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Calentamiento global: Una Duda Incómoda

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Calentamiento global una duda incómoda 1
El debate en torno al calentamiento global y sus causas está lejos de zanjarse. La razón es simple: tiene mucho que ver con cómo damos forma a los consensos científicos que aceptamos como certezas y, sobre todo, con aquellas «verdades» que aún no terminamos de construir.

Hay un mensaje escondido en la majestuosa extensión del glaciar Tyndall, que abraza el Parque Nacional Torres del Paine. Si lo miramos con cuidado, podremos comprobar que ha retrocedido y perdido masa de manera importante durante las últimas décadas. Parece ser un mensaje triste, pesimista.

¿Por qué la tristeza? Bueno, primero porque los glaciares son hermosos y no queremos perderlos; segundo, por el sentimiento de culpa: pensamos que su lenta muerte se debe a la acción del hombre sobre el planeta. Las dos ideas, claro está, merecen una mirada más cuidadosa. La primera, la estética, se diluye como la fugaz vida del hombre lo hace en la larga historia de la Tierra: glaciares han aparecido y desaparecido muchas veces en 4.500 millones de años del planeta, y nuestra opinión estética de ellos sólo apareció en los últimos cientos, junto con nuestra biología.

La segunda, la culpa, es harto más complicada. Es fuente de violentos debates que sacuden el mundo hace décadas. Uno que parece pasar inadvertido en Chile la mayor parte del tiempo, al menos fuera de las aulas universitarias. En los últimos meses, sin embargo, ha pasado tangencialmente por los medios de comunicación. Se trata del debate sobre el calentamiento global y su origen humano.

El tema es que esconde parte de los misterios científicos más empapados de necesidades ideológicas, políticas e intereses privados.

Quizás sea posible aprovechar el calor del debate para hablar un poco de ciencia, de la forma en que se hace y las pasiones que la empujan. Para escuchar el susurro del glaciar, que quizás repita las palabras de John Tyndall, físico irlandés cuyo nombre honra: “Es tan fatal como cobarde ignorar hechos porque no son de nuestro gusto”.

Calentamiento global una duda incómoda

Un planeta afiebrado

Desde fines del siglo XX, el planeta ha experimentado un calentamiento global de 0.7 grados. Las evidencias son masivas, y poco debate hay hoy sobre este punto. Es importante notar, sin embargo, que esta conclusión es el resultado de una larga y compleja aventura científica. No se trata de un paciente al que se le ha medido la temperatura axilar cada dos horas. Cuando hablamos de “temperatura global” del planeta hablamos del promedio sobre toda la superficie del planeta y sobre un período de tiempo. Cómo calcular estos promedios es ya un problema en sí mismo, más aún cuando queremos registros históricos de antigua data. Hoy esta información es recogida utilizando estaciones meteorológicas esparcidas por el mundo y por satélites.

La medición sistemática, sin embargo, es un lujo moderno. Por esto, las temperaturas promedio más antiguas se deben calcular de manera indirecta, utilizando las huellas permanentes que éstas dejan en su entorno. El hecho que se trate de mediciones indirectas implica que requieren de argumentos teóricos, y por lo tanto quedan invalidadas si la teoría invocada fuese incorrecta. Un ejemplo de esto: podemos estimar la velocidad que tenía un automóvil antes de un accidente mirando el tamaño de las marcas que dejó en el pavimento al frenar. Para hacerlo debemos asumir, por ejemplo, que el pavimento estaba seco en ese instante. Si esto ocurrió una calurosa tarde de verano, quizás se trate de una suposición razonable. Pero si justo antes del accidente alguien hubiese mojado el pavimento mientras regaba el jardín, el calor de ese día solo habría servido para borrar rápidamente cualquier pista sobre la presencia del agua. Los peritos podrían deducir una velocidad incorrecta.

Este tipo de incertezas son típicas en la actividad científica. Es por esto que normalmente nadie toma muy en serio evidencias que vienen de un solo experimento. Es solo cuando muchos experimentos de distinta naturaleza apoyan un resultado, que los científicos, como jueces en juicio cósmico, comenzamos a dar un fallo, levantando la alcurnia de un puñado de evidencias a un “hecho científico” (uno, que al igual que en el análogo legal, puede ser revisado en cualquier momento en el futuro). En el caso del accidente, si las huellas del suelo son coherentes con los relatos de testigos, y otras pruebas del juicio, también decretamos que sabemos la velocidad que tenía el automóvil. Es ciencia en acción.

De igual modo, hay mucha evidencia de que el calentamiento global de los últimos 150 años es un “hecho científico”. Parece muy improbable que este hecho vaya a ser cuestionado de modo importante en el futuro. Recientemente hubo una importante revisión crítica y análisis de los datos sobre el tema por parte del equipo Berkeley Earth liderado Richard Muller. A pesar de que Muller era un abierto crítico de las conclusiones sobre el calentamiento global, no le quedó más que concluir, ante la evidencia, que eran correctas.

El veredicto de culpabilidad

El punto sobre el que aún existe cierto debate científico tiene que ver con las razones de este calentamiento global. ¿Tiene el hombre alguna responsabilidad en esto? Bueno, hay fuertes evidencias que indican que sí. Sin embargo, y a pesar de que los autores de este texto tenemos ideas encontradas al respecto, podemos afirmar que se trata de una afirmación de bastante menor certeza científica que aquella sobre el calentamiento global. Es muy probable, en todo caso, y para no eludir responsabilidades, que los humanos estemos empujando, al menos en parte, el calentamiento global.

Para entender cómo, volvamos al glaciar. Fue por la misma época cuando comienza el último calentamiento del planeta, cuando Tyndall inicia sus investigaciones sobre lo que conocemos hoy como efecto invernadero. Se trataba de una vieja especulación, propuesta por primera vez por el matemático francés Joseph Fourier, más de 30 años antes, pero que nunca había sido estudiada experimentalmente. Fourier, que conocía bien la teoría del calor, había calculado la temperatura que debía tener la Tierra si se consideraba como una gran roca capaz de absorber radiación solar y reemitirla al espacio. Sus cálculos mostraban que la temperatura debía ser más baja. Esto implicaba que había un fenómeno no considerado en su cálculo, como el hombre que riega el jardín en el ejemplo del accidente, que tenía una influencia importante. Conjeturó, correctamente, que la atmósfera actuaba como una manta que dificulta la reemisión de energía al espacio. Fue Tyndall quien puso en marcha un programa de investigación para probar cómo interaccionaba la luz con los distintos gases atmosféricos, mostrando en el laboratorio cómo operaba el efecto invernadero.

La cosa es más o menos así: la luz solar incide en la Tierra, principalmente como ondas de frecuencias altas, principalmente radiaciones ultravioletas, visibles e infrarrojas de alta frecuencia. Cuando la Tierra absorbe estas radiaciones, se calienta, y al hacerlo emite luz. Esto es similar a un metal que al calentarse se pone “al rojo vivo”, sólo que a temperaturas menores, la luz que emite no es visible a nuestros ojos, por tratarse de luz infrarroja de baja frecuencia. Resulta que ciertos gases de la atmosfera son muy opacos a esta radiación infrarroja. Así, la energía entra con facilidad como luz de alta frecuencia, pero sale con dificultad como luz de baja frecuencia. Esto provoca que se acumule energía y la temperatura suba por sobre aquella que calculaba Fourier. Tyndall midió este efecto en varios gases, mostrando que el más importante para estos efectos en nuestra atmósfera era el vapor de agua, seguido por el dióxido de carbono (CO2), el gran villano climático de nuestros tiempos. Y claro, los niveles de CO2 en la atmósfera han aumentado en más de 130 partes por millón (ppm) desde la el inicio de la era industrial, lo que equivale a un aumento de un 48%, para llegar en 2013 a 400 ppm. Algunos podemos dudar de la culpabilidad del CO2, pero nadie puede dudar de que sea un merecido sospechoso.

Por lo demás, es importante hacer notar que las altas concentraciones de CO2 pueden tener otras importantes implicancias ambientales, tales como el aumento de la lluvia ácida, por la mayor concentración de ácido carbónico en las gotas.

La verdad es sólo un consenso

“Debemos alterar la teoría para adaptarla a la naturaleza, pero no la naturaleza para adaptarla a la teoría”, decía el médico francés del siglo XIX Claude Bernard. Uno de los grandes obstáculos de la ciencia ha sido siempre la persistencia con que algunos intentan doblarle la mano al universo para hacerlo consistente con sus ideas preconcebidas. Es fácil ver esto en casos paradigmáticos, como los de Galileo o Darwin. Más difícil es verlo cuando ocurre delante de nuestras narices, en relación a ideas científicas que aún no han pasado por el escrutinio del tiempo.

En todo caso, es importante tener en cuenta que la ciencia nunca construye verdades. Construye ideas que sólo pretenden modelar, con exactitud creciente, los fenómenos naturales. Hay teorías tan precisas y confiables como la de la relatividad de Einstein, y otras más inciertas, típicamente las ideas más nuevas de la ciencia de frontera. Todas, sin embargo, son probablemente erradas. No existe la verdad científica, sólo un consenso científico que se alcanza con el tiempo y la acumulación de evidencia favorable. Basta un solo experimento que contradiga una teoría para que ésta se desplome. Al respecto, una famosa anécdota de Einstein. La resistencia hacia su persona y sus teorías en la Alemania nazi fueron vertidas en un libro, 100 autores en contra de Einstein. El físico reaccionó con ironía: “Si estuviese equivocado, con uno habría bastado”. Es que el consenso científico no se puede forzar. Ni sacerdotes ni políticos ni paneles intergubernamentales pueden hacer lo que sólo el tiempo, la experimentación y la buena ciencia pueden conseguir.

El consenso sobre el calentamiento global se ha ganado. Aquel sobre su origen humano aún tiene detractores, y eso es natural y sano. La razón es que esta teoría se basa en un conjunto menos variado de evidencias. Se trata básicamente de simulaciones computacionales en donde se incluye una enorme gama de variables que influirían sobre el clima, particularmente los gases de efecto invernadero. Algunos piensan que quizás existan incertidumbres, variables que no se han contemplado y que pueden influir de modo sorpresivo sobre estos cálculos.

Debemos en la ciencia, como decía Václav Havel, mantenernos cerca de quienes buscan la verdad, y alejarnos de quienes la encontraron. Si bien el escepticismo es sano, tampoco puede paralizarnos, ya que sabemos que la verdad, en ciencia, no existe. Las evidencias allí están, y debemos hacer algo con ellas, incluso cuando no tengamos certeza de su significado. Tomar algunas medidas para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero parece razonable por distintos motivos. Por una parte, contar con energías renovables que son ya rentables nos ayudará a la independencia energética. Por otra, descontaminar las ciudades del hollín y otros contaminantes que no sólo causan efecto invernadero, sino que son responsables de enfermedades. Así, pase lo que pase, el esfuerzo nos dejará una estela de desarrollo sustentable, investigación científica, innovación y una buena bocanada de aire limpio y fresco, como ese que ahora sopla por el solitario glaciar Tyndall.

por Andrés Gomberoff, académico UNAB , Marcelo Mena

Fuente:www.quepasa.cl

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Medio Ambiente

Desde reciclaje de aceite a parrillas a gas: Alcalde Desbordes y Ministra Toledo dan a conocer el lado Sustentable de la fonda del Parque O’Higgins.

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Una fonda que busca celebrar las Fiestas Patrias de manera más sustentable, es la apuesta de La Gran Fonda de Chile 2026, que este año incorporará nuevas medidas para reducir la generación de residuos, aumentar su valorización y promover prácticas de cuidado del medioambiente entre locatarios y asistentes. Es así como el alcalde de Santiago, Mario Desbordes Jiménez; la ministra del Medio Ambiente, Francisca Toledo Echegaray; y el SEREMI del Medio Ambiente de la Región Metropolitana, Gonzalo Cruces, dieron a conocer las medidas sustentables que se implementarán este año en el Parque O’Higgins.

Entre las novedades destaca un bus-punto limpio que comprimirá latas y botellas plásticas en el mismo lugar, además de un sistema de reciclaje de aceite de cocina que lo transformará en biodiésel, la recuperación de alimentos que no se vendan, parrillas a gas en el 100% de los puestos y compostaje de guano, vegetales y borra de café, entre otras iniciativas.

El alcalde Desbordes sostuvo que “la seguridad es tan importante como el cuidado del medioambiente y por eso queremos una fonda que se preocupe de cuidarlo entregando vasos que son reutilizables. El año pasado 85 mil vasos volvieron a sus casas y de esta forma se evita que se usen vasos plásticos que terminan en la basura. Estamos preocupados de educar medioambientalmente. Esta fonda va a tener el sello además en el uso de residuos orgánicos para compostaje, la reutilización del aceite de cocinar que será recuperado, de las botellas plásticas y latas”.

La máxima autoridad comunal insistió que “la Gran Fonda de Chile es una fonda segura y además amigable con el medioambiente, donde nos vamos a preocupar que no se contamine y que se eduque ya que vamos a estar enseñando prácticas ambientales por lo que está pensada en la familia”.

La ministra del Medio Ambiente, Francisca Toledo Echegaray afirmó que “durante las Fiestas Patrias podemos llegar a generar hasta 8 kilos de residuos al día, muy por sobre el 1,2 kilos habitual, por eso valoramos que este año la Fonda del Parque O’Higgins cuente con un sistema de reciclaje y menos desechables. Pero la invitación también es para los hogares, prefiriendo lo reutilizable y lo reciclable, y evitando el desperdicio de alimentos, para celebrar un 18 más sustentable”.

El año pasado, el Plan de Reciclaje aplicado en las fondas logró recolectar casi 20 toneladas de residuos durante los cinco días de celebración, alcanzando el 100% de valorización de ese volumen. Para esta edición, la meta es superar esa cifra y llegar a las 30 toneladas recicladas.

Parque ohiggins 6

  • Adiós al plástico de un solo uso: Se deja atrás la entrega de bolsas plásticas, bombillas, platos, cubiertos y envases de plumavit, dando paso a vasos reutilizables o desechables fabricados con materiales sustentables certificados, como PLA.
  • Energía limpia y cuidado del aire: Los equipos de cocina, hornos y parrillas funcionarán exclusivamente a gas, sin alterar los parámetros de la Estación de Monitoreo de calidad del aire del parque, y se incorporará iluminación LED de alta eficiencia.
  • Responsabilidad animal y oferta inclusiva: Cada espacio comercial deberá exhibir una conducta intachable de cuidado patrimonial y responsabilidad animal, además de incorporar alternativas veganas en sus menús.

La Subdirección de Medio Ambiente liderará jornadas de fiscalización durante las etapas de montaje, desarrollo y desmontaje del evento, resguardando el cumplimiento del reglamento de «Prohibiciones y Multas» de las Bases de Licitación 2026.


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Innovación

Ministerio de Ciencia anuncia primera participación de Chile a CES, la plataforma más grande de innovación y tecnología del mundo

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La ministra de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Ximena Lincolao, anunció que Chile se incorporará por primera vez a CES, la plataforma más grande de innovación y tecnología del mundo, a través de su propio Pabellón Global en la edición 2027 del evento, que se consolidará como el área sudamericana más grande en la historia de la feria.

La Dra. Ximena Lincolao, junto a la Ministra de Energía, Ximena Rincón, y la presidenta y CEO de CTA, Kinsey Fabrizio, sellaron esta nueva etapa con la firma de un Memorando de Entendimiento (MOU) que formaliza un compromiso conjunto para fortalecer los lazos de innovación entre Chile y Estados Unidos, abriendo nuevas oportunidades para las startups y empresas tecnológicas chilenas en el escenario global.

«Chile está entrando en un nuevo capítulo, con la innovación, la ciencia y la tecnología como pilares de nuestra estrategia nacional», afirmó la Dra. Lincolao. «CES es una plataforma estratégica para que las empresas chilenas ingresen a nuevos mercados, atraigan inversión y construyan alianzas significativas. Llevar el ecosistema tecnológico de Chile al evento más influyente del mundo es parte de una decisión de país: poner a nuestros innovadores frente a los tomadores de decisiones globales este enero», agregó.

La incorporación de Chile a CES marca un hito en la proyección internacional de su ecosistema de innovación y confirma al país como un actor clave en la escena tecnológica sudamericana. Con fortalezas consolidadas en robótica, energía y tecnología espacial, Chile llega a esta plataforma global con una propuesta de valor propia: un modelo de desarrollo que combina inversión pública, talento local y vocación exportadora.

““Estamos muy contentos con esta invitación de la ministra Lincolao. Ya nos estamos imaginando desde Energía qué podemos instalar en ese stand en el que por primera vez Chile va a participar. Por ejemplo, la primera planta de eFuels en operación en el mundo, que está en Magallanes, o Solar Nomad de BLP, generación y almacenamiento solar sobre contenedores estándar para faenas sin red. Hay mucho que desde energía podríamos mostrar y agradecemos esta invitación”, señaló la ministra Rincón.

Por su parte, Kinsey Fabrizio, quien viajó a Chile para la firma del MOU, afirmó que «Chile es hogar de un ecosistema tecnológico dinámico y en rápida evolución, con fortalezas que abarcan robótica, energía, tecnología espacial y más. A través de CES, esperamos trabajar junto a los líderes de Chile para ayudar a mostrar estas innovaciones, fomentar la colaboración internacional y acelerar las oportunidades de crecimiento para las empresas chilenas».

Chile conformará una delegación que refleja la diversidad y madurez de su ecosistema de innovación, con empresas de sectores como robótica, energía, tecnología espacial y otras industrias emergentes que están posicionando al país como referente tecnológico regional. La presencia coordinada de Chile en CES 2027 fortalecerá sus conexiones con líderes de la industria internacional y reforzará su posición como hub tecnológico de Sudamérica.

CES 2027 se realizará del 6 al 9 de enero en Las Vegas, donde líderes empresariales, autoridades e innovadores de todo el mundo se reúnen para dar forma al futuro de la tecnología.


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Desarrollo Sostenible

Comité de Ministros mantiene calificación favorable de proyectos por US$5.811 millones

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Dos proyectos, cuya inversión suman US$5.811 millones, revisó el Comité de Ministros en la décima sesión bajo la administración del Presidente José Antonio Kast y décimo segunda del año. La instancia, liderada por la ministra del Medio Ambiente, Francisca Toledo Echegaray, confirmó las Resoluciones de Calificación Ambiental (RCA) favorables para la Extensión del Metro de Valparaíso a Quillota y La Calera y para el proyecto Aguas Marítimas. Además, analizó un recurso por el artículo 25 quinquies de la Ley 19.300 respecto de la segunda etapa del Embalse Convento Viejo en la región de O´Higgins.

Los secretarios de Estado revisaron los recursos de reclamación para el proyecto Aguas Marítimas ubicado en la región de Antofagasta que contempla la producción de 700.000 m³/día de agua mediante una planta desalinizadora de osmosis inversa para consumo humano e industrial. ​La iniciativa contempla una inversión de US$5 mil millones y fue aprobado por la COEVA de Antofagasta el 18 de mayo pasado y los recursos de observantes de participación ciudadana ingresaron el 16 de junio.

También las autoridades deliberaron sobre los recursos presentados a la extensión de Metro de Valparaíso a las ciudades de Quillota y La Calera, conectando 26 kilómetros en 28 minutos. El proyecto considera la habilitación e implementación de este servicio ferroviario de transporte público de pasajeros para extender la actual red de transporte de pasajeros de Metro Valparaíso. La inversión estimada de la iniciativa es de US$811 millones.

Por otra parte, se revisó la reclamación por el artículo 25 quinquies de la Ley 19.300 sobre el embalse Convento Viejo Etapa II del Ministerio de Obras Públicas, infraestructura que ya había sido aprobada en el año 2004 y que consistió en la construcción de la segunda etapa del embalse de regulación de agua para riego Convento Viejo y considera la ampliación de la presa principal de 16,5 m a 32 m de altura, una presa auxiliar, aliviadero de crecidas, desagüe de fondo y obras de entrega. En la sesión de hoy, el Comité de Ministros resolvió dejar sin efecto el proceso de revisión desarrollado por la Comisión de Evaluación de la Región de O’Higgins, por lo que la RCA se mantiene sin modificación alguna al respecto.

En la reunión en la que participaron los ministros de las carteras de Economía, Fomento y Turismo y de Minería, Daniel Mas; de Energía, Ximena Rincón; de Agricultura, Jaime Campos y del Medio Ambiente, Francisca Toledo, se decidió rechazar las reclamaciones administrativas de las 2 iniciativas.

Con esto, en menos de 5 meses de la actual administración, el Comité de Ministros ha revisado 26 proyectos con una inversión estimada de US$17.736 millones. Entre las iniciativas, se cuentan 23 reclamaciones administrativas; 2 reclamaciones por el artículo 25 quinquies y 1 recurso de invalidación.

El Comité de Ministros está integrado por la ministra del Medio Ambiente, quien lo preside, y los titulares de las carteras de Salud, Economía, Fomento y Turismo; Agricultura; Energía, y Minería.

Su función es conocer y resolver los recursos de reclamación que se presenten en contra de las resoluciones que rechacen o establezcan condiciones o exigencias a un Estudio de Impacto Ambiental, en conformidad al artículo 20 de la Ley N°19.300; las reclamaciones en contra de las resoluciones que realicen la revisión de una Resolución de Calificación Ambiental, de acuerdo al artículo 25 quinquies de la Ley N°19.300; así como los recursos de reclamación presentados por las personas que hubieren formulado observaciones al Estudio de Impacto Ambiental y que estimaren que sus observaciones no han sido consideradas, en conformidad al artículo 29 de la Ley N°19.300.


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Desarrollo Sostenible

La COP17 contra la desertificación moviliza 1.300 millones, pero vuelve a aplazar el gran pacto mundial contra la sequía

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Un hecho que celebran desde WWF, ya que la restauración de los pastizales es uno de los problemas más acuciantes en el mundo. Sin embargo, lamentaron que la conferencia terminase sin llegar a acuerdos firmes para frenar la desertificación.

Un año más, las discrepancias entre las diferentes delegaciones obligaron a posponer la firma de un acuerdo de cara a la próxima cita internacional. Estas diferencias deben solucionarse cuanto antes o no quedará tiempo para afrontar la crisis climática.

Con un aumento del 30% de las sequías, para 2050 se prevé que la escasez hídrica afecte a tres de cada cuatro personas. El tiempo de tomar medidas es ahora; las consecuencias del cambio climático ya están aquí.

La COP17 sobre desertificación cerró formalmente este viernes en Ulán Bator (Mongolia) con 1.300 millones de financiación, pero sin un acuerdo firme contra la sequía.

Desde la ONG Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) celebraron la movilización de dinero, pero lamentaron la falta de acuerdos, ya que se lleva aplazando desde la edición anterior y el tiempo de tomar medidas se agota.

En un comunicado, la ONG expresó lo siguiente: «La COP17 de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD) proporcionó la estructura y la inversión necesarias para abordar soluciones previamente ignoradas a las crisis de la naturaleza, el clima y la seguridad alimentaria».

Según WWF, “se acordaron decisiones progresistas con el fin de proteger, gestionar de forma sostenible y restaurar los pastizales y las praderas que antes habían sido desatendidos, así como apoyar a los pastores y comunidades locales marginados y transitar hacia una agricultura que beneficie a la naturaleza».

Sin embargo, la falta de medidas concretas y firmes es algo que lamentan desde WWF, ya que, pese al esfuerzo de muchos países, no se llegó a tomar ninguna decisión final.

«Lamentablemente, las discrepancias entre las Partes en otros temas impidieron que se concretara el conjunto de decisiones colectivas más ambiciosas», declararon desde la ONG.

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Tras dos semanas de negociaciones, las 197 partes de la convención (196 países y la Unión Europea) aplazaron el acuerdo de la sequía hasta la COP18, donde prometen (una vez más) tomar decisiones proactivas para frenar este fenómeno.

Y es que ya en 2024, durante la COP16 celebrada en Arabia Saudí, se aplazó la toma de decisiones de cara a esta COP17. Ante el aumento del 30% de las sequías desde el 2000 y con una previsión de escasez hídrica que afectará a tres de cada cuatro personas, no se puede seguir posponiendo la firma de un acuerdo para frenarla; el cambio climático ya está aquí.

Joao Campari, líder global de Alimentación y Agricultura de WWF, declaró que «la COP17 ha sentado bases sólidas, pero ahora debemos centrarnos en la implementación sobre el terreno y en el apoyo a las comunidades locales para lograr beneficios duraderos para todos».


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Desarrollo Sostenible

Día Mundial del Agua 2026: donde fluye el agua, crece la igualdad

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El Día Mundial del Agua fue establecido por las Naciones Unidas después de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, celebrada en Río de Janeiro en 1992. La Asamblea General declaró el 22 de marzo como Día Mundial del Agua y la primera conmemoración tuvo lugar en 1993. Desde entonces, ONU-Agua coordina anualmente una campaña internacional dedicada a un aspecto específico de la crisis hídrica.

La creación de esta fecha respondió a una preocupación creciente: aunque el agua dulce es indispensable, su gestión ha estado marcada por la contaminación, la sobreexplotación, la desigualdad territorial, la degradación de las cuencas y la ausencia de infraestructura suficiente. La conmemoración busca sensibilizar, promover políticas públicas y acelerar las acciones necesarias para garantizar agua potable y saneamiento para todas las personas.

La agenda internacional del agua adquirió un compromiso concreto con la aprobación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en 2015. El ODS 6 plantea garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible, junto con el saneamiento para todos, antes de 2030. Este objetivo no puede analizarse de forma aislada: se relaciona directamente con la salud, la educación, la erradicación de la pobreza, la igualdad de género, la seguridad alimentaria, el empleo, la energía y la protección de los ecosistemas.

El Día Mundial del Agua, por tanto, cumple una doble función. Por una parte, comunica la importancia ecológica y social del agua. Por otra, permite evaluar cuánto se ha avanzado y cuánto falta para convertir los compromisos internacionales en servicios concretos, especialmente en los hogares rurales, las comunidades indígenas, los asentamientos informales y las zonas expuestas a sequías, inundaciones o contaminación.

El agua conecta todos los sistemas naturales. Circula entre la atmósfera, los suelos, los ríos, los lagos, los humedales, los glaciares, los acuíferos y los océanos. Esta circulación, conocida como ciclo hidrológico, sostiene los ecosistemas y regula procesos esenciales del planeta.

Cuando una cuenca se deforesta, el suelo pierde capacidad para infiltrar y almacenar agua. Cuando un humedal se drena, disminuye la protección frente a inundaciones y se destruyen hábitats. Cuando un río recibe descargas contaminantes, se deteriora la calidad del agua y se altera la cadena alimentaria. Cuando un acuífero se bombea más rápido de lo que puede recargarse, el déficit puede tardar décadas en revertirse.

Imagen de kalhh en Pixabay

La protección del agua exige, por tanto, proteger los territorios que la producen, almacenan, filtran y distribuyen. Los bosques nativos, páramos, glaciares, humedales, turberas y suelos saludables funcionan como infraestructura natural. A menudo son más baratos y resilientes que las soluciones exclusivamente construidas por el ser humano.

Esta perspectiva resulta especialmente relevante para Chile, un país con una marcada diversidad climática y unos variados cambios a nivel territorial en la disponibilidad hídrica. El norte enfrenta condiciones extremadamente áridas; la zona central experimenta una prolongada presión sobre sus fuentes de agua; y el sur, aunque posee mayores precipitaciones, también enfrenta riesgos de contaminación, pérdida de ecosistemas y alteraciones asociadas al cambio climático.

En la Región Metropolitana, el agua depende de la salud de cuencas como la del río Maipo y de la capacidad de los sistemas de captación, tratamiento y distribución. La conservación de la cordillera, los glaciares, los ríos y los humedales no es un asunto distante: influye en la seguridad hídrica de millones de personas.

El acceso a agua potable, saneamiento e higiene reduce enfermedades infecciosas y protege especialmente a niños, personas mayores y comunidades con menor capacidad económica. El agua segura también es indispensable en hospitales, centros educativos, hogares y espacios de trabajo.

La disponibilidad de instalaciones para lavarse las manos, limpiar superficies y gestionar residuos sanitarios constituye una barrera esencial frente a enfermedades. Pero la infraestructura debe estar acompañada por mantenimiento, calidad del servicio, educación sanitaria y sistemas de vigilancia.

La agricultura es uno de los sectores que más agua utiliza. La gestión sostenible requiere mejorar el riego, reducir pérdidas, recuperar suelos y elegir cultivos compatibles con las condiciones climáticas de cada territorio.

La eficiencia no debe limitarse a producir más con menos agua. También debe evitar la contaminación por fertilizantes y pesticidas, proteger los cauces y garantizar que las comunidades y los ecosistemas mantengan su acceso al recurso.

La agricultura regenerativa, la tecnificación del riego, la reutilización de aguas tratadas y la recuperación de la materia orgánica del suelo pueden contribuir a retener humedad y reducir la presión sobre ríos y acuíferos. Sin embargo, estas soluciones necesitan regulación, financiamiento y asistencia técnica para no quedar restringidas a grandes productores.

El agua sostiene empleos en la agricultura, la industria, la energía, el turismo, la pesca, la salud pública y los servicios urbanos. También genera nuevas oportunidades en tecnologías de tratamiento, monitoreo, eficiencia hídrica, restauración de cuencas y economía circular.

La creación de empleos verdes en el sector del agua puede ser una oportunidad importante para incorporar a más mujeres en áreas tradicionalmente masculinizadas, como la ingeniería hidráulica, la operación de plantas, la gestión de datos y la planificación territorial.

El cambio climático es, en buena medida, una crisis del agua. El calentamiento global modifica las precipitaciones, intensifica sequías y lluvias extremas, acelera el derretimiento de glaciares, eleva la evaporación y aumenta la incertidumbre para las actividades humanas y los ecosistemas.

Las comunidades más vulnerables suelen ser las primeras afectadas. Quienes carecen de redes confiables, almacenamiento, seguros, sistemas de alerta o capacidad económica enfrentan mayores dificultades para responder a una sequía o una inundación.

Imagen de Anja en Pixabay

La relación es bidireccional. El cambio climático altera el ciclo del agua, pero la gestión del agua también puede generar emisiones. El bombeo, transporte, tratamiento y calentamiento del agua requieren energía. Si esta energía proviene de combustibles fósiles, la prestación del servicio contribuye al calentamiento global.

Una política hídrica climáticamente inteligente debe combinar adaptación y mitigación:

  • Proteger cuencas, humedales y suelos para aumentar la capacidad natural de almacenamiento.
  • Reducir fugas en redes urbanas y sistemas de riego.
  • Reutilizar aguas residuales tratadas de manera segura.
  • Diversificar las fuentes de abastecimiento sin destruir ecosistemas.
  • Mejorar los sistemas de alerta temprana para sequías e inundaciones.
  • Diseñar infraestructura resistente a temperaturas extremas y eventos climáticos intensos.
  • Reducir las emisiones de las plantas de tratamiento y los sistemas de bombeo.

Los ríos, lagos, humedales, estuarios y acuíferos son hábitats de una enorme diversidad de especies. También conectan territorios: permiten el desplazamiento de organismos, transportan nutrientes y sostienen cadenas ecológicas que pueden llegar hasta el mar.

La pérdida de biodiversidad acuática se produce por múltiples causas:

  • Contaminación industrial, minera, agrícola y urbana.
  • Extracción excesiva de agua.
  • Alteración de los caudales naturales por obras de infraestructura.
  • Destrucción de humedales y riberas.
  • Introducción de especies invasoras.
  • Aumento de la temperatura del agua.
  • Fragmentación de los hábitats.

Proteger la biodiversidad requiere mantener caudales ecológicos, restaurar riberas, controlar vertidos y reconocer que un río no es solamente un canal de transporte de agua. Es un sistema vivo.

Los humedales cumplen funciones particularmente valiosas. Filtran contaminantes, almacenan carbono, amortiguan inundaciones, recargan acuíferos y ofrecen refugio a aves, peces, anfibios, insectos y plantas. Su destrucción puede generar costos económicos y sociales mucho mayores que los beneficios inmediatos de urbanizarlos o drenarlos.

La restauración ecológica puede convertirse en una oportunidad de desarrollo local. La recuperación de ríos urbanos, quebradas y humedales crea espacios públicos, mejora la calidad del aire, reduce el riesgo de inundaciones y fortalece la educación ambiental.

La relación entre agua y energía suele pasar inadvertida. Para captar agua desde un río o acuífero, transportarla, potabilizarla, distribuirla, recogerla y tratarla se necesita electricidad. A su vez, muchas formas de generación energética requieren agua para refrigeración, procesamiento o producción de combustibles.

Esta interdependencia se conoce como nexo agua-energía. Una decisión en un sector puede afectar al otro. Por ejemplo, bombear agua desde una fuente cada vez más distante aumenta el consumo eléctrico; desalar agua puede ampliar la seguridad hídrica, pero requiere energía y una gestión responsable de la salmuera; mejorar la eficiencia de una planta puede disminuir simultáneamente los costos operativos y las emisiones.

Las principales oportunidades de eficiencia energética en el ciclo del agua incluyen:

  • Detectar y reparar fugas, ya que el agua perdida también representa energía desperdiciada.
  • Utilizar bombas eficientes y regular su operación según la demanda.
  • Incorporar sistemas de monitoreo digital y control inteligente.
  • Optimizar la aireación en plantas de tratamiento.
  • Recuperar biogás de los lodos residuales.
  • Instalar energías renovables en plantas de tratamiento y estaciones de bombeo.
  • Reducir la necesidad de transportar agua a grandes distancias.
  • Promover la reutilización local de aguas grises y aguas tratadas donde sea seguro.

La eficiencia energética no debe utilizarse como argumento para debilitar los estándares sanitarios. El objetivo es brindar servicios seguros con menor consumo de energía, no reducir el tratamiento necesario ni trasladar riesgos ambientales a las comunidades.

Humanizar el Día Mundial del Agua significa comprender que la crisis no se expresa de la misma manera para todas las personas. Una interrupción del servicio puede ser incómoda para algunos hogares y una amenaza sanitaria para otros. Una sequía puede significar pérdidas económicas para una empresa, pero también la desaparición de una pequeña agricultura familiar o el desplazamiento de una comunidad.

El mensaje central de 2026 es claro: el agua puede reproducir desigualdades o ayudar a superarlas. Todo depende de cómo se distribuye, quién decide sobre ella, qué inversiones se realizan y qué lugar ocupan las comunidades en su gestión.

El agua es indispensable para la vida, pero su valor no se agota en la supervivencia. Bien gestionada, sostiene ecosistemas, fortalece la economía, reduce riesgos climáticos, impulsa la eficiencia energética y protege la biodiversidad.

El desafío del Día Mundial del Agua 2026 consiste en que esa visión no termine el 22 de marzo. La verdadera conmemoración comienza cuando las decisiones sobre cada río, cada acuífero, cada red de abastecimiento y cada sistema de saneamiento incorporan la dignidad, la participación y los derechos de todas las personas. Solo entonces el agua podrá cumplir plenamente su papel como base de un planeta saludable y de un desarrollo verdaderamente sostenible.

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