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Cómo contribuyen las Empresas a la Sustentabilidad

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Como buenos ciudadanos corporativos, a las empresas chilenas les preocupa el medio ambiente y cada vez más están incorporando criterios de sustentabilidad en sus decisiones y procesos productivos.

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Probablemente el tema dominante sea la emisión de carbono y gases con efecto invernadero (GEI), pero no es lo único que las compañías tienen en mente. Chile no es un emisor relevante en términos de carbono y GEI, pero sus condiciones geográficas y climáticas lo hacen vulnerable a los efectos del cambio climático y parte interesada en la solución. De ahí la decisión gubernamental de proponer una contribución nacional a la Secretaría de la Convención sobre Cambio Climático este año.

Esa contribución, voluntaria, implica que todos, gobierno, empresas y personas, tienen que jugar un rol. Apagar la luz y cerrar las llaves , por ejemplo, en el caso de las personas. Y las empresas tendrán que cambiar sus procesos productivos para incorporar las medidas de mitigación que exigirá el compromiso nacional y adaptar sus operaciones a las nuevas condiciones.

Alberto Salas, presidente de la CPC, planteó en una columna reciente que comprometerse con una meta de mitigación demasiado alta, puede “afectar la disponibilidad de recursos financieros para adaptarnos a las consecuencias del cambio climático”. Y sugiere priorizar la adaptación como principal destino de los recursos.

La acción; del problema a la solución

Más allá de las políticas ¿qué están haciendo las empresas en concreto? La mayoría comienza midiendo y reduciendo sus huellas hídrica y de carbono a nivel de productos, para seguir con sus operaciones y luego ampliarse hasta abarcar toda la cadena productiva, explica Ricardo Jiménez, gerente de sustentabilidad y cambio climático en KPMG. Un ejemplo es el de los productores de vinos, que están usando botellas más livianas para compensar parte de las emisiones generadas por el transporte desde Chile hacia sus mercados.

Medir la huella hídrica es crucial en los procesos productivos y así lo han entendido las compañías. Por ello, el gobierno suizo, Fundación Chile y seis empresas locales se sumaron al proyecto SuizAgua Andina, en el que también participan Colombia y Perú

En nuestro país Nestlé, Mall Plaza, Tinguiririca Energía, Cementos Polpaico y Clariant (también se sumó Vinilit) están trabajando en medir su huella hídrica para luego tomar medidas, dice Juan Ramón Candia, gerente de Sustentabilidad de Fundación Chile.

Cemento Polpaico, por ejemplo, está recuperando el agua servida de una comunidad en Tiltil (cerca de 60 casas) y una vez tratada en una innovadora planta, se la reparten en partes iguales.

Nestlé, que descarga sus aguas en un lago, ha minimizado eventuales impactos. Mall Plaza aprovecha su masividad para colaborar con los mensajes hacia la población como usar bolsas de lona.

Con las mineras de Iquique, Fundación Chile ha trabajado en la protección de la biodiversidad; Codelco y Collahuasi tratan los drenajes de ácido y con Escondida se ha buscado aprovechar su entorno desértico para implementar paneles solares que permiten calentar las soluciones de electrolitos, con lo que han logrado disminuir el uso de diésel.

En la Sonami cuentan que junto con representantes de empresas mineras han participado en la principal iniciativa público-privada para estudiar y entregar las mejores opciones que tiene el país para la mitigación de las emisiones de gases efecto invernadero (GEI): el proyecto Maps-Chile. En lo sustancial, este rubro plantea la necesidad de disponer de una matriz eléctrica más limpia, medidas de eficiencia energética y utilización de energías renovables. Sobre este último punto, precisan que la minería ha liderado su implantación, y un ejemplo de ello es el parque fotovoltaico “Amanecer Solar” de CAP.

Con las viñas se han buscado soluciones prácticas y económicas para tratar el agua. En Viña Matetic y Viña Montes, por ejemplo, cuenta Candia, se han instalado plantas de tratamiento con gravilla y microorganismos provenientes de las plantas que logran limpiar los residuos provenientes de las descargadas de las vendimias.

También en el sector agrícola, la productora de aceite de oliva Olisur obtuvo el sello de Carbono Neutral otorgado por Carbon Footprint Ltd (UK). Entre otras iniciativas, Olisur usa la pulpa sobrante de las aceitunas como fertilizante orgánicos y el carozo como biomasa para producir energía.

En Unilever Chile plantean reducir a la mitad tanto el impacto de los gases de efecto invernadero en sus productos, como el consumo de agua asociado al uso de sus productos por parte del consumidor y los residuos asociados con la eliminación de sus productos para el año 2020.

En el sector financiero, CorpBanca adoptó en 2007 los Principios del Ecuador, una serie de directrices elaboradas y asumidas de manera voluntaria por los bancos para la gestión de temas sociales y ambientales en relación con el financiamiento de proyectos de desarrollo. Es el único banco chileno hasta ahora en asumir el compromiso de otorgar préstamos sólo a aquellos proyectos cuyos patrocinadores puedan asegurar su capacidad y disposición a desarrollarlos con responsabilidad social y según prácticas de gestión ambientalmente acertadas. Además, aplica criterios de eficiencia energética a sus sucursales.

En una línea similar, el Bci creó una estrategia de medioambiente que considera operaciones y clientes sustentables, así como iniciativas de sensibilización y movilización. Los nuevos edificios del banco cuentan con certificación LEED y hay un comité de eficiencia energética que busca reducir el consumo de energía dentro de la institución. En cuanto a sus clientes, ofrece un plan de cuenta corriente y tarjeta de crédito carbono neutral.

Un ejemplo de iniciativa público privada es el pabellón chileno en Expo Milán 2015, que será carbono neutral. La neutralización de emisiones se realizará mediante el uso de Certificados de Reducción de Emisiones de Arauco (a través de sus proyectos de energía limpia y registrados bajo el Protocolo de Kioto) y una forestación icónica en la Patagonia por parte de la Fundación Reforestemos Patagonia.

¿Qué viene ahora? Todavía son pocas las empresas que han asumido que el cambio climático puede ser un riesgo operacional. Las viñas van un paso adelante, porque se han visto afectadas directamente por la sequía. Pero, advierte Jiménez, de KPMG, no son muchas las compañías que se han esforzado por medir la vulnerabilidad de sus operaciones. “Eso es necesario para abordar los desafíos futuros y elegir las medidas de adaptación adecuadas”, dice.

El costo de bajar las emisiones

El mundo debe acordar a fin de año un nuevo protocolo para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Chile llevó a consulta pública la que será su contribución al acuerdo, que como máximo propone reducir hasta 45% las emisiones por unidad de PIB hacia 2030 (es decir, dependiendo de lo que el país crezca económicamente).

Llegaron cerca de 200 observaciones, cuenta Fernando Farías, jefe de la Oficina de Cambio Climático del Ministerio de Medio Ambiente, de empresas, universidades, ONG y personas naturales. “En mitigación, más que cuestionar los números, se refieren a la cautela respecto de proponer contribuciones muy altas en reducción, pero hay otras respecto a que se podría mejorar la ambición respecto al compromiso”, dice.

Las eléctricas estuvieron entre las críticas a una contribución muy alta. Rodrigo Solís, director de Estudios y Contenidos de la Asociación de Generadoras Eléctricas, señala que el aporte de CO2 de Chile es mínimo, y que la propuesta debería enfocarse más en la búsqueda de financiamiento internacional para enfrentar el cambio. “Esto no quiere decir que Chile se desentienda de los compromisos de reducción, pero se deben ordenar las prioridades”. A su juicio, una meta alcanzable sería el límite inferior de la opción B (35%), a 2030.

Rodrigo Fuentes, economista de la U. Católica, dice que casi todas las medidas tienen costos muy fuertes al principio, porque hay que hacer inversiones, “pero muchas al final generan ahorros” con su consiguiente impacto positivo al PIB.

Jordan Harris, investigador de Cedeus dice que está demostrado que los costos de hacer nada son muy superiores a mediano y largo plazo que los de empezar desde ya.


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DÍA MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE

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Desde su inicio en 1974 ha servido para encender debates y sembrar iniciativas: escuelas que plantan árboles con alumnos, barrios que organizan limpiezas de ríos, pequeñas empresas que cambian plásticos por materiales reutilizables. Esos actos, aunque modestos, son el pulso de una transformación mayor.

Su importancia radica en poner en la agenda pública desafíos ambientales transversales: contaminación atmosférica y de aguas, pérdida de biodiversidad, degradación de suelos, residuos y la crisis climática. Al concentrar campañas temáticas anuales y designar países anfitriones, el Día facilita la coordinación entre gobiernos, ONG, sector privado y comunidades locales, amplificando mensajes y recursos.

Históricamente, la conmemoración nació tras la creciente conciencia ambiental de los años 60–70 y las primeras conferencias internacionales que vinculaban desarrollo y ambiente. Desde entonces, ha ayudado a catalizar acuerdos, normativas y comportamientos —por ejemplo, campañas de reducción de plásticos, restauración de ecosistemas y promoción de energías limpias— que, aunque insuficientes, muestran el potencial de acción conjunta.

Los beneficios concretos para el planeta y el desarrollo sostenible incluyen: aceleración de políticas públicas ambientales; mayor financiamiento y prioridad para proyectos de conservación y infraestructura verde; impulso a la transición energética y eficiencia energética; y fortalecimiento de economías locales basadas en servicios ecosistémicos.

Para el cambio climático, la celebración funciona como instrumento de educación y presión política para reducir emisiones, promover adopción de renovables y fomentar prácticas de mitigación y adaptación. En biodiversidad, concentra esfuerzos de protección de hábitats, monitoreo de especies y estrategias de manejo sustentable que reducen pérdidas genéticas y servicios ecosistémicos esenciales (polinización, regulación hídrica, control de plagas).

Imagen de Łukasz Winiarski en Pixabay

La eficiencia energética recibe atención a través de campañas de consumo responsable, etiquetado, incentivos para renovación de flotas y edificaciones más eficientes, y fomento de tecnologías como iluminación LED, bombas de calor o edificios de consumo casi nulo. Estas acciones reducen demanda, emisiones y costes económicos.

Sin embargo, no todo es lineal: las oportunidades incluyen visibilizar soluciones escalables, atraer inversión verde, empoderar comunidades y promover innovación tecnológica y educativa. Las desventajas o límites son la temporalidad del impacto (muchas campañas quedan en acciones puntuales), el riesgo de “ecoblanqueo” por parte de empresas, la desigualdad en capacidad de respuesta entre países y la brecha entre discurso público y políticas vinculantes. Para maximizar beneficios se requieren seguimiento, metas cuantificables, transparencia en financiamiento y alianzas multisectoriales que traduzcan sensibilización en transformaciones estructurales.

En 2026, el lema del Día Mundial del Medio Ambiente es: «Un llamamiento mundial a la acción climática». Este año, el Día Mundial del Medio Ambiente se centra en el cambio climático y en las señales que nos envía el planeta. El Programa de Naciones Unidas por el Medio Ambiente nos llama a actuar #PorElClimaYa.

Cada año, un país se convierte en anfitrión y organizador del Día Mundial del Medio Ambiente. La República de Azerbaiyán será el país anfitrión del mayor evento por el medio ambiente del mundo.

 La Tierra ya nos está hablando. Y lo hace con temperaturas récord, incendios más feroces, tormentas extremas y glaciares que desaparecen frente a nuestros ojos.

Durante años dijimos que limitar el calentamiento global a 1,5 °C era clave para evitar los peores impactos del cambio climático. Hoy, ese umbral está peligrosamente cerca de ser superado. Y cada décima de grado cuenta.

El cambio climático no es una amenaza futura: está redefiniendo la vida en todo el planeta.

El #DíaMundialDelMedioAmbiente 2026 nos recuerda que todavía estamos a tiempo de cambiar el rumbo. La Tierra nos está enviando señales. La pregunta es: ¿qué señal vamos a enviar nosotros?

Súmate a la campaña global de ONU Medio Ambiente y actúa #PorElClimaYa. Porque proteger el planeta también es proteger nuestra salud, nuestras comunidades y nuestro futuro.

En el marco de la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente se deben centrar los esfuerzos en motivar a las personas y comunidades, para que se conviertan en agentes activos del desarrollo sostenible y de protección del medio ambiente.

Es por ello que se invita a las personas a mejorar sus hábitos de consumo. A las empresas a desarrollar modelos más ecológicos. A los gobiernos a proteger las zonas salvajes. A los profesores a educar en valores naturales. A los jóvenes a alzar la voz por el futuro del planeta. La protección del medio ambiente requiere del apoyo de todos.

Imagen de Ralf Ruppert en Pixabay

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LA HUELLA QUE DEJA EL LITIO DE LAS BATERÍAS EN LOS OCÉANOS

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Su imagen está asociada a un futuro limpio y descarbonizado. Sin embargo, como ocurre con muchos avances tecnológicos, su uso masivo plantea una pregunta incómoda: ¿qué ocurre con el litio cuando acaba en el medio ambiente, especialmente en el mar?

Estudios recientes realizados con organismos marinos muestran que este metal, considerado durante mucho tiempo poco problemático, puede dejar una huella biológica relevante en los ecosistemas marinos, incluso a concentraciones similares a las que ya se detectan en la naturaleza.

A diferencia de otros metales ampliamente estudiados, como el mercurio o el plomo, el litio no suele figurar en los listados clásicos de contaminantes ambientales. Su impacto ecológico ha recibido mucha menos atención. Sin embargo, su producción se ha disparado en las últimas décadas y su tasa de reciclaje sigue siendo baja

Gran parte del litio acaba en vertederos o se libera a través de aguas residuales, que los sistemas de depuración no eliminan eficazmente. Esto facilita que alcance ríos, estuarios y océanos. En condiciones naturales, las concentraciones de litio en el agua de mar son bajas. Pero en zonas con fuerte presión humana o cerca de explotaciones mineras se han registrado valores notablemente más altos.

La cuestión es si estas concentraciones, sin ser letales, pueden afectar a la salud de los organismos marinos a largo plazo. Para disipar dudas, distintos estudios han utilizado especies clave de la cadena trófica marina, como copépodos, erizos de mar, quisquillas, mejillones o poliquetos. Su diversidad en estrategias alimentarias y fases del ciclo vital permite evaluar mejor los efectos del contaminante en diferentes niveles del ecosistema.

El litio no siempre provoca efectos inmediatos o visibles. En muchos casos, las concentraciones actuales no causan mortalidad masiva en los organismos marinos, pero sí generan efectos subletales que pueden comprometer su salud a largo plazo.

En concreto, producen alteraciones en enzimas relacionadas con el estrés oxidativo, en procesos de detoxificación y en mecanismos asociados al sistema nervioso. Tal y como ya se ha visto en investigaciones anteriores y también en las nuestras, en embriones de erizo de mar, la exposición al litio puede ralentizar el desarrollo o inducir malformaciones, incluso cuando no se produce la muerte de los organismos.

El efecto del litio no depende únicamente de la concentración, sino también del tiempo de exposición. A medida que pasan las semanas, las respuestas biológicas se vuelven más intensas y afectan a niveles cada vez más complejos, tanto bioquímicos como enzimáticos, pasando por alteraciones celulares, hasta daños visibles en tejidos.

Cuando todos estos indicadores se analizan de forma conjunta, el resultado es claro: el estrés biológico aumenta de manera progresiva y sostenida. Es decir, exposiciones prolongadas a litio, incluso en niveles moderados, pueden generar efectos acumulativos.

Este tipo de impactos, menos evidentes pero persistentes, plantea un riesgo ecológico importante, ya que puede afectar a la reproducción, el crecimiento y la supervivencia de las especies. A largo plazo, los cambios pueden alterar el equilibrio de los ecosistemas y el funcionamiento de las cadenas tróficas.

Además, estos resultados cuestionan la idea de que todos los materiales asociados a la transición energética sean ambientalmente inocuos. El litio es indispensable para reducir las emisiones de carbono, pero su ciclo de vida completo —incluyendo su destino final— debe evaluarse con rigor.

Los estudios no apuntan a un riesgo inmediato de colapso de los ecosistemas marinos, pero sí lanzan una advertencia clara: el litio es un contaminante emergente que merece atención, seguimiento y regulación. Entender sus efectos a largo plazo, especialmente en combinación con otros factores como el calentamiento global o la exposición simultánea a múltiples contaminantes, será clave para avanzar hacia una transición energética completa.

Porque la transición no consiste solo en cambiar las fuentes de energía, sino en garantizar que las soluciones adoptadas no generen nuevos problemas ambientales.

El litio seguirá siendo esencial para el futuro energético. Pero su historia en los océanos aún se está escribiendo. Comprenderla a tiempo será fundamental para que la transición sea realmente sostenible.



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VERANOS INTERMINABLES E INVIERNOS MENGUANTES: ¿CÓMO DEFINIMOS AHORA LAS ESTACIONES?

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Uno de los elementos más visibles del cambio climático antropogénico (causado por el ser humano) es el aumento de la temperatura, que a su vez modifica la forma y extensión de las cuatro estaciones. ¿Las consecuencias? Veranos más largos, que se desplazan hacia la primavera y el otoño, inviernos más cortos, primaveras adelantadas y otoños retrasados.


Estudiar de manera precisa cómo, cuánto, a qué ritmo y con qué intensidad se están produciendo esos cambios y se proyecta que sucedan en el futuro tiene un interés enorme debido a sus numerosas consecuencias. No sólo para los ecosistemas naturales, sino en el consumo y gestión de la energía, el confort de la población o la alteración del ciclo anual y sus efectos.

El concepto o definición de verano o invierno es intuitivo y aparentemente sencillo. Sin embargo, definir y calcular de manera rigurosa y objetiva las estaciones resulta muy complejo; hay muchas sutilezas y matices a tener en cuenta. De hecho, no existe un consenso en la comunidad científica ni en los centros de estudio climático a la hora de determinarlo.

¿Cómo definimos un día de verano?

Existen múltiples formas de aproximarse a la definición de las estaciones, según el enfoque que se utilice. Por un lado está el astronómico o climático: desde la astronomía, se determina con los solsticios y equinocios, o desde la climatología, con periodos fijos de tres meses.

Estas definiciones son, por tanto, invariables. Así, el verano dura astronómicamente desde el 21 de junio al 21 de septiembre (con ligeras variaciones entre años). Y desde el punto de vista climático, corresponde a los meses de junio, julio y agosto.

No consuma noticias, entiéndalas.

Por otro lado, está la definición meteorológica o térmica. Determinar si un día concreto, más allá del calendario fijo, corresponde a condiciones de verano, otoño, invierno o primavera podría conseguirse a partir del comportamiento de su temperatura (media, máxima o mínima) diaria.

Así, una definición extendida entre la comunidad científica determina como día de verano aquel en el que la temperatura máxima supera los 25ºC. Este valor es un promedio muy global a nivel planetario. No obstante, resulta lógico que quienes viven en una zona de montaña, desértica o cerca de los polos o del ecuador no estén totalmente de acuerdo con que esa temperatura sea la que defina sus días de estío. Entre otros ejemplos, el servicio meteorológico sueco establece el comienzo de la estación a partir de 10ºC de temperatura media diaria.

Algunos trabajos proponen obtener el valor numérico en cada región a través de su promedio climatológico de temperatura (30-40 años más recientes), aunque no existe una propuesta general para la extensión de la zona y el periodo a emplear. En España, se ha estudiado tanto mediante medias de tres meses como a partir de la media entre junio y septiembre.

Además, está la posibilidad de emplear el percentil 75 de temperatura máxima o mínima o media. Suponiendo que las temperaturas evolucionan como una oscilación suave y homogénea a lo largo del año, dividiéndose en cuatro partes iguales el ciclo anual, ese percentil 75 correspondería al 25 % de los días más cálidos, es decir, los días de verano.

Existe otra propuesta interesante: analizar las estaciones a través de la distribución de frecuencias de la temperatura diaria en el año. Su forma es más o menos simétrica, con un máximo central (suma de días de primavera y otoño) y dos colas (verano e invierno). Los cambios proyectados por el calentamiento global tanto en el valor medio como en el ancho de esa distribución, que se muestran en los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), pueden ser útiles para estudiar cambios en las estaciones.

También existen trabajos que estudian las estaciones desde otras perspectivas muy distintas, como la fenológica: según el crecimiento de la vegetación y la floración. Como ejemplo ilustrativo, el cerezo japonés, con más de 1 000 años de datos, permite analizar la evolución estacional de la temperatura en escalas temporales enormes.

Si bien estos estudios son limitados en cuanto a su representatividad para grandes regiones, muestran de manera muy clara la conexión de los ecosistemas naturales y calentamiento global.

¿Cmo están cambiando las estaciones debido al calentamiento global?

Determinar el inicio y fin de una estación se vuelve una tarea más complicada si se tiene en cuenta que el cambio climático antropogénico está transformando los patrones. Múltiples estudios indican cambios muy significativos en la duración y extensión de las estaciones, y en particular del verano: más de un día por año de aumento en las últimas tres décadas en múltiples megaciudades (Sidney, Minneapolis, Tokio); incremento de al menos una semana en la mayor parte del hemisferio norte en las décadas recientes; o en torno a 2,5 días por década en Europa en los últimos 70 años.

Si ponemos el foco en España, los veranos de Castilla-La Mancha, por ejemplo, se han alargado 7 días por década de media en los últimos 40 años.

Estudiando las proyecciones futuras, los inviernos, definidos a partir de los valores del siglo XX, prácticamente habrán desaparecido en la península ibérica a finales del siglo XXI. A nivel global, cualquiera de las proyecciones de emisiones de gases de efecto invernadero obtienen veranos que duran en torno a 6 meses e inviernos de menos de 2.

El calentamiento global, por tanto, ya ha alterado de manera significativa las estaciones, en particular las más extremas (verano y el invierno). Entre las diferentes líneas de investigación, los expertos se están centrando en varios aspectos:

  • Estudiar de forma más detallada los ritmos de cambio a escala más local.
  • Analizar la sensibilidad de los cambios a los diferentes escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero.
  • Hacer más precisas las diferentes metodologías para estimar las estaciones, su variabilidad y consistencia.
  • Analizar mejor las estaciones como primavera y otoño, para conocer hasta qué punto se van a ver alteradas, acortadas, desplazadas o el paso de condiciones invernales a veraniegas y viceversa pueda ser más brusco.

Sólo profundizando en estos patrones se podrán precisar sus impactos y mejorar las medidas de adaptación en el contexto del cambio climático.

 


Fuente/The Conversation /Creative Commons
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UNA OLA DE CALOR MARINA MASIVA PROVOCÓ EL COLAPSO DE LOS ARRECIFES DE CORAL DEL CARIBE MUCHO MÁS RÁPIDO DE LO PREVISTO.

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Durante décadas, los arrecifes de coral de todo el Caribe han sufrido enfermedades, contaminación, sobrepesca y el aumento de la temperatura del mar, pero la mayoría ha seguido creciendo, hasta ahora.

 

En 2023 y 2024, las temperaturas superficiales alcanzaron máximos históricos en los océanos del mundo, y una ola de calor marina de duración e intensidad sin precedentes se extendió por los trópicos . Satélites de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU. detectaron estrés térmico que podría provocar el blanqueamiento de los corales en más del 80 % de las zonas de arrecifes del planeta .

Durante estos períodos de estrés extremo, los corales expulsan las algas simbióticas que les dan su color y la mayor parte de su alimento, lo que los vuelve completamente blancos y los deja vulnerables a la inanición, las enfermedades y, finalmente, la muerte .

En todo el Atlántico Norte , incluido el Caribe, el calor persistió durante meses, con un estrés térmico dos o tres veces mayor que el que los arrecifes habían experimentado jamás. El estrés térmico, fenómeno en el que las altas temperaturas ejercen presión sobre ecosistemas frágiles, puede alterar permanentemente su capacidad de funcionamiento.

Esto desencadenó lo que ahora se reconoce como el cuarto evento global de blanqueamiento de coral, el más grave que se ha documentado .

Blanqueamiento generalizado de los corales durante la ola de calor marina de 2023.

Los arrecifes de coral se encuentran entre los ecosistemas más productivos de la Tierra, y su importancia para las personas es fundamental. Alimentan a cientos de millones de personas a través de la pesca artesanal, son la base del turismo en todo el Caribe y sirven como rompeolas naturales que protegen la costa de las tormentas y reducen las inundaciones.

Los arrecifes del Caribe se están erosionando rápidamente.

En un nuevo estudio , descubrimos que en todo el Caribe, la ola de calor marina de 2023, combinada con una enfermedad mortal conocida como enfermedad de pérdida de tejido de coral pétreo, ha llevado a los arrecifes a superar un umbral que los científicos creían que estaría a una década o más de distancia. Ahora se están erosionando más rápido de lo que los corales pueden regenerarlos.

Estudiamos los arrecifes del Caribe mexicano y del Golfo de México, comparando los datos recopilados antes de la ola de calor (2018-2022) con los posteriores (2023-2024). En cada arrecife, contamos los corales vivos y los organismos que lo erosionan, como los peces loro y los erizos de mar. A partir de estos recuentos, estimamos la cantidad de formación de arrecifes (producción de carbonato) y de erosión (bioerosión), y luego calculamos el resultado neto: si el arrecife ganaba o perdía material.

Los resultados fueron contundentes: entre el 70 % y el 75 % de nuestros sitios en el Caribe pasaron de un crecimiento neto a una erosión neta. Ahora pierden carbonato de calcio más rápido de lo que los corales pueden agregarlo. El umbral que los modelos anteriores habían sugerido que podría superarse durante la próxima década ya se ha alcanzado .

Este cambio se debió a la pérdida de corales de rápido crecimiento, ramificados y formadores de placas, especialmente las especies de Acropora , que tienen tasas de crecimiento muy altas y contribuyen de manera desproporcionada a la formación de arrecifes.

Uno de nuestros hallazgos más preocupantes es que los arrecifes del Caribe que aún presentaban una alta cobertura de coral y una elevada producción de carbonato antes de la enfermedad y la ola de calor fueron los que más sufrieron pérdidas. Algunos perdieron hasta 8 kilogramos de carbonato de calcio por metro cuadrado al año.

Una historia de dos mares

Nuestro estudio también reveló un contraste sorprendente. Mientras que los arrecifes del Caribe colapsaron, los del Golfo de México se mantuvieron prácticamente intactos. La gran mayoría de los sitios del Golfo registraron un saldo positivo tras la ola de calor.

La diferencia radica en qué corales predominan en cada región. En el Golfo de México, los arrecifes están dominados por corales de crecimiento lento y forma de montículo. Crecen más lentamente, pero son más resistentes al calor. Sufrieron blanqueamiento durante la ola de calor, pero en su mayoría sobrevivieron, manteniendo así un balance positivo de carbonato en el arrecife .

Este es el equilibrio entre los procesos de construcción y erosión. Cuando se añade más de lo que se elimina, el arrecife de coral puede crecer. Cuando ese equilibrio se rompe, el arrecife deja de crecer e incluso puede erosionarse.

Imagen de Design Scape Studio en Pixabay

Además, los arrecifes del Golfo de México aún no se han visto afectados por la enfermedad de pérdida de tejido de los corales pétreos, que mata preferentemente a las mismas especies masivas y longevas que mantienen vivos los arrecifes del Golfo. Para cuando llegó el calor, gran parte del Caribe ya había perdido sus corales más resistentes debido al brote de la enfermedad . La ola de calor terminó lo que empezó.

Por qué es importante la erosión de los arrecifes

Todos los beneficios que proporcionan los arrecifes dependen de un delicado equilibrio entre la formación de arrecifes y la erosión.

Los arrecifes tropicales son esencialmente vastas estructuras de piedra caliza, construidas lentamente a lo largo de los siglos a medida que los corales depositan esqueletos de carbonato de calcio. Al mismo tiempo, las olas y diversos organismos del arrecife, como los peces loro, los erizos de mar y las esponjas perforadoras, los erosionan.

Un arrecife que se erosiona y se aplana comienza a perder su capacidad de proporcionar beneficios a otras especies y a las personas.

No esperábamos documentar el momento en que una importante región del océano pasara de crecer a erosionarse. El hecho de que ocurriera tan rápidamente, y en algunos de los arrecifes más emblemáticos y estudiados del Caribe, sugiere que los plazos que los científicos han estado utilizando podrían ser demasiado optimistas.

Nuestros hallazgos también podrían obligar a replantear la forma de abordar la restauración de los corales. En todo el Caribe, los programas han invertido mucho en la replantación de especies de coral ramificadas de rápido crecimiento, como Acropora , porque recuperan rápidamente su complejidad estructural. La ola de calor de 2023-2024 arrasó con muchas de estas poblaciones restauradas, además de las silvestres.

La restauración tendrá que diversificarse. Explorar enfoques como el intercambio de genes tolerantes al calor entre poblaciones (flujo genético asistido) y la cría de corales que sobrevivan mejor al calor (cría selectiva) podría ser una vía prometedora .

Pero la restauración por sí sola no será suficiente . Para revertir el declive se requieren reducciones drásticas de las emisiones de gases de efecto invernadero para disminuir la frecuencia e intensidad de las olas de calor marinas, junto con medidas locales contundentes contra la contaminación, la escorrentía de nutrientes, la sedimentación y las enfermedades, factores que debilitan a los corales antes de la llegada del calor.

 


Fuente/The Conversation/Creative Commons licence.
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¿LA ATENCIÓN MEDIÁTICA AL CAMBIO CLIMÁTICO INFLUYE EN LAS DECISIONES DE INVERSIÓN?

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En las últimas décadas, la inversión sostenible pasó de ser una tendencia minorista a ocupar un lugar central en los mercados financieros. En 2024, uno de cada ocho dólares gestionados profesionalmente en Estados Unidos se invertía siguiendo criterios de sostenibilidad. Los activos gestionados bajo estos criterios han crecido un 20 % desde 2020 fuera de EE. UU.

Este cambio no es solo una cuestión financiera. Al dirigir el capital hacia determinados sectores y empresas, los inversores influyen en los resultados medioambientales de las compañías. Además, este proceso se ve reforzado por una regulación cada vez más exigente en materia de información no financiera, riesgos climáticos y finanzas sostenibles, así como por la presión de otros grupos de interés.

Esta expansión de la inversión sostenible también ha atraído el interés de los académicos, que intentan entender cómo se integran los principios de sostenibilidad en las carteras de inversión y cuál es su impacto en términos de rentabilidad financiera, impacto social, etc.

A pesar de ello, sabemos relativamente poco sobre cómo reaccionan los inversores ante los riesgos asociados al cambio climático. Resulta clave entender si la cobertura mediática de estos riesgos influye en las decisiones de inversión. En un estudio reciente aportamos nuevas evidencias al respecto.

¿Qué nos dice la evidencia?

El estudio muestra que la exposición de los fondos de inversión al riesgo de carbono es persistente en el tiempo. Así, los inversores pueden anticipar qué fondos estarán más expuestos al poseer activos de empresas emisoras de gases de efecto invernadero o que dependen altamente de combustibles fósiles, lo que las hace muy vulnerables a pérdidas derivadas de la transición hacia una economía baja en carbono.

Los resultados también indican que la atención mediática al cambio climático tiene un efecto claro sobre los flujos de inversión. Cuando aumenta el número de noticias relacionadas con ese asunto, los fondos de inversión con alta exposición al riesgo de carbono experimentan menores flujos de capital. Por el contrario, los fondos con menor exposición a este riesgo atraen más dinero. Dicho efecto es especialmente intenso en los años más recientes del periodo analizado (2000-2023).

Estos resultados se mantienen cuando se tiene en cuenta la rentabilidad financiera de los fondos o sus características principales. Por tanto, las decisiones de inversión no responden únicamente a motivos financieros. Las preferencias por una inversión más sostenible y la preocupación por los riesgos climáticos también desempeñan un papel en este sentido.

Los datos del estudio

Para llegar a estas conclusiones, analizamos 1 352 fondos de inversión de renta variable americana en el periodo 2000-2023. La exposición al riesgo climático se mide mediante el Carbon Risk Score, medida proporcionada por Morningstar, empresa de servicios financieros. Dicho indicador captura específicamente el riesgo de transición asociado al cambio climático. Por tanto, se diferencia de otros índices medioambientales más generales.

Estos datos financieros los combinamos con información sobre la atención mediática al cambio climático en los cinco principales periódicos de Estados Unidos: Los Angeles TimesThe New York TimesUSA TodayThe Wall Street Journal y The Washington Post.

Además, contrastamos los resultados utilizando otras medidas alternativas de atención mediática, como la cobertura en televisión o el índice de incertidumbre y política climática (Climate Policy and Uncertainty Index) propuesto en 2021 por el profesor Konstantinos Gavriilidis.

¿Hacia una inversión más sostenible?

Los resultados apuntan a una conclusión clara. La cobertura mediática del cambio climático influye de forma significativa en el comportamiento de los inversores. En periodos de mayor atención pública, los fondos con menor riesgo de carbono aumentan su patrimonio gestionado, mientras que los más expuestos a sectores intensivos en carbono pierden capital, independientemente de su rentabilidad financiera.

Esto tiene implicaciones importantes:

  • Para los gestores de fondos de inversión, subraya la necesidad de evaluar adecuadamente los riesgos climáticos y de adaptar sus carteras si quieren evitar salidas de capital.
  • Para los reguladores, refuerza la importancia de exigir a las empresas información clara y comparable sobre los riesgos climáticos y sobre como los gestionan.
  • Para los inversores, el estudio muestra que los ratings de riesgo de carbono pueden ser útiles para tomar decisiones más informadas.

A medida que el cambio climático ha ido ocupando un lugar cada vez más destacado en la agenda pública y mediática, los mercados financieros parecen haber respondido alineando las inversiones con una transición hacia una economía baja en carbono.

No obstante, hay un factor geopolítico a tomar en cuenta: las medidas que ha venido tomando el presidente Trump en lo que va de su segundo mandato para abandonar los criterios de sostenibilidad ambiental, social y de gobernanza (ESG), dando prioridad al rendimiento financiero de las empresas.

 


Fuente/The Conversation /Creative Commons
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