Conversación
Kristine Tompkins: “Ya pasamos el tiempo en que no hacer nada es aceptable”
La presidenta de la fundación Tompkins Conservation dice que una enseñanza de esta pandemia es que la gente es capaz de unirse ante una crisis, y lo mismo debería hacer frente al cambio climático y la extinción de especies. En esta entrevista, recuerda la campaña contra HidroAysén, habla de sus sueños y repasa su radical cambio de vida para convertirse en filántropa junto a Douglas Tompkins: “Haberme unido a Doug fue la mejor decisión de mi vida”, dice.
Kristine Tompkins está pasando la pandemia en su casa en Santa Paula, una pequeña ciudad de California donde está el rancho familiar en el que siempre vivió su madre y donde algunos de sus hermanos también tienen su hogar. Desde ese lugar, cuenta que sigue trabajando en sus proyectos de conservación y que ha podido salir, caminar y jardinear. “Este tiempo ha sido una combinación entre estar muy inquieta y preocupada por la fuerza y la velocidad de este virus, y por el sufrimiento que está padeciendo mucha gente, y, por otro lado, estar agradecida de estar en el rancho familiar”, dice.
Han pasado más de 25 años desde que el fallecido Douglas Tompkins y su esposa Kristine llegaron a la Patagonia chilena para iniciar su proyecto de conservación en ese lugar. Juntos enfrentaron la resistencia y odiosidad de muchas personas, incluso de autoridades de la época, y aun así continuaron. La primera piedra fue la creación del Parque Pumalín y luego de más de 20 años de trabajo, la fundación Tompkins Conservation ha donado al Estado más de 500 mil hectáreas, ayudando a crear siete parques nacionales (Pumalín Douglas Tompkins, Melimoyu, Patagonia, Cerro Castillo, Kawésqar, Corcovado y Yendegaia) y aportando a la ampliación de tres existentes (Hornopirén, Corcovado e Isla Magdalena), para crear la Ruta de los Parques de la Patagonia.
La labor conservacionista de Kristine Tompkins (70) fue reconocida por la ONU, que hace dos años la nombró su Embajadora de Áreas Protegidas. Parte de lo que piensa y siente esta reconocida filántropa se puede ver en su charla TED titulada “Let’s make the world wild again”, publicada en abril de este año y que en tres meses suma un millón 200 mil visitas, algo que la tiene muy contenta.
-¿Qué lecciones ha sacado de esta pandemia?
-Creo que todos los días, durante este tiempo excepcional, estoy aprendiendo cosas sobre mí y las sociedades humanas. Ahora veo lo loca que fue mi vida nómade junto a Doug, una vida en constante movimiento durante más de cuarenta años. No digo que cuando el Covid deje de ser el centro de nuestras vidas no me siga moviendo hacia donde están nuestros proyectos, pero nunca volveré a vivir como lo estaba haciendo esas últimas décadas.
También he visto que las sociedades son capaces de actuar al unísono en circunstancias extraordinarias: los que hemos podido nos hemos ido a casa, nos quedamos en casa, en general usamos mascarillas, y nos separamos unos de otros. Esto me da la esperanza de que en temas como el cambio climático y la crisis de extinción de especies también lograremos detener nuestro actual comportamiento que sólo nos llevará a más pandemias como la que estamos experimentando en este momento.
Hoy veo que la presión real y aterradora en todos los países apunta a evitar que el desempleo aumente, a cualquier costo, cuando se podría haber considerado un mejor sistema o una mejor forma de desarrollo que asegure el espacio para todas las formas de vida.
-La pandemia nos ha demostrado que estamos interconectados y que la salud de las personas depende de la salud del planeta. ¿Cree que la gente ha logrado entenderlo? ¿Será distinta nuestra relación con la naturaleza?
-Tengo distintos pensamientos al respecto. A veces tengo la esperanza de que estamos aprendiendo, a través de difíciles circunstancias, que todo lo que hacemos está conectado con todo lo demás. Si me hubieras preguntado esto hace tres meses habría sido más optimista, pero hoy veo que la presión real y aterradora en todos los países apunta a evitar que el desempleo aumente, a cualquier costo, cuando se podría haber considerado un mejor sistema o una mejor forma de desarrollo que asegure el espacio para todas las formas de vida. Por lo tanto, aunque hayamos sido testigos de la comprensión de las causas fundamentales de esta pandemia, hay pocas posibilidades de abordar, a un nivel más profundo, realmente por qué sucedió.

-La periodista Elizabeth Kolbert, autora del libro La sexta extinción, dijo a La Tercera: “Somos tan grandes consumidores y emisores de carbono que tendríamos que cambiar nuestros estilos de vida radicalmente para hacer una gran diferencia. Y no veo que eso esté pasando, ni siquiera con el coronavirus”. ¿Ha percibido un comportamiento distinto de la gente?
-Supongo que mis comentarios anteriores abordan esta pregunta. Creo que aquellos que están hablando sobre las causas profundas de esta y otras prácticas culturales a menudo devastadoras deben ser bien recibidos por la sociedad. La cultura casi siempre triunfa sobre el sentido común, estamos dispuestos a arriesgar casi todo para mantener nuestras normas culturales, incluso ante la gran evidencia de que la forma en que vivimos está causando grandes desigualdades sociales, la crisis climática y la crisis de extinción de especies. Debido a esto, por impopular que sea, debemos ser lo suficientemente claros y fuertes para enfrentarnos a estas tendencias globales. Desde jefes de Estado hasta las comunidades más pequeñas del mundo.
-Usted conoce bien Chile. ¿Cree que la reactivación económica se hará respetando el medioambiente?
-Según mi experiencia, la sociedad chilena ha cambiado mucho desde que partimos nuestros proyectos de conservación en Chile junto a mi esposo Douglas. De hecho, veo que algunos líderes importantes en la sociedad chilena están cambiando sus puntos de vista respecto del desarrollo sin límites y tienen claro que los días del desarrollo a todo costo han terminado. Hay varios ejemplos de chilenos que están creando áreas de conservación y pensando cómo asegurar que las especies que llaman hogar a esos territorios existan en números saludables. ¿Hay mucho más por hacer? Por supuesto, esto es así en prácticamente todos los países del mundo, ya que aún se está haciendo muy poco.
Chile tiene hoy el 25% de sus tierras protegidas y el 40% de su área marina con algún grado de protección. ¿Esto ha afectado la parte económica del país? No.
-Hace unos días participó en un conversatorio con Anthony Waldron, profesor de la U. de Cambridge y autor del estudio que plantea que la protección del 30% del planeta generaría beneficios económicos y que los costos de la inacción son incalculables. ¿Cuál es el camino para poner a la naturaleza en el centro de las decisiones?
-La idea de proteger el 30% para 2030 (que es la meta del Convenio de la ONU sobre la Diversidad Biológica) no sólo es buena y esperanzadora, sino que también resulta necesaria. La mayoría de las personas se paralizan en su miedo frente a esta meta, cuando deberían enfocarse en “el porqué y el cómo”. ¿Era imaginable que personas de todo el mundo se fueran a casa y se quedaran en su hogar durante dos meses? No. ¿Es factible el 30% para 2030? Por supuesto, pero eso no significa que sea fácil. Por ejemplo, California tiene casi el 30% de su territorio protegido de alguna forma, y ese estado es la quinta economía más grande del mundo. Chile tiene hoy el 25% de sus tierras protegidas y el 40% de su área marina con algún grado de protección. ¿Esto ha afectado la parte económica del país? No. El 30% al 2030 es posible, aunque no simple, y es esencial si queremos tener un mundo con futuro para toda la forma de vida en la Tierra.
-¿Qué le parece que la economía de Chile siga dependiendo de la extracción de recursos naturales?
-No es un problema sólo de Chile, es el problema número uno en todos los países en desarrollo. ¿Sabes dónde comienza la solución a esto? Comienza en nuestra cocina, comienza mirando lo que está estacionado en nuestras casas. El problema es nuestra voraz necesidad de consumir. Además, los consumidores principales son una minoría de los 7.500 millones de habitantes del planeta, pero tienen un impacto desproporcionado.
Una sociedad digna
En el mundo de la conservación se considera a Kristine Tompkins como la principal defensora de los ecosistemas terrestres en el planeta y a la oceanógrafa Sylvia Earle como la más destacada protectora de los ecosistemas marinos. Tompkins y Earle se conocen y se tienen cariño. Earle ha visitado el Parque Pumalín, e incluso, en febrero de 2018, estuvieron juntas en el Patio de Los Naranjos de La Moneda, durante la ceremonia donde la Presidenta Bachelet firmó el decreto que crea ese parque, además de otros parques marinos.

-Sylvia Earle se sumó a la Alianza Humboldt, la red de ONG que busca proteger el ecosistema de ese archipiélago del proyecto Dominga. Douglas y usted lucharon contra las represas de HidroAysén, proyecto que no se realizó. ¿Cuál fue la clave para alcanzar esa victoria? ¿Qué recomendación le daría a Sylvia Earle?
-En el caso de HidroAysén, pienso que la clave fue un movimiento ambiental unido, junto a una ciudadanía activa. Eran más de 100 organizaciones que respaldaban la campaña, con un grupo más pequeño que hacía todo el trabajo de activismo. Creo que fue una campaña muy seria, muy informada que logró poner a la base de la discusión qué país querían los chilenos, ¡fue una campaña de educación pública y ciudadana!
-¿Qué habría pasado con los parques que Tompkins Conservation donó al Estado si se hubiera realizado HidroAysén?
-Habría habido un tremendo impacto en muchas regiones del país debido al monstruoso tendido eléctrico con torres por sobre los 80 metros de alto que se proyectaban para la transmisión. Y creo que la visión de territorio de la Ruta de los Parques de la Patagonia, un pulmón verde de importancia planetaria, con 11,5 millones de hectáreas protegidas como parque nacional entre Puerto Montt y Cabo de Hornos, no se habría podido posicionar.
-Usted ha dicho: “No puedes proteger un lugar a menos que lo entiendas, y no puedes amarlo hasta que lo conozcas”. ¿Nos falta algo de eso para valorar y proteger nuestro territorio y su naturaleza?
-La respuesta corta es sí. La brecha experiencial y emocional entre nosotros -gente industrializada- y la naturaleza ahora es mayor que nunca y esta falta de conexión entre los humanos y la naturaleza se está ampliando cada vez más. Los adultos y los niños tienen la cabeza en sus teléfonos, iPads, computadores y la aceptación de que las experiencias virtuales reemplacen a las reales es la raíz de esta fatal tendencia. Uso a propósito la palabra “fatal” porque si no nos conectamos con la salud y el bienestar del mundo natural, todos sufriremos las consecuencias. De hecho, ya estamos sufriendo los efectos de nuestro amor por la tecnología y la fe que hemos puesto falsamente a sus pies.
Apoyo a Greta Thunberg y a los jóvenes que marchan pacíficamente contra el dolorosamente débil liderazgo que existe sobre el cambio climático.
-El 2019 se realizaron masivas manifestaciones en el mundo para proteger el planeta. ¿Le gustaría ver más activismo para defender el medioambiente en Chile?
-No soy chilena, así que no puedo hablar de esto para el caso de Chile, pero si miras mi reciente charla TED, me escucharás decir que ya pasamos el tiempo en que no hacer nada es aceptable. No importa quién eres o cuál es tu trabajo. Tienes que levantarte de la cama todos los días y hacer algo por lo que amas, por lo que sabes que es verdad. Hoy no hay espacio para sentarse al margen con los brazos cruzados. Apoyo a Greta Thunberg y a los jóvenes que marchan pacíficamente contra el dolorosamente débil liderazgo que existe sobre el cambio climático. Yo era una joven en la década de los 60 cuando en los Estados Unidos comenzaron los movimientos por la paz, por los derechos civiles, el feminismo, las marchas contra la guerra de Vietnam. Probablemente no entendía todo lo que debería haber entendido, pero aprendí de esto que ¡Todos tenemos derecho a luchar por una sociedad digna dentro de un ecosistema saludable y en pleno funcionamiento!
-¿Qué le parece que el Parque Nacional Patagonia, un lugar emblemático y donde fue enterrado Douglas Tompkins, haya sido reducido en su extensión para permitir un proyecto minero? ¿Ve una contradicción en esa decisión?
-Bueno, nosotros siempre vamos a optar por la mayor extensión de tierra conservada posible y efectivamente surgieron cambios que escapaban a nuestro involucramiento.
Creo que la campaña (contra HidroAysén) fue muy seria, muy informada, que logró poner a la base de la discusión qué país querían los chilenos, ¡fue una campaña de educación pública y ciudadana!
-¿Recibió usted alguna explicación por esa modificación?
-Como fue una decisión sobre terrenos fiscales, no es algo en lo que nosotros hayamos estado involucrados.
-Usted trabajó 23 años junto a Yvon Chouinard y llegó a ser CEO de Patagonia, una de las empresas más reconocidas del mundo, algo a lo que muchas mujeres aspiran. Sin embargo, renunció a esa vida y junto a Douglas se fue al último rincón del planeta a iniciar un proyecto de conservación. ¿Qué reflexión tiene hoy acerca de esa decisión?
-Haberme unido a Doug fue la mejor decisión de mi vida, y estoy agradecida por la combinación de mi trabajo en conservación y mi experiencia comercial en Patagonia, empresa con la cual tengo un vínculo estrecho hasta el día de hoy. Nunca en realidad vivimos en Chile, pero quisimos y quiero este país como si fuera mi patria.
-¿Cuál es hoy la principal amenaza para la zona de la Patagonia?
-Las mismas amenazas que se enfrentan en todo el mundo: un desarrollo que no tiene en cuenta la importancia de la salud del ecosistema y el bienestar de todas las comunidades de la Tierra.
-Si piensa en los sueños y objetivos que tenía en su juventud o cuando decidió venir a la Patagonia. ¿Se cumplieron? ¿Le falta alguno por cumplir?
-Me considero extraordinariamente afortunada en este sentido. Con la excepción de que Doug murió demasiado joven, he vivido una vida llena de familiares, amigos e increíbles personas que hacen posible todo lo que he hecho en mi vida. Siempre me pregunto si en mi último día de vida tendré cosas que no pude hacer o lograr, y hasta ahora puedo decir: ¡No!
Fuente/LaTercera Chile Desarrollo Sustentable www.chiledesarrollosustentable.cl www.facebook.com/pg/ChiledesarrollosustentableCDS twitter.com/CDSustentable #CDSustentable,#Sostenible #DesarrolloSostenible #MedioAmbiente,#ECOXXI
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Polinizadores en peligro: POR QUÉ LAS ABEJAS SON FUNDAMENTALES
Los polinizadores son esenciales para la reproducción de muchas plantas y para la producción de numerosos alimentos. Abejas, mariposas, escarabajos, aves y murciélagos transportan polen entre flores, permitiendo la formación de frutos y semillas.
Sin este proceso, muchos ecosistemas perderían diversidad y la agricultura sostenible sería mucho más difícil. En los últimos años, la disminución de poblaciones de polinizadores ha generado preocupación científica y social por sus consecuencias ambientales, económicas y alimentarias.
¿Qué son los polinizadores y por qué las abejas son fundamentales?
Los polinizadores son animales que facilitan el traslado de polen entre órganos reproductivos de las plantas. Las abejas son las más conocidas, pero no son las únicas. Muchos insectos silvestres cumplen funciones clave en bosques, praderas, huertos y cultivos. La polinización puede parecer un proceso pequeño, pero sostiene redes ecológicas complejas y contribuye a la estabilidad de los ecosistemas.
Las abejas destacan por su eficacia y constancia en la visita a flores. Existen abejas melíferas gestionadas por apicultores y muchas especies silvestres que polinizan plantas nativas y cultivos. Su trabajo mejora el rendimiento, la calidad y la diversidad de alimentos. Frutas, hortalizas, frutos secos y semillas dependen en mayor o menor medida de este proceso. Proteger a las abejas significa proteger la biodiversidad y la seguridad de la alimentación humana, ya que muchos productos ricos en vitaminas y micronutrientes dependen de ellas. Su pérdida simplificaría drásticamente la oferta alimentaria y afectaría la calidad nutricional global.
El equilibrio ecológico y la agricultura sostenible
- Biodiversidad y equilibrio ecológico: Los polinizadores ayudan a mantener la diversidad vegetal. Si disminuyen, muchas plantas producen menos semillas y frutos, lo que afecta a aves, mamíferos e insectos que dependen de ellas. Esta pérdida altera las cadenas alimentarias y reduce la resiliencia de los ecosistemas.
- Agricultura sostenible: La producción agrícola necesita polinizadores sanos. Aunque algunos cultivos se polinizan por el viento, muchos mejoran notablemente con la actividad de insectos. La presencia de setos, flores silvestres y hábitats naturales cerca de los campos puede aumentar sus poblaciones y reducir la dependencia de insumos externos, integrando naturaleza y producción de forma resiliente.
Amenazas principales y el uso de pesticidas
Las principales amenazas para los polinizadores son la pérdida de hábitat, el uso intensivo de pesticidas, la contaminación, las especies invasoras, las enfermedades y el cambio climático. La simplificación del paisaje agrícola reduce su alimento y refugio, mientras que las olas de calor y cambios estacionales desincronizan la floración con la actividad de los insectos.
Para mitigar el impacto químico, reducir pesticidas no significa abandonar la protección de cultivos, sino aplicar un manejo integrado de plagas. Este enfoque combina prevención, monitoreo y control biológico, recurriendo al uso químico solo cuando es estrictamente necesario. Así se protege la producción y se reduce el daño sobre insectos beneficiosos.
Apicultura vs. Polinizadores silvestres: La apicultura puede ser aliada de la conservación, pero no debe eclipsar a las especies silvestres. En algunos lugares, una densidad excesiva de colmenas domésticas puede competir con las especies nativas por recursos florales. Una estrategia equilibrada debe proteger a ambas, ya que la diversidad de polinizadores aumenta la estabilidad del servicio de polinización global.
Cómo proteger a los polinizadores en ciudades y campos
Para recuperar sus poblaciones, es vital diseñar paisajes favorables que combinen refugios, agua, ausencia de químicos peligrosos y una diversidad floral durante todo el año. Los monocultivos extensos ofrecen alimento durante periodos muy cortos y luego se convierten en desiertos ecológicos; en cambio, los setos, márgenes, praderas y pequeños bosques proporcionan continuidad temporal y espacial con flores de distintas formas adaptadas a diferentes insectos.
La gestión del territorio debe dividirse en dos frentes:
- En el campo: Los márgenes florales, la rotación de cultivos y la reducción de agroquímicos favorecen su recuperación rápida, conectando espacios verdes y hábitats naturales dispersos.
- Ciudades como refugio: Los entornos urbanos pueden convertirse en microhábitats valiosos si se gestionan parques, balcones y solares con criterios ecológicos. Praderas floridas, hoteles de insectos bien diseñados, la reducción de siegas excesivas y la eliminación de herbicidas permiten crear una red ecológica que complementa a los hábitats naturales.

El papel social, indicadores y seguimiento científico
Los ciudadanos pueden apoyar a los polinizadores mediante jardines con flores diversas, la compra de alimentos sostenibles y el apoyo a la apicultura responsable. Por su parte, las empresas agrícolas y alimentarias deben incorporar criterios de biodiversidad en sus cadenas de suministro, mientras que las administraciones públicas tienen la obligación de facilitar políticas que protejan hábitats y regulen sustancias perjudiciales.
Investigación y medición de resultados
Para saber si estas medidas funcionan, se requiere continuidad mediante la investigación y el seguimiento científico. Los indicadores de recuperación —como la presencia de más flores, mariposas, abejas silvestres y frutos en plantas nativas— deben evaluarse con monitoreos científicos de abundancia y diversidad. Los conteos de insectos y análisis de hábitats aportan datos esenciales para ajustar políticas agrícolas y urbanas, evitando que los esfuerzos se queden en acciones simbólicas de temporada.
Conclusión
Los polinizadores, especialmente las abejas, son fundamentales para la biodiversidad, los ecosistemas y la agricultura sostenible. Su declive no es un problema aislado, sino una señal de deterioro ambiental generalizado. Protegerlos exige cambiar la gestión del territorio, reducir presiones químicas y recuperar hábitats. Cuidar a los polinizadores es cuidar la base natural de muchos alimentos y de la vida en el planeta.
Fuente/Ambientum
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DÍA MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE
Cada 5 de junio recordamos que nuestra vida cotidiana está tejida con la vida del planeta. El Día Mundial del Medio Ambiente no es solo una fecha formal; es un espejo que nos pregunta qué tipo de mundo queremos heredar.
Desde su inicio en 1974 ha servido para encender debates y sembrar iniciativas: escuelas que plantan árboles con alumnos, barrios que organizan limpiezas de ríos, pequeñas empresas que cambian plásticos por materiales reutilizables. Esos actos, aunque modestos, son el pulso de una transformación mayor.
Su importancia radica en poner en la agenda pública desafíos ambientales transversales: contaminación atmosférica y de aguas, pérdida de biodiversidad, degradación de suelos, residuos y la crisis climática. Al concentrar campañas temáticas anuales y designar países anfitriones, el Día facilita la coordinación entre gobiernos, ONG, sector privado y comunidades locales, amplificando mensajes y recursos.
Históricamente, la conmemoración nació tras la creciente conciencia ambiental de los años 60–70 y las primeras conferencias internacionales que vinculaban desarrollo y ambiente. Desde entonces, ha ayudado a catalizar acuerdos, normativas y comportamientos —por ejemplo, campañas de reducción de plásticos, restauración de ecosistemas y promoción de energías limpias— que, aunque insuficientes, muestran el potencial de acción conjunta.
Los beneficios concretos para el planeta y el desarrollo sostenible incluyen: aceleración de políticas públicas ambientales; mayor financiamiento y prioridad para proyectos de conservación y infraestructura verde; impulso a la transición energética y eficiencia energética; y fortalecimiento de economías locales basadas en servicios ecosistémicos.
Para el cambio climático, la celebración funciona como instrumento de educación y presión política para reducir emisiones, promover adopción de renovables y fomentar prácticas de mitigación y adaptación. En biodiversidad, concentra esfuerzos de protección de hábitats, monitoreo de especies y estrategias de manejo sustentable que reducen pérdidas genéticas y servicios ecosistémicos esenciales (polinización, regulación hídrica, control de plagas).

La eficiencia energética recibe atención a través de campañas de consumo responsable, etiquetado, incentivos para renovación de flotas y edificaciones más eficientes, y fomento de tecnologías como iluminación LED, bombas de calor o edificios de consumo casi nulo. Estas acciones reducen demanda, emisiones y costes económicos.
Sin embargo, no todo es lineal: las oportunidades incluyen visibilizar soluciones escalables, atraer inversión verde, empoderar comunidades y promover innovación tecnológica y educativa. Las desventajas o límites son la temporalidad del impacto (muchas campañas quedan en acciones puntuales), el riesgo de “ecoblanqueo” por parte de empresas, la desigualdad en capacidad de respuesta entre países y la brecha entre discurso público y políticas vinculantes. Para maximizar beneficios se requieren seguimiento, metas cuantificables, transparencia en financiamiento y alianzas multisectoriales que traduzcan sensibilización en transformaciones estructurales.
En 2026, el lema del Día Mundial del Medio Ambiente es: «Un llamamiento mundial a la acción climática». Este año, el Día Mundial del Medio Ambiente se centra en el cambio climático y en las señales que nos envía el planeta. El Programa de Naciones Unidas por el Medio Ambiente nos llama a actuar #PorElClimaYa.
Cada año, un país se convierte en anfitrión y organizador del Día Mundial del Medio Ambiente. La República de Azerbaiyán será el país anfitrión del mayor evento por el medio ambiente del mundo.
Un llamamiento global por la acción climática
La Tierra ya nos está hablando. Y lo hace con temperaturas récord, incendios más feroces, tormentas extremas y glaciares que desaparecen frente a nuestros ojos.
Durante años dijimos que limitar el calentamiento global a 1,5 °C era clave para evitar los peores impactos del cambio climático. Hoy, ese umbral está peligrosamente cerca de ser superado. Y cada décima de grado cuenta.
El cambio climático no es una amenaza futura: está redefiniendo la vida en todo el planeta.
El #DíaMundialDelMedioAmbiente 2026 nos recuerda que todavía estamos a tiempo de cambiar el rumbo. La Tierra nos está enviando señales. La pregunta es: ¿qué señal vamos a enviar nosotros?
Súmate a la campaña global de ONU Medio Ambiente y actúa #PorElClimaYa. Porque proteger el planeta también es proteger nuestra salud, nuestras comunidades y nuestro futuro.
En el marco de la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente se deben centrar los esfuerzos en motivar a las personas y comunidades, para que se conviertan en agentes activos del desarrollo sostenible y de protección del medio ambiente.
Es por ello que se invita a las personas a mejorar sus hábitos de consumo. A las empresas a desarrollar modelos más ecológicos. A los gobiernos a proteger las zonas salvajes. A los profesores a educar en valores naturales. A los jóvenes a alzar la voz por el futuro del planeta. La protección del medio ambiente requiere del apoyo de todos.

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LA HUELLA QUE DEJA EL LITIO DE LAS BATERÍAS EN LOS OCÉANOS
El litio se ha convertido en uno de los grandes protagonistas de la transición energética debido a sus propiedades físico-químicas: es ligero, poco denso en estado sólido, presenta un elevado potencial electroquímico y una excelente conductividad eléctrica y térmica. Y eso lo convierte en materia prima clave de las baterías de coches eléctricos, teléfonos móviles y sistemas de almacenamiento de energías renovables.
Su imagen está asociada a un futuro limpio y descarbonizado. Sin embargo, como ocurre con muchos avances tecnológicos, su uso masivo plantea una pregunta incómoda: ¿qué ocurre con el litio cuando acaba en el medio ambiente, especialmente en el mar?
Estudios recientes realizados con organismos marinos muestran que este metal, considerado durante mucho tiempo poco problemático, puede dejar una huella biológica relevante en los ecosistemas marinos, incluso a concentraciones similares a las que ya se detectan en la naturaleza.
Un contaminante emergente y poco vigilado
A diferencia de otros metales ampliamente estudiados, como el mercurio o el plomo, el litio no suele figurar en los listados clásicos de contaminantes ambientales. Su impacto ecológico ha recibido mucha menos atención. Sin embargo, su producción se ha disparado en las últimas décadas y su tasa de reciclaje sigue siendo baja
Gran parte del litio acaba en vertederos o se libera a través de aguas residuales, que los sistemas de depuración no eliminan eficazmente. Esto facilita que alcance ríos, estuarios y océanos. En condiciones naturales, las concentraciones de litio en el agua de mar son bajas. Pero en zonas con fuerte presión humana o cerca de explotaciones mineras se han registrado valores notablemente más altos.
La cuestión es si estas concentraciones, sin ser letales, pueden afectar a la salud de los organismos marinos a largo plazo. Para disipar dudas, distintos estudios han utilizado especies clave de la cadena trófica marina, como copépodos, erizos de mar, quisquillas, mejillones o poliquetos. Su diversidad en estrategias alimentarias y fases del ciclo vital permite evaluar mejor los efectos del contaminante en diferentes niveles del ecosistema.
Más allá de la mortalidad: efectos invisibles
El litio no siempre provoca efectos inmediatos o visibles. En muchos casos, las concentraciones actuales no causan mortalidad masiva en los organismos marinos, pero sí generan efectos subletales que pueden comprometer su salud a largo plazo.
En concreto, producen alteraciones en enzimas relacionadas con el estrés oxidativo, en procesos de detoxificación y en mecanismos asociados al sistema nervioso. Tal y como ya se ha visto en investigaciones anteriores y también en las nuestras, en embriones de erizo de mar, la exposición al litio puede ralentizar el desarrollo o inducir malformaciones, incluso cuando no se produce la muerte de los organismos.
El tiempo importa tanto como la dosis
El efecto del litio no depende únicamente de la concentración, sino también del tiempo de exposición. A medida que pasan las semanas, las respuestas biológicas se vuelven más intensas y afectan a niveles cada vez más complejos, tanto bioquímicos como enzimáticos, pasando por alteraciones celulares, hasta daños visibles en tejidos.
Cuando todos estos indicadores se analizan de forma conjunta, el resultado es claro: el estrés biológico aumenta de manera progresiva y sostenida. Es decir, exposiciones prolongadas a litio, incluso en niveles moderados, pueden generar efectos acumulativos.
Este tipo de impactos, menos evidentes pero persistentes, plantea un riesgo ecológico importante, ya que puede afectar a la reproducción, el crecimiento y la supervivencia de las especies. A largo plazo, los cambios pueden alterar el equilibrio de los ecosistemas y el funcionamiento de las cadenas tróficas.
Además, estos resultados cuestionan la idea de que todos los materiales asociados a la transición energética sean ambientalmente inocuos. El litio es indispensable para reducir las emisiones de carbono, pero su ciclo de vida completo —incluyendo su destino final— debe evaluarse con rigor.
Una transición energética verdaderamente sostenible
Los estudios no apuntan a un riesgo inmediato de colapso de los ecosistemas marinos, pero sí lanzan una advertencia clara: el litio es un contaminante emergente que merece atención, seguimiento y regulación. Entender sus efectos a largo plazo, especialmente en combinación con otros factores como el calentamiento global o la exposición simultánea a múltiples contaminantes, será clave para avanzar hacia una transición energética completa.
Porque la transición no consiste solo en cambiar las fuentes de energía, sino en garantizar que las soluciones adoptadas no generen nuevos problemas ambientales.
El litio seguirá siendo esencial para el futuro energético. Pero su historia en los océanos aún se está escribiendo. Comprenderla a tiempo será fundamental para que la transición sea realmente sostenible.
Fuente/The Conversation/ Creative Commons
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VERANOS INTERMINABLES E INVIERNOS MENGUANTES: ¿CÓMO DEFINIMOS AHORA LAS ESTACIONES?
Uno de los elementos más visibles del cambio climático antropogénico (causado por el ser humano) es el aumento de la temperatura, que a su vez modifica la forma y extensión de las cuatro estaciones. ¿Las consecuencias? Veranos más largos, que se desplazan hacia la primavera y el otoño, inviernos más cortos, primaveras adelantadas y otoños retrasados.
Estudiar de manera precisa cómo, cuánto, a qué ritmo y con qué intensidad se están produciendo esos cambios y se proyecta que sucedan en el futuro tiene un interés enorme debido a sus numerosas consecuencias. No sólo para los ecosistemas naturales, sino en el consumo y gestión de la energía, el confort de la población o la alteración del ciclo anual y sus efectos.
El concepto o definición de verano o invierno es intuitivo y aparentemente sencillo. Sin embargo, definir y calcular de manera rigurosa y objetiva las estaciones resulta muy complejo; hay muchas sutilezas y matices a tener en cuenta. De hecho, no existe un consenso en la comunidad científica ni en los centros de estudio climático a la hora de determinarlo.
¿Cómo definimos un día de verano?
Existen múltiples formas de aproximarse a la definición de las estaciones, según el enfoque que se utilice. Por un lado está el astronómico o climático: desde la astronomía, se determina con los solsticios y equinocios, o desde la climatología, con periodos fijos de tres meses.
Estas definiciones son, por tanto, invariables. Así, el verano dura astronómicamente desde el 21 de junio al 21 de septiembre (con ligeras variaciones entre años). Y desde el punto de vista climático, corresponde a los meses de junio, julio y agosto.
No consuma noticias, entiéndalas.
Por otro lado, está la definición meteorológica o térmica. Determinar si un día concreto, más allá del calendario fijo, corresponde a condiciones de verano, otoño, invierno o primavera podría conseguirse a partir del comportamiento de su temperatura (media, máxima o mínima) diaria.
Así, una definición extendida entre la comunidad científica determina como día de verano aquel en el que la temperatura máxima supera los 25ºC. Este valor es un promedio muy global a nivel planetario. No obstante, resulta lógico que quienes viven en una zona de montaña, desértica o cerca de los polos o del ecuador no estén totalmente de acuerdo con que esa temperatura sea la que defina sus días de estío. Entre otros ejemplos, el servicio meteorológico sueco establece el comienzo de la estación a partir de 10ºC de temperatura media diaria.
Algunos trabajos proponen obtener el valor numérico en cada región a través de su promedio climatológico de temperatura (30-40 años más recientes), aunque no existe una propuesta general para la extensión de la zona y el periodo a emplear. En España, se ha estudiado tanto mediante medias de tres meses como a partir de la media entre junio y septiembre.
Además, está la posibilidad de emplear el percentil 75 de temperatura máxima o mínima o media. Suponiendo que las temperaturas evolucionan como una oscilación suave y homogénea a lo largo del año, dividiéndose en cuatro partes iguales el ciclo anual, ese percentil 75 correspondería al 25 % de los días más cálidos, es decir, los días de verano.
Existe otra propuesta interesante: analizar las estaciones a través de la distribución de frecuencias de la temperatura diaria en el año. Su forma es más o menos simétrica, con un máximo central (suma de días de primavera y otoño) y dos colas (verano e invierno). Los cambios proyectados por el calentamiento global tanto en el valor medio como en el ancho de esa distribución, que se muestran en los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), pueden ser útiles para estudiar cambios en las estaciones.
También existen trabajos que estudian las estaciones desde otras perspectivas muy distintas, como la fenológica: según el crecimiento de la vegetación y la floración. Como ejemplo ilustrativo, el cerezo japonés, con más de 1 000 años de datos, permite analizar la evolución estacional de la temperatura en escalas temporales enormes.
Si bien estos estudios son limitados en cuanto a su representatividad para grandes regiones, muestran de manera muy clara la conexión de los ecosistemas naturales y calentamiento global.
¿Cmo están cambiando las estaciones debido al calentamiento global?
Determinar el inicio y fin de una estación se vuelve una tarea más complicada si se tiene en cuenta que el cambio climático antropogénico está transformando los patrones. Múltiples estudios indican cambios muy significativos en la duración y extensión de las estaciones, y en particular del verano: más de un día por año de aumento en las últimas tres décadas en múltiples megaciudades (Sidney, Minneapolis, Tokio); incremento de al menos una semana en la mayor parte del hemisferio norte en las décadas recientes; o en torno a 2,5 días por década en Europa en los últimos 70 años.
Si ponemos el foco en España, los veranos de Castilla-La Mancha, por ejemplo, se han alargado 7 días por década de media en los últimos 40 años.
Estudiando las proyecciones futuras, los inviernos, definidos a partir de los valores del siglo XX, prácticamente habrán desaparecido en la península ibérica a finales del siglo XXI. A nivel global, cualquiera de las proyecciones de emisiones de gases de efecto invernadero obtienen veranos que duran en torno a 6 meses e inviernos de menos de 2.
El calentamiento global, por tanto, ya ha alterado de manera significativa las estaciones, en particular las más extremas (verano y el invierno). Entre las diferentes líneas de investigación, los expertos se están centrando en varios aspectos:
- Estudiar de forma más detallada los ritmos de cambio a escala más local.
- Analizar la sensibilidad de los cambios a los diferentes escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero.
- Hacer más precisas las diferentes metodologías para estimar las estaciones, su variabilidad y consistencia.
- Analizar mejor las estaciones como primavera y otoño, para conocer hasta qué punto se van a ver alteradas, acortadas, desplazadas o el paso de condiciones invernales a veraniegas y viceversa pueda ser más brusco.
Sólo profundizando en estos patrones se podrán precisar sus impactos y mejorar las medidas de adaptación en el contexto del cambio climático.
Fuente/The Conversation /Creative Commons
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Conversación
UNA OLA DE CALOR MARINA MASIVA PROVOCÓ EL COLAPSO DE LOS ARRECIFES DE CORAL DEL CARIBE MUCHO MÁS RÁPIDO DE LO PREVISTO.
Durante décadas, los arrecifes de coral de todo el Caribe han sufrido enfermedades, contaminación, sobrepesca y el aumento de la temperatura del mar, pero la mayoría ha seguido creciendo, hasta ahora.
En 2023 y 2024, las temperaturas superficiales alcanzaron máximos históricos en los océanos del mundo, y una ola de calor marina de duración e intensidad sin precedentes se extendió por los trópicos . Satélites de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU. detectaron estrés térmico que podría provocar el blanqueamiento de los corales en más del 80 % de las zonas de arrecifes del planeta .
Durante estos períodos de estrés extremo, los corales expulsan las algas simbióticas que les dan su color y la mayor parte de su alimento, lo que los vuelve completamente blancos y los deja vulnerables a la inanición, las enfermedades y, finalmente, la muerte .
En todo el Atlántico Norte , incluido el Caribe, el calor persistió durante meses, con un estrés térmico dos o tres veces mayor que el que los arrecifes habían experimentado jamás. El estrés térmico, fenómeno en el que las altas temperaturas ejercen presión sobre ecosistemas frágiles, puede alterar permanentemente su capacidad de funcionamiento.
Esto desencadenó lo que ahora se reconoce como el cuarto evento global de blanqueamiento de coral, el más grave que se ha documentado .
Blanqueamiento generalizado de los corales durante la ola de calor marina de 2023.
Los arrecifes de coral se encuentran entre los ecosistemas más productivos de la Tierra, y su importancia para las personas es fundamental. Alimentan a cientos de millones de personas a través de la pesca artesanal, son la base del turismo en todo el Caribe y sirven como rompeolas naturales que protegen la costa de las tormentas y reducen las inundaciones.
Los arrecifes del Caribe se están erosionando rápidamente.
En un nuevo estudio , descubrimos que en todo el Caribe, la ola de calor marina de 2023, combinada con una enfermedad mortal conocida como enfermedad de pérdida de tejido de coral pétreo, ha llevado a los arrecifes a superar un umbral que los científicos creían que estaría a una década o más de distancia. Ahora se están erosionando más rápido de lo que los corales pueden regenerarlos.
Estudiamos los arrecifes del Caribe mexicano y del Golfo de México, comparando los datos recopilados antes de la ola de calor (2018-2022) con los posteriores (2023-2024). En cada arrecife, contamos los corales vivos y los organismos que lo erosionan, como los peces loro y los erizos de mar. A partir de estos recuentos, estimamos la cantidad de formación de arrecifes (producción de carbonato) y de erosión (bioerosión), y luego calculamos el resultado neto: si el arrecife ganaba o perdía material.
Los resultados fueron contundentes: entre el 70 % y el 75 % de nuestros sitios en el Caribe pasaron de un crecimiento neto a una erosión neta. Ahora pierden carbonato de calcio más rápido de lo que los corales pueden agregarlo. El umbral que los modelos anteriores habían sugerido que podría superarse durante la próxima década ya se ha alcanzado .
Este cambio se debió a la pérdida de corales de rápido crecimiento, ramificados y formadores de placas, especialmente las especies de Acropora , que tienen tasas de crecimiento muy altas y contribuyen de manera desproporcionada a la formación de arrecifes.
Uno de nuestros hallazgos más preocupantes es que los arrecifes del Caribe que aún presentaban una alta cobertura de coral y una elevada producción de carbonato antes de la enfermedad y la ola de calor fueron los que más sufrieron pérdidas. Algunos perdieron hasta 8 kilogramos de carbonato de calcio por metro cuadrado al año.
Una historia de dos mares
Nuestro estudio también reveló un contraste sorprendente. Mientras que los arrecifes del Caribe colapsaron, los del Golfo de México se mantuvieron prácticamente intactos. La gran mayoría de los sitios del Golfo registraron un saldo positivo tras la ola de calor.
La diferencia radica en qué corales predominan en cada región. En el Golfo de México, los arrecifes están dominados por corales de crecimiento lento y forma de montículo. Crecen más lentamente, pero son más resistentes al calor. Sufrieron blanqueamiento durante la ola de calor, pero en su mayoría sobrevivieron, manteniendo así un balance positivo de carbonato en el arrecife .
Este es el equilibrio entre los procesos de construcción y erosión. Cuando se añade más de lo que se elimina, el arrecife de coral puede crecer. Cuando ese equilibrio se rompe, el arrecife deja de crecer e incluso puede erosionarse.
Además, los arrecifes del Golfo de México aún no se han visto afectados por la enfermedad de pérdida de tejido de los corales pétreos, que mata preferentemente a las mismas especies masivas y longevas que mantienen vivos los arrecifes del Golfo. Para cuando llegó el calor, gran parte del Caribe ya había perdido sus corales más resistentes debido al brote de la enfermedad . La ola de calor terminó lo que empezó.
Por qué es importante la erosión de los arrecifes
Todos los beneficios que proporcionan los arrecifes dependen de un delicado equilibrio entre la formación de arrecifes y la erosión.
Los arrecifes tropicales son esencialmente vastas estructuras de piedra caliza, construidas lentamente a lo largo de los siglos a medida que los corales depositan esqueletos de carbonato de calcio. Al mismo tiempo, las olas y diversos organismos del arrecife, como los peces loro, los erizos de mar y las esponjas perforadoras, los erosionan.
Un arrecife que se erosiona y se aplana comienza a perder su capacidad de proporcionar beneficios a otras especies y a las personas.
No esperábamos documentar el momento en que una importante región del océano pasara de crecer a erosionarse. El hecho de que ocurriera tan rápidamente, y en algunos de los arrecifes más emblemáticos y estudiados del Caribe, sugiere que los plazos que los científicos han estado utilizando podrían ser demasiado optimistas.
Nuestros hallazgos también podrían obligar a replantear la forma de abordar la restauración de los corales. En todo el Caribe, los programas han invertido mucho en la replantación de especies de coral ramificadas de rápido crecimiento, como Acropora , porque recuperan rápidamente su complejidad estructural. La ola de calor de 2023-2024 arrasó con muchas de estas poblaciones restauradas, además de las silvestres.
La restauración tendrá que diversificarse. Explorar enfoques como el intercambio de genes tolerantes al calor entre poblaciones (flujo genético asistido) y la cría de corales que sobrevivan mejor al calor (cría selectiva) podría ser una vía prometedora .
Pero la restauración por sí sola no será suficiente . Para revertir el declive se requieren reducciones drásticas de las emisiones de gases de efecto invernadero para disminuir la frecuencia e intensidad de las olas de calor marinas, junto con medidas locales contundentes contra la contaminación, la escorrentía de nutrientes, la sedimentación y las enfermedades, factores que debilitan a los corales antes de la llegada del calor.
Fuente/The Conversation/Creative Commons licence.
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