrados de áreas verdes por habitante que recomienda la Organización Mundial de la Salud.

El pediatra Francisco Verdugo confiesa que la parte más difícil en la consulta no es diagnosticar a los niños, sino hablar con los padres. “Creen que se critica el estilo parental. Uno da sólo consejos porque si no, se crea un rechazo. Explicarles que debe haber un cambio de estilo de vida familiar es difícil”. Dice que muchas veces a su consulta llegan papás sedentarios, con sobrepeso y que además trabajan tiempo completo, por lo que intenta ser moderado en sus propuestas: “Les digo que traten de comer juntos en las noches, que les pregunten a los niños cómo están. Y que salgan afuera, a hacer algo, una vez durante el fin de semana”. 

Una terapia

Podrían ocuparse varias páginas con todos los beneficios que diferentes artículos científicos le atribuyen al contacto con la naturaleza. Incluso hay algunos que muestran que los pacientes operados se recuperan más rápido si su ventana da a un área verde y otros que presentan evidencia de que llevar a los niños a áreas verdes ayuda a tratar el déficit atencional con hiperactividad. Se ha descubierto, además, que estar expuestos al sol evita el desarrollo de enfermedades como la miopía o retrasa su avance (mientras que pasar mucho tiempo encerrados y frente a luz artificial podría acelerar el problema). Por otra parte, en la naturaleza los niños reducen sus comportamientos agresivos, mejoran su autoestima y concentración, la fatiga y el estrés, e incluso obtienen mejores resultados en las pruebas estandarizadas.

Por supuesto, estos beneficios no son exclusivos para los niños. En algunos países ya se habla de la ecoterapia y los médicos están, literalmente, recetando salidas a los parques en reemplazo o complemento de medicamentos. “Estamos en una sociedad donde la tecnología domina todos los aspectos de nuestras vidas, pero el enemigo no es la tecnología, sino la falta de balance. Necesitamos combinar los poderes primitivos de nuestros ancestros con la velocidad digital de nuestros adolescentes. En otras palabras, necesitamos gente con mentes híbridas”, dice Richard Louv.

A la agrónoma Javiera Silva, que estudió horticultura urbana y manejo del paisaje en Berlín, le impresionó ver cómo allá los niños pasaban tiempo al aire libre. “Están menos sobreprotegidos, tienen muchas horas para jugar en la plaza porque los jardines no tienen pautas tan estructuradas, están menos escolarizados. Y el clima no es un tema, los abrigas no más. Las mujeres sacan a pasear a sus guaguas a los cuatro días de nacidas”, cuenta. Hoy, que vive en un departamento en Santiago, se asegura de sacar a su hijo de un año y medio, Lucas, al menos dos horas al día. “Ahora que está empezando a caminar, me lo pide, me indica hacia afuera con el dedo”, cuenta.

Más difícil es para los padres de hijos adolescentes, incluso en familias donde la naturaleza ha tenido un lugar preponderante. La directora de arte Valentina Ramírez lo intenta con su hija Sofía, de 15. Aunque ambas son educadas en colegios Waldorf, los que hacen un gran hincapié en la relación con la naturaleza, Valentina confiesa que “sacarla” es difícil. “Sé que no está obsesionada con la tele y el computador, que es capaz de dejarlo, pero es muy fanática del Animé y eso la absorbe. Me cuesta sacarla a hacer trekking, pero cuando va, lo pasa chancho y vuelve feliz”.

Aunque el trastorno por déficit de naturaleza no es entendido como una condición médica, las autoridades y médicos saben que es imperativo tomar medidas al respecto. “Aunque falta más investigación para entender la relación entre experiencias naturales y salud, la actual evidencia ya es suficiente para actuar”, dice el director del Centro de Salud Medioambiental del Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos. Por eso, en su país se han creado iniciativas como el movimiento “Ningún niño adentro” que lleva ya varios años no sólo promoviendo programas para sacar a los niños afuera, sino que también políticas públicas que lo favorezcan. En Canadá existe una iniciativa llamada “Evergreen”  que apunta a la existencia de más áreas verdes. Y la red global EcoSchools vincula a colegios interesados en fomentar el contacto con la naturaleza.

Los intentos verdes

“No necesitamos grandes parques. Necesitamos espacios intermedios, bien intervenidos, que estén cerca de la gente. No puedes pedirles a los papás que lleven a los niños al Cajón del Maipo en medio de la semana”, afirma la sicóloga Romina Kurth. Por esto, la nueva política de infancia en que trabaja el gobierno tiene como meta crear y mejorar los espacios urbanos dedicados a niños y adolescentes. En esto se incluye la creación de 34 nuevos parques urbanos para 2018 y 15 centros de creación para niños, uno en cada región, donde los espacios exteriores serán protagonistas.

Hay además iniciativas, aún en etapas incipientes. La Fundación Ilumina ya ha intervenido 28 jardines de la JUNJI en la Región Metropolitana con su programa “Naturalizar Educativamente”, y la Fundación Patio Vivo está haciendo lo mismo en otros 10 jardines y colegios. “Un patio intervenido puede transformarse en un profesor más, catalizando buenas prácticas, mejorando los índices de convivencia, y por supuesto, haciendo niños más sanos”, dice Ángela Ibáñez, directora de la Fundación Patio Vivo.

Josefina Prieto, jefa del programa “Naturalizar Educativamente”, hace hincapié en que modificar estos lugares ayuda a nivelar la “clara inequidad que hay en el acceso a la naturaleza”. Por ejemplo, en la intervención del jardín Centenario no se gastó más de un millón de pesos. La clave está en el acompañamiento y reeducación de profesores y apoderados que dura hasta tres años. “No se necesitan grandes inversiones, ni estructuras ni juegos superespecializados”, agrega Ibáñez. Daniela Casanello, que con su empresa Ecoplan también realiza este tipo de intervenciones, explica que de hecho es mejor prescindir de los más comunes como el resbalín o el columpio, y que se deben privilegiar elementos naturales. “Nada rebuscado”.

En ese proceso, los expertos explican que es necesario cambiar la mentalidad “tradicional” que existe respecto a la plaza y el patio, que hay que dedicarles más atención a estos espacios para que realmente sean un aporte en la vida de los niños. “La plaza con maicillo y juegos de plástico no sirve. Los niños quieren sombra, lugares donde esconderse, necesitan juegos no resueltos, que les exijan ocupar su fuerza, su elasticidad, su imaginación. Los adultos pensamos los juegos desde la supervisión, pero necesitamos ponernos en sus zapatos”, dice Ibáñez. En resumen, hay que dejar que metan las manos a la tierra, que se suban a los árboles (incluso a riesgo de que se caigan), que se muevan libremente y “conquisten” los lugares… aunque cueste. “Menos Ritalín y más espacios naturales donde los niños puedan liberar sus emociones”, dice Casanello.

En el jardín infantil Casanido de Providencia, basado en la pedagogía Waldorf, los niños de tres y cuatro años van una vez a la semana el cerro San Cristóbal. Es parte de un trabajo que se hace cada día para contactarlos con los cambios que se viven en el medioambiente, con las estaciones y los ciclos. Cada uno con su mochila y una muda de ropa por si se mojan, suben hasta cerca de la mitad del cerro por su cuenta, sin ser cargados en brazos y felices. A muchos, es el día que más les gusta. Su directora, Marcela Castillo, explica que cuando los niños tienen la experiencia de haber ocupado todo su cuerpo en los primeros años, y haber conquistado espacios por sí mismos, los ayuda a desarrollar muchas áreas, incluida la imaginación, y eso es algo que les da herramientas para el resto de su vida. Aun así confiesa que incluso estos papás “más abiertos de mente” a veces tienen sus aprensiones: “Algunos, si está nublado, no quieren que los llevemos al cerro. Es un aprendizaje largo”.

Finalmente, ¿cuál es la razón más importante para que los niños vuelvan a la naturaleza? El futuro. “El contacto con la naturaleza en la niñez temprana es esencial para la creación de una conciencia de conservación ambiental”, dice la investigadora del Natural Learning Initiative, Nilda Cosco. En la actualidad muchos niños saben identificar mejor los nombres de los Pokemones que de los árboles cercanos a su casa. Conocer a los animales y las plantas a través de libros o videos no es suficiente, explica Cosco, sino que los niños necesitan tocar, oler y experimentar con todos sus sentidos para vincularse en forma real.

“En la naturaleza los niños no sólo aprenden sobre el medioambiente, sino también acerca de sí mismos y su lugar en el mundo”, agrega Cosco. O, como dice Ángeles Ibáñez: “Los espacios naturales son la plaza pública desde donde los niños se transformarán en mejores ciudadanos y, esperemos, salvarán a este planeta”.

Una vacación natural

En el lodge La Baita, ubicado dentro del Parque Nacional Conguillío, en la Región de La Araucanía, todos los veranos se realiza un campamento para niños. Isabel Correa, su dueña, cuenta la experiencia de “desconexión” que viven ahí los menores de entre ocho a 14 años. “Al principio les cuesta. Acá no hay señal de teléfono, no tienen una pantallita en la que esconderse en esos momentos iniciales de tensión. La luz se corta en la noche. Algunos se angustian, tienen pena”. Lo más divertido: confiesan que no extrañan tanto a los papás, sino la televisión, el computador y los videojuegos. Pero a medida que los días pasan se adaptan. Aprenden a hacer pan y preparan el desayuno para sus compañeros, practican yoga, caminan entre cuatro horas diarias por los senderos del parque, se bañan en el lago, visitan comunidades pehuenches y juegan al palín, hacen shows de talentos. “Los que ya están grandes, en la universidad, me preguntan cuándo una versión para ellos. ¡Y lo mismo me piden los papás!”, dice Isabel riendo.

 

Fuente:La Tercera 
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Ecosistemas

Firman convenio internacional para conservar a la Ranita de Darwin 

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El acuerdo entre la Fundación Huilo Huilo, la ONG Ranita de Darwin, la Universidad Andrés Bello y el Zoo Leipzig (Alemania) permitirá impulsar acciones de estudio, investigación y difusión. 

Entre las medidas que se contemplan está la investigación de la quitridiomicosis, enfermedad que ha hecho disminuir la población de este anfibio. 


La Reserva Biológica Huilo Huilo fue el escenario para la firma de un convenio internacional para la conservación de la ranita de Darwin, suscrito por la Fundación Huilo Huilo, la ONG Ranita de Darwin, la Universidad Andrés Bello y el Zoo Leipzig (Alemania). La iniciativa está enfocada en impulsar acciones conjuntas de estudio, investigación y difusión de este anfibio nativo que solo se encuentra en Chile y Argentina, y que se halla en peligro de extinción. 

Rodolfo Menichetti, director ejecutivo de la Fundación Huilo Huilo, destacó que Fundación lleva años trabajando por la conservación de la ranita de Darwin como parte de su objetivo de regenerar el ecosistema del bosque templado lluvioso: “Esta es una especie de alto valor ecológico que, al igual que el puma y el huemul, forma parte de nuestra estrategia de conservación activa que busca proteger a la naturaleza junto a las personas”. 

Explicó que el convenio contempla una serie de acciones, entre ellas, “una participación activa de nuestros guardaparques en las labores de monitoreo de la especie para lo cual recibirán apoyo técnico y capacitación de parte de la ONG Ranita de Darwin. Adicionalmente, se realizarán instancias de sensibilización y capacitación para los habitantes de la zona y visitantes, porque las personas son clave en los esfuerzos para la conservación”. 

Por su parte, Claudio Azat, director del Instituto One Health de la Universidad Andrés Bello, destacó que “la firma del convenio es un gran hito para la conservación de la ranita de Darwin a nivel global”. Valoró los 15 años de trabajo colaborativo con Fundación Huilo Huilo, y expresó que “formalizar este trabajo, que ha sido muy exitoso, nos llena de alegría y nos da un impulso clave para proyectarlo hacia el futuro”. 

Andrés Valenzuela, presidente de la ONG Ranita de Darwin, afirmó que “la ranita de Darwin demuestra cómo la ciencia puede contribuir a la protección de nuestro patrimonio natural. Estudios científicos en la ranita de Darwin liderados por nuestro equipo han sido destacados en prestigiosas revistas internacionales, como Nature Ecology & Evolution. La Reserva Biológica Huilo Huilo y las poblaciones de ranita de Darwin que esta alberga representan un laboratorio natural en el sur de Chile para la investigación a nivel mundial. Como organización estamos muy contentos porque este convenio permitirá seguir expandiendo los estudios que llevamos implementando en esta zona desde hace más de 10 años”. 

Por otro lado, el director del Zoo Leipzig, Jörg Junhold, enfatizó que salvar de la extinción a esta especie “es un esfuerzo enorme que solo se puede lograr cuando personas y organizaciones de diferentes ámbitos unen fuerzas”. “Esta colaboración será un paso crucial para los esfuerzos de conservación e investigación de la ranita de Darwin y la implementación de la Estrategia Binacional de Conservación”, agregó. 

Las cuatro instituciones que suscriben el acuerdo forman parte de la Estrategia Binacional de Conservación de la Ranita de Darwin, una red de actores públicos y privados de Chile y Argentina que trabajan de manera conjunta en torno a la conservación de esta especie, que es un emblema para la protección de los bosques del sur de Sudamérica. 

Cabe señalar que la ranita de Darwin ha sufrido un grave declive debido a factores como la pérdida y fragmentación de su hábitat, el cambio climático y la quitridiomicosis. Esta última es una pandemia de los anfibios causada por un hongo microscópico, y una de las mayores amenazas para la especie, según lo demuestran estudios realizados a lo largo Chile, incluida la Reserva Biológica Huilo Huilo. 

 

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Medio Ambiente

Innovación e ingeniería: Claves para reducir las emisiones de CO₂ en Chile

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En el Día Mundial por la Reducción de las Emisiones de CO, Arcadis, líder mundial en consultoría e ingeniería, reafirma su compromiso con acelerar la transición hacia economías bajas en carbono, integrando sostenibilidad, innovación e ingeniería desde las etapas más tempranas del desarrollo de proyectos. En un contexto donde la acción climática se ha convertido en un desafío estratégico para sectores productivos clave del país, la compañía impulsa soluciones que permiten reducir emisiones sin comprometer eficiencia ni competitividad.

La propuesta de valor de la multinacional neerlandesa se basa en un enfoque integral que incorpora la sostenibilidad como un criterio estructural del diseño y la toma de decisiones, más que como un elemento correctivo. Desde la orientación de las infraestructuras según la luz solar, la selección de materialidades de menor impacto, hasta la eficiencia energética y el uso optimizado de recursos, los proyectos son concebidos desde su origen con altos estándares de sostenibilidad y técnicos.

Alexandra Belaúnde D., directora de Ventas de Arcadis Chile y Perú y Máster en Gestión Ambiental de la Universidad Politécnica de Madrid.

“Ingeniería, sostenibilidad e innovación son dimensiones inseparables al momento de abordar los desafíos climáticos actuales. Pensar los proyectos desde su concepción con criterios ambientales es hoy una condición básica para generar valor de largo plazo”, enfatiza Alexandra Belaúnde Doyharcabal, directora de Ventas de Arcadis Chile y Perú y Máster en Gestión Ambiental de la Universidad Politécnica de Madrid.

Operaciones más sostenibles y competitivas

En el mercado local, Arcadis impulsa proyectos que integran inteligencia artificial, automatización y simulaciones predictivas para optimizar diseños, anticipar impactos y reducir la huella de carbono desde las fases iniciales de planificación. Estas herramientas permiten evaluar múltiples escenarios, mejorar el desempeño energético y tomar decisiones informadas en contextos complejos, donde la sostenibilidad y la eficiencia operativa deben avanzar de manera simultánea.

Este enfoque responde a una visión donde la reducción de emisiones deja de ser un objetivo aislado para convertirse en un componente transversal del ciclo de vida de los proyectos. La ingeniería, apoyada en datos y tecnología, se posiciona como un habilitador clave para avanzar hacia infraestructuras más resilientes, eficientes y alineadas con las crecientes exigencias regulatorias y sociales.

“El uso de datos, simulaciones y modelos avanzados permite reducir incertidumbres, optimizar recursos y avanzar hacia soluciones más eficientes desde el punto de vista energético y de emisiones, agrega Belaúnde.

Alianzas estratégicas para la descarbonización

La ejecutiva destaca que las empresas cumplen un rol fundamental en la reducción de las emisiones de CO y que avanzar hacia economías bajas en carbono requiere de alianzas estratégicas que acompañen este proceso de transformación. En ese sentido, Arcadis busca posicionarse como un socio estratégico para sus clientes, apoyando iniciativas de eficiencia energética, adopción de energías renovables y descarbonización, alineando desempeño ambiental, viabilidad económica y cumplimiento normativo.

A nivel corporativo, la compañía también avanza en la reducción de sus propias emisiones, en coherencia con su compromiso Net Zero al 2035. Este avance se materializa a través de la optimización del consumo energético en oficinas, el uso de electricidad proveniente de fuentes renovables cuando está disponible, una gestión más eficiente de los viajes y el fortalecimiento de la recopilación y análisis de datos de su cadena de valor, consolidando una toma de decisiones climáticas basada en evidencia.

 

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Medio Ambiente

El plástico es inevitable, su desperdicio no

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El plástico forma parte de nuestra vida cotidiana porque reúne cualidades muy útiles. Es ligero, resistente, resulta barato de producir y puede emplearse en una enorme variedad de productos. Sin embargo, su propio éxito se ha convertido en su condena. La producción masiva, sumada a una gestión deficiente y a su lentitud para degradarse, ha diseminado residuos plásticos por todos los rincones del planeta.


La Unión Europea produce cada año más de 2 200 millones de toneladas (Mt) de residuos, de los cuales el plástico representa una fracción pequeña. Sin embargo, el hecho de que prácticamente toda la población genere a diario residuos plásticos hace que su impacto sea muy visible y difícil de gestionar, especialmente en el caso de los envases, cuyo uso efímero dispara la tasa de residuos.

Rastrear cuánto plástico emitimos al medio es difícil debido a la falta de datos globales homogéneos. Si nos centramos en Europa (Unión Europea junto con Suiza, Noruega y el Reino Unido), donde las estadísticas son más consistentes, nos encontramos una producción de polímeros de origen fósil destinados a plásticos de algo más de 40 Mt.

Los datos más recientes disponibles indican que el volumen de residuos plásticos canalizado anualmente a través de los sistemas oficiales de recogida asciende a las 32,3 Mt, de las cuales aproximadamente la mitad se incinera y una cuarta parte acaba en vertederos. Tras descontar mermas, exportaciones y los residuos que regresan realmente al ciclo productivo, queda un desfase de más de 20. Entre 8 y 10 de esas Mt podrían corresponder a plástico acumulado en bienes duraderos que aún no se han convertido en residuo, como edificios o vehículos que seguimos utilizando. Sin embargo, aún restando eso, quedan entre 11 y 13 Mt anuales sin explicar.

 
Plástico en Europa. Datos tomados de varias fuentes incluyendo Plastics Europe y la Agencia Europea del Medio Ambiente. Los datos presentados se refieren al año 2022, el período más reciente con información relativamente completa disponible e incluyen algunas estimaciones (Mt = millones de toneladas). Roberto RosalCC BY-SA

La conclusión lógica es que ese es, precisamente, el plástico que se está filtrando al medio ambiente. Son los residuos que escapan de los sistemas de tratamiento de aguas residuales, los microplásticos que se emiten por desgaste de neumáticos, las fibras textiles que desprende nuestra ropa o la basura arrastrada por las lluvias hacia los ríos. Como sucede con cualquier otra actividad, es imposible reducir a cero nuestro impacto. Pero el modelo actual tiene fugas masivas y contenerlas es viable, aunque exige cambios estructurales en la forma en que usamos y gestionamos este material.

Los límites del reciclaje y el reto del diseño

El reciclaje de plásticos se enfrenta a barreras económicas, logísticas y técnicas. El factor económico es fácil de identificar. Sin considerar impuestos, el coste del plástico virgen es menor que el de la granza reciclada, además de ofrecer mayor calidad. Las limitaciones logísticas se refieren a la carencia de infraestructuras, algo que afecta especialmente a regiones en desarrollo, donde el plástico a menudo ni siquiera llega a los circuitos de recuperación.

Las limitaciones técnicas se deben a que la mayoría de los productos están diseñados para ser funcionales, no para ser reciclados. El uso de materiales complejos, colores oscuros que los sensores no detectan o la presencia de etiquetas y adhesivos, provocan que una gran parte del material se descarte. Incluso en el que sí se recupera, la mezcla de resinas incompatibles impide volver a fabricar el mismo producto.

Un caso paradigmático son los films alimentarios multicapa, estructuras flexibles formadas por la unión de dos o más capas de materiales para conservar alimentos frescos, congelados o envasados al vacío. La imposibilidad de separar sus distintas láminas obliga a transformarlos en productos de bajo valor, como mobiliario urbano, sin retorno posible al circuito de envases.

 
Algunos problemas que presentan los procesos de separación, clasificación y reprocesamiento durante el reciclaje mecánico de plásticos. Roberto RosalCC BY-SA

Sustituir el plástico por vidrio o metal podría parecer una solución. Sin embargo, esta estrategia tiene riesgos, ya que son materiales con una huella de carbono e hídrica superior. Además, en sectores críticos como el sanitario o el alimentario, el plástico es insustituible para garantizar la asepsia y la conservación de alimentos. La eliminación de usos innecesarios o la elección de plásticos biodegradables en sustitución de los convencionales en ciertos usos son soluciones viables, aunque limitadas.

Las múltiples ventajas del ecodiseño

La vía más eficaz es el ecodiseño, que integra el fin de vida desde la concepción del producto. Esto implica priorizar la reutilización (envases retornables) y la durabilidad para minimizar residuos, además de reducir materia prima sin perder funcionalidad. Ejemplo de ello son las botellas de PET, que han rebajado su peso hasta un 50 % gracias a mejoras de diseño y moldeo. Frente a la difícil reciclabilidad de productos como los briks, en los que solo se recupera la fibra de papel, el diseño para el desmontaje (Design for Disassembly o DfD) facilita separar materiales puros.

El ecodiseño también busca minimizar la liberación de microplásticos durante el uso. En el sector textil, priorizar tejidos densos y fibras largas reduce su desprendimiento en el lavado. En los neumáticos, el reto es disminuir la emisión de partículas debido a la abrasión, un desafío creciente debido al aumento del peso de los vehículos. Este enfoque preventivo se refuerza con el Reglamento (UE) 2023/2055, que prohíbe microplásticos añadidos intencionadamente en productos como cosméticos, detergentes o fertilizantes.

Por último, es crucial evitar aditivos peligrosos, en línea con el Reglamento REACH de la Unión Europea. La diversidad de sustancias químicas añadidas a los polímeros es inmensa, abarcando miles de compuestos, muchos de ellos con un perfil toxicológico incompleto o desconocido. Dado que estos aditivos pueden migrar durante su vida útil y su extracción posterior es inviable, resulta indispensable actuar preventivamente desde la fase de diseño.

En definitiva, y puesto que el reciclaje actual no logra contener la fuga masiva de residuos plásticos y la sustitución directa tiene límites prácticos y ecológicos, la solución pasa necesariamente por el ecodiseño. Solo repensando los productos desde su origen, priorizando durabilidad, desmontaje y seguridad, podremos cerrar razonablemente el ciclo del plástico y minimizar su impacto ambiental.

 

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Medio Ambiente

El novedoso modelo de “antivertedero” que debutó en el sur de Chile y que proyecta duplicar su capacidad al 2026

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Con su planta ubicada en Puerto Varas está transformando la gestión de residuos mezclados en Chile. La empresa REMAP desarrolló un modelo de negocio que recupera hasta un 50% de los desechos que tradicionalmente se entierran sin tratamiento.


Un modelo que reduce la carga de basura que termina en los rellenos sanitarios es el que está impulsando REMAP, el primer “antivertedero” del país. Lo que realiza la compañía es recibir a los camiones basureros, abrir sus cargas, separar el material que podría tener una nueva vida -como cartones, plástico o papel- y, con ello, derivar hasta un 50% menos del material a los vertederos.

“Lo que hacemos es justo lo contrario a un relleno sanitario. No enterramos sin clasificar: limpiamos, separamos, trituramos y derivamos a valorizadores. Así, convertimos la basura en valor y damos trazabilidad al cliente”, explica Juan Pablo Marín, cofundador y gerente general de REMAP.

En otras palabras: son una solución intermedia en donde toman las cargas, separan lo que se puede recuperar como cartones, papeles, plásticos y otros; reduciendo el contenido que llega los rellenos sanitarios incluso en la mitad.

Desde el inicio de operaciones, la planta ha escalado de cero a 4.500 m³ procesados al mes. A la fecha, ha valorizado más de 12.000 m³ de residuos, lo que equivale a evitar que unos 600 camiones lleguen a vertederos. En 2024, su volumen creció 60% respecto a 2023, y proyecta duplicar esa capacidad en los próximos dos años.

Su modelo de negocio se basa en contratos con empresas y municipios, quienes encuentran en REMAP una alternativa concreta para reducir sus costos de transporte, disminuir superficie de patios de residuos y externalizar la clasificación con trazabilidad documental y visual. “Somos una herramienta para mejorar la eficiencia y dar cumplimiento a la regulación. No reemplazamos lo que ya hacen en origen, pero sí podemos recuperar parte importante de lo que hoy termina en la basura”, señala Marín.

Uno de los casos más significativos es el de Ancud, comuna que durante años enfrentó una grave crisis de residuos por no contar con un relleno sanitario propio. La basura debía ser enviada a más de 800 km, lo que implicaba dos días por camión. Desde que trabaja con REMAP, ese tiempo se redujo a medio día, lo que permitió cuadruplicar la capacidad de retiro y limpiar completamente la ciudad en dos semanas. Además, se recuperó un 10% del volumen total como material valorizable.

“Gracias a REMAP pudimos resolver un problema estructural de más de seis años. El cambio en la logística fue radical: hoy optimizamos recursos, aumentamos la frecuencia de retiro y podemos hacer gestión con datos. No solo sacamos la basura: ahora también sabemos qué estábamos enterrando”, destaca el alcalde de Ancud, Andrés Ojeda.

La planta, ubicada en Puerto Varas, requirió una inversión de US$ 2 millones, financiada completamente con capital de los socios. Aunque no se proyecta levantar financiamiento externo en el corto plazo, sí existen conversaciones para replicar el modelo en otras regiones.

REMAP no busca competir con los rellenos sanitarios ni con los recicladores, sino integrarse como un eslabón clave en la cadena de gestión de residuos: aquel que aborda la fracción que no se segregó en origen, que está contaminada o que llega mezclada. En esa etapa crítica, dicen, es donde hay más pérdidas y también más oportunidades.

 

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Desarrollo Sostenible

Día Mundial de los Humedales: Guardianes olvidados de nuestro planeta

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Día Mundial de los Humedales, un recordatorio urgente de estos ecosistemas subestimados: pantanos, manglares, turberas y lagunas que cubren solo el 6% de la superficie terrestre, pero sostienen el 40% de la biodiversidad global.


Imagina un mundo sin ríos que fluyan limpios, sin aves migratorias surcando el cielo ni costas protegidas de tormentas furiosas. Eso es lo que nos espera si ignoramos los humedales. Cada 2 de febrero celebramos el Día Mundial de los Humedales, un recordatorio urgente de estos ecosistemas subestimados: pantanos, manglares, turberas y lagunas que cubren solo el 6% de la superficie terrestre, pero sostienen el 40% de la biodiversidad global.

Su historia: De un tratado visionario a una llamada global
Todo comenzó en 1971 con la Convención de Ramsar, firmada en la ciudad iraní de Ramsar por 18 naciones. Preocupados por la pérdida acelerada de estos hábitats —el 35% ya ha desaparecido desde 1970—, crearon el primer tratado ambiental moderno. En 1997, la Conferencia de la COP3 lo declaró Día Mundial, impulsado por la UNESCO. Hoy, 172 países protegen 2.500 sitios Ramsar, cubriendo 256 millones de hectáreas. En Chile, humedales como el Salar de Atacama o el estero de Ñipas son joyas nacionales, vitales para nuestra megadiversidad andina.

Importancia y beneficios ambientales: Los superhéroes invisibles
Los humedales son filtros naturales: purifican el agua absorbiendo contaminantes como nitratos y metales pesados, reduciendo en un 50-90% la polución de ríos. Almacenan carbono —las turberas guardan el doble que todos los bosques juntos—, combatiendo el cambio climático. Protegen costas de erosión y tsunamis (los manglares atenúan olas en un 66%), recargan acuíferos y albergan especies clave: el 75% de peces comerciales dependen de ellos. Para nosotros, humanos, significan agua potable, alimentos y turismo sostenible —en América Latina, generan millones en economías locales.

Ventajas y oportunidades: Un futuro verde al alcance
Pros: Alta resiliencia climática, bajo costo de restauración (hasta 10 veces más barata que infraestructuras grises), multifuncionales (biodiversidad + mitigación de desastres) y potencial económico (pesca, ecoturismo). Oportunidades abundan: restaurar 350 millones de hectáreas globales podría secuestrar 200 gigatoneladas de CO2 para 2050, según la ONU. En Chile, proyectos como la recuperación del humedal El Yali crean empleos verdes y fortalecen la resiliencia ante sequías.

Desventajas y contras: No todo es idílico
Contras: Emisiones de metano en turberas anegadas (hasta 100 veces más potentes que el CO2, aunque neto positivo), riesgo de enfermedades como malaria en zonas tropicales, y conflictos de uso: agricultura y urbanismo los drenan por su suelo fértil. La salinidad complica la explotación, y su fragilidad ante sequías (como en Chile por el cambio climático) los hace vulnerables. Gestionarlos requiere inversión continua, y la pérdida anual del 1% global urge acción inmediata.

En resumen, este día no es solo conmemoración: es una invitación a actuar. Proteger humedales es invertir en nuestro futuro —barato, efectivo y vital. ¿Y tú? Visita un humedal cercano, apoya políticas locales o restaura uno en tu comunidad.

El planeta te lo agradecerá.
 

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