Medio Ambiente
¿Por qué los plásticos tardan siglos en degradarse?
La ubicuidad del plástico ha redefinido la producción y el consumo en el siglo XXI, consolidándose como un pilar insustituible de la vida moderna. Su versatilidad, bajo coste y durabilidad lo han catapultado a ser el material predilecto en una miríada de sectores, desde la medicina y la construcción hasta la electrónica, transformando nuestra relación con los objetos cotidianos, la mayoría, plásticos.
Sin embargo, esta misma durabilidad, que lo hizo tan atractivo, es ahora el núcleo de una crisis ambiental. La producción anual de más de 350 millones de toneladas métricas de plástico ha generado un volumen de residuos masivo, del cual solo una pequeña fracción se recicla. Esta desproporción ha llevado a una acumulación alarmante en ecosistemas terrestres y marinos, donde estos materiales persisten por décadas, e incluso siglos. La creciente dependencia del plástico plantea un desafío crítico: conciliar su innegable utilidad con la urgente necesidad de mitigar sus devastadores efectos medioambientales.
Propiedades químicas del plástico: ¿Qué los hace tan duraderos?
La durabilidad excepcional de los plásticos radica en su estructura química. Estos materiales están compuestos principalmente por polímeros, que son largas cadenas de moléculas formadas por unidades repetitivas llamadas monómeros. La resistencia del plástico proviene no solo del tamaño de estas cadenas moleculares, sino también de los fuertes enlaces químicos que las mantienen unidas.
Los enlaces covalentes en los polímeros proporcionan una estabilidad significativa. A diferencia de los enlaces más débiles que se encuentran en materiales naturales, los enlaces covalentes requieren una cantidad considerable de energía para romperse, lo que dificulta su degradación. Además, muchos plásticos contienen estructuras moleculares de “dobles enlaces” que hacen que sean aún más resistentes frente a agentes externos como la luz solar, el agua o los microorganismos.
Otra propiedad clave es la hidrofobicidad de los plásticos. La mayoría de estos materiales no absorben agua, lo que les permite resistir procesos de degradación hídrica que afectan a muchas sustancias orgánicas. Asimismo, los plásticos suelen incorporar aditivos químicos, como estabilizantes y retardantes, diseñados para proteger el material de la oxidación, los rayos ultravioleta y otros factores ambientales, lo que extiende aún más su vida útil.
En términos comparativos, materiales orgánicos como la madera o el algodón se descomponen rápidamente porque sus estructuras son biodegradables y más vulnerables a procesos naturales. Los plásticos, sin embargo, carecen de componentes fácilmente descomponibles por las enzimas que utilizan los microorganismos del medio ambiente.
Esto explica por qué los plásticos persisten durante tanto tiempo en el entorno. La combinación de enlaces químicos fuertes, hidrofobicidad y aditivos protectores contribuye a su notable resistencia química y a su larga vida útil en ecologías naturales y manufacturadas.
Factores ambientales que influyen en la degradación de los plásticos
Los plásticos, debido a su estructura molecular, son altamente resistentes a los procesos naturales de degradación. Sin embargo, diversos factores ambientales pueden influir en la velocidad a la que se deterioran, afectando sus características físicas y químicas. Estos factores no garantizan una rápida descomposición, pero sí condicionan el proceso a lo largo del tiempo.
Factores climáticos
- Exposición a la luz solar: La radiación ultravioleta (UV) proveniente del sol juega un papel importante en la fotodegradación de los polímeros plásticos. Este proceso puede debilitar las cadenas moleculares, haciéndolas más susceptibles a acciones físicas y químicas.
- Temperaturas extremas: El calor puede acelerar la oxidación de los plásticos, mientras que el frío extremo puede endurecerlos, haciendo que se fracturen mecánicamente con mayor facilidad. Ambas situaciones alteran la estructura superficial del material.
Presencia de humedad
La cantidad de humedad en el ambiente impacta la degradación de ciertos plásticos. En ambientes marinos, por ejemplo, el contacto continuo con agua salada puede producir una erosión gradual. Sin embargo, la humedad por sí sola no es suficiente para descomponer completamente la mayoría de los plásticos.
Impacto biológico
Algunos microorganismos, como bacterias y hongos, poseen enzimas capaces de descomponer ciertos plásticos, aunque este proceso es notoriamente lento. Las condiciones ambientales deben ser óptimas para estimular la actividad microbiológica que afecta los polímeros.
Factores físicos
- Viento y abrasión: El movimiento constante del viento y el contacto con partículas abrasivas pueden desgastar la superficie de los plásticos, fragmentándolos en microplásticos.
- Cambios de presión: En el caso de plásticos presentes en ambientes submarinos, la presión puede causar deformaciones físicas relevantes.
Aunque diversos factores contribuyen parcialmente a la degradación de los plásticos, su resistencia inherente y la falta de sistemas naturales suficientemente efectivos hacen que se necesiten siglos para una descomposición completa.
Diferencias entre plásticos biodegradables y no biodegradables
Los plásticos biodegradables y no biodegradables se distinguen principalmente por su capacidad para descomponerse a través de procesos naturales. Estas diferencias radican tanto en su composición química como en los impactos que generan en el medio ambiente.
Composición química
- Plásticos biodegradables: Están fabricados con materiales derivados de recursos naturales como el almidón, maíz o caña de azúcar. Estos polímeros tienen estructuras que las bacterias y microorganismos pueden descomponer fácilmente a través de procesos biológicos en condiciones específicas.
- Plásticos no biodegradables: Se producen a partir de derivados del petróleo, como el polietileno o polipropileno. Su estructura molecular es extremadamente resistente a la acción de microorganismos, lo cual dificulta su descomposición.
Tiempo de descomposición
Los plásticos biodegradables necesitan un periodo más corto para degradarse, que puede variar entre meses y algunos años, siempre y cuando se encuentren en condiciones adecuadas de temperatura, humedad y microorganismos. En contraste, los plásticos no biodegradables pueden tardar cientos de años en descomponerse completamente y, a menudo, se desintegran en microplásticos que persisten en el ambiente.
Impacto ambiental
- Biodegradables: Representan una alternativa más sostenible, ya que minimizan la acumulación de desechos y permiten la transformación de sus residuos en compost o energía orgánica.
- No biodegradables: Generan contaminación persistente, afectan la vida marina y terrestre, y su eliminación requiere procesos complejos como el reciclaje o la incineración, los cuales también tienen sus limitaciones.
La elección y uso de cada tipo de plástico tienen un papel fundamental en la gestión de residuos y la preservación de los ecosistemas. Entender sus diferencias ayuda a tomar decisiones más conscientes y responsables.
Impacto ecológico de la lenta descomposición del plástico
La persistencia del plástico en el medio ambiente genera una serie de consecuencias negativas para los ecosistemas terrestres y marinos. Debido a su composición química, los plásticos pueden tardar entre 500 y 1,000 años en degradarse completamente, lo que perpetúa su acumulación constante en variados entornos naturales. Este largo período facilita su fragmentación en partículas cada vez más pequeñas, conocidas como microplásticos, que representan uno de los mayores riesgos ecológicos actuales.
Uno de los principales efectos se manifiesta en la vida marina. Animales, como tortugas, aves y peces, ingieren plásticos al confundirlos con alimentos, lo que puede obstruir sus sistemas digestivos, provocar malnutrición o incluso la muerte. En cadenas alimenticias más complejas, los microplásticos ingresan a los organismos de todos los niveles tróficos, afectando la biodiversidad y llegando a los seres humanos por medio del consumo de alimentos contaminados.
Los ecosistemas terrestres también enfrentan impactos, particularmente en suelos agrícolas. Los plásticos utilizados en actividades agrícolas, como mantos de polietileno, pueden descomponerse en partículas diminutas, alterando las propiedades del suelo, como su capacidad para retener agua o la biodiversidad microbiana que es esencial para su salud. Esto amenaza la productividad de los cultivos a largo plazo.
Asimismo, la amenaza se extiende a las fuentes de agua potable. Fragmentos plásticos contaminan los ríos y reservorios subterráneos, impactando no solo a la fauna y flora local, sino comprometiendo el acceso a agua limpia para millones de personas. La lenta degradación del plástico no solo agrava problemas ya existentes, sino que crea desafíos de contaminación duradera que obligan a repensar urgentemente la gestión de residuos y el diseño de materiales alternativos.
Fuente/Ambientum
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Medio Ambiente
Innovación e ingeniería: Claves para reducir las emisiones de CO₂ en Chile
En el Día Mundial por la Reducción de las Emisiones de CO₂, Arcadis, líder mundial en consultoría e ingeniería, reafirma su compromiso con acelerar la transición hacia economías bajas en carbono, integrando sostenibilidad, innovación e ingeniería desde las etapas más tempranas del desarrollo de proyectos. En un contexto donde la acción climática se ha convertido en un desafío estratégico para sectores productivos clave del país, la compañía impulsa soluciones que permiten reducir emisiones sin comprometer eficiencia ni competitividad.
La propuesta de valor de la multinacional neerlandesa se basa en un enfoque integral que incorpora la sostenibilidad como un criterio estructural del diseño y la toma de decisiones, más que como un elemento correctivo. Desde la orientación de las infraestructuras según la luz solar, la selección de materialidades de menor impacto, hasta la eficiencia energética y el uso optimizado de recursos, los proyectos son concebidos desde su origen con altos estándares de sostenibilidad y técnicos.

Alexandra Belaúnde D., directora de Ventas de Arcadis Chile y Perú y Máster en Gestión Ambiental de la Universidad Politécnica de Madrid.
“Ingeniería, sostenibilidad e innovación son dimensiones inseparables al momento de abordar los desafíos climáticos actuales. Pensar los proyectos desde su concepción con criterios ambientales es hoy una condición básica para generar valor de largo plazo”, enfatiza Alexandra Belaúnde Doyharcabal, directora de Ventas de Arcadis Chile y Perú y Máster en Gestión Ambiental de la Universidad Politécnica de Madrid.
Operaciones más sostenibles y competitivas
En el mercado local, Arcadis impulsa proyectos que integran inteligencia artificial, automatización y simulaciones predictivas para optimizar diseños, anticipar impactos y reducir la huella de carbono desde las fases iniciales de planificación. Estas herramientas permiten evaluar múltiples escenarios, mejorar el desempeño energético y tomar decisiones informadas en contextos complejos, donde la sostenibilidad y la eficiencia operativa deben avanzar de manera simultánea.
Este enfoque responde a una visión donde la reducción de emisiones deja de ser un objetivo aislado para convertirse en un componente transversal del ciclo de vida de los proyectos. La ingeniería, apoyada en datos y tecnología, se posiciona como un habilitador clave para avanzar hacia infraestructuras más resilientes, eficientes y alineadas con las crecientes exigencias regulatorias y sociales.
“El uso de datos, simulaciones y modelos avanzados permite reducir incertidumbres, optimizar recursos y avanzar hacia soluciones más eficientes desde el punto de vista energético y de emisiones, agrega Belaúnde.
Alianzas estratégicas para la descarbonización
La ejecutiva destaca que las empresas cumplen un rol fundamental en la reducción de las emisiones de CO₂ y que avanzar hacia economías bajas en carbono requiere de alianzas estratégicas que acompañen este proceso de transformación. En ese sentido, Arcadis busca posicionarse como un socio estratégico para sus clientes, apoyando iniciativas de eficiencia energética, adopción de energías renovables y descarbonización, alineando desempeño ambiental, viabilidad económica y cumplimiento normativo.
A nivel corporativo, la compañía también avanza en la reducción de sus propias emisiones, en coherencia con su compromiso Net Zero al 2035. Este avance se materializa a través de la optimización del consumo energético en oficinas, el uso de electricidad proveniente de fuentes renovables cuando está disponible, una gestión más eficiente de los viajes y el fortalecimiento de la recopilación y análisis de datos de su cadena de valor, consolidando una toma de decisiones climáticas basada en evidencia.
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Medio Ambiente
El plástico es inevitable, su desperdicio no
El plástico forma parte de nuestra vida cotidiana porque reúne cualidades muy útiles. Es ligero, resistente, resulta barato de producir y puede emplearse en una enorme variedad de productos. Sin embargo, su propio éxito se ha convertido en su condena. La producción masiva, sumada a una gestión deficiente y a su lentitud para degradarse, ha diseminado residuos plásticos por todos los rincones del planeta.
La Unión Europea produce cada año más de 2 200 millones de toneladas (Mt) de residuos, de los cuales el plástico representa una fracción pequeña. Sin embargo, el hecho de que prácticamente toda la población genere a diario residuos plásticos hace que su impacto sea muy visible y difícil de gestionar, especialmente en el caso de los envases, cuyo uso efímero dispara la tasa de residuos.
Rastrear cuánto plástico emitimos al medio es difícil debido a la falta de datos globales homogéneos. Si nos centramos en Europa (Unión Europea junto con Suiza, Noruega y el Reino Unido), donde las estadísticas son más consistentes, nos encontramos una producción de polímeros de origen fósil destinados a plásticos de algo más de 40 Mt.
Los datos más recientes disponibles indican que el volumen de residuos plásticos canalizado anualmente a través de los sistemas oficiales de recogida asciende a las 32,3 Mt, de las cuales aproximadamente la mitad se incinera y una cuarta parte acaba en vertederos. Tras descontar mermas, exportaciones y los residuos que regresan realmente al ciclo productivo, queda un desfase de más de 20. Entre 8 y 10 de esas Mt podrían corresponder a plástico acumulado en bienes duraderos que aún no se han convertido en residuo, como edificios o vehículos que seguimos utilizando. Sin embargo, aún restando eso, quedan entre 11 y 13 Mt anuales sin explicar.

La conclusión lógica es que ese es, precisamente, el plástico que se está filtrando al medio ambiente. Son los residuos que escapan de los sistemas de tratamiento de aguas residuales, los microplásticos que se emiten por desgaste de neumáticos, las fibras textiles que desprende nuestra ropa o la basura arrastrada por las lluvias hacia los ríos. Como sucede con cualquier otra actividad, es imposible reducir a cero nuestro impacto. Pero el modelo actual tiene fugas masivas y contenerlas es viable, aunque exige cambios estructurales en la forma en que usamos y gestionamos este material.
Los límites del reciclaje y el reto del diseño
El reciclaje de plásticos se enfrenta a barreras económicas, logísticas y técnicas. El factor económico es fácil de identificar. Sin considerar impuestos, el coste del plástico virgen es menor que el de la granza reciclada, además de ofrecer mayor calidad. Las limitaciones logísticas se refieren a la carencia de infraestructuras, algo que afecta especialmente a regiones en desarrollo, donde el plástico a menudo ni siquiera llega a los circuitos de recuperación.
Las limitaciones técnicas se deben a que la mayoría de los productos están diseñados para ser funcionales, no para ser reciclados. El uso de materiales complejos, colores oscuros que los sensores no detectan o la presencia de etiquetas y adhesivos, provocan que una gran parte del material se descarte. Incluso en el que sí se recupera, la mezcla de resinas incompatibles impide volver a fabricar el mismo producto.
Un caso paradigmático son los films alimentarios multicapa, estructuras flexibles formadas por la unión de dos o más capas de materiales para conservar alimentos frescos, congelados o envasados al vacío. La imposibilidad de separar sus distintas láminas obliga a transformarlos en productos de bajo valor, como mobiliario urbano, sin retorno posible al circuito de envases.

Sustituir el plástico por vidrio o metal podría parecer una solución. Sin embargo, esta estrategia tiene riesgos, ya que son materiales con una huella de carbono e hídrica superior. Además, en sectores críticos como el sanitario o el alimentario, el plástico es insustituible para garantizar la asepsia y la conservación de alimentos. La eliminación de usos innecesarios o la elección de plásticos biodegradables en sustitución de los convencionales en ciertos usos son soluciones viables, aunque limitadas.
Las múltiples ventajas del ecodiseño
La vía más eficaz es el ecodiseño, que integra el fin de vida desde la concepción del producto. Esto implica priorizar la reutilización (envases retornables) y la durabilidad para minimizar residuos, además de reducir materia prima sin perder funcionalidad. Ejemplo de ello son las botellas de PET, que han rebajado su peso hasta un 50 % gracias a mejoras de diseño y moldeo. Frente a la difícil reciclabilidad de productos como los briks, en los que solo se recupera la fibra de papel, el diseño para el desmontaje (Design for Disassembly o DfD) facilita separar materiales puros.
El ecodiseño también busca minimizar la liberación de microplásticos durante el uso. En el sector textil, priorizar tejidos densos y fibras largas reduce su desprendimiento en el lavado. En los neumáticos, el reto es disminuir la emisión de partículas debido a la abrasión, un desafío creciente debido al aumento del peso de los vehículos. Este enfoque preventivo se refuerza con el Reglamento (UE) 2023/2055, que prohíbe microplásticos añadidos intencionadamente en productos como cosméticos, detergentes o fertilizantes.
Por último, es crucial evitar aditivos peligrosos, en línea con el Reglamento REACH de la Unión Europea. La diversidad de sustancias químicas añadidas a los polímeros es inmensa, abarcando miles de compuestos, muchos de ellos con un perfil toxicológico incompleto o desconocido. Dado que estos aditivos pueden migrar durante su vida útil y su extracción posterior es inviable, resulta indispensable actuar preventivamente desde la fase de diseño.
En definitiva, y puesto que el reciclaje actual no logra contener la fuga masiva de residuos plásticos y la sustitución directa tiene límites prácticos y ecológicos, la solución pasa necesariamente por el ecodiseño. Solo repensando los productos desde su origen, priorizando durabilidad, desmontaje y seguridad, podremos cerrar razonablemente el ciclo del plástico y minimizar su impacto ambiental.
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Medio Ambiente
El novedoso modelo de “antivertedero” que debutó en el sur de Chile y que proyecta duplicar su capacidad al 2026
Con su planta ubicada en Puerto Varas está transformando la gestión de residuos mezclados en Chile. La empresa REMAP desarrolló un modelo de negocio que recupera hasta un 50% de los desechos que tradicionalmente se entierran sin tratamiento.
Un modelo que reduce la carga de basura que termina en los rellenos sanitarios es el que está impulsando REMAP, el primer “antivertedero” del país. Lo que realiza la compañía es recibir a los camiones basureros, abrir sus cargas, separar el material que podría tener una nueva vida -como cartones, plástico o papel- y, con ello, derivar hasta un 50% menos del material a los vertederos.
“Lo que hacemos es justo lo contrario a un relleno sanitario. No enterramos sin clasificar: limpiamos, separamos, trituramos y derivamos a valorizadores. Así, convertimos la basura en valor y damos trazabilidad al cliente”, explica Juan Pablo Marín, cofundador y gerente general de REMAP.
En otras palabras: son una solución intermedia en donde toman las cargas, separan lo que se puede recuperar como cartones, papeles, plásticos y otros; reduciendo el contenido que llega los rellenos sanitarios incluso en la mitad.
Desde el inicio de operaciones, la planta ha escalado de cero a 4.500 m³ procesados al mes. A la fecha, ha valorizado más de 12.000 m³ de residuos, lo que equivale a evitar que unos 600 camiones lleguen a vertederos. En 2024, su volumen creció 60% respecto a 2023, y proyecta duplicar esa capacidad en los próximos dos años.
Su modelo de negocio se basa en contratos con empresas y municipios, quienes encuentran en REMAP una alternativa concreta para reducir sus costos de transporte, disminuir superficie de patios de residuos y externalizar la clasificación con trazabilidad documental y visual. “Somos una herramienta para mejorar la eficiencia y dar cumplimiento a la regulación. No reemplazamos lo que ya hacen en origen, pero sí podemos recuperar parte importante de lo que hoy termina en la basura”, señala Marín.
Uno de los casos más significativos es el de Ancud, comuna que durante años enfrentó una grave crisis de residuos por no contar con un relleno sanitario propio. La basura debía ser enviada a más de 800 km, lo que implicaba dos días por camión. Desde que trabaja con REMAP, ese tiempo se redujo a medio día, lo que permitió cuadruplicar la capacidad de retiro y limpiar completamente la ciudad en dos semanas. Además, se recuperó un 10% del volumen total como material valorizable.
“Gracias a REMAP pudimos resolver un problema estructural de más de seis años. El cambio en la logística fue radical: hoy optimizamos recursos, aumentamos la frecuencia de retiro y podemos hacer gestión con datos. No solo sacamos la basura: ahora también sabemos qué estábamos enterrando”, destaca el alcalde de Ancud, Andrés Ojeda.
La planta, ubicada en Puerto Varas, requirió una inversión de US$ 2 millones, financiada completamente con capital de los socios. Aunque no se proyecta levantar financiamiento externo en el corto plazo, sí existen conversaciones para replicar el modelo en otras regiones.
REMAP no busca competir con los rellenos sanitarios ni con los recicladores, sino integrarse como un eslabón clave en la cadena de gestión de residuos: aquel que aborda la fracción que no se segregó en origen, que está contaminada o que llega mezclada. En esa etapa crítica, dicen, es donde hay más pérdidas y también más oportunidades.
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Desarrollo Sostenible
Día Mundial de los Humedales: Guardianes olvidados de nuestro planeta
Día Mundial de los Humedales, un recordatorio urgente de estos ecosistemas subestimados: pantanos, manglares, turberas y lagunas que cubren solo el 6% de la superficie terrestre, pero sostienen el 40% de la biodiversidad global.
Imagina un mundo sin ríos que fluyan limpios, sin aves migratorias surcando el cielo ni costas protegidas de tormentas furiosas. Eso es lo que nos espera si ignoramos los humedales. Cada 2 de febrero celebramos el Día Mundial de los Humedales, un recordatorio urgente de estos ecosistemas subestimados: pantanos, manglares, turberas y lagunas que cubren solo el 6% de la superficie terrestre, pero sostienen el 40% de la biodiversidad global.
Su historia: De un tratado visionario a una llamada global
Todo comenzó en 1971 con la Convención de Ramsar, firmada en la ciudad iraní de Ramsar por 18 naciones. Preocupados por la pérdida acelerada de estos hábitats —el 35% ya ha desaparecido desde 1970—, crearon el primer tratado ambiental moderno. En 1997, la Conferencia de la COP3 lo declaró Día Mundial, impulsado por la UNESCO. Hoy, 172 países protegen 2.500 sitios Ramsar, cubriendo 256 millones de hectáreas. En Chile, humedales como el Salar de Atacama o el estero de Ñipas son joyas nacionales, vitales para nuestra megadiversidad andina.
Importancia y beneficios ambientales: Los superhéroes invisibles
Los humedales son filtros naturales: purifican el agua absorbiendo contaminantes como nitratos y metales pesados, reduciendo en un 50-90% la polución de ríos. Almacenan carbono —las turberas guardan el doble que todos los bosques juntos—, combatiendo el cambio climático. Protegen costas de erosión y tsunamis (los manglares atenúan olas en un 66%), recargan acuíferos y albergan especies clave: el 75% de peces comerciales dependen de ellos. Para nosotros, humanos, significan agua potable, alimentos y turismo sostenible —en América Latina, generan millones en economías locales.
Ventajas y oportunidades: Un futuro verde al alcance
Pros: Alta resiliencia climática, bajo costo de restauración (hasta 10 veces más barata que infraestructuras grises), multifuncionales (biodiversidad + mitigación de desastres) y potencial económico (pesca, ecoturismo). Oportunidades abundan: restaurar 350 millones de hectáreas globales podría secuestrar 200 gigatoneladas de CO2 para 2050, según la ONU. En Chile, proyectos como la recuperación del humedal El Yali crean empleos verdes y fortalecen la resiliencia ante sequías.
Desventajas y contras: No todo es idílico
Contras: Emisiones de metano en turberas anegadas (hasta 100 veces más potentes que el CO2, aunque neto positivo), riesgo de enfermedades como malaria en zonas tropicales, y conflictos de uso: agricultura y urbanismo los drenan por su suelo fértil. La salinidad complica la explotación, y su fragilidad ante sequías (como en Chile por el cambio climático) los hace vulnerables. Gestionarlos requiere inversión continua, y la pérdida anual del 1% global urge acción inmediata.
En resumen, este día no es solo conmemoración: es una invitación a actuar. Proteger humedales es invertir en nuestro futuro —barato, efectivo y vital. ¿Y tú? Visita un humedal cercano, apoya políticas locales o restaura uno en tu comunidad.
El planeta te lo agradecerá.
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Desarrollo Sostenible
Humedal El Bato es declarado oficialmente Humedal Urbano en Quintero
Hasta la comuna de Quintero llegó la ministra del Medio Ambiente, Maisa Rojas, para oficializar la declaración del Humedal El Bato como Humedal Urbano, convirtiéndose en el número 146 del país protegido bajo la Ley N°21.202.
Se trata de un ecosistema de alto valor ambiental que protege una superficie de 2,28 hectáreas y cumple un rol fundamental tanto ecológico como social, al resguardar la biodiversidad local y ofrecer un espacio para la educación ambiental, la recreación y el encuentro de la comunidad con la naturaleza.
La declaratoria pone en valor el proyecto de conservación desarrollado en un contexto territorial complejo, al interior del predio que alberga la Planta de Lubricantes de Copec, en una zona históricamente marcada por la actividad industrial. La protección de este ecosistema es resultado del trabajo conjunto que desde 2020 llevan adelante Copec y Fundación Kennedy, junto a la Municipalidad de Quintero, consolidando un modelo de conservación que combina gestión ambiental, ciencia y vinculación activa con la comunidad.
“Como Ministerio estamos muy contentos de declarar El Bato como Humedal Urbano, el tercero de la comuna de Quintero. Es un pequeño humedal, pero un verdadero refugio dentro de una zona industrial, con una biodiversidad muy importante, que ayuda a regular el ciclo hidrológico, actuando como una esponja cuando llueve, evitando inundaciones y bajando la temperatura. Además, que este humedal esté dentro de las instalaciones de Copec, es una demostración muy relevante de la importancia de la coordinación, colaboración y las alianzas entre el sector público-privado para proteger nuestro patrimonio natural”, señaló la ministra del Medio Ambiente, Maisa Rojas.
“En Copec creemos que ser parte de Chile implica una responsabilidad con los territorios y las comunidades donde operamos. Por eso, desde 2020 asumimos el compromiso de recuperar y proteger el Humedal El Bato, entendiendo que la sostenibilidad exige una mirada integral y de largo plazo. Este proyecto demuestra que la actividad industrial y la protección de la biodiversidad pueden coexistir cuando hay planificación, ciencia y colaboración público-privada, y hoy nos enorgullece que este esfuerzo se traduzca en la reconocimiento oficial de El Bato como Humedal Urbano,” expresó Alfredo Jalón, Gerente de Operaciones y Logística de Copec.
«Para Fundación Kennedy, los significativos avances en la recuperación del Humedal El Bato son un claro ejemplo de la sinergia posible. Este proyecto demuestra con contundencia que industria y conservación no solo pueden, sino que deben ir de la mano, generando un impacto positivo tangible tanto en la biodiversidad como en el bienestar de la comunidad. La clave ha sido un trabajo colaborativo ejemplar que ha permitido restaurar un ecosistema vital dentro de un predio industrial, protegiendo su riqueza natural y creando espacios de conexión con la naturaleza para todos. Es un modelo a seguir,» comentó Denis Kennedy, Presidente de Fundación Kennedy.
Sobre Humedal El Bato
El Humedal El Bato alberga 178 especies registradas hasta 2025, incluyendo flora endémica, fauna nativa y macrohongos. Entre ellas se destacan: Lagarto de Zapallar (Liolaemus zapallarensis), Ratón Oliváceo (Abrothrix olivacea), Petra (Myrceugenia exsucca), Crepidotus brunswickianus y Toromiro (Sophora toromiro), así como una recientemente avistada bandurria (Theristicus melanopis).
Desde 2020, el proyecto ha logrado avances relevantes en la conservación del humedal, manteniendo su superficie y funcionalidad ecológica pese a estar emplazado en una zona de alta escasez hídrica, manejando las amenazas identificadas, como la presencia de flora y fauna exótica. Además, ha fortalecido la participación comunitaria, involucrando a más de 859 personas en actividades educativas, ambientales y recreativas, y capacitando a 21 personas, incluyendo trabajadores de la Planta de Lubricantes de Copec, en conservación y manejo de humedales.
Este ecosistema aporta servicios ecosistémicos fundamentales para la comunidad local, como la regulación del ciclo hidrológico, el control de inundaciones y la generación de espacios de educación ambiental y recreación.
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