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La tiranía de las publicaciones académicas
Desde afuera, la vida académica parece reposada. Profesores que tienen tiempo para pensar, darse vueltas e investigar lo que se les antoja sin plazos. Pero adentro de las universidades no se siente así. Los académicos están cada vez más presionados por la necesidad de mostrar resultados, lo que se acredita a través de la publicación en codiciadas revistas. Una carrera en la que compiten con los especialistas de todo el mundo y que no sólo los tiene estresados.
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Cada vez que Alejandro Montenegro, quien está haciendo un postdoctorado en la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Católica, le cuenta a sus compañeros que va a publicar un artículo, lo primero que le preguntan no es de qué se trata, sino dónde. En los últimos años, hay una idea que se ha popularizado en el mundo universitario en Chile y en el mundo: “Publish or perish”, que es lo mismo que decir que publicas o desapareces.
La frase alude a los artículos académicos (también llamados papers, en inglés), que han existido siempre en la investigación, porque para decirlo en fácil, son un documento que le acredita al mundo que su autor hizo un descubrimiento importante. “El trabajo del científico no es el descubrimiento en sí, sino la difusión y el impacto que tiene. Un paper bueno puede cambiar el mundo, pero tiene que estar publicado, sino ¿cómo lo cambia?”, dice Flavio Salazar, vicerrector de Investigación de la U. de Chile.
Un buen artículo académico o paper debe ser original, novedoso, tener un marco teórico, una hipótesis, una demostración y debe ser replicable, es decir, que cualquiera que repita el proceso llegue a los mismos resultados. Como eso no siempre ocurre hay que acreditarlo, y para eso existen revistas (journals) especializadas por área, a las que los investigadores postulan con sus papers y que se encargan de seleccionar los mejores, tras hacerlos pasar por una revisión anónima de “pares” expertos (peer review). “Esta es su garantía de calidad”, agrega Salazar.
Entonces, astrónomos, historiadores, cientistas políticos, biólogos y un largo etcétera consiguen dinero para hacer una investigación (en su universidad o a través de fondos concursables, como Fondecyt), escriben un artículo con los resultados y tratan de ponerlo en una de estas revistas, lo que a su vez les da currículum para conseguir nuevos fondos. Pero, como queda demostrado con el relato de Alejandro Montenegro, no se trata sólo de publicar, sino de hacerlo en la revista con más impacto posible.
En las últimas décadas el número de publicaciones ha crecido explosivamente. En 2012 se calculaba que había 28 mil activas que usaban el método de la revisión de pares. No todas con la misma calidad y prestigio. En cada área hay algunas que son más estrictas y/o influyentes, por ejemplo, Science y Nature, en ciencia general, The Lancet o The New England Journal of Medicine, en medicina, o Econométrica en economía.
Eugene Garfield trató de poner orden a esta marea de conocimiento y creó en los sesenta el Instituto para la Información Científica (ISI), que luego compró la editorial Thomson Reuters. Lo que hizo fue crear una base de datos de las publicaciones académicas más rigurosas por área que hoy incluye 10 mil revistas.
Por eso, publicar un “paper ISI” no es lo mismo que hacerlo en una que no está en esa base de datos (u otra similar). También diseñó el llamado “factor de impacto”, que mide la importancia de una revista, en base a su nivel de citación. Así hoy, a través del servicio Web of Science (WOS, anteriormente ISI) u otros como Scopus o Scielo, es posible identificar qué revistas o artículos han sido más mencionados.
En los últimos años académicos en todo el mundo han comenzado a criticar la preponderancia que han adquirido estas bases de datos y rankings. “Estábamos acá para reflexionar sobre el mundo y vemos una competencia por quién tiene más puntitos”, dice Carlos Rodríguez, economista y director académico del doctorado en Ciencias de la Complejidad de la UDD.
Privilegiados
La razón por la que estos sistemas, y en particular las publicaciones, han adquirido un lugar preponderante en los centros de investigación es porque permiten medir y comparar el trabajo académico, algo muy importante en el ámbito de la generación de conocimientos donde es difícil encontrar indicadores de productividad. El factor de impacto y el Índice H (que mide la influencia de un investigador según el número de citas a sus artículos), por mencionar algunas métricas, son casi un segundo currículum para muchos académicos, no por un asunto (sólo) de vanidad, sino porque determinan la posibilidad de conseguir financiamiento, becas y ascensos.
“Hace 10 años se tomaban en consideración otras variables para contratar a un académico: dónde hiciste el doctorado, la carrera docente, participar de la discusión en políticas públicas… la investigación no era tan preponderante”, explica Rodríguez. Hoy, publicar lo más que se pueda es una prioridad.
Para las universidades tampoco es fácil escapar a esta presión, ya que sus posiciones en los rankings internacionales pasan en buena parte por la cantidad de publicaciones en revistas de alto impacto. “Esto es como el Simce: en un principio era importante evaluar los aprendizajes de los alumnos, pero se desvirtúa al convertirse en un índice de calidad, en una herramienta de marketing”, dice Flavio Salazar. Sin embargo, María Elena Boisier, directora de investigación de la UC, explica que “se está transitando a valorar otros productos. Es importante que esto se vaya adaptando, porque ahora el ISI impacta mucho. Es necesario un equilibrio”.
Aunque no hay reglas escritas ni taxativas, informalmente se espera que un investigador publique al menos un paper ISI (o Scopus) al año. Para esto, muchas universidades han desarrollado incentivos, que en su mayoría rondan el millón de pesos por paper publicado. “Todas las vicerrectorías de investigación tratamos de crear condiciones para que nuestros académicos publiquen mejor y más”, dice Ariel Orellana, vicerrector académico de la UNAB.
Pero Andrés Navas, subdirector de investigación del departamento de matemáticas y ciencias de la computación de la USACH, afirma que “el pago por paper ha demostrado su nocividad en todas las instituciones que se ha aplicado. Hay otras actividades ligadas a la investigación que son importantes y tienden a ser subvaloradas”.
Los riesgos de la isificación
Varios académicos se apuran en aclarar que están de acuerdo con que su trabajo sea evaluado y medido, pero critican la excesiva importancia que se le da a este sistema. Y los reclamos vienen desde distintas disciplinas.
“Hay revistas que tienen menor factor de impacto, pero que son muy relevantes en un área en particular”, dice Omar Orellana, director de Investigación de la Facultad de Medicina de la U. de Chile.
En las revistas “más cotizadas”, los tiempos de espera para revisión pueden ser de hasta cuatro años y sólo el tres por ciento de los manuscritos que recibe Science, por ejemplo, pasa finalmente a revisión. “Eso le hace mal a la ciencia. La comunidad no tiene acceso a ese conocimiento y todos se retrasa”, dice el biólogo Alejandro Montenegro.
Por su parte, el economista Dante Contreras, director del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), explica que lograr estas métricas ISI es aún más difícil en las ciencias sociales, porque hay menos revistas en el área y porque es más difícil presentar resultados exactos. “Economía es de lo que más publica, pero aun lejos de las ciencias duras”.
Algo con lo que concuerda Ricardo Greene, sociólogo y antropólogo visual que trabaja en la Universidad Católica del Maule: “Parte importante del trabajo en las ciencias sociales tiene que ver con un conocimiento que es situado histórica y contextualmente, pero por la imposición del ISI, que en su mayoría incluye publicaciones en inglés, los artículos muchas veces no se publican ni en español”.
En las humanidades y las ciencias sociales, entonces, formatos como el libro, el ensayo o incluso el documental pelean por recibir la misma puntuación en las evaluaciones que el paper científico.
Sin embargo, las métricas siguen ganando espacio. Bien lo sabe Erwin Krauskopf, director de la Escuela de Ingeniería en Biotecnología de la UNAB y uno de los pocos expertos en Chile en epistemometría (disciplina que estudia la dinámica de las publicaciones). Para él “la isificación es un tema que los tiene a todos vueltos locos”.
En Chile esto ocurre además en un contexto donde ha crecido el número de investigadores pero los recursos no han aumentado a la par. “Nosotros tenemos una diversidad de programas, pero al final del día tengo una fila de gente postulando a financiamiento. El tema es cómo lo reparto y a quién le entrego esos recursos, asegurando que se haga ciencia de calidad”, dice Christian Nicolai, director ejecutivo de Conicyt, el principal organismo de financiamiento de la investigación en Chile. “Se necesitan métricas para poder ordenar. Es un orden relativo, no absoluto, nos quedan muchos proyectos buenos fuera por falta de recursos”, agrega.
En ese contexto existe preocupación respecto a los efectos que esto tienen entre los académicos jóvenes. “Algunos tienen currículum excelentes y no los contratan sólo porque no tienen ISI. Eso es para llorar”, dice el filósofo de la Universidad de Chile e integrante del consejo de Fondecyt, Pablo Oyarzún. Pero, como explica Alejandro Montenegro, no se puede ir contra el sistema, “o te adaptas o quedas fuera”.
Buenas y malas prácticas
Dante Contreras explica que en la academia se han ido desarrollando formas interesantes para lograr publicaciones de alto impacto que tienen que ver con potenciar el trabajo colaborativo y asociarse para hacer estudios entre pares, distintas universidades, instituciones o disciplinas. Algo promovido por Fondap, fondo que financia centros de investigación interdisciplinarios de alto nivel, como el que él dirige. “Esta estrategia es una gran oportunidad, sin embargo, muchos de los journals interdisciplinarios exhiben menor impacto que aquellos de especialidad”, explica.
La presión también da paso a prácticas más controvertidas en todo el mundo. Desde subdividir una investigación hasta la mínima unidad publicable para aumentar el número de artículos (la llamada táctica del salame), colocar como coautor de un paper a un colega amigo para que luego él a su turno haga lo mismo, los pactos o mafias de publicación (que se dan tanto entre investigadores como entre editores de revistas), publicar la misma investigación con leves diferencias en distintos idiomas y un largo etcétera.
En ese contexto, ha habido sonados escándalos: varios casos de plagio y de “engaño del peer review”, en el que se descubrió a investigadores que sugerían a pares revisores inventados, para así terminar dándoles la aprobación a sus propios artículos, lo que puso en cuestionamiento el alabado sistema de revisión del mundo científico. Otro fue el de STAP. Publicado en la renombrada revista Nature, el gran hallazgo realizado por la joven científica japonesa Haruko Obokata mostraba un método para reprogramar células adultas y convertirlas en células madre capaces de transformarse en cualquier tejido. La noticia tuvo un gran impacto, sin embargo, el artículo fue duramente criticado y finalmente retirado en julio de 2014, cuando se comprobó que había datos manipulados. Esto no sólo acabó con la carrera de Obokata, sino que se consideró clave en el suicidio de Yoshiki Sasai, renombrado investigador y coautor del estudio.
“Es el efecto de la ley de Campbell”, dice Scott Sadowsky, lingüista y académico de la Universidad de La Frontera. “Mientras más se utilice un indicador cuantitativo en la toma de decisiones, más probable es que el uso del indicador distorsione y corrompa el mismo proceso que pretende medir”.
Cómo mejorar
Reconociendo la importancia del paper como instrumento de la difusión científica, el mundo académico admite también la necesidad de introducir matices. Muchos afirman que ya está ocurriendo, aunque no tan rápido como todos quisieran.
Adaptar los criterios de evaluación a cada disciplina es una de las solicitudes. “Conicyt ha hecho un esfuerzo por mejorar esto a través de los grupos de estudio. Aunque no es un tema sólo de ellos, sino de la complejidad de generar índices que permitan una evaluación más justa”, agrega Flavio Salazar, de la U. de Chile.
En esa casa de estudios y otras, por ejemplo, afirman que han avanzado bastante en incluir otros parámetros, como tener libros revisados en editoriales importantes, la formación de estudiantes, el trabajo transdisciplinario y el impacto en la transferencia tecnológica, entre otros.
En la otra vereda están las revistas. Muchas de las indexadas no son abiertas sino que pagadas. Un gran negocio que ha sido fuertemente criticado porque impide que ese conocimiento esté disponible para todos, algo que captó la atención del ministro de educación de Holanda, Sander Dekker, quien ejemplificó: “En 2014, la solución a la crisis del Ébola se vio obstaculizada por la falta de acceso a las publicaciones y los datos de investigaciones recientes”.
Hoy existe un movimiento global, del que Chile no es ajeno, por democratizar el conocimiento y hacerlo más accesible. Algo que Ricardo Greene ha intentado hacer con Bifurfaciones, revista online de estudios culturales que fundó hace 12 años. “Está casi quebrada, pero la seguimos manteniendo”, dice. En el extranjero están PLOS, bioRxiv, F1000Research, entra otras, que no sólo son de acceso libre, sino que en algunos casos ofrecen revisión de pares abierta y al momento de la publicación.
El impacto de la ciencia es algo en lo que Erwin Krauskopf hace hincapié. “De qué me sirve que me citen tres pelagatos si yo puedo hacer un descubrimiento muy sencillo, pero que va a tener un impacto global, mejorando la calidad de vida de una persona. Eso es importante”, dice. Y agrega un dato sorprendente: en 2007 una investigación que realizó mientras trabajaba en la Fundación Ciencia para la Vida, junto a Bernardita Méndez, determinó que, entre 1987 y 2003, cerca de 500 patentes estadounidenses citaron artículos de autores chilenos, es decir, que los descubrimientos de esos investigadores dieron fruto a invenciones en ese país. “Inventos por los que hoy pagamos royalty, cuando debería ser al revés. Ahí tienes la prueba clara de que el paper no siempre lo es todo”, agrega.
Fuente: La Tercera www.chiledesarrollosustentable.cl
Innovación
Anthropic elige a Chile para una nueva edición de su programa global Claude Impact Lab, con la longevidad como desafío país
El programa se despliega en Chile bajo la dirección de Felipe Pacheco, Claude Community Ambassador Chile, quien definió junto a la Caja La Araucana la longevidad, como el desafío más urgente del país y convocó a su red de partners como principales impulsores. Será el primer Claude Impact Lab del mundo dedicado a la longevidad y busca beneficiar a millones de chilenos que hoy esperan atención en salud.
Anthropic escogió a Chile como sede de una nueva edición de Claude Impact Lab, su programa global de laboratorios de impacto. La dirección del programa en el país está a cargo de Felipe Pacheco, Claude Community Ambassador Chile y fundador de Bendita IA, quien definió la longevidad como el desafío de esta edición convirtiéndolo en el primer Claude Impact Lab del mundo dedicado a la longevidad— y convocó a Caja La Araucana como partner y principal impulsora, junto a SURA, Mediclic, Sirak y Tu Mundo, para enfrentar un problema que hoy afecta a 2,4 millones de personas que esperan una atención de salud en Chile.
El Claude Impact Lab – Longevidad 2026 busca convocar a empresas, startups, desarrolladores, profesionales de la salud e investigadores a crear soluciones basadas en inteligencia artificial que ayuden a enfrentar uno de los grandes desafíos de nuestro país: las listas de espera en salud.
El desafío es potenciado, además, por SURA, Mediclic, Sirak y Mundo, organizaciones convocadas para promover la innovación y la colaboración en torno a la salud y la longevidad.
La iniciativa, que reunirá cerca de 200 participantes, se desarrolla en el marco del programa global Claude Impact Lab y se realizará los días 5 y 6 de agosto, entre las 09:00 y las 18:00 horas en el Parque Deportivo La Florida, de La Araucana y contempla mentorías, workshops especializados, sesiones de diseño, desarrollo de prototipos y una jornada final de presentación de soluciones ante un jurado.
IA para responder a desafíos reales en salud
Chile enfrenta importantes desafíos en esta materia. Actualmente, 2,4 millones de personas esperan una consulta con un especialista, un procedimiento o una cirugía, mientras el envejecimiento de la población incrementa la demanda por atención, prevención, rehabilitación y cuidados de largo plazo.
De acuerdo con estimaciones del Instituto Nacional de Estadísticas, para 2035 un 20% de la población tendrá más de 60 años. Esta transformación demográfica aumentará la presión sobre un sistema que, además, mantiene brechas en prevención, detección temprana de patologías crónicas, alfabetización en salud y acompañamiento preventivo.
Frente a este escenario, Claude Impact Lab – Longevidad 2026 y Caja La Araucana buscan demostrar cómo la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta concreta para ampliar capacidades, apoyar a los equipos clínicos y mejorar la calidad de vida de las personas.
“El propósito de esta iniciativa no es reemplazar a los profesionales de la salud, sino ampliar su alcance clínico. La inteligencia artificial puede contribuir a que médicos, matronas, kinesiólogos y otros especialistas atiendan, acompañen y orienten a más personas, manteniendo estándares de calidad y fortaleciendo la capacidad preventiva y resolutiva del sistema”, explica Francisco Sepúlveda, gerente general de Caja La Araucana.
“El programa Claude Impact Lab nos permitió elegir el desafío más urgente de Chile, y elegimos la longevidad. Necesitábamos un socio que no solo entendiera el problema, sino que lo viviera cada día junto a sus afiliados: por eso invitamos a Caja La Araucana a ser la principal impulsora de este desafío. Es el primer Impact Lab del mundo dedicado a la longevidad, y se hace en Chile”, señala Felipe Pacheco, Claude Community Ambassador Chile.
Los equipos desarrollarán propuestas en torno al desafío “Longevidad para todos en Chile”, con foco en reducir las listas de espera y optimizar la gestión de pacientes mediante soluciones de screening inteligente, detección temprana, alfabetización en salud, autocuidado y acompañamiento de enfermedades crónicas, entre otras soluciones.
Los participantes tendrán acceso a mentorías de especialistas nacionales e internacionales, workshops técnicos, herramientas de inteligencia artificial, créditos para utilizar la API de Claude y conjuntos de datos anonimizados y fuentes públicas preparados para facilitar el desarrollo de soluciones con potencial de implementación.
Las personas interesadas en participar pueden revisar el detalle en: https://longevidad.benditaia.cl/es
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Desarrollo Sostenible
Estudio «Impacto inversión en La Ruta de los Parques»: Por cada dólar invertido en los parques nacionales de la Patagonia, seis retornan a la economía local
Reporte elaborado por Fundación Rewilding Chile y la consultora McKinsey da cuenta del aporte económico de los parques nacionales de la Ruta de los Parques de la Patagonia, proyectando que para el año 2030, cada dólar de inversión pública generará aproximadamente USD 8,6 en ingresos para las comunidades locales.
Un reciente estudio titulado «Impacto inversión en La Ruta de los Parques» da cuenta que la conservación de la naturaleza, a través de la visita a áreas protegidas, representa un importante motor para el desarrollo socioeconómico regional. Así lo demuestra el informe elaborado por Fundación Rewilding Chile y la consultora McKinsey, por cada dólar que el Estado invirtió en los parques nacionales de la Ruta de los Parques de la Patagonia en 2024, ingresaron USD 6 directamente a las comunidades locales.
“Estos datos son de suma relevancia, porque confirman que los parques nacionales son una inversión para el país, y no un gasto”, comenta Carolina Morgado, directora ejecutiva de Rewilding Chile. Y agregó que además de su enorme valor ecológico y belleza escénica, “la Ruta de los Parques de la Patagonia es una oportunidad real de desarrollo económico para la macrorregión de la Patagonia”.
El reporte también entrega una proyección para 2030, señalando que por cada dólar de inversión pública destinado a las áreas protegidas de las regiones de Los Lagos, Aysén y Magallanes, el retorno en la inversión incremente a USD 8,6 en ingresos para las comunidades locales.

Jaime Szigethi, socio y director ejecutivo de McKinsey & Company Chile, explica que “este estudio entrega evidencia clave para tomar mejores decisiones de inversión, infraestructura y gestión en áreas protegidas. Además, muestra que la conservación de la biodiversidad no sólo tiene valor ambiental, sino también económico, al generar actividades locales vinculadas al turismo de naturaleza y convertirse en un motor de desarrollo para los territorios”.
El estudio cruza la visita, estadía y el gasto promedio diario de turistas nacionales e internacionales a los parques nacionales de la Ruta de los Parques, con el presupuesto asignado al Servicio Nacional de Áreas Silvestres Protegidas (SNASPE) entre 2015 y 2024, en base a información oficial de Sernatur, el Banco Central y la Ley de Presupuestos, además de una encuesta elaborada específicamente para el análisis.
La subsecretaria de Turismo, María Paz Lagos, destacó que “los parques nacionales son uno de los grandes activos estratégicos de Chile. Este estudio muestra con claridad que invertir en conservación, infraestructura y servicios turísticos de calidad genera retorno económico directo para las comunidades locales. El turismo es una forma muy efectiva para la conservación y el desarrollo de las comunidades locales. Como Gobierno, queremos que nuestras áreas protegidas sean motores de desarrollo regional, empleo e inversión, siempre resguardando su valor natural y cultural”.
Según cifras de Sernatur, durante 2024 los parques de la Ruta alcanzaron un récord histórico de aproximadamente 560 mil visitantes, lo que representa un aumento del 15,3% respecto a los niveles previos a la pandemia. Si bien los parques recibieron una proporción similar de turistas nacionales e internacionales, 53% y 47% respectivamente, los visitantes extranjeros aportaron el 72% de los USD 155 millones de ingresos generados.
Esto se explica porque el turista internacional tiene una estadía más prolongada y un mayor nivel de gasto: mientras el visitante extranjero gasta un promedio de $93.159 pesos chilenos diarios, el residente nacional destina alrededor de $39.133 pesos por día. Actualmente, el Parque Nacional Torres del Paine lidera este impulso económico, generando cerca del 90% de los ingresos totales de la Ruta gracias a su alta afluencia internacional.
El director nacional de Sernatur, Cristóbal Benítez, confirma que, “según los últimos datos disponibles en Data Turismo, el 59,1% de los visitantes que ingresa a Chile por vía aérea declara que la naturaleza es uno de los principales atributos que motivó la elección del país como destino de vacaciones”.
Para escalar este inmenso potencial y consolidar a Chile como un destino líder en conservación mundial, el estudio entrega recomendaciones, destacando la necesidad de convertir la conservación en un activo central de la marca país, diversificar las fuentes de financiamiento de las áreas protegidas y articular el potencial del Sistema de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP). Asimismo, se enfatiza en la necesidad de contar con datos sólidos para futuros análisis, ya que actualmente estos se encuentran fragmentados en distintas instituciones, dificultando la disponibilidad y acceso a la información.
Leer el estudio acá.
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Medio Ambiente
Calculan en más de 30 mil nuevos empleos los que se generarán por proyectos aprobados durante primeros meses de gobierno.
La ministra del Medio Ambiente, Francisca Toledo, enfatizó que agilizar los procesos de evaluación ambiental no implica, en ningún caso, rebajar los estándares ambientales.
El Ministerio del Medio Ambiente informó que, entre el 11 de marzo y el 30 de junio de 2026, el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) aprobó 97 proyectos a través de comisiones de evaluación ambiental y Comité de Ministros. Estas iniciativas declaran una demanda de mano de obra superior a las 30.353 personas, considerando sus etapas de construcción y operación.
Del total de proyectos, 86 ingresaron por Declaración de Impacto Ambiental (DIA) y 11 por Estudio de Impacto Ambiental (EIA), sumando una inversión conjunta de US$16.984 millones. La fase de construcción concentra 16.467 empleos declarados, mientras que la de operación suma 13.886.
La ministra del Medio Ambiente, Francisca Toledo, destacó que uno de los pilares de su gestión es la agilización de los procesos de evaluación ambiental, lo que tiene un impacto directo en las personas. «Este esfuerzo se traduce en más y mejores oportunidades laborales para las familias chilenas. Los 97 proyectos aprobados entre marzo y junio representan más de 30 mil empleos en construcción y operación de estas iniciativas. Destrabar proyectos, con seriedad y respetando la normativa ambiental vigente, se traduce en generar empleo real para Chile», afirmó.
La secretaria de Estado enfatizó que agilizar los procesos de evaluación ambiental no implica, en ningún caso, rebajar los estándares ambientales. «Rigurosidad y rapidez no son objetivos contrapuestos. Los proyectos aprobados en estos cuatro meses de gobierno pasaron por el proceso de evaluación ambiental que exige la ley. Esa es la única forma de impulsar un desarrollo verdaderamente sostenible», sostuvo.
Al analizar los datos por sector productivo, el rubro Inmobiliario presenta la mayor demanda de mano de obra, con 7.507 personas, destacando el proyecto «Ampliación Mall Plaza El Trébol», en la región del Biobío. Le sigue el sector de Infraestructura Hidráulica, con 5.035 empleos declarados, donde sobresale la iniciativa «Aguas Marítimas», en la región de Antofagasta. En tercer lugar se ubica la categoría Otros, con 3.743 empleos, que incluye el proyecto «Instituto Nacional de Neurocirugía», en la Región Metropolitana.
A nivel regional, y sin considerar la Región Metropolitana —que lidera con 8.023 empleos declarados—, la región del Biobío concentra la segunda mayor demanda de mano de obra, con 6.244 personas, impulsada por la «Ampliación Mall Plaza El Trébol». La región de Antofagasta le sigue con 5.026 empleos, gracias en parte al «Sistema de Almacenamiento de Energía Águila Mora». En tercer lugar aparece Valparaíso, con 4.809 empleos declarados, entre los que destaca el «Puerto Exterior de San Antonio». La región de O’Higgins también registra cifras relevantes, con 2.156 empleos, asociados al proyecto «Planta Fotovoltaica Lolol».
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Desarrollo Sostenible
Turberas de Cabo Froward almacenan hasta 3 veces más carbono que los bosques del sector
Un estudio pionero de Rewilding Chile y la Universidad de Chile cuantifica el volumen de carbono almacenado en el poco estudiado ecosistema boscoso del último rincón del continente americano, dentro del cual las turberas milenarias son las que más contribuyen a mitigar los efectos del cambio climático.
Se sabe que las turberas -formadas por capas y capas de materia orgánica muerta comprimida a lo largo de los siglos en condiciones de frío, humedad y falta de oxígeno- son grandes almacenadoras de carbono, pero poco se conoce de lo que realmente almacenan en el último rincón del continente americano: Cabo Froward, en la Península de Brunswick, región de Magallanes.
Una investigación pionera realizada por el Programa de Restauración de Ecosistemas Subantárticos de Rewilding Chile, en colaboración con especialistas de la Universidad de Chile, cuantificó por primera vez el almacenamiento de carbono por las turberas de Cabo Froward. El resultado superó las expectativas: a partir de muestras recolectadas en terreno, se constató en laboratorio que guardan un promedio de 1.647 toneladas por hectárea, es decir, tres veces más que los bosques del mismo sector, que almacenan en promedio 536,2 toneladas por hectárea.
“No hay ninguna duda de que las turberas ocupan el primer lugar entre todos los reservorios de carbono del mundo. Lo que no sabíamos es que, dentro del grupo, las turberas patagónicas superan en contenido a las turberas de climas templados del norte del país y que incluso se asemejan más a las que están presentes en ecosistemas tropicales, ya que estas almacenan cerca de 1.600 toneladas de carbono por hectárea”, explica Jaime Hernández, director del Laboratorio de Geomática y Ecología del Paisaje de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza, Universidad de Chile.

Hernández había investigado reservorios de carbono en todo el país, excepto las de Cabo Froward, que lo sorprendieron por su buen estado. “Son ecosistemas completos, aún bastante salvajes. Están protegidas por la acumulación de agua y la misma microtopografía del sector, con poca intervención humana, a diferencia de otras zonas del país donde la explotación comercial del “pompón” ha estado permitida para la agricultura”, señala.
En paralelo, la investigación caracterizó por primera vez la morfología de la cobertura vegetacional del área entre San Nicolás y Bahía Cordés, lo que abarca el parche terrestre continuo de la Península de Brunswick donde está Cabo Froward. La superficie está formada por poco más de 52.000 hectáreas de bosque y unas 53.000 hectáreas de turberas, con capacidad para acumular entre ambas 115 millones de toneladas de carbono, aproximadamente.
“Estos hallazgos son relevantes porque nos confirman que los ecosistemas boscosos subantárticos son unos eficientes reservorios naturales de carbono y, por lo tanto, verdaderos tesoros para contrarrestar los efectos de la crisis climática. No solamente eso: albergan biodiversidad, contienen información sobre cómo era el ambiente hace miles de años y son fundamentales para mantener el equilibrio ambiental”, comenta Ingrid Espinoza, directora de Conservación de Rewilding Chile.
Respecto a la metodología, se combinó cartografía de alta definición con trabajo de campo, lo que permitió determinar con exactitud cuánto carbono por unidad de volumen hay en un punto determinado, dato que hasta ahora no se conocía.
El primer paso fue identificar y clasificar las coberturas vegetales presentes en el área mediante el análisis de imágenes satelitales. Tras ello, se realizaron dos expediciones para medir in situ la materia orgánica viva que está por encima del suelo y tomar muestras de suelo y turberas a distintas profundidades en más de 200 sitios definidos. Una vez reunido el material, se envió al Laboratorio Ventura Matte de la Universidad de Chile para establecer el porcentaje de carbono presente. Actualmente, el equipo de investigadores está finalizando una publicación científica sobre los resultados y la metodología utilizada.

Para resguardar estos territorios únicos, Rewilding Chile impulsa junto al Estado Chileno la creación de un parque nacional en Cabo Froward. “Mientras que en otras regiones se lucha por restaurar ecosistemas degradados, aquí se conserva un sistema intacto que podría desempeñar un rol crucial en la mitigación del cambio climático y que por lo tanto urge proteger”, agrega Ingrid Espinoza.
No es la primera vez que la fundación estudia el almacenamiento de carbono en la Patagonia. En 2019, en alianza con National Geographic Society, se calculó el almacenamiento de carbono de los 17 parques nacionales de la Ruta de los Parques de la Patagonia, determinando su relevancia como uno de los sumideros de carbono más ricos de Sudamérica.
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Desarrollo Sostenible
Ministerio del Medio Ambiente inicia proceso de actualización de Guía de Delimitación y Caracterización de Humedales Urbanos
Entre el 18 de junio y el 10 de julio estará abierto el periodo de información pública en que personas naturales y jurídicas pueden participar de este proceso enviando sus antecedentes y observaciones.
El Diario Oficial publicó este jueves la resolución exenta N° 02720/2026 que da inicio al proceso de actualización de la Guía de Delimitación y Caracterización de Humedales Urbanos de Chile.
Este instrumento, que entrega orientaciones técnicas para la delimitación y caracterización de humedales urbanos en base a los criterios de régimen hidrológico, vegetación hidrófita y suelos hídricos, fue elaborada por el Ministerio del Medio Ambiente, con apoyo del Proyecto GEF Humedales Costeros en 2022, según lo mandatado en el Reglamento de la Ley de Humedales Urbanos de 2021.
Así, a cinco años de la entrada en vigencia de la Ley, este proceso busca actualizar los lineamientos metodológicos contenidos en esta guía con el objetivo de fortalecer el estándar técnico de los procesos de reconocimiento de dichos ecosistemas acuáticos. “El objetivo es que los humedales urbanos que se declaren cuenten con un respaldo técnico y jurídico que garantice su protección efectiva”, explicó Martín Becker, jefe de la División de Recursos Naturales y Biodiversidad del Ministerio del Medio Ambiente.
La actualización de este instrumento representa un fortalecimiento del rigor técnico y científico exigido para la delimitación de estos ecosistemas tras la experiencia adquirida estos últimos cinco años. “De esta manera, podremos avanzar en otorgar mayor claridad y certezas a los actores interesados y reducir los niveles de conflictividad en este tipo de procesos”, agregó Becker.
Detalles de la actualización
La actualización de la guía busca incorporar mayor claridad y precisión para la revisión de los parámetros de hidrología, vegetación hidrófita y suelos hídricos en la declaración de humedales urbanos.
Además, estandariza el uso de herramientas tecnológicas actuales, como sistemas de información geográfica (SIG) y teledetección (imágenes satelitales), para que los procesos y sus respectivos expedientes, levantados tanto por el Ministerio de Medio Ambiente como por los Municipios a lo largo del país, sean más precisos y verificables.
Junto con lo anterior, se busca también estandarizar las metodologías y el uso de herramientas de medición en terreno para asegurar un levantamiento de datos más homogéneos y comparables a nivel nacional.
Apertura de periodo de Información Pública
El proceso de actualización de la Guía de Delimitación y Caracterización de Humedales Urbanos inicia con un periodo de Información Pública que estará vigente desde el 18 de junio hasta el 10 de julio de 2026.
Durante este periodo, cualquier persona natural o jurídica, como los Municipios, pueden presentar los antecedentes que estimen pertinentes para la actualización de la guía. Dichas observaciones, junto a la respectiva respuesta por parte del Ministerio del Medio Ambiente, conformarán un expediente público que estará disponible para su exhibición electrónica.
La información puede ser presentada a través del siguiente correo electrónico: [email protected], o bien, por escrito, en las Secretarías Regionales Ministeriales del Medio Ambiente correspondientes al domicilio del interesado.
Publicación en Diario Oficial
https://www.diariooficial.interior.gob.cl/publicaciones/2026/06/18/44478/01/2825079.pdf
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