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Calentamiento global: Una Duda Incómoda

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El debate en torno al calentamiento global y sus causas está lejos de zanjarse. La razón es simple: tiene mucho que ver con cómo damos forma a los consensos científicos que aceptamos como certezas y, sobre todo, con aquellas «verdades» que aún no terminamos de construir.

Hay un mensaje escondido en la majestuosa extensión del glaciar Tyndall, que abraza el Parque Nacional Torres del Paine. Si lo miramos con cuidado, podremos comprobar que ha retrocedido y perdido masa de manera importante durante las últimas décadas. Parece ser un mensaje triste, pesimista.

¿Por qué la tristeza? Bueno, primero porque los glaciares son hermosos y no queremos perderlos; segundo, por el sentimiento de culpa: pensamos que su lenta muerte se debe a la acción del hombre sobre el planeta. Las dos ideas, claro está, merecen una mirada más cuidadosa. La primera, la estética, se diluye como la fugaz vida del hombre lo hace en la larga historia de la Tierra: glaciares han aparecido y desaparecido muchas veces en 4.500 millones de años del planeta, y nuestra opinión estética de ellos sólo apareció en los últimos cientos, junto con nuestra biología.

La segunda, la culpa, es harto más complicada. Es fuente de violentos debates que sacuden el mundo hace décadas. Uno que parece pasar inadvertido en Chile la mayor parte del tiempo, al menos fuera de las aulas universitarias. En los últimos meses, sin embargo, ha pasado tangencialmente por los medios de comunicación. Se trata del debate sobre el calentamiento global y su origen humano.

El tema es que esconde parte de los misterios científicos más empapados de necesidades ideológicas, políticas e intereses privados.

Quizás sea posible aprovechar el calor del debate para hablar un poco de ciencia, de la forma en que se hace y las pasiones que la empujan. Para escuchar el susurro del glaciar, que quizás repita las palabras de John Tyndall, físico irlandés cuyo nombre honra: “Es tan fatal como cobarde ignorar hechos porque no son de nuestro gusto”.

Calentamiento global una duda incómoda

Un planeta afiebrado

Desde fines del siglo XX, el planeta ha experimentado un calentamiento global de 0.7 grados. Las evidencias son masivas, y poco debate hay hoy sobre este punto. Es importante notar, sin embargo, que esta conclusión es el resultado de una larga y compleja aventura científica. No se trata de un paciente al que se le ha medido la temperatura axilar cada dos horas. Cuando hablamos de “temperatura global” del planeta hablamos del promedio sobre toda la superficie del planeta y sobre un período de tiempo. Cómo calcular estos promedios es ya un problema en sí mismo, más aún cuando queremos registros históricos de antigua data. Hoy esta información es recogida utilizando estaciones meteorológicas esparcidas por el mundo y por satélites.

La medición sistemática, sin embargo, es un lujo moderno. Por esto, las temperaturas promedio más antiguas se deben calcular de manera indirecta, utilizando las huellas permanentes que éstas dejan en su entorno. El hecho que se trate de mediciones indirectas implica que requieren de argumentos teóricos, y por lo tanto quedan invalidadas si la teoría invocada fuese incorrecta. Un ejemplo de esto: podemos estimar la velocidad que tenía un automóvil antes de un accidente mirando el tamaño de las marcas que dejó en el pavimento al frenar. Para hacerlo debemos asumir, por ejemplo, que el pavimento estaba seco en ese instante. Si esto ocurrió una calurosa tarde de verano, quizás se trate de una suposición razonable. Pero si justo antes del accidente alguien hubiese mojado el pavimento mientras regaba el jardín, el calor de ese día solo habría servido para borrar rápidamente cualquier pista sobre la presencia del agua. Los peritos podrían deducir una velocidad incorrecta.

Este tipo de incertezas son típicas en la actividad científica. Es por esto que normalmente nadie toma muy en serio evidencias que vienen de un solo experimento. Es solo cuando muchos experimentos de distinta naturaleza apoyan un resultado, que los científicos, como jueces en juicio cósmico, comenzamos a dar un fallo, levantando la alcurnia de un puñado de evidencias a un “hecho científico” (uno, que al igual que en el análogo legal, puede ser revisado en cualquier momento en el futuro). En el caso del accidente, si las huellas del suelo son coherentes con los relatos de testigos, y otras pruebas del juicio, también decretamos que sabemos la velocidad que tenía el automóvil. Es ciencia en acción.

De igual modo, hay mucha evidencia de que el calentamiento global de los últimos 150 años es un “hecho científico”. Parece muy improbable que este hecho vaya a ser cuestionado de modo importante en el futuro. Recientemente hubo una importante revisión crítica y análisis de los datos sobre el tema por parte del equipo Berkeley Earth liderado Richard Muller. A pesar de que Muller era un abierto crítico de las conclusiones sobre el calentamiento global, no le quedó más que concluir, ante la evidencia, que eran correctas.

El veredicto de culpabilidad

El punto sobre el que aún existe cierto debate científico tiene que ver con las razones de este calentamiento global. ¿Tiene el hombre alguna responsabilidad en esto? Bueno, hay fuertes evidencias que indican que sí. Sin embargo, y a pesar de que los autores de este texto tenemos ideas encontradas al respecto, podemos afirmar que se trata de una afirmación de bastante menor certeza científica que aquella sobre el calentamiento global. Es muy probable, en todo caso, y para no eludir responsabilidades, que los humanos estemos empujando, al menos en parte, el calentamiento global.

Para entender cómo, volvamos al glaciar. Fue por la misma época cuando comienza el último calentamiento del planeta, cuando Tyndall inicia sus investigaciones sobre lo que conocemos hoy como efecto invernadero. Se trataba de una vieja especulación, propuesta por primera vez por el matemático francés Joseph Fourier, más de 30 años antes, pero que nunca había sido estudiada experimentalmente. Fourier, que conocía bien la teoría del calor, había calculado la temperatura que debía tener la Tierra si se consideraba como una gran roca capaz de absorber radiación solar y reemitirla al espacio. Sus cálculos mostraban que la temperatura debía ser más baja. Esto implicaba que había un fenómeno no considerado en su cálculo, como el hombre que riega el jardín en el ejemplo del accidente, que tenía una influencia importante. Conjeturó, correctamente, que la atmósfera actuaba como una manta que dificulta la reemisión de energía al espacio. Fue Tyndall quien puso en marcha un programa de investigación para probar cómo interaccionaba la luz con los distintos gases atmosféricos, mostrando en el laboratorio cómo operaba el efecto invernadero.

La cosa es más o menos así: la luz solar incide en la Tierra, principalmente como ondas de frecuencias altas, principalmente radiaciones ultravioletas, visibles e infrarrojas de alta frecuencia. Cuando la Tierra absorbe estas radiaciones, se calienta, y al hacerlo emite luz. Esto es similar a un metal que al calentarse se pone “al rojo vivo”, sólo que a temperaturas menores, la luz que emite no es visible a nuestros ojos, por tratarse de luz infrarroja de baja frecuencia. Resulta que ciertos gases de la atmosfera son muy opacos a esta radiación infrarroja. Así, la energía entra con facilidad como luz de alta frecuencia, pero sale con dificultad como luz de baja frecuencia. Esto provoca que se acumule energía y la temperatura suba por sobre aquella que calculaba Fourier. Tyndall midió este efecto en varios gases, mostrando que el más importante para estos efectos en nuestra atmósfera era el vapor de agua, seguido por el dióxido de carbono (CO2), el gran villano climático de nuestros tiempos. Y claro, los niveles de CO2 en la atmósfera han aumentado en más de 130 partes por millón (ppm) desde la el inicio de la era industrial, lo que equivale a un aumento de un 48%, para llegar en 2013 a 400 ppm. Algunos podemos dudar de la culpabilidad del CO2, pero nadie puede dudar de que sea un merecido sospechoso.

Por lo demás, es importante hacer notar que las altas concentraciones de CO2 pueden tener otras importantes implicancias ambientales, tales como el aumento de la lluvia ácida, por la mayor concentración de ácido carbónico en las gotas.

La verdad es sólo un consenso

“Debemos alterar la teoría para adaptarla a la naturaleza, pero no la naturaleza para adaptarla a la teoría”, decía el médico francés del siglo XIX Claude Bernard. Uno de los grandes obstáculos de la ciencia ha sido siempre la persistencia con que algunos intentan doblarle la mano al universo para hacerlo consistente con sus ideas preconcebidas. Es fácil ver esto en casos paradigmáticos, como los de Galileo o Darwin. Más difícil es verlo cuando ocurre delante de nuestras narices, en relación a ideas científicas que aún no han pasado por el escrutinio del tiempo.

En todo caso, es importante tener en cuenta que la ciencia nunca construye verdades. Construye ideas que sólo pretenden modelar, con exactitud creciente, los fenómenos naturales. Hay teorías tan precisas y confiables como la de la relatividad de Einstein, y otras más inciertas, típicamente las ideas más nuevas de la ciencia de frontera. Todas, sin embargo, son probablemente erradas. No existe la verdad científica, sólo un consenso científico que se alcanza con el tiempo y la acumulación de evidencia favorable. Basta un solo experimento que contradiga una teoría para que ésta se desplome. Al respecto, una famosa anécdota de Einstein. La resistencia hacia su persona y sus teorías en la Alemania nazi fueron vertidas en un libro, 100 autores en contra de Einstein. El físico reaccionó con ironía: “Si estuviese equivocado, con uno habría bastado”. Es que el consenso científico no se puede forzar. Ni sacerdotes ni políticos ni paneles intergubernamentales pueden hacer lo que sólo el tiempo, la experimentación y la buena ciencia pueden conseguir.

El consenso sobre el calentamiento global se ha ganado. Aquel sobre su origen humano aún tiene detractores, y eso es natural y sano. La razón es que esta teoría se basa en un conjunto menos variado de evidencias. Se trata básicamente de simulaciones computacionales en donde se incluye una enorme gama de variables que influirían sobre el clima, particularmente los gases de efecto invernadero. Algunos piensan que quizás existan incertidumbres, variables que no se han contemplado y que pueden influir de modo sorpresivo sobre estos cálculos.

Debemos en la ciencia, como decía Václav Havel, mantenernos cerca de quienes buscan la verdad, y alejarnos de quienes la encontraron. Si bien el escepticismo es sano, tampoco puede paralizarnos, ya que sabemos que la verdad, en ciencia, no existe. Las evidencias allí están, y debemos hacer algo con ellas, incluso cuando no tengamos certeza de su significado. Tomar algunas medidas para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero parece razonable por distintos motivos. Por una parte, contar con energías renovables que son ya rentables nos ayudará a la independencia energética. Por otra, descontaminar las ciudades del hollín y otros contaminantes que no sólo causan efecto invernadero, sino que son responsables de enfermedades. Así, pase lo que pase, el esfuerzo nos dejará una estela de desarrollo sustentable, investigación científica, innovación y una buena bocanada de aire limpio y fresco, como ese que ahora sopla por el solitario glaciar Tyndall.

por Andrés Gomberoff, académico UNAB , Marcelo Mena

Fuente:www.quepasa.cl

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Innovación

Anthropic elige a Chile para una nueva edición de su programa global Claude Impact Lab, con la longevidad como desafío país

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Anthropic escogió a Chile como sede de una nueva edición de Claude Impact Lab, su programa global de laboratorios de impacto. La dirección del programa en el país está a cargo de Felipe Pacheco, Claude Community Ambassador Chile y fundador de Bendita IA, quien definió la longevidad como el desafío de esta edición convirtiéndolo en el primer Claude Impact Lab del mundo dedicado a la longevidad— y convocó a Caja La Araucana como partner y principal impulsora, junto a SURA, Mediclic, Sirak y Tu Mundo, para enfrentar un problema que hoy afecta a 2,4 millones de personas que esperan una atención de salud en Chile.

El Claude Impact Lab – Longevidad 2026 busca convocar a empresas, startups, desarrolladores, profesionales de la salud e investigadores a crear soluciones basadas en inteligencia artificial que ayuden a enfrentar uno de los grandes desafíos de nuestro país: las listas de espera en salud.

El desafío es potenciado, además, por SURA, Mediclic, Sirak y Mundo, organizaciones convocadas para promover la innovación y la colaboración en torno a la salud y la longevidad.

La iniciativa, que reunirá cerca de 200 participantes, se desarrolla en el marco del programa global Claude Impact Lab y se realizará los días 5 y 6 de agosto, entre las 09:00 y las 18:00 horas en el Parque Deportivo La Florida, de La Araucana y contempla mentorías, workshops especializados, sesiones de diseño, desarrollo de prototipos y una jornada final de presentación de soluciones ante un jurado.  

Chile enfrenta importantes desafíos en esta materia. Actualmente, 2,4 millones de personas esperan una consulta con un especialista, un procedimiento o una cirugía, mientras el envejecimiento de la población incrementa la demanda por atención, prevención, rehabilitación y cuidados de largo plazo.

De acuerdo con estimaciones del Instituto Nacional de Estadísticas, para 2035 un 20% de la población tendrá más de 60 años. Esta transformación demográfica aumentará la presión sobre un sistema que, además, mantiene brechas en prevención, detección temprana de patologías crónicas, alfabetización en salud y acompañamiento preventivo.

Frente a este escenario, Claude Impact Lab – Longevidad 2026 y Caja La Araucana buscan demostrar cómo la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta concreta para ampliar capacidades, apoyar a los equipos clínicos y mejorar la calidad de vida de las personas.

“El propósito de esta iniciativa no es reemplazar a los profesionales de la salud, sino ampliar su alcance clínico. La inteligencia artificial puede contribuir a que médicos, matronas, kinesiólogos y otros especialistas atiendan, acompañen y orienten a más personas, manteniendo estándares de calidad y fortaleciendo la capacidad preventiva y resolutiva del sistema”, explica Francisco Sepúlveda, gerente general de Caja La Araucana.

“El programa Claude Impact Lab nos permitió elegir el desafío más urgente de Chile, y elegimos la longevidad. Necesitábamos un socio que no solo entendiera el problema, sino que lo viviera cada día junto a sus afiliados: por eso invitamos a Caja La Araucana a ser la principal impulsora de este desafío. Es el primer Impact Lab del mundo dedicado a la longevidad, y se hace en Chile”, señala Felipe Pacheco, Claude Community Ambassador Chile.

Los equipos desarrollarán propuestas en torno al desafío “Longevidad para todos en Chile”, con foco en reducir las listas de espera y optimizar la gestión de pacientes mediante soluciones de screening inteligente, detección temprana, alfabetización en salud, autocuidado y acompañamiento de enfermedades crónicas, entre otras soluciones. 

Los participantes tendrán acceso a mentorías de especialistas nacionales e internacionales, workshops técnicos, herramientas de inteligencia artificial, créditos para utilizar la API de Claude y conjuntos de datos anonimizados y fuentes públicas preparados para facilitar el desarrollo de soluciones con potencial de implementación.

Las personas interesadas en participar pueden revisar el detalle en: https://longevidad.benditaia.cl/es 


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Desarrollo Sostenible

Estudio «Impacto inversión en La Ruta de los Parques»: Por cada dólar invertido en los parques nacionales de la Patagonia, seis retornan a la economía local

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Un reciente estudio titulado «Impacto inversión en La Ruta de los Parques» da cuenta que la conservación de la naturaleza, a través de la visita a áreas protegidas, representa un importante motor para el desarrollo socioeconómico regional. Así lo demuestra el informe elaborado por Fundación Rewilding Chile y la consultora McKinsey, por cada dólar que el Estado invirtió en los parques nacionales de la Ruta de los Parques de la Patagonia en 2024, ingresaron USD 6 directamente a las comunidades locales. 

“Estos datos son de suma relevancia, porque confirman que los parques nacionales son una inversión para el país, y no un gasto”, comenta Carolina Morgado, directora ejecutiva de Rewilding Chile. Y agregó que además de su enorme valor ecológico y belleza escénica, “la Ruta de los Parques de la Patagonia es una oportunidad real de desarrollo económico para la macrorregión de la Patagonia”. 

El reporte también entrega una proyección para 2030, señalando que por cada dólar de inversión pública destinado a las áreas protegidas de las regiones de Los Lagos, Aysén y Magallanes, el retorno en la inversión incremente a USD 8,6 en ingresos para las comunidades locales.

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Jaime Szigethi, socio y director ejecutivo de McKinsey & Company Chile, explica que “este estudio entrega evidencia clave para tomar mejores decisiones de inversión, infraestructura y gestión en áreas protegidas. Además, muestra que la conservación de la biodiversidad no sólo tiene valor ambiental, sino también económico, al generar actividades locales vinculadas al turismo de naturaleza y convertirse en un motor de desarrollo para los territorios”.

El estudio cruza la visita, estadía y el gasto promedio diario de turistas nacionales e internacionales a los parques nacionales de la Ruta de los Parques, con el presupuesto asignado al Servicio Nacional de Áreas Silvestres Protegidas (SNASPE) entre 2015 y 2024, en base a información oficial de Sernatur, el Banco Central y la Ley de Presupuestos, además de una encuesta elaborada específicamente para el análisis. 

La subsecretaria de Turismo, María Paz Lagos, destacó que “los parques nacionales son uno de los grandes activos estratégicos de Chile. Este estudio muestra con claridad que invertir en conservación, infraestructura y servicios turísticos de calidad genera retorno económico directo para las comunidades locales. El turismo es una forma muy efectiva para la conservación y el desarrollo de las comunidades locales. Como Gobierno, queremos que nuestras áreas protegidas sean motores de desarrollo regional, empleo e inversión, siempre resguardando su valor natural y cultural”.

Según cifras de Sernatur, durante 2024 los parques de la Ruta alcanzaron un récord histórico de aproximadamente 560 mil visitantes, lo que representa un aumento del 15,3% respecto a los niveles previos a la pandemia. Si bien los parques recibieron una proporción similar de turistas nacionales e internacionales, 53% y 47% respectivamente, los visitantes extranjeros aportaron el 72% de los USD 155 millones de ingresos generados. 

Esto se explica porque el turista internacional tiene una estadía más prolongada y un mayor nivel de gasto: mientras el visitante extranjero gasta un promedio de $93.159 pesos chilenos diarios, el residente nacional destina alrededor de $39.133 pesos por día. Actualmente, el Parque Nacional Torres del Paine lidera este impulso económico, generando cerca del 90% de los ingresos totales de la Ruta gracias a su alta afluencia internacional.

El director nacional de Sernatur, Cristóbal Benítez, confirma que, “según los últimos datos disponibles en Data Turismo, el 59,1% de los visitantes que ingresa a Chile por vía aérea declara que la naturaleza es uno de los principales atributos que motivó la elección del país como destino de vacaciones”.

Para escalar este inmenso potencial y consolidar a Chile como un destino líder en conservación mundial, el estudio entrega recomendaciones, destacando la necesidad de convertir la conservación en un activo central de la marca país, diversificar las fuentes de financiamiento de las áreas protegidas y articular el potencial del Sistema de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP). Asimismo, se enfatiza en la necesidad de contar con datos sólidos para futuros análisis, ya que actualmente estos se encuentran fragmentados en distintas instituciones, dificultando la disponibilidad y acceso a la información.

Leer el estudio acá.


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Medio Ambiente

Calculan en más de 30 mil nuevos empleos los que se generarán por proyectos aprobados durante primeros meses de gobierno.

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El Ministerio del Medio Ambiente informó que, entre el 11 de marzo y el 30 de junio de 2026, el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) aprobó 97 proyectos a través de comisiones de evaluación ambiental y Comité de Ministros. Estas iniciativas declaran una demanda de mano de obra superior a las 30.353 personas, considerando sus etapas de construcción y operación.

Del total de proyectos, 86 ingresaron por Declaración de Impacto Ambiental (DIA) y 11 por Estudio de Impacto Ambiental (EIA), sumando una inversión conjunta de US$16.984 millones. La fase de construcción concentra 16.467 empleos declarados, mientras que la de operación suma 13.886.

La ministra del Medio Ambiente, Francisca Toledo, destacó que uno de los pilares de su gestión es la agilización de los procesos de evaluación ambiental, lo que tiene un impacto directo en las personas. «Este esfuerzo se traduce en más y mejores oportunidades laborales para las familias chilenas. Los 97 proyectos aprobados entre marzo y junio representan más de 30 mil empleos en construcción y operación de estas iniciativas. Destrabar proyectos, con seriedad y respetando la normativa ambiental vigente, se traduce en generar empleo real para Chile», afirmó.

La secretaria de Estado enfatizó que agilizar los procesos de evaluación ambiental no implica, en ningún caso, rebajar los estándares ambientales. «Rigurosidad y rapidez no son objetivos contrapuestos. Los proyectos aprobados en estos cuatro meses de gobierno pasaron por el proceso de evaluación ambiental que exige la ley. Esa es la única forma de impulsar un desarrollo verdaderamente sostenible», sostuvo.

Al analizar los datos por sector productivo, el rubro Inmobiliario presenta la mayor demanda de mano de obra, con 7.507 personas, destacando el proyecto «Ampliación Mall Plaza El Trébol», en la región del Biobío. Le sigue el sector de Infraestructura Hidráulica, con 5.035 empleos declarados, donde sobresale la iniciativa «Aguas Marítimas», en la región de Antofagasta. En tercer lugar se ubica la categoría Otros, con 3.743 empleos, que incluye el proyecto «Instituto Nacional de Neurocirugía», en la Región Metropolitana.

A nivel regional, y sin considerar la Región Metropolitana —que lidera con 8.023 empleos declarados—, la región del Biobío concentra la segunda mayor demanda de mano de obra, con 6.244 personas, impulsada por la «Ampliación Mall Plaza El Trébol». La región de Antofagasta le sigue con 5.026 empleos, gracias en parte al «Sistema de Almacenamiento de Energía Águila Mora». En tercer lugar aparece Valparaíso, con 4.809 empleos declarados, entre los que destaca el «Puerto Exterior de San Antonio». La región de O’Higgins también registra cifras relevantes, con 2.156 empleos, asociados al proyecto «Planta Fotovoltaica Lolol».


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Desarrollo Sostenible

Turberas de Cabo Froward almacenan hasta 3 veces más carbono que los bosques del sector

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Se sabe que las turberas -formadas por capas y capas de materia orgánica muerta comprimida a lo largo de los siglos en condiciones de frío, humedad y falta de oxígeno- son grandes almacenadoras de carbono, pero poco se conoce de lo que realmente almacenan en el último rincón del continente americano: Cabo Froward, en la Península de Brunswick, región de Magallanes. 

Una investigación pionera realizada por el Programa de Restauración de Ecosistemas Subantárticos de Rewilding Chile, en colaboración con especialistas de la Universidad de Chile, cuantificó por primera vez el almacenamiento de carbono por las turberas de Cabo Froward. El resultado superó las expectativas: a partir de muestras recolectadas en terreno, se constató en laboratorio que guardan un promedio de 1.647 toneladas por hectárea, es decir, tres veces más que los bosques del mismo sector, que almacenan en promedio 536,2 toneladas por hectárea.

“No hay ninguna duda de que las turberas ocupan el primer lugar entre todos los reservorios de carbono del mundo. Lo que no sabíamos es que, dentro del grupo, las turberas patagónicas superan en contenido a las turberas de climas templados del norte del país y que incluso se asemejan más a las que están presentes en ecosistemas tropicales, ya que estas almacenan cerca de 1.600 toneladas de carbono por hectárea”, explica Jaime Hernández, director del Laboratorio de Geomática y Ecología del Paisaje de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza, Universidad de Chile.

Eduardo Hernandez Cabo Froward Magallanes

Hernández había investigado reservorios de carbono en todo el país, excepto las de Cabo Froward, que lo sorprendieron por su buen estado. “Son ecosistemas completos, aún bastante salvajes. Están protegidas por la acumulación de agua y la misma microtopografía del sector, con poca intervención humana, a diferencia de otras zonas del país donde la explotación comercial del “pompón” ha estado permitida para la agricultura”, señala. 

En paralelo, la investigación caracterizó por primera vez la morfología de la cobertura vegetacional del área entre San Nicolás y Bahía Cordés, lo que abarca el parche terrestre continuo de la Península de Brunswick donde está Cabo Froward. La superficie está formada por poco más de 52.000 hectáreas de bosque y unas 53.000 hectáreas de turberas, con capacidad para acumular entre ambas 115 millones de toneladas de carbono, aproximadamente. 

“Estos hallazgos son relevantes porque nos confirman que los ecosistemas boscosos subantárticos son unos eficientes reservorios naturales de carbono y, por lo tanto, verdaderos tesoros para contrarrestar los efectos de la crisis climática. No solamente eso: albergan biodiversidad, contienen información sobre cómo era el ambiente hace miles de años y son fundamentales para mantener el equilibrio ambiental”, comenta Ingrid Espinoza, directora de Conservación de Rewilding Chile. 

Respecto a la metodología, se combinó cartografía de alta definición con trabajo de campo, lo que permitió determinar con exactitud cuánto carbono por unidad de volumen hay en un punto determinado, dato que hasta ahora no se conocía. 

El primer paso fue identificar y clasificar las coberturas vegetales presentes en el área mediante el análisis de imágenes satelitales. Tras ello, se realizaron dos expediciones para medir in situ la materia orgánica viva que está por encima del suelo y tomar muestras de suelo y turberas a distintas profundidades en más de 200 sitios definidos. Una vez reunido el material, se envió al Laboratorio Ventura Matte de la Universidad de Chile para establecer el porcentaje de carbono presente.  Actualmente, el equipo de investigadores está finalizando una publicación científica sobre los resultados y la metodología utilizada.

Diego-Nahuel-Diaz-Expedicion-Restauracion-Cabo-Froward

Para resguardar estos territorios únicos, Rewilding Chile impulsa junto al Estado Chileno la creación de un parque nacional en Cabo Froward. “Mientras que en otras regiones se lucha por restaurar ecosistemas degradados, aquí se conserva un sistema intacto que podría desempeñar un rol crucial en la mitigación del cambio climático y que por lo tanto urge proteger”, agrega Ingrid Espinoza. 

No es la primera vez que la fundación estudia el almacenamiento de carbono en la Patagonia. En 2019, en alianza con National Geographic Society, se calculó el almacenamiento de carbono de los 17 parques nacionales de la Ruta de los Parques de la Patagonia, determinando su relevancia como uno de los sumideros de carbono más ricos de Sudamérica.


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Desarrollo Sostenible

Ministerio del Medio Ambiente inicia proceso de actualización de Guía de Delimitación y Caracterización de Humedales Urbanos

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El Diario Oficial publicó este jueves la resolución exenta N° 02720/2026 que da inicio al proceso de actualización de la Guía de Delimitación y Caracterización de Humedales Urbanos de Chile.

Este instrumento, que entrega orientaciones técnicas para la delimitación y caracterización de humedales urbanos en base a los criterios de régimen hidrológico, vegetación hidrófita y suelos hídricos, fue elaborada por el Ministerio del Medio Ambiente, con apoyo del Proyecto GEF Humedales Costeros en 2022, según lo mandatado en el Reglamento de la Ley de Humedales Urbanos de 2021.

Así, a cinco años de la entrada en vigencia de la Ley, este proceso busca actualizar los lineamientos metodológicos contenidos en esta guía con el objetivo de fortalecer el estándar técnico de los procesos de reconocimiento de dichos ecosistemas acuáticos. “El objetivo es que los humedales urbanos que se declaren cuenten con un respaldo técnico y jurídico que garantice su protección efectiva”, explicó Martín Becker, jefe de la División de Recursos Naturales y Biodiversidad del Ministerio del Medio Ambiente.

La actualización de este instrumento representa un fortalecimiento del rigor técnico y científico exigido para la delimitación de estos ecosistemas tras la experiencia adquirida estos últimos cinco años. “De esta manera, podremos avanzar en otorgar mayor claridad y certezas a los actores interesados y reducir los niveles de conflictividad en este tipo de procesos”, agregó Becker.

La actualización de la guía busca incorporar mayor claridad y precisión para la revisión de los parámetros de hidrología, vegetación hidrófita y suelos hídricos en la declaración de humedales urbanos.

Además, estandariza el uso de herramientas tecnológicas actuales, como sistemas de información geográfica (SIG) y teledetección (imágenes satelitales), para que los procesos y sus respectivos expedientes, levantados tanto por el Ministerio de Medio Ambiente como por los Municipios a lo largo del país, sean más precisos y verificables.

Junto con lo anterior, se busca también estandarizar las metodologías y el uso de herramientas de medición en terreno para asegurar un levantamiento de datos más homogéneos y comparables a nivel nacional.

El proceso de actualización de la Guía de Delimitación y Caracterización de Humedales Urbanos inicia con un periodo de Información Pública que estará vigente desde el 18 de junio hasta el 10 de julio de 2026.

Durante este periodo, cualquier persona natural o jurídica, como los Municipios, pueden presentar los antecedentes que estimen pertinentes para la actualización de la guía.  Dichas observaciones, junto a la respectiva respuesta por parte del Ministerio del Medio Ambiente, conformarán un expediente público que estará disponible para su exhibición electrónica.

La información puede ser presentada a través del siguiente correo electrónico: [email protected], o bien, por escrito, en las Secretarías Regionales Ministeriales del Medio Ambiente correspondientes al domicilio del interesado.

https://www.diariooficial.interior.gob.cl/publicaciones/2026/06/18/44478/01/2825079.pdf


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