Medio Ambiente
EL CRECIENTE MERCADO DE LOS ELECTROLIZADORES, LA OTRA PIEZA CLAVE DEL HIDRÓGENO VERDE
Aunque el precio de la energía representa hasta 70% del costo de producción del hidrógeno verde, hay un aparato que es clave: el electrolizador, que permite separar, en el agua, las moléculas de hidrógeno y oxígeno. Hoy representa cerca de 24% del costo. “Se espera que el precio de los electrolizadores baje a la mitad a 2030″, dicen en Colbún. En todo caso, para el desarrollo de la industria influirán más, creen los expertos, los costos de la energía y los impuestos a las emisiones.
Hasta hace poco el alto precio de la energía renovable hacía impensable el desarrollo del hidrógeno verde (H2V), la gran promesa para reemplazar combustibles fósiles y reducir con ello las emisiones de CO2. La relación entre ambos es estrecha: la producción de hidrógeno verde necesita suministro continuo de electricidad, algo que representa entre 60% y 70% de su costo total. Pero el rápido abaratamiento de las tecnologías eólicas y fotovoltaicas, que impulsó su proliferación y las hizo competitivas, detonó un boom de apuestas por este hidrógeno libre de emisiones producido vía electrólisis de agua.
Sin embargo, también hay un equipo clave en el desarrollo de esta industria que existe hace muchas décadas, pero al que esta revolución del H2V ha dado un renovado protagonismo: el electrolizador. ¿Qué es? Un aparato que permite producir hidrógeno mediante un proceso químico llamado electrólisis, capaz de separar las moléculas de hidrógeno y oxígeno de las que se compone el agua, empleando para ello electricidad. Producido así, no emite dióxido de carbono a la atmósfera. Y el hidrógeno tampoco. Cuando se quema hidrógeno no se produce dióxido de carbono, se produce vapor de agua. Por ello su uso -y el reemplazo por combustibles fósiles- permitiría reducir las emisiones que producen el calentamiento global.
El electrolizador es el corazón de las plantas de H2V y su costo incide tanto en la inversión inicial como en el gasto operativo. Su reducción de valor incidirá, creen algunos, en la masificación de la industria del hidrógeno verde.
“Hace un año los proveedores decían ‘te puedo ofrecer un precio competitivo, pero tengo que ampliar mi fábrica, automatizar procesos y para eso necesito que pongas la orden de compra’. La respuesta era: ‘No te puedo poner orden de compra con los actuales precios’. Y entrábamos en el juego del huevo o la gallina. Ahora, las compañías están intentando acuerdos en que comprometen la compra de determinada cantidad de electrolizadores en cinco a 10 años y hay fabricantes ampliando capacidad sobre esa base”, cuenta un gerente del rubro de una empresa multinacional embarcada en un proyecto de estos.
Los equipos se fabricaban de manera artesanal, a un costo alto y en un proceso lento. Recién se empieza a conectar la oferta con esta nueva demanda.
Por ejemplo, Cummins Inc. anunció en septiembre que ampliará la capacidad de su planta de electrolizadores PEM en Oevel (Bélgica) a 1 GW, con apoyo del programa europeo Hy2Tech.
La alemana Siemens Energy SpA entró al rubro con tecnología propia de electrolizadores PEM en 2011. En 2018 lanzó al mercado su actual estándar Silyzer 300, que produce más de 330 kg/h de H2 puro (99,99%) y una potencia nominal del orden de 17,5 MW y hasta el año pasado toda su tecnología se fabricaba en la planta de Erlangen, mientras que el empaquetado se hacía en Mulheim, con una capacidad anual de 500 MW. Ahora construye una planta en Berlín para alcanzar 1 GW/año a fines 2023, con un plan para ampliarla en 2025 a 3 GW/año. Ofrece soluciones paquetizadas de 32 MW y 100 MW, con miras a llevarlas en 2028 a GW. A la fecha ha puesto en operación más de 16 proyectos en Europa, Australia y Medio Oriente, más su primera experiencia en el sur de Chile con HIF. Y acaba de cerrar un acuerdo para la planta eCombustibles de HIF en Matagorda (EE.UU.), donde los electrolizadores sumarán unos 1,8 GW para producir 300.000 ton/año de H2V.
Otros actores relevantes son ThyssenKrupp, Enapter, Linde Engineering, NEL, PlupPower, HydrogenPro, UTM, McPhy, Bloom Energy y Haldor Topsoe.
Empresas chinas están ampliando capacidad, pero orientada a su mercado.
GlobalData estima que en 2026 se alcanzarían 8,52 GW anuales de producción de electrolizadores.
Julio Friedmann, científico jefe de la consultora Carbon Direct, señaló a Bloomberg: “Los electrolizadores cuestan US$ 800 por kilovatio (…). Tal vez podamos reducir su valor a US$ 500 por kilovatio, pero para que el hidrógeno verde llegue a US$ 1 por kilo, debemos llegar a US$ 100 por kilovatio”. El ejecutivo de una multinacional de energía acota: “Una cosa es el precio del stack, el núcleo del equipo; pero no sirve si no lo complementas con un transformador de tensión y otros auxiliares. El paquete completo está en poco menos de un millón de dólares por MW, dependiendo del origen”, explica.
El director de desarrollo de Negocios en Chile de Siemens Energy SpA, Marcelo Merli, plantea: “El costo de la tecnología ha venido descendiendo, pero fue desafiado por la pandemia y luego por los efectos de la invasión de Rusia a Ucrania, que han sumado dificultades logísticas y energéticas y en los precios de insumos y repercutido en la cadena de valor de los fabricantes. Su valor comercial está entre US$ 690 a US$ 800 por kW. Pero no se debe perder de vista que en el costo nivelado de producción del H2V, el peso de esta tecnología varía entre 24% y 26%, mientras que el de la energía eléctrica (en punto de consumo) representa casi 70%. El costo de los electrolizadores en una década se ha reducido significativamente y ha aumentado mucho su eficiencia en producción y consumo eléctrico”.
Juan Pablo Fiedler, gerente de H2V de Colbún, añade: “Se espera que el precio de los electrolizadores baje a la mitad a 2030, sin embargo, la competitividad del H2V también depende del costo de la energía, de los impuestos a las emisiones y de los estímulos estatales”. En eso han coincidido las autoridades: mientras no se apliquen globalmente, dice, impuestos correctivos que encarezcan y desincentiven el uso de combustibles fósiles, el hidrógeno no será competitivo.
La ventaja de Chile son condiciones excepcionales para generar electricidad renovable a bajo costo, pero aún no es lo suficientemente barata como para solventar el desarrollo de esta industria a gran escala. Además, el costo de la transmisión tampoco ayuda. Es lo que aseguran quienes llevan entre tres y cinco años tratando de cuadrar los números.
Energía, aún el gran escollo
“Hoy el costo de generación de un parque fotovoltaico ronda los US$ 20 o US$ 22 por MWh y si a eso tienes que agregar US$ 15 o US$ 18 por MWh en transmisión, casi se duplica”, plantea el gerente de H2V de una eléctrica. Y añade: “Si quieres producir hidrógeno a menos de 2 US$/KgH2, la electricidad debiera estar bajo US$ 15 por MWh; y no lo veo muy factible por ahora”. Así es que la clave es lograr una ubicación óptima para las plantas de hidrógeno respecto de las fuentes de ERNC y de la industria que lo consumirá. Por ello los proyectos de hidrógeno verde han proliferado en Chile en las cercanías de las plantas de energía renovable, lo que permite ahorros en transmisión: en el Norte Grande, donde hay mucha energía solar, y en Magallanes, donde predomina la eólica.
Otro factor a resolver es cómo garantizar la continuidad de la producción de H2V cuando las energías renovables no están disponibles: “Para producir las 24 horas, tu costo debe considerar que en la noche o te conectas a la red eléctrica con un certificado green a un precio hoy de más de US$ 100 por MW en el norte o instalas más capacidad de electrólisis para producir lo necesario para 24 horas en nueve horas de sol y almacenas la sobreproducción para alimentar en forma contínua el proceso aguas abajo. Pero la inversión en planta será mayor”, plantea un ejecutivo a cargo de un proyecto para el sector minero.
Juan Pablo Fiedler acota: “Si bien en Chile somos muy competitivos en generación de energía solar y eólica, el desafío es cómo suministrarla 24 horas. La opción baterías es cara aún; y hacer retiros del sistema interconectado agrega costos sistémicos y tiene huella de CO2. Es un desafío que enfrentan todos los países”.
Los otros factores
“Chile tiene gran potencial en cuanto producción de energías renovables, pero eso no es suficiente para llegar al precio de US$ 1,5 a 2030 plasmado en la estrategia de hidrógeno verde del país, porque el desarrollo de un mercado depende de muchas variables. Más allá de elaborar una estrategia, hay que generar políticas públicas que promuevan un ambiente favorable para la inversión y mitigar riesgos; organismos facilitadores (permisos sectoriales) alineados con estas políticas; ecosistema de negocios; sistemas de certificación para la trazabilidad de los productos que se pretende exportar, infraestructura y capital humano para concretar proyectos en tiempo y forma”, advierte Marcelo Merli, de Siemens.
Dice que prueba tangible de ello es que si bien varias autoridades visitaron la planta demostrativa de Haru Oni (donde Siemens Energy es el partner tecnológico para la generación y la electrólisis), Enel Green Power y HIF retiraron el estudio de otro proyecto, el parque eólico Faro de Sur del Sistema de Avaluación Ambiental (SEA), argumentando que para avanzar las autoridades deben dar señales claras a las empresas. Esto a su juicio denota que “todavía no hay un marco regulatorio apropiado para evaluar y fiscalizar estos proyectos. En Latinoamérica cuesta pasar de lo potencial a la concreción porque las autoridades en ocasiones se quedan en el anuncio”. Destaca que además existe un gap en profesionales y operarios especializados que requieren proyectos de gran escala.
Cristián Unrein, senior technical project manager de Engie H2 −que en Chile desarrolla tres proyectos de hidrógeno verde−, comenta que han identificado una serie de desafíos: “Desde el punto de vista económico se deben alinear las expectativas de precios del hidrógeno verde y sus derivados; mientras que, en relación con el marco normativo, se necesita mayor claridad a mediano y largo plazo, además de requerir tramitaciones de permisos más ágiles. Adicionalmente, se debe trabajar en que la certificación del H2V sea compatible con las internacionales para que al exportarlo sea reconocido en otros países”.
En todo caso, Merli enfatiza que no se puede decir que el H2V hoy no sea competitivo: “Los proyectos que hemos realizado o estamos desarrollando hacen sentido para cada mercado donde aplican, por lo que son competitivos, dado que existen tantos precios para el H2 como mercados y usuarios finales. En Chile, la meta que apunta a US$ 1,5 a 2030 y con los actuales costos de energía, en el punto de retiro, no se lograría aun cuando en algunos casos pusiéramos cero al capex de los equipos, pues lo que más impacta en el costo del hidrógeno es el costo de la energía eléctrica, mientras que el impacto de su otro insumo, el agua, es marginal (menos de 3%)”.
Juan Pablo Fiedler hace el punto de que “es complicado hablar de brecha de precios entre productos convencionales y verdes porque hay mucha volatilidad. En los últimos meses, los precios de productos convencionales incluso han superado los de alternativas verdes. El problema es que hoy la producción de combustibles renovables es limitada, los proyectos toman tiempo; y es esperable que una vez que se reduzcan los conflictos geopolíticos los combustibles convencionales vuelvan a precios inferiores a los actuales. Es difícil pronosticar cómo se dará esta competencia. En lo que no hay grandes divergencias es en que necesitamos reducir emisiones de gases de efecto invernadero y esto se trata más que de un problema de precios”.
Fuente/Pulso/LaTercera Chile Desarrollo Sustentable www.chiledesarrollosustentable.cl www.facebook.com/pg/ChiledesarrollosustentableCDS twitter.com/CDSustentable #CDSustentable , #Sostenible #DesarrolloSostenible #MedioAmbiente, #ChileDesarrolloSustentable, #ECOXXI
Conversación
PUBLICAN PRIMER REGISTRO PARA CHILE DE “ALGA ABANICO” EN LA ISLA GRANDE DE TIERRA DEL FUEGO
El hallazgo fue realizado durante una expedición conjunta a Bahía Inútil entre investigadores del Programa Marino de la Fundación Rewilding Chile y CADIC-CONICET de Ushuaia para caracterizar la biodiversidad asociada a los bosques del alga gigante Macrocystis pyrifera.
El área de Bahía Inútil, en la región de Magallanes, no deja de revelar su asombrosa biodiversidad marina. Una publicación reciente liderada por especialistas chilenos y argentinos documentó por primera vez para Chile la presencia de la macroalga parda Microzonia velutina en el ambiente submarino de la Isla Grande de Tierra del Fuego, sumando una nueva especie a la diversa flora ficológica de nuestro país y ampliando su rango de distribución en la costa atlántica Argentina.
El hallazgo se produjo en el contexto de la expedición conjunta realizada en marzo de 2025 entre investigadores del Programa Marino de la Fundación Rewilding Chile y CADIC-CONICET de Ushuaia, además de profesionales encargados del filmaciones submarinas y terrestres, con el fin de caracterizar la biodiversidad asociada a bosques fueguinos de Macrocystis pyrifera (huiro o sargazo). Para ello, se realizaron buceos exploratorios entre 3 y 6 metros en tres sitios de muestreo, dos en Bahía Inútil, lado chileno de la Isla Grande de Tierra Argentino, y uno en el sector argentino de Bahía Aguirre, en la Península de Mitre.
Respecto a la importancia del registro, Mathias Hüne, Director del Programa Marino de Rewilding Chile, destacó: “En el contexto de la crisis climática, ampliar el conocimiento sobre la biodiversidad marina en altas latitudes es fundamental para sustentar estrategias de conservación y refuerza el valor biogeográfico de Tierra del Fuego y en particular de Bahía Inútil, como zona clave para la diversidad subantártica”.
El análisis de los resultados de la expedición fue publicado en la prestigiosa revista alemana Botánica Marina -la más clásica en su especialidad- como “New records of Microzonia velutina (Syringodermatales, Ochrophyta) in Isla Grande de Tierra del Fuego in the sub-Antarctic region”. Sus autores son Mauricio Palacios, investigador asociado de la Fundación Rewilding Chile; Julieta Kaminsky, del CADIC CONICET de Ushuaia; Mathias Hüne, director del Programa Marino de Rewilding Chile; los ecólogos y taxónomos Erasmo Macaya de la Universidad de Concepción y Alicia Boraso, referente del estudio de macroalgas en Argentina, de la Universidad Nacional de la Patagonia, junto al fotógrafo submarino Mariano Rodríguez de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego.
En todos los puntos de muestreo, Microzonia velutina fue observada como parte de la flora del sotobosque en sustratos rocosos bajo bosques de huiro. A diferencia de los alargados huiros, cuyos bosques submarinos pueden medir hasta 80 metros, esta pequeña macroalga, con forma de abanico, no supera los 3 centímetros de altura y destaca por su color café oliváceo con pigmentación iridiscente en los bordes.
“No es fácil de ver, porque es bien chiquita y uno creería que puede ser un hongo como los que encontramos en los bosques terrestres, pero es una macroalga. Para poder encontrarla hay que buscarla con intención, no es fácil de ver, pero cuando la encontramos es muy característica la forma que tiene así de abanico, con unas pequeñas líneas y crece bien cerquita del sustrato de la roca”, indica Julieta Kaminsky, investigadora del CADIC-CONICET de Ushuaia.
“En términos generales, es una especie relativamente poco común y poco conocida, más típica en Nueva Zelanda, pero no abundante, con sólo dos registros en el hemisferio sur, particularmente en la costa atlántica de Argentina”, explica Mauricio Palacios, investigador asociado de Rewilding Chile. “Sabemos poco de su morfología externa, su ciclo de vida, de sus hábitos, por qué está acá y no en otro lugar, etc.”, complementa.
En la expedición se recolectaron talos completos de la pequeña macroalga y se realizó su identificación en base a morfología externa e interna, “a ojo desnudo”, como precisa Julieta Kaminsky para describir el método. “Después hacemos pequeños cortes que nos permiten observar en la lupa o el microscopio óptico y a partir de distintas características que son específicas o particulares y comparando con otros ejemplares que se parecían de Argentina y otros lugares del mundo podemos saber a cuál especie corresponde”, agrega. Una vez identificados, tres ejemplares fueron preservados en el herbario realizado que mantiene Rewilding Chile.
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Desarrollo Sostenible
Medio Ambiente busca recuperar Lago Vichuquén: MINISTRA TOLEDO INICIA PROCESO PARA AVANZAR EN SU DESCONTAMINACIÓN
La secretaria de Estado firmó la resolución para comenzar la elaboración de una norma que establecerá límites a distintas sustancias que hoy afectan la calidad del agua, como el exceso de nutrientes.
La ministra del Medio Ambiente, Francisca Toledo, dio un paso fundamental para la recuperación del Lago Vichuquén, en la Región del Maule, que ha enfrentado una importante crisis ambiental y sanitaria producto de la contaminación de sus aguas. Se trata del inicio de la elaboración del anteproyecto de normas secundarias de calidad ambiental para este ecosistema, que permitirá mejorar la calidad de sus aguas y protegerlo para quienes viven y visitan la zona.
La secretaria de Estado luego de firmar la resolución que da inicio oficial a la creación de la norma, afirmó que “dada la crítica situación del Lago Vichuquén decidimos agilizar el inicio de la creación de esta norma y trabajaremos para concretarla lo antes posible. Tras esto, desarrollaremos un plan de descontaminación. Este proceso es un paso importante para recuperar sus aguas y cuidar su biodiversidad, pero también para mejorar la calidad de vida de las comunidades”.
Para avanzar en este objetivo, la norma establecerá límites a distintas sustancias que hoy afectan la calidad del agua, como el exceso de nutrientes. Este proceso abarcará todo el sistema lacustre, incluyendo el lago Vichuquén, la laguna Torca y el estero Llico, con el fin de enfrentar de manera integral esta problemática y avanzar hacia una solución definitiva,
Este trabajo se apoya en estudios científicos y monitoreos que han evidenciado la necesidad de actuar con mayor fuerza para proteger el lago. A partir de ahora, se comenzará a construir una propuesta que también considerará la opinión de la ciudadanía, abriendo espacios para que vecinos, organizaciones y distintos actores puedan aportar con su experiencia y conocimiento del territorio.
Tras contar con una norma de calidad para el Lago Vichuquén se podrá elaborar un plan de descontaminación ambiental, instrumento que establecerá medidas y acciones específicas con la finalidad de recuperar este ecosistema y sus especies.
La ministra Francisca Toledo añadió que recuperar el lago no solo es una tarea ambiental, “también es una oportunidad para fortalecer el turismo, las actividades recreativas y la identidad local. Un entorno más sano beneficia directamente a las personas y ayuda a proyectar un desarrollo más sostenible para la comunidad de Vichuquén y sus alrededores”.
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Desarrollo Sostenible
CON LA GASOLINA DISPARADA, CORRER SALE MUCHO MÁS CARO DE LO QUE PARECE
Intentar emular a Fernando Alonso en los desplazamientos diarios de casa al trabajo no es una buena idea. Porque aparte de generar más estrés y más situaciones de riesgo, afecta a nuestro bolsillo más de lo que podríamos pensar.
Es evidente que conduciendo más rápido se llega antes, aunque la diferencia puede ser pequeña cuando el tráfico está condicionado por atascos, semáforos, etc. Sin embargo, conduciendo más rápido visitamos la gasolinera más a menudo. Entonces, ¿cuánto tiempo se gana en realidad? ¿Cuánto sube el consumo? ¿Merece realmente la pena apostar por la velocidad?
Consumo frente a velocidad
El consumo de combustible depende de la velocidad de una forma bastante simple de entender. Por un lado, el funcionamiento de los motores de combustión, incluso con el coche completamente parado, consume. Así, si nos desplazamos a una velocidad muy baja, del orden de 20 km/h, el gasto será grande en relación al espacio recorrido.
Por otro lado, la fricción con el aire crece con el cuadrado de la velocidad, por lo que conducir por encima de los 100 km/h también implica un consumo considerable. Además, están las pérdidas por rodadura, prácticamente independientes de la velocidad y sujetas a la distancia recorrida.
Combinando todos los factores, el consumo óptimo se obtiene a una velocidad que, en función del coche, está entre los 60-90 km/h.
La Agencia Europea de Medio Ambiente usa el modelo matemático COPERT para calcular las curvas de consumo de coches típicos, tanto de gasolina como híbridos y otros combustibles. En nuestro estudio, realizado específicamente para este artículo, hemos hecho los cálculos para un coche híbrido de tamaño medio/grande.
No consuma noticias, entiéndalas.

Cuestión de física
Los valores de referencia son representativos de una gran variedad de coches, tanto berlinas como SUV. En cualquier caso, aquí el dato de interés no es el valor absoluto del consumo, que para nuestro coche particular puede ser menor. El factor clave es cómo aumenta el consumo a grandes velocidades. Este es un comportamiento universal, basado en leyes físicas.
Por otro lado, está el sobreconsumo asociado a un estilo de conducción más agresivo, con aceleraciones y frenadas. Esta componente penaliza el consumo a mayor velocidad, sin disminuir significativamente el tiempo de desplazamiento. Por eso, ignoraremos en nuestros cálculos ese efecto, que por otra parte es imposible de modelar.
Estudiando trayectos reales
Queremos estudiar el impacto de la velocidad en situaciones como las de miles de personas que diariamente se desplazan en coche. Para ello, hemos tomado como ejemplo cinco trayectos reales desde casa hasta el trabajo en la Comunidad de Madrid. Los trayectos comprenden tramos urbanos –en Alcobendas, Madrid, Móstoles, Las Rozas, Tres Cantos y Vallecas– y tramos en las carreteras A3, A5, A6, M30, M40, y M607 de distinta consideración. Como ejemplo, la fracción de recorrido en carretera con límite de velocidad superior a 90 km/h varía entre el 73 % y el 43 %.

Hemos calculado las rutas usando Google Maps y hemos obtenido información de los límites de velocidad a través de OpenStreetMap. Como resultado, para cada una de las cinco rutas, preparamos una tabla que agrupa tramos por límite máximo de velocidad.

Estos límites nos proporcionarán valores de referencia para la velocidad en cada tramo. Así, conocida la longitud de cada tramo y su velocidad de referencia, un cálculo simple nos permite calcular el tiempo total empleado en el desplazamiento –suponiendo el caso ideal de ausencia de atascos y semáforos–.
Además, usando los datos de consumo típico, podemos calcular también el consumo de gasolina, suponiendo que existe una velocidad constante.
¿Más rápido es mejor?
A continuación, investigamos cuánto tiempo se ahorra desplazándose más rápido y cuánto más se consume. Aquí, hacemos una suposición razonable:
- Para los tramos urbanos con límite hasta 50 km/h, siempre consideraremos velocidad igual al límite legalmente establecido. Esta simplificación es necesaria porque, al aumentar la velocidad, también aumentan las pérdidas por frenada (algo frecuente en entorno urbano) y, como se ha mencionado, es imposible modelar adecuadamente estas variaciones.
- Para los tramos en carretera, consideraremos dos casos: velocidades 20 % mayores al límite y velocidades 40 % mayores. Es decir, si el límite está en 100 km/h, supondremos velocidades de 120 km/h y 140 km/h, respectivamente. Lo cual está bastante en línea con lo observado diariamente.

Los resultados no dejan lugar a dudas: pisar el acelerador sale muy caro. Para ahorrar un 10 % de tiempo gastamos ¡30 % más de combustible! Y esto es similar para todos los trayectos. Con una velocidad 20 % mayor al límite, el gasto de combustible triplica al ahorro de tiempo en los trayectos 1, 2, 3 y 5 y casi lo quintuplica en el trayecto 4. Y, para una velocidad 40 % mayor, las cifras de consumo se disparan.
Por otro lado, si no apuramos el límite de velocidad, el ahorro relativo de combustible es bastante comparable al incremento relativo del tiempo de viaje. La gran disparidad entre ambos solo aparece a velocidades elevadas.
Pisar el acelerador hace daño al bolsillo y al planeta
Naturalmente, los detalles de consumo varían de un modelo de automóvil a otro, dependiendo del motor, la aerodinámica, el combustible y otras características. No obstante, los resultados cualitativos obtenidos aquí son extrapolables a coches de gasolina o diésel de diversos tamaños. Como hemos señalado, el incremento de consumo a gran velocidad es enorme y está basado en leyes físicas. Por tanto, la conclusión de que el gasto adicional excede con creces el ahorro de tiempo tiene un carácter bastante general.
Asimismo, pisar el acelerador también sale muy caro para el planeta. Las emisiones de CO₂ y otros gases son proporcionales al consumo. Por lo que ahorrar unos pocos minutos se traduce en una contaminación bastante mayor.
En términos generales, como sabemos, la huella de emisiones por viajero es inferior en transporte público que en coche privado, y más aún en áreas urbanas. Encima, cuando el vehículo viaja con un solo ocupante, este consumo y esas emisiones recaen íntegramente sobre un único viajero, empeorando aún más el balance.
Para esos casos en que el uso del coche es inevitable, no deberíamos olvidar que la velocidad no compensa, ni para el bolsillo ni para el planeta.
Fuente/The Conversation/Creative Commons
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Desarrollo Sostenible
PODEMOS CONVERTIR LA ROPA QUE DESECHAMOS EN COMBUSTIBLE Y OTROS RECURSOS PARA EVITAR QUE ACABE EN VERTEDEROS
¿Sabías que la ropa que usamos nos la ponemos, de media, solo siete veces antes de desecharla? La industria textil es uno de los sectores con mayor impacto ambiental: genera alrededor del 10 % de las emisiones globales de CO₂, más que todos los vuelos transatlánticos juntos, y consume enormes cantidades de agua. Fabricar una camiseta de algodón requiere unos 2 700 litros, el equivalente al agua que bebe una persona en dos años y medio.
En los últimos años, estos problemas se han agravado con el fenómeno de la moda rápida o fast fashion, un modelo basado en producir grandes cantidades de ropa barata a gran velocidad, siguiendo tendencias casi inmediatas. Compramos más prendas, más baratas y con mayor frecuencia, pero a costa de un impacto ambiental creciente.
Reciclar más textiles sería parte de la solución, pero no es sencillo. En España, cada persona genera unos 20 kg de residuos textiles al año y solo se recicla el 1 %. El resto acaba en vertederos, formando auténticas montañas de ropa.
¿Cómo se recicla la ropa que desechamos?
La opción más extendida es el reciclado mecánico, que tritura y desfibra las prendas para obtener nuevas fibras. Sin embargo, este proceso las acorta y debilita, reduciendo su calidad y limitando su uso para fabricar ropa nueva. Además, es poco eficaz con tejidos mezclados, muy comunes hoy en día.
El reciclaje químico permite descomponer los tejidos hasta sus moléculas básicas para reconstruir las fibras originales; es como desmontar un puzle pieza a pieza y volver a montarlo. Así se recuperan materiales similares a los iniciales. Este método está más desarrollado para fibras sintéticas como el poliéster, utilizando disolventes, temperatura y presión para romper sus cadenas y obtener los componentes de partida, que luego se purifican y transforman en nuevas fibras. Aunque es prometedor, su impacto ambiental y sus limitaciones con tejidos mixtos o fibras naturales impiden que sea una solución universal.
En este contexto, la pirólisis surge como alternativa con gran potencial, ya que permite tratar prendas de tejidos complejos sin separar previamente las fibras.
Cómo convertir los tejidos en combustibles
El proceso consiste en calentar el residuo textil a altas temperaturas en ausencia de oxígeno. En lugar de quemarse, el material se descompone en tres fracciones: un gas, un sólido y un líquido.
El gas puede utilizarse como combustible para aportar el calor que requiere el propio proceso. El sólido carbonoso tiene múltiples aplicaciones: como combustible sólido, mejorador del suelo o material filtrante para eliminar contaminantes en corrientes líquidas o gaseosas. Y el líquido, conocido como aceite pirolítico, es una mezcla compleja de compuestos orgánicos cuya composición depende del tejido original y que puede revalorizarse para obtener combustibles o productos químicos.
En la Unidad de Procesos Termoquímicos de IMDEA Energía trabajamos desde hace años en la pirólisis de distintos residuos –orgánicos, agrícolas, forestales, plásticos o neumáticos– con el objetivo de producir aceites transformables en combustibles líquidos o compuestos similares a los derivados del petróleo.
No obstante, el aceite pirolítico es muy complejo. Contiene numerosos compuestos y, a diferencia del crudo de petróleo, presenta cantidades significativas de oxígeno, nitrógeno, cloro o azufre. Estos elementos dificultan su uso directo como combustible y su integración en procesos industriales.
Para superar esta limitación, el proyecto HYPY-CAT explora una solución innovadora: la hidropirólisis catalítica a baja presión. Este proceso realiza la pirólisis en presencia de hidrógeno, que ayuda a eliminar elementos indeseados y mejora la calidad del aceite obtenido. Y al hacerlo a baja presión, reduce los costes de operación.
Nuevos catalizadores
Un elemento clave es el catalizador, que facilita la ruptura de las largas cadenas de los polímeros y favorece la eliminación de compuestos no deseados. En el proyecto se proponen un tipo especial de zeolitas. Se trata de sólidos porosos, similares a esponjas con pequeños canales por los que deben entrar las moléculas para reaccionar.
Las zeolitas son excelentes catalizadores, pero sus poros suelen ser tan pequeños que muchas moléculas procedentes de los residuos textiles no pueden acceder por su gran tamaño. Pensemos en un camión o un autobús intentando pasar por una calle muy estrecha. Nuestra propuesta consiste en crear “avenidas”, es decir, poros de mayor tamaño que permitan el acceso de moléculas voluminosas. Una vez dentro, pueden transformarse en otras más pequeñas capaces de penetrar en los poros más estrechos y completar las reacciones deseadas.
Con esta iniciativa, abrimos una nueva vía para reciclar residuos textiles, reducir su impacto ambiental y convertirlos en recursos útiles para la industria, avanzando hacia una verdadera economía circular en el sector textil
Fuente/TheConversation /Creative Commons Chile Desarrollo Sustentable www.chiledesarrollosustentable.cl www.facebook.com/pg/ChiledesarrollosustentableCDS twitter.com/CDSustentable #CDSustentable , #Sostenible #DesarrolloSostenible #MedioAmbiente #ChileDesarrolloSustentable, #ECOXXI
Desarrollo Sostenible
Primer Consejo de Gabinete de la Ministra Francisca Toledo liderado por el Presidente José Antonio Kast.
Junto al nuevo gabinete se trataron temas urgentes para el país. La ingeniera civil industrial de 40 años está desde 2022 en Libertad y Desarrollo, donde se especializó en recursos naturales y cambio climático.
Francisca Toledo Echegaray (40) Ministra del Medio Ambiente del presidente, José Antonio Kast, es una ingeniería civil industrial con mención eléctrica de la Universidad Católica.
La Secretaria de Estado participó en los dos gobiernos de Sebastián Piñera. Primero, entre 2010 y 2014, Toledo fue asesora del Ministerio Secretaría General de la Presidencia, con Cristián Larroulet, en temas como educación y telecomunicaciones.
Y en la segunda administración tuvo dos posiciones. Entre marzo del 2018 y junio del 2020 fue asesora de gabinete de la Presidencia de la República, desde donde le tocaba interactuar con carteras como Obras Públicas y Medio Ambiente, recuerda un integrante de ese gabinete. Desde 2020 a 2022 fue jefa de división de evaluación social de inversiones del Ministerio de Desarrollo Social, según detalla en su cuenta LinkedIn.
Entre ambos gobiernos, tuvo un paso por el sector privado: desde 2014 a 2017 fue primero ingeniera de estudios por tres años y luego, gerente de estrategia en la Cámara Marítima y Portuaria (Camport).
Tras el término de la segunda administración de Piñera, en 2022, Francisca Toledo entró como investigadora a Libertad y Desarrollo (LyD). La también magíster en derecho regulatorio de la UC se enfocó en temas de tramitación ambiental y el centro de estudios declara en sus áreas de estudios los recursos naturales y cambio climático.
Según consigna la página de LyD, Francisca Toledo fue uno de los editores del libro de “30 años de política ambiental: ¿hacia dónde vamos?”, donde se habla de “un progresivo debilitamiento de la gestión ambiental, ofreciendo un diagnóstico sobre las posibles causas o factores que han incidido y algunas propuestas de cara a fortalecer la gestión ambiental en los próximos años”.
Toledo, en nombre de LyD, ha ido a exponer al Congreso en materias relacionadas con la tramitación ambiental, la ley de permisos sectoriales y las capacidades de la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA).
En este contexto, Toledo, junto con la coordinadora del programa legislativo de LyD, Pilar Hazbun, propuso fijar mínimos de desempeños en los plazos de tramitación y alertó sobre las atribuciones de la SMA, que le entregan muchas veces el rol de “juez y parte”.
La cartera de Medio Ambiente ha sido considerada clave por las nuevas autoridades en su tarea de destrabar proyectos de inversión. Toledo ha trabajado estrechamente con Jorge Quiroz en el último tiempo y fue una de las economistas que participaron en la reunión del futuro ministro de Hacienda con economistas que habían apoyado a Evelyn Matthei tras la primera vuelta, como los expresidentes del Banco Central Rodrigo Vergara y Vittorio Corbo, y el exministro de Hacienda de Sebastián Piñera, Felipe Larraín.
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