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La tiranía de las publicaciones académicas
Desde afuera, la vida académica parece reposada. Profesores que tienen tiempo para pensar, darse vueltas e investigar lo que se les antoja sin plazos. Pero adentro de las universidades no se siente así. Los académicos están cada vez más presionados por la necesidad de mostrar resultados, lo que se acredita a través de la publicación en codiciadas revistas. Una carrera en la que compiten con los especialistas de todo el mundo y que no sólo los tiene estresados.
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Cada vez que Alejandro Montenegro, quien está haciendo un postdoctorado en la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Católica, le cuenta a sus compañeros que va a publicar un artículo, lo primero que le preguntan no es de qué se trata, sino dónde. En los últimos años, hay una idea que se ha popularizado en el mundo universitario en Chile y en el mundo: “Publish or perish”, que es lo mismo que decir que publicas o desapareces.
La frase alude a los artículos académicos (también llamados papers, en inglés), que han existido siempre en la investigación, porque para decirlo en fácil, son un documento que le acredita al mundo que su autor hizo un descubrimiento importante. “El trabajo del científico no es el descubrimiento en sí, sino la difusión y el impacto que tiene. Un paper bueno puede cambiar el mundo, pero tiene que estar publicado, sino ¿cómo lo cambia?”, dice Flavio Salazar, vicerrector de Investigación de la U. de Chile.
Un buen artículo académico o paper debe ser original, novedoso, tener un marco teórico, una hipótesis, una demostración y debe ser replicable, es decir, que cualquiera que repita el proceso llegue a los mismos resultados. Como eso no siempre ocurre hay que acreditarlo, y para eso existen revistas (journals) especializadas por área, a las que los investigadores postulan con sus papers y que se encargan de seleccionar los mejores, tras hacerlos pasar por una revisión anónima de “pares” expertos (peer review). “Esta es su garantía de calidad”, agrega Salazar.
Entonces, astrónomos, historiadores, cientistas políticos, biólogos y un largo etcétera consiguen dinero para hacer una investigación (en su universidad o a través de fondos concursables, como Fondecyt), escriben un artículo con los resultados y tratan de ponerlo en una de estas revistas, lo que a su vez les da currículum para conseguir nuevos fondos. Pero, como queda demostrado con el relato de Alejandro Montenegro, no se trata sólo de publicar, sino de hacerlo en la revista con más impacto posible.
En las últimas décadas el número de publicaciones ha crecido explosivamente. En 2012 se calculaba que había 28 mil activas que usaban el método de la revisión de pares. No todas con la misma calidad y prestigio. En cada área hay algunas que son más estrictas y/o influyentes, por ejemplo, Science y Nature, en ciencia general, The Lancet o The New England Journal of Medicine, en medicina, o Econométrica en economía.
Eugene Garfield trató de poner orden a esta marea de conocimiento y creó en los sesenta el Instituto para la Información Científica (ISI), que luego compró la editorial Thomson Reuters. Lo que hizo fue crear una base de datos de las publicaciones académicas más rigurosas por área que hoy incluye 10 mil revistas.
Por eso, publicar un “paper ISI” no es lo mismo que hacerlo en una que no está en esa base de datos (u otra similar). También diseñó el llamado “factor de impacto”, que mide la importancia de una revista, en base a su nivel de citación. Así hoy, a través del servicio Web of Science (WOS, anteriormente ISI) u otros como Scopus o Scielo, es posible identificar qué revistas o artículos han sido más mencionados.
En los últimos años académicos en todo el mundo han comenzado a criticar la preponderancia que han adquirido estas bases de datos y rankings. “Estábamos acá para reflexionar sobre el mundo y vemos una competencia por quién tiene más puntitos”, dice Carlos Rodríguez, economista y director académico del doctorado en Ciencias de la Complejidad de la UDD.
Privilegiados
La razón por la que estos sistemas, y en particular las publicaciones, han adquirido un lugar preponderante en los centros de investigación es porque permiten medir y comparar el trabajo académico, algo muy importante en el ámbito de la generación de conocimientos donde es difícil encontrar indicadores de productividad. El factor de impacto y el Índice H (que mide la influencia de un investigador según el número de citas a sus artículos), por mencionar algunas métricas, son casi un segundo currículum para muchos académicos, no por un asunto (sólo) de vanidad, sino porque determinan la posibilidad de conseguir financiamiento, becas y ascensos.
“Hace 10 años se tomaban en consideración otras variables para contratar a un académico: dónde hiciste el doctorado, la carrera docente, participar de la discusión en políticas públicas… la investigación no era tan preponderante”, explica Rodríguez. Hoy, publicar lo más que se pueda es una prioridad.
Para las universidades tampoco es fácil escapar a esta presión, ya que sus posiciones en los rankings internacionales pasan en buena parte por la cantidad de publicaciones en revistas de alto impacto. “Esto es como el Simce: en un principio era importante evaluar los aprendizajes de los alumnos, pero se desvirtúa al convertirse en un índice de calidad, en una herramienta de marketing”, dice Flavio Salazar. Sin embargo, María Elena Boisier, directora de investigación de la UC, explica que “se está transitando a valorar otros productos. Es importante que esto se vaya adaptando, porque ahora el ISI impacta mucho. Es necesario un equilibrio”.
Aunque no hay reglas escritas ni taxativas, informalmente se espera que un investigador publique al menos un paper ISI (o Scopus) al año. Para esto, muchas universidades han desarrollado incentivos, que en su mayoría rondan el millón de pesos por paper publicado. “Todas las vicerrectorías de investigación tratamos de crear condiciones para que nuestros académicos publiquen mejor y más”, dice Ariel Orellana, vicerrector académico de la UNAB.
Pero Andrés Navas, subdirector de investigación del departamento de matemáticas y ciencias de la computación de la USACH, afirma que “el pago por paper ha demostrado su nocividad en todas las instituciones que se ha aplicado. Hay otras actividades ligadas a la investigación que son importantes y tienden a ser subvaloradas”.
Los riesgos de la isificación
Varios académicos se apuran en aclarar que están de acuerdo con que su trabajo sea evaluado y medido, pero critican la excesiva importancia que se le da a este sistema. Y los reclamos vienen desde distintas disciplinas.
“Hay revistas que tienen menor factor de impacto, pero que son muy relevantes en un área en particular”, dice Omar Orellana, director de Investigación de la Facultad de Medicina de la U. de Chile.
En las revistas “más cotizadas”, los tiempos de espera para revisión pueden ser de hasta cuatro años y sólo el tres por ciento de los manuscritos que recibe Science, por ejemplo, pasa finalmente a revisión. “Eso le hace mal a la ciencia. La comunidad no tiene acceso a ese conocimiento y todos se retrasa”, dice el biólogo Alejandro Montenegro.
Por su parte, el economista Dante Contreras, director del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), explica que lograr estas métricas ISI es aún más difícil en las ciencias sociales, porque hay menos revistas en el área y porque es más difícil presentar resultados exactos. “Economía es de lo que más publica, pero aun lejos de las ciencias duras”.
Algo con lo que concuerda Ricardo Greene, sociólogo y antropólogo visual que trabaja en la Universidad Católica del Maule: “Parte importante del trabajo en las ciencias sociales tiene que ver con un conocimiento que es situado histórica y contextualmente, pero por la imposición del ISI, que en su mayoría incluye publicaciones en inglés, los artículos muchas veces no se publican ni en español”.
En las humanidades y las ciencias sociales, entonces, formatos como el libro, el ensayo o incluso el documental pelean por recibir la misma puntuación en las evaluaciones que el paper científico.
Sin embargo, las métricas siguen ganando espacio. Bien lo sabe Erwin Krauskopf, director de la Escuela de Ingeniería en Biotecnología de la UNAB y uno de los pocos expertos en Chile en epistemometría (disciplina que estudia la dinámica de las publicaciones). Para él “la isificación es un tema que los tiene a todos vueltos locos”.
En Chile esto ocurre además en un contexto donde ha crecido el número de investigadores pero los recursos no han aumentado a la par. “Nosotros tenemos una diversidad de programas, pero al final del día tengo una fila de gente postulando a financiamiento. El tema es cómo lo reparto y a quién le entrego esos recursos, asegurando que se haga ciencia de calidad”, dice Christian Nicolai, director ejecutivo de Conicyt, el principal organismo de financiamiento de la investigación en Chile. “Se necesitan métricas para poder ordenar. Es un orden relativo, no absoluto, nos quedan muchos proyectos buenos fuera por falta de recursos”, agrega.
En ese contexto existe preocupación respecto a los efectos que esto tienen entre los académicos jóvenes. “Algunos tienen currículum excelentes y no los contratan sólo porque no tienen ISI. Eso es para llorar”, dice el filósofo de la Universidad de Chile e integrante del consejo de Fondecyt, Pablo Oyarzún. Pero, como explica Alejandro Montenegro, no se puede ir contra el sistema, “o te adaptas o quedas fuera”.
Buenas y malas prácticas
Dante Contreras explica que en la academia se han ido desarrollando formas interesantes para lograr publicaciones de alto impacto que tienen que ver con potenciar el trabajo colaborativo y asociarse para hacer estudios entre pares, distintas universidades, instituciones o disciplinas. Algo promovido por Fondap, fondo que financia centros de investigación interdisciplinarios de alto nivel, como el que él dirige. “Esta estrategia es una gran oportunidad, sin embargo, muchos de los journals interdisciplinarios exhiben menor impacto que aquellos de especialidad”, explica.
La presión también da paso a prácticas más controvertidas en todo el mundo. Desde subdividir una investigación hasta la mínima unidad publicable para aumentar el número de artículos (la llamada táctica del salame), colocar como coautor de un paper a un colega amigo para que luego él a su turno haga lo mismo, los pactos o mafias de publicación (que se dan tanto entre investigadores como entre editores de revistas), publicar la misma investigación con leves diferencias en distintos idiomas y un largo etcétera.
En ese contexto, ha habido sonados escándalos: varios casos de plagio y de “engaño del peer review”, en el que se descubrió a investigadores que sugerían a pares revisores inventados, para así terminar dándoles la aprobación a sus propios artículos, lo que puso en cuestionamiento el alabado sistema de revisión del mundo científico. Otro fue el de STAP. Publicado en la renombrada revista Nature, el gran hallazgo realizado por la joven científica japonesa Haruko Obokata mostraba un método para reprogramar células adultas y convertirlas en células madre capaces de transformarse en cualquier tejido. La noticia tuvo un gran impacto, sin embargo, el artículo fue duramente criticado y finalmente retirado en julio de 2014, cuando se comprobó que había datos manipulados. Esto no sólo acabó con la carrera de Obokata, sino que se consideró clave en el suicidio de Yoshiki Sasai, renombrado investigador y coautor del estudio.
“Es el efecto de la ley de Campbell”, dice Scott Sadowsky, lingüista y académico de la Universidad de La Frontera. “Mientras más se utilice un indicador cuantitativo en la toma de decisiones, más probable es que el uso del indicador distorsione y corrompa el mismo proceso que pretende medir”.
Cómo mejorar
Reconociendo la importancia del paper como instrumento de la difusión científica, el mundo académico admite también la necesidad de introducir matices. Muchos afirman que ya está ocurriendo, aunque no tan rápido como todos quisieran.
Adaptar los criterios de evaluación a cada disciplina es una de las solicitudes. “Conicyt ha hecho un esfuerzo por mejorar esto a través de los grupos de estudio. Aunque no es un tema sólo de ellos, sino de la complejidad de generar índices que permitan una evaluación más justa”, agrega Flavio Salazar, de la U. de Chile.
En esa casa de estudios y otras, por ejemplo, afirman que han avanzado bastante en incluir otros parámetros, como tener libros revisados en editoriales importantes, la formación de estudiantes, el trabajo transdisciplinario y el impacto en la transferencia tecnológica, entre otros.
En la otra vereda están las revistas. Muchas de las indexadas no son abiertas sino que pagadas. Un gran negocio que ha sido fuertemente criticado porque impide que ese conocimiento esté disponible para todos, algo que captó la atención del ministro de educación de Holanda, Sander Dekker, quien ejemplificó: “En 2014, la solución a la crisis del Ébola se vio obstaculizada por la falta de acceso a las publicaciones y los datos de investigaciones recientes”.
Hoy existe un movimiento global, del que Chile no es ajeno, por democratizar el conocimiento y hacerlo más accesible. Algo que Ricardo Greene ha intentado hacer con Bifurfaciones, revista online de estudios culturales que fundó hace 12 años. “Está casi quebrada, pero la seguimos manteniendo”, dice. En el extranjero están PLOS, bioRxiv, F1000Research, entra otras, que no sólo son de acceso libre, sino que en algunos casos ofrecen revisión de pares abierta y al momento de la publicación.
El impacto de la ciencia es algo en lo que Erwin Krauskopf hace hincapié. “De qué me sirve que me citen tres pelagatos si yo puedo hacer un descubrimiento muy sencillo, pero que va a tener un impacto global, mejorando la calidad de vida de una persona. Eso es importante”, dice. Y agrega un dato sorprendente: en 2007 una investigación que realizó mientras trabajaba en la Fundación Ciencia para la Vida, junto a Bernardita Méndez, determinó que, entre 1987 y 2003, cerca de 500 patentes estadounidenses citaron artículos de autores chilenos, es decir, que los descubrimientos de esos investigadores dieron fruto a invenciones en ese país. “Inventos por los que hoy pagamos royalty, cuando debería ser al revés. Ahí tienes la prueba clara de que el paper no siempre lo es todo”, agrega.
Fuente: La Tercera www.chiledesarrollosustentable.cl
Cambio Climático
ENGIE Chile transformó un histórico sitio a carbón en un hub energético
ENGIE Chile transformó un histórico sitio a carbón en un hub energético que integra almacenamiento en baterías, generación flexible a gas y el primer condensador síncrono del país, aportando seguridad y estabilidad al sistema eléctrico.
Considerado como un caso único de reconversión en Chile, el Presidente de la República, José Antonio Kast, junto al CEO de ENGIE Chile, Juan Villavicencio; inauguraron esta tarde el Complejo Energético Tocopilla, en la Región de Antofagasta. Un hub estratégico clave para el Sistema Eléctrico Nacional, que integra almacenamiento a través de BESS Tocopilla, servicios complementarios a través de Condensador Síncrono e infraestructura flexible a gas como motor de transición gracias a la Unidad 16.
La ceremonia permitió conocer la transformación experimentada por el antiguo Complejo Térmico de Tocopilla, donde durante décadas operaron unidades de generación a carbón. Este proceso tuvo un hito clave en septiembre de 2022, con la desconexión de la última unidad, que puso fin a más de 100 años de operación, dando paso a infraestructura orientada a responder a los desafíos de la transición energética y la creciente incorporación de energías renovables al sistema.
En ese contexto, el Jefe de Estado destacó la iniciativa: “Ustedes le dieron una nueva impronta que es muy difícil porque uno podría decir, una empresa compra, desmantela y se va, o desmantela y viene otra cosa, pero ustedes mantuvieron la historia y por eso me gustó mucho escucharlo que aquí hay una historia. Una historia que le dio energía a todo el norte chileno, mucho sacrificio que integraba también el sacrificio que se realizaba en el sur con las minas de carbón, por mucho tiempo, esa historia hoy día se proyecta y puede ser un futuro esplendor como dice nuestro himno patrio, futuro esplendor que parte de la energía renovable”.
Por otro lado, la Ministra de Energía, Ximena Rincón, aseguró: “Este proyecto demuestra que descarbonizar no consiste simplemente en apagar una central, significa planificar la transición, reemplazar capacidades, asegurar que el sistema eléctrico mantenga los atributos necesarios para responder ante contingencias. Una matriz más limpia debe ser también una matriz más segura y también competitiva”.
Por su parte, el CEO de ENGIE Chile, Juan Villavicencio, relevó el alcance de esta transformación para el país, señalando que “lo que estamos inaugurando hoy en Tocopilla demuestra que es posible transformar un sitio histórico en una plataforma energética preparada para las próximas décadas. Aquí estamos integrando almacenamiento, respaldo y estabilidad en un mismo lugar, demostrando que Chile puede convertir su potencial en una oferta energética confiable, limpia y disponible las 24 horas del día, habilitando así nuevas oportunidades de desarrollo para el país”.
La instancia, que fue liderada por el CEO de ENGIE Chile, Juan Villavicencio; contó con la presencia de los ministros de Bienes Nacionales, Catalina Parot; de Energía, Ximena Rincón; de Ciencia, Ximena Lincolao; el embajador de Francia, Cyrille Rogeau; el embajador de Bélgica, Christian Delannoy; la alcaldesa de Tocopilla, Ljubica Kurtovic; la Delegada Presidencial Regional de Antofagasta, Katherine López; la delegada presidencial provincial de Tocopilla, Daniela Vecchiola; además de autoridades regionales y locales, representantes de los gremios y colaboradores de la compañía.
Esta reconversión implicó una inversión total de US$ 270 millones y permitió transformar un sitio con más de un siglo de historia energética, reflejando de manera concreta el compromiso de la compañía con la transición energética y la descarbonización del país. Durante su construcción, alcanzó un peak de 700 trabajadores y actualmente genera 100 empleos directos.
Del carbón a la innovación: mayor seguridad y estabilidad para el sistema eléctrico
La inauguración del Complejo Energético Tocopilla marca un nuevo capítulo para una ciudad ligada históricamente al desarrollo energético de Chile.
El sitio reúne distintas soluciones energéticas que cumplen funciones complementarias para fortalecer la seguridad del sistema. Entre ellas se encuentra BESS Tocopilla, sistema de almacenamiento de energía en baterías con una capacidad instalada de 116 MW y 660 MWh.
Esta iniciativa permite almacenar energía en períodos de alta generación renovable para reinyectarla cuando el sistema lo requiere, contribuyendo a reducir vertimientos de energías renovables, desplazar generación térmica en horas críticas y aumentar la eficiencia de la red. Su operación equivale al suministro anual de energía para cerca de 89.900 hogares y permitirá evitar aproximadamente 51.231 toneladas de CO₂ al año.
El sitio incorpora además el primer condensador síncrono de Chile y del Grupo ENGIE a nivel global, desarrollado a partir de la reconversión de la ex Unidad 15. Esta infraestructura entrega servicios complementarios clave como control de tensión, aporte de inercia y estabilidad del sistema, habilitando una operación segura en un contexto de alta penetración de energías renovables.
La transformación del complejo representa un cambio estructural en el uso de infraestructura energética en Chile, al reconvertir un sitio histórico de generación a carbón en una plataforma moderna que responde a los desafíos de una matriz más limpia, flexible y resiliente.
Este proceso forma parte del enfoque de Transición Justa impulsado por ENGIE Chile, que busca compatibilizar la descarbonización con una gestión responsable de sus impactos en las personas, el entorno y las comunidades, mediante procesos planificados y sostenibles en el tiempo.
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Desarrollo Sostenible
PRESIDENTE KAST Y MINISTRA TOLEDO PARTICIPAN EN LA REFORESTACIÓN DEL PARQUE METROPOLITANO DE CERROS DE RENCA
La actividad permitió relevar los avances de una de las principales iniciativas de infraestructura verde de la Región Metropolitana en el marco del Día Mundial del Medio Ambiente. El proyecto contempla más de 200 hectáreas de parque público integradas a un sistema de cerros urbanos que supera las 700 hectáreas y cuyo impacto potencial alcanza a cerca de dos millones de personas.
En el marco de la conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente, el Presidente José Antonio Kast y la ministra Francisca Toledo, participaron este sábado en una jornada de reforestación comunitaria en Parque Metropolitano Cerros de Renca, iniciativa orientada a promover la recuperación de áreas verdes urbanas, fortalecer la participación ciudadana y relevar la colaboración público-privada en la protección del entorno natural.
La actividad contó –además- con la participación de la Primera Dama, María Pía Adriasola; el gobernador de la Región Metropolitana, Claudio Orrego; el delegado presidencial regional, Germán Codina; el alcalde de Renca, Claudio Castro; además de parlamentarios, consejeros regionales, concejales y vecinos de la comuna.
Durante la jornada, las autoridades encabezaron una plantación simbólica de árboles junto a representantes de la comunidad, destacando la importancia de avanzar en iniciativas que permitan recuperar espacios naturales, mejorar la calidad de vida de las personas y fortalecer el compromiso con el cuidado del medioambiente. «Esto nos une», dijo el Presidente Kast.
Por su parte, la ministra Francisca Toledo señaló:
“Es importante recordar que esta fecha nos enmarca en algo trascendental: proteger nuestro entorno natural no es un asunto secundario, sino que es una condición esencial para el bienestar de las personas y esencial también para el desarrollo de nuestras economías. Porque la acción ambiental, como muy bien se ha planteado y este ejemplo que estamos viendo lo confirma, no puede quedarse solo en declaraciones generales, en grandes ideas. La acción ambiental requiere gestión, requiere planificación, inversión y coordinación”.
Actualmente, la iniciativa en Renca registra más de 82 mil árboles reforestados, la participación de más de 40 mil vecinos en actividades comunitarias y una inversión superior a $2.000 millones en infraestructura verde. Asimismo, considera una cartera de proyectos público-privados por US$ 14,5 millones destinada a obras de agua, senderos, miradores, infraestructura y rehabilitación ambiental, consolidándose como uno de los proyectos de recuperación ambiental urbana más relevantes del país.
El desarrollo del Parque Metropolitano Cerros de Renca busca ampliar el acceso a áreas verdes para sectores históricamente deficitarios, promover la actividad física y el bienestar de las familias, fortalecer la biodiversidad urbana y generar nuevos espacios de encuentro para las comunidades de la Región Metropolitana.
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Desarrollo Sostenible
Día Mundial del Medio Ambiente: INICIA TEMPORADA DE REFORESTACIÓN EN PARQUEMET JUNTO A NIÑOS Y JÓVENES FORJADORES AMBIENTALES
La plantación de especies nativas se realizó en el sector El Ermitaño Bajo, área que resultó afectada por un incendio forestal en 2020. La ministra del Medio Ambiente, Francisca Toledo, reafirmó el compromiso con los Forjadores Ambientales, apoyando 21 proyectos liderados por niños y jóvenes en diez regiones del país.
En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, la ministra del Medio Ambiente, Francisca Toledo, junto a la directora (s) del Parque Metropolitano de Santiago (Parquemet), Andrea Alvarado, dieron inicio a la temporada de reforestación 2026 en el sector El Ermitaño Bajo del principal pulmón verde de la capital.
La actividad contempló la plantación simbólica de 10 árboles nativos junto a integrantes del club de Forjadores Ambientales “Los Forzelandia Ambientales”, grupo conformado por estudiantes de la Escuela Nueva Zelandia de Independencia, quienes además son beneficiarios de un proyecto financiado por el Fondo de Protección Ambiental (FPA) del Ministerio del Medio Ambiente.
El lugar escogido para esta intervención posee un importante valor ambiental, ya que corresponde a una zona afectada por un incendio forestal ocurrido en 2020 y que actualmente se encuentra en proceso de restauración ecológica mediante la incorporación de nuevas especies nativas.
La ministra del Medio Ambiente, Francisca Toledo, destacó que “en este Día Mundial del Medio Ambiente queremos demostrar que el cuidado de la naturaleza se construye con acciones concretas. Hoy iniciamos una nueva temporada de reforestación en un sector que fue afectado por un incendio forestal y lo hacemos junto a niños y jóvenes comprometidos con el medioambiente. Ellos representan el cambio cultural que necesitamos para construir un Chile más sustentable”.
La secretaria de Estado agregó que “estamos fortaleciendo el programa Forjadores Ambientales a través del Fondo de Protección Ambiental. Este año financiamos 21 proyectos en diez regiones del país, entregando herramientas para que niños, niñas y jóvenes desarrollen iniciativas que mejoren la gestión ambiental en sus comunidades y establecimientos educacionales”.
Parquemet impulsa actualmente un innovador modelo de restauración ecológica basado en núcleos de restauración nativa, pequeños bosques urbanos que concentran especies propias del bosque esclerófilo y que permiten acelerar la recuperación de ecosistemas degradados.
La directora (s) de Parquemet, Andrea Alvarado, señaló que “esta reforestación representa una acción simbólica que refleja nuestros esfuerzos por recuperar el sector de Ermitaño Bajo, afectado por un incendio en 2020. En este contexto, nos hemos propuesto la meta de plantar más de 700 árboles nativos, contribuyendo así a la restauración del ecosistema natural de este espacio”.
Añadió que “desde hace aproximadamente cinco años hemos implementado proyectos de reforestación bajo el método Miyawaki en distintos puntos del Parque Metropolitano. Ambas iniciativas aportan de manera concreta a la reconstrucción de los ecosistemas naturales y a la generación de mejores espacios para la educación ambiental, la recreación y el encuentro de los habitantes de Santiago. Actualmente, Parquemet cuenta con siete núcleos de restauración nativa que reúnen más de 60 especies del bosque esclerófilo, algunas de ellas en categoría de conservación. Esta estrategia ha permitido alcanzar tasas de prendimiento superiores al 80%, contribuyendo a la recuperación de ecosistemas y al fortalecimiento de los servicios ambientales que presta el parque a la ciudad”.
Durante la jornada, las autoridades también hicieron un llamado a la ciudadanía a sumarse al cuidado del medioambiente mediante acciones cotidianas como preferir el transporte público, reducir la generación de residuos, reutilizar materiales y hacer un uso eficiente de la energía.
Con más de 7,5 millones de visitas al año, Parquemet se ha consolidado como uno de los parques urbanos más importantes de América Latina y un espacio clave para promover la conservación de la naturaleza, la educación ambiental y el bienestar de las personas.
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Cambio Climático
MINISTRA TOLEDO ENTREGA SELLOS AMBIENTALES A MÁS DE 120 ESTABLECIMIENTOS EDUCACIONALES Y MUNICIPIOS DE LA ARAUCANÍA
En la ceremonia fueron reconocidos 106 escuelas, liceos y jardines infantiles particulares y públicos de la región. En tanto, 16 alcaldías fueron destacadas por su gestión sustentable. La ministra Toledo sostuvo que avanzar en el cuidado del medioambiente requiere del compromiso de todos los actores de la sociedad.
En su despliegue en la Región de La Araucanía, la ministra del Medio Ambiente Francisca Toledo, reconoció a 106 establecimientos educacionales y a 16 municipios con sellos de certificación ambiental, en una ceremonia que se celebró este jueves en el Teatro Municipal Camilo Salvo de Temuco.
En la instancia que contó con la presentación de la orquesta estudiantil del Liceo Alonso de Ercilla, también participaron el delegado presidencial Francisco Ljubetic, la SEREMI del Medio Ambiente, Paula Castillo, el SEREMI de Educación, Aaron Ríos; la directora de JUNJI Andrea Fernández, y los alcaldes de Pucón, Sebastián Álvarez, de Collipulli, Manuel Macaya, la alcaldesa de Vilcún, Katherine Migueles, de Villarrica, Pablo Astete y el alcalde de Nueva Imperial, César Sepúlveda.
Al finalizar la ceremonia la ministra Toledo destacó que “las certificaciones ambientales que hoy entregamos a establecimientos educacionales y a municipios de la Región de La Araucanía demuestran un compromiso concreto con el cuidado del medioambiente”. La autoridad también expresó que “no basta solo con las grandes políticas públicas: Chile va a avanzar en la protección de su patrimonio natural en la medida de que todos y todas incorporemos el cuidado de nuestro medioambiente y la protección de nuestra biodiversidad en nuestras decisiones cotidianas”.

En esta línea, el delegado Presidencial de La Araucanía, Francisco Ljubetic, reforzó la importancia de que todos los actores de la sociedad se involucren en esta tarea. “Esta fue una ceremonia muy significativa para La Araucanía, donde junto a la ministra del Medio Ambiente, la SEREMI y sus equipos, pudimos reconocer a un importante número de establecimientos educacionales que han fortalecido su compromiso con el cuidado del medioambiente en un trabajo conjunto con los municipios y las comunidades educativas”.
La autoridad agregó que “como Gobierno del Presidente José Antonio Kast, entendemos que la sostenibilidad es una tarea que nos involucra a todos. Por eso seguimos impulsando acciones concretas que permitan avanzar hacia un desarrollo responsable, donde la protección del medioambiente sea parte del crecimiento de nuestra región”.
Certificaciones ambientales SNCAE Y SCAM
El Sistema Nacional de Certificación Ambiental de Establecimientos Educacionales (SNCAE) entrega una certificación pública a los establecimientos educacionales que de manera voluntaria implementan exitosamente estrategias de educación ambiental en sus comunidades escolares. En esta ceremonia, 106 escuelas, liceos y jardines infantiles particulares y públicos recibieron su certificación en los niveles básico, medio y de excelencia.
Hoy la Región de La Araucanía cuenta con un total de 244 establecimientos educacionales certificados ambientalmente, situándola en el tercer lugar a nivel nacional.
La SEREMI Paula Castillo valoró los avances que han tenido los establecimientos de La Araucanía en promover una cultura de sostenibilidad en sus comunidades. “El programa SNCAE está presente en 29 de las 32 comunas de la región y abarca el 24% del total de establecimientos educacionales. Como institución reafirmamos nuestro compromiso a seguir trabajando como socios estratégicos, apoyando sus iniciativas y resolviendo sus necesidades para fortalecer la educación ambiental en nuestra región”, declaró la SEREMI.
El compromiso, tanto de los establecimientos educacionales como de los municipios, nos permite avanzar hacia una región con personas más responsables con el cuidado del medioambiente”, declaró la SEREMI.
En tanto, en el marco del Sistema de Certificación Ambiental Municipal (SCAM) -que reconoce a las alcaldías que de manera voluntaria implementan prácticas sostenibles- 16 municipios recibieron sus sellos ambientales de manos de la ministra Toledo. Se trata de Collipulli, Curacautín, Ercilla, Gorbea, Loncoche, Los Sauces, Nueva Imperial, Pitrufquén, Saavedra, Temuco, Teodoro Schmidt, Traiguén, Vilcún y Villarrica.
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Conversación
LA HUELLA QUE DEJA EL LITIO DE LAS BATERÍAS EN LOS OCÉANOS
El litio se ha convertido en uno de los grandes protagonistas de la transición energética debido a sus propiedades físico-químicas: es ligero, poco denso en estado sólido, presenta un elevado potencial electroquímico y una excelente conductividad eléctrica y térmica. Y eso lo convierte en materia prima clave de las baterías de coches eléctricos, teléfonos móviles y sistemas de almacenamiento de energías renovables.
Su imagen está asociada a un futuro limpio y descarbonizado. Sin embargo, como ocurre con muchos avances tecnológicos, su uso masivo plantea una pregunta incómoda: ¿qué ocurre con el litio cuando acaba en el medio ambiente, especialmente en el mar?
Estudios recientes realizados con organismos marinos muestran que este metal, considerado durante mucho tiempo poco problemático, puede dejar una huella biológica relevante en los ecosistemas marinos, incluso a concentraciones similares a las que ya se detectan en la naturaleza.
Un contaminante emergente y poco vigilado
A diferencia de otros metales ampliamente estudiados, como el mercurio o el plomo, el litio no suele figurar en los listados clásicos de contaminantes ambientales. Su impacto ecológico ha recibido mucha menos atención. Sin embargo, su producción se ha disparado en las últimas décadas y su tasa de reciclaje sigue siendo baja
Gran parte del litio acaba en vertederos o se libera a través de aguas residuales, que los sistemas de depuración no eliminan eficazmente. Esto facilita que alcance ríos, estuarios y océanos. En condiciones naturales, las concentraciones de litio en el agua de mar son bajas. Pero en zonas con fuerte presión humana o cerca de explotaciones mineras se han registrado valores notablemente más altos.
La cuestión es si estas concentraciones, sin ser letales, pueden afectar a la salud de los organismos marinos a largo plazo. Para disipar dudas, distintos estudios han utilizado especies clave de la cadena trófica marina, como copépodos, erizos de mar, quisquillas, mejillones o poliquetos. Su diversidad en estrategias alimentarias y fases del ciclo vital permite evaluar mejor los efectos del contaminante en diferentes niveles del ecosistema.
Más allá de la mortalidad: efectos invisibles
El litio no siempre provoca efectos inmediatos o visibles. En muchos casos, las concentraciones actuales no causan mortalidad masiva en los organismos marinos, pero sí generan efectos subletales que pueden comprometer su salud a largo plazo.
En concreto, producen alteraciones en enzimas relacionadas con el estrés oxidativo, en procesos de detoxificación y en mecanismos asociados al sistema nervioso. Tal y como ya se ha visto en investigaciones anteriores y también en las nuestras, en embriones de erizo de mar, la exposición al litio puede ralentizar el desarrollo o inducir malformaciones, incluso cuando no se produce la muerte de los organismos.
El tiempo importa tanto como la dosis
El efecto del litio no depende únicamente de la concentración, sino también del tiempo de exposición. A medida que pasan las semanas, las respuestas biológicas se vuelven más intensas y afectan a niveles cada vez más complejos, tanto bioquímicos como enzimáticos, pasando por alteraciones celulares, hasta daños visibles en tejidos.
Cuando todos estos indicadores se analizan de forma conjunta, el resultado es claro: el estrés biológico aumenta de manera progresiva y sostenida. Es decir, exposiciones prolongadas a litio, incluso en niveles moderados, pueden generar efectos acumulativos.
Este tipo de impactos, menos evidentes pero persistentes, plantea un riesgo ecológico importante, ya que puede afectar a la reproducción, el crecimiento y la supervivencia de las especies. A largo plazo, los cambios pueden alterar el equilibrio de los ecosistemas y el funcionamiento de las cadenas tróficas.
Además, estos resultados cuestionan la idea de que todos los materiales asociados a la transición energética sean ambientalmente inocuos. El litio es indispensable para reducir las emisiones de carbono, pero su ciclo de vida completo —incluyendo su destino final— debe evaluarse con rigor.
Una transición energética verdaderamente sostenible
Los estudios no apuntan a un riesgo inmediato de colapso de los ecosistemas marinos, pero sí lanzan una advertencia clara: el litio es un contaminante emergente que merece atención, seguimiento y regulación. Entender sus efectos a largo plazo, especialmente en combinación con otros factores como el calentamiento global o la exposición simultánea a múltiples contaminantes, será clave para avanzar hacia una transición energética completa.
Porque la transición no consiste solo en cambiar las fuentes de energía, sino en garantizar que las soluciones adoptadas no generen nuevos problemas ambientales.
El litio seguirá siendo esencial para el futuro energético. Pero su historia en los océanos aún se está escribiendo. Comprenderla a tiempo será fundamental para que la transición sea realmente sostenible.
Fuente/The Conversation/ Creative Commons
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