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«SER SUSTENTABLE EN CHILE ES LUJO DE UNOS POCOS»

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Iván Poduje tiene un duro diagnóstico de Santiago: dice que la ciudad está estancada y le pone, como nota, un 4,6. Asegura que no hay proyecto y que sin una autoridad 100% a cargo de la metrópolis, estamos lejos de ver luz verde.

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A lo menos, nos quedan 20 años, dice. ¿Un buen modelo a imitar? El urbanista se la juega por Madrid. «This is a big mess. You have real trouble here”. La frase viene de un académico norteamericano que, después de transitar por Santiago durante tres horas y caminar por los callejones de poblaciones de comunas desprovistas de turismo, le comentó al arquitecto Iván Poduje, su guía en esta excursión, que estaba impresionado.Iván-Poduje14

El recorrido se hace todos los años. Poduje imparte clases de urbanismo en la UC y es profesor invitado de la sede que la Universidad de Stanford tiene en Chile, por eso acostumbra llevar profesores y alumnos extranjeros a conocer el “Santiago real”.

El viaje, que se hace en bus, parte en Vespucio. Desde esa avenida ingresan a distintas comunas: transitan por Quilicura, Pudahuel, Cerro Navia y Maipú. Se detienen en algunos puntos específicos, como la plaza de Puente Alto, el paradero 14 de La Florida, la zona industrial de San Joaquín y Bajos de Mena. “Ustedes tienen un problema de segregación importante”, remató el gringo ese día.

Poduje coincide con el veredicto del profesor. “Los turistas que describen Santiago como una ciudad maravillosa sólo conocen las cinco mejores comunas. Ellos nunca ven el lado B”, indica.

– ¿Cómo describe usted Santiago?
Es una ciudad a mitad de camino. En 20 años avanzó en aspectos relevantes, como infraestructura y servicios; tenemos buenas autopistas, un buen sistema de agua potable, prácticamente no hay campamentos y, a pesar de las deficiencias del Transantiago, la red de transporte cubre la mayor parte de la ciudad. Pero en materia de equidad e integración, Santiago está al debe y eso me preocupa. Se estancó: hay déficit en innovación y planificación urbana. Nos llenamos de primeras piedras, de cortes de cintas… pero hoy no hay proyecto de ciudad.

– ¿Cuándo nos estancamos?
Hace 8 o 10 años, justo cuando se acortaron los períodos presidenciales. Entonces dejamos de invertir y planificar, no se hizo ninguna reforma sustantiva en gobierno metropolitano.

– ¿Qué propone? ¿Cuál cree usted que son las principales deficiencias de Santiago que hoy la alejan de la sustentabilidad?
Son cuatro grandes deficiencias. La primera es de gobernabilidad: Santiago es administrada por 6 ministros sectoriales y 37 alcaldes que no se coordinan. Se requiere urgente tener una autoridad metropolitana que tome decisiones. En segundo lugar, la inequidad. Hay siete comunas con buenos servicios, áreas verdes, buenos tiempos de viaje y calidad de espacios públicos; 15 municipios que están en la media, y otros 16 con carencias graves donde se han dejado de hacer parques y los espacios públicos no se mantienen. También las viviendas sociales han tenido una mala vejez, se han formado guetos en el poniente de Quilicura, sector Parinacota…hay problemas en La Granja, San Bernardo, sector Los Morros, Puente Alto, Bajos de Mena. Esta ciudad está avanzando de manera muy dispareja.

– ¿El tercero y cuarto?
La contaminación y el transporte. Hoy hay una discusión absurda en torno a buses y metro, ¡pero lo que aquí nos falta es innovación y hacer la pérdida con el Transantiago! Necesitamos una malla de transporte interconectada mucho más diversa, basada en el metro, que tenga 3 o 4 trenes que conecten con la periferia y servicios de buses urbanos hacia Lampa, Colina, Melipilla. Tenemos que construir el tren expreso a Rancagua, con estaciones en Pedro Aguirre Cerda y Lo Espejo, crear al menos 4 líneas adicionales de metro, una red de tranvía que complemente los buses, hacer teleféricos, circuitos peatonales, ciclovías que conecten las estaciones de metro y los centros de empleos. Esto tiene que ir acompañado de infraestructura, para que los buses puedan andar más rápido. Pero estas avenidas especiales deben diseñarse en armonía con el entorno, porque hoy hay 70 km de vías segregadas de buses que han destruido los barrios.

– ¿Se puede ser sustentable con pocos recursos?
No. El ingreso promedio familiar es 1 millón de pesos en Santiago; en 5 comunas es de 3,5 millones y en 20 comunas, es de 600 mil. En ésas no hay posibilidad de ser sustentables. Con el poco presupuesto que manejan esos municipios deben pagar sueldos, gastos en administración, además de educación y salud municipal… Lo que sobra, con suerte puede destinarse a una campaña de reciclaje o áreas verdes. En la vereda contraria está Vitacura que, a mi juicio, es la comuna más sustentable de Santiago. Tiene 22 m2 de áreas verdes por habitante, mientras que el promedio en Santiago es de 4,5 m2; y de 2 m2 en la zona sur… Y eso se logra con buena gestión, pero también con recursos: todos pagan contribuciones, permisos de edificación, de circulación. Y la realidad de la capital es muy distinta: casi el 75% de viviendas no paga contribuciones. En las comunas vulnerables tampoco se recauda por patentes comerciales ni de circulación… Entonces es muy difícil que comunas como Pedro Aguirre Cerda, El Bosque, Lo Espejo, logren dar el salto.

– Ser sustentable es un lujo entonces…
Hoy día sí, ser sustentable en Chile es lujo de unos pocos por el sistema de financiamiento que tenemos, incluso con el Fondo Común Municipal, cuyo fin es la redistribución de los ingresos para apoyar a las comunas de menores recursos. Pero la distribución es tan insignificante, que es muy difícil que Santiago rompa este patrón de inequidad.

– Has comunas ricas que tampoco pasan la prueba en algunas materias: me refiero a reciclaje, iluminación, transporte, por ejemplo.
Pero para ese grupo objetivo las campañas funcionan: hace un par de años se hizo una campaña muy exitosa de cambio de ampolletas. Pero se acaba la propaganda y retrocedemos… Falta cultura y mentalidad. Es muy difícil implementar estrategias grandes sin apoyo del Estado. Para cambiar la cultura y tener conciencia de los puntos limpios, guías de tratamiento de residuos, no basta con poner un aviso en la tele. Y hasta que no haya una autoridad metropolitana que ponga en agenda los temas de ciudad, Santiago nunca va a dar el salto. Los ministros de Estado hoy velan por la nación y los alcaldes ponen en carpeta los asuntos de sus propios municipios, pero ¿quién pone sobre la mesa los temas que involucran a todos los municipios? Casi nadie.

– ¿La Intendencia de Santiago?
No tiene las atribuciones ni los recursos para hacerlo. Aunque Claudio Orrego está tratando de plasmar un proyecto estratégico para Santiago, juntando iniciativas de alcaldes y ministerios, lo cierto es que tiene un presupuesto que es igual al de la municipalidad de Las Condes. Se necesitan más recursos, más atribuciones que se las tienen que quitar a los ministros y a los municipios. Él está encabezando un proyecto que pretende recuperar 4 cerros islas y convertirlos en parques, tipo San Cristóbal: ahí hay estrategia. Eso nos hace bien. Es lo que dice Alejandro Aravena: que la ciudad necesita proyectos que motiven a las personas, que entreguen una visión de futuro. Coincido cuando el ex Presidente Ricardo Lagos dice que nos falta voluntad política para hacer las cosas que hay que hacer y tomar decisiones difíciles. Porque todos los proyectos van a tener conflictos, y no te puedes paralizar por ellos y por dejar contentos a unos. Hay que asumir los problemas, saber encauzarlos y así avanzar.

– ¿Las exigencias de las comunidades juegan a favor del desarrollo?
Los proyectos mejoran cuando participan las comunidades. El riesgo es que los proyectos se bloquean cuando los perjudicados son una minoría y no consideran el bienestar de otros, que no tienen la capacidad ni tiempo para patear la mesa. Cuando las autoridades toman decisiones en respuesta a los que patean la mesa más fuerte, estamos en problemas. Providencia llegó a ese extremo.

– ¿A qué se refiere?
Teniendo cuatro líneas de metro y siendo la segunda comuna más rica de la capital, los vecinos pidieron al Estado que les financie una nueva estación, en Eliodoro Yáñez, a pesar de que aquello signifique dejar de hacerlo en otra comuna más pobre. La alcaldesa (Josefa Errázuriz) se hizo parte de la movilización, con pancartas en mano y eso me parece incomprensible. Entonces, quién resuelve esas controversias. Nadie. ¿Cómo alega el alcalde de Quilicura que no tiene metro? ¿Paraliza la carretera? ¿Levanta pancartas que digan: “nosotros nos oponemos a una nueva estación en Eliodoro Yáñez porque queremos tener conexión a metro?” ¿Es necesario que los vecinos de Quilicura salgan a las calles a recordar: “vivimos en una comuna que tiene 3 autopistas, 200 mil habitantes que nos demoramos una hora en cada viaje, y no tenemos Metro”?

– Hace un mes, Providencia congeló permisos de construcción para edificios en altura…
Más de la mitad de la gente quiere vivir en departamentos y 2/3 quiere estar en comunas centrales. Y como no es deseable que todo el crecimiento se vaya hacia la periferia, hay que equilibrarlo. Pero los municipios están impidiéndolo. Entonces, se está produciendo un fenómeno peligroso: se están congelando comunas que tienen muchos atributos para la ciudad. Es lo que se llama Frozen City. Y un ejemplo, nuevamente es Providencia, pero también ocurre en Ñuñoa y Santiago sur. Como las inmobiliarias no han hecho esfuerzos por hacer mejores proyectos, los alcaldes han modificado los planos reguladores y se impide la construcción en altura y que llegue más gente a vivir ahí.

Los barrios rojos

– ¿Qué pasa con los barrios donde sí se acepta el desarrollo de proyectos? ¿Quedan postergados?
Hay inversiones que la ciudad necesita hacer y que son menos agradables. Ésas caen en las comunas donde los alcaldes y vecinos tienen menor influencia. Por ejemplo, en Til Til. Ahí hay dos vertederos, plantas faenadoras de cerdos, relaves mineros… Y a nadie le importa un carajo. No llegan los rostros de los matinales a atender ese problema. Entonces se generan zonas rojas con todo lo que nadie quiere tener cerca. Me refiero a Renca con la termoeléctrica que funciona ahí a toda máquina, Quintero, las zonas industriales molestas de Quilicura, Cerrillos, las autopistas invasivas y sin parques de Lo Espejo, La Granja… Incluso el metro pasa por un viaducto en las comunas con menos ingresos y se hunde en las con altos ingresos. Debiera ser prioritario hundir el tren en Lo Espejo y levantar un parque ahí, como se hará en Vitacura y Las Condes por Vespucio Oriente. Pero en Chile operamos al revés. Donde más se necesita mejorar, ponemos las autopistas sin parques, las industrias, los trenes que segregan y los corredores de buses que destruyen barrios como Santa Rosa, Departamental, Pedro Aguirre Cerda. Otras comunas jamás lo hubieran permitido.

– ¿Qué propone?
Distribuir las actividades de manera más equitativa y que se haga inversión por mitigación y compensación de los impactos. El tren expreso que va a Rancagua debiera ir hundido y tener un parque. Cuesta 200 millones de dólares más, pero mejora la calidad de vida. Se debe hacer un sistema de ordenamiento territorial para prever dónde se van a emplazar las centrales de energía para que no sólo se protejan los lugares con paisajes bonitos. Los barrios rojos concentran todo lo malo porque sus vecinos tienen micrófonos más chicos y son menos influyentes.

– ¿Debieran llegar a Vitacura? ¿O lo correcto es que esas zonas se mantengan pseudo intocables?
No debieran haber proyectos invasivos en zonas altamente pobladas. Pero sí debiera haber corredores de buses ahí, tal como ocurre en las zonas más populares. No está bien que en zonas rurales se instalen todas las industrias contaminantes y ninguna medida de compensación para que puedan salir adelante.

– Vecinos de Vitacura ahora rechazan la extensión de Costanera Sur. ¿Cuál es su diagnóstico frente a este asunto? Usted asesora al alcalde.
Efectivamente, participamos en un plan maestro que propone consolidar un parque fluvial de 8 km que suma 12 hectáreas de áreas verdes nuevas para Vitacura, entre los puentes San Francisco y Américo Vespucio. El parque contempla un ciclo paseo, miradores, 2.000 árboles nuevos y la calzada pendiente de la Costanera Sur planificada hace 54 años. En ese punto se produce la controversia, ya que vecinos de 40 edificios del sector Lo Gallo no quieren que se haga esta calzada pendiente.

Madrid, el referente

– ¿Cuál es la ciudad que más admira?
No existen ciudades perfectas. Salvo para los turistas. Cuando viajas, todas son perfectas. Lo mismo pasa con los que viajan a Santiago.

– ¿Qué ciudad debiéramos mirar como referente?
Dejando de lado el contexto y su historia, la región metropolitana de Madrid es similar a Santiago por tamaño (tenemos 7 millones de habitantes) y forma. Santiago es como era Madrid en los ‘80. Debiéramos mirar en particular su sistema de transporte, que tiene 12 líneas de metro, 10 de trenes, 3 metros ligeros, muchos parques, inversión en barrios marginales y una alcaldía con atribuciones. A nivel latinoamericano, pienso que Medellín se ha transformado en un ícono porque invirtieron en sectores segregados: hicieron 3 líneas de teleférico, 2 líneas de metro, tranvías, corredores de buses… un sistema bastante más diversificado, a pesar de que es mucho más pobre y con menos población que nosotros. Pero en Chile no hay decisión política de invertir para integrar los barrios marginales. Además, hoy el foco está en educación.

– ¿Eso es malo para el desarrollo de la ciudad?
El debate en Chile se ha puesto monotemático. Si se ponen los huevos en la misma canasta, vamos a seguir con 30 municipios ultra segregados y con unos liceos de lujo, pero no sé quién va a querer vivir ahí. Tiene que haber un trabajo en conjunto. Pero muchos políticos son unidimensionales: les cuesta caminar y mascar chicle a la vez. Sobre todo a los más jóvenes. Piden universidad gratuita para todos, incluyendo a los más ricos…pero vamos a seguir con los guetos en San Bernardo. ¿Tiene lógica que eso ocurra?

– La prioridad es invertir en educación, porque es la “ficha” que garantiza el desarrollo…
El urbanismo no es un tema de belleza ni estética. Los parlamentarios creen que es así. La verdad es que la segregación urbana tiene una fuerte incidencia en la movilidad social. La autoridad tiene que entenderlo. Me parece preocupante esta simplificación del debate, como decía Carlos Peña. Mi tesis es que estos parlamentarios no conocen estas zonas periféricas, porque nadie que conozca los contrastres sociales de nuestra ciudad podría sugerir dar educación gratis a los alumnos de Las Condes sin arreglar este problema primero. Y la segregación es un tema político. Nos sobran políticos y alcaldes que se dejen llevar por el populismo, que no quiebran huevos…

– ¿Se le ocurre un nombre de alcalde para las comunas más complicadas?
Muchos de nosotros, los urbanistas, podríamos ser alcaldes.

– ¿Le interesaría?
Sí… (Se detiene) Nunca me había dado cuenta de que, efectivamente, me interesaría trabajar en política.

– ¿Postularía a Lo Espejo, por ejemplo?
No, porque es difícil hacer algo ahí hoy desde el municipio. Se requieren comunas que tengan algún tipo de potencial, como lo hizo Undurraga en Maipú, o Johnny Carrasco en Pudahuel. No postularía a una comuna en el barrio alto tampoco. Me gustaría hacerlo en regiones.

– ¿Hay alguna autoridad que se destaque por su cuidado con la ciudad?
Es muy difícil que vuelva un presidente como Lagos y que considere que las ciudades son uno de los cinco temas del futuro. No recuerdo uno de ese nivel.

– ¿Piñera hizo una buena gestión?
No, fue normal. Salvo el parque Renato Poblete, no hay un legado de su gobierno que pudiera admirar. Lo que hizo Lagos en el Barrio Cívico en La Moneda, es un proyecto de verdad. De Bachelet destaco el GAM; de Frei las infraestructuras, aunque ahí nuevamente tuvo mucho que ver Lagos. De Aylwin destaco los parques en comunas populares.

– ¿Cuándo será sustentable Santiago?
Nos faltan unos 20 años, será tarea de cuatro gobiernos. Lo importante es que empecemos ya. Pero si seguimos en esta modorra de la primera piedra, esta inercia de sólo pintar fachadas, de plantar arbolitos…el plazo se aleja. El gobierno anterior pensaba que los parques se levantaban plantando un arbolito por chileno… Así no se hacen los parques. Así no salimos de la inequidad.

– ¿Qué nota le pone a Santiago en materia sustentable?
Depende mucho del sector. En las siete comunas del centro oriente la nota sería un 6,5 y ahí viven 1,2 millones. A las 12 comunas que están en la media, le pondría un 5, y viven 2,6 millones, mientras que en las 16 comunas vulnerables la evaluación cae a 3,4 con 2,7 millones de habitantes. El promedio ponderado por población, te da un 4,6. Como ves, a mitad de camino. •••
Por María José López

 Fuente/capital
www.facebook.com/ChiledesarrollosustentableCDS
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Polinizadores en peligro: POR QUÉ LAS ABEJAS SON FUNDAMENTALES

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Sin este proceso, muchos ecosistemas perderían diversidad y la agricultura sostenible sería mucho más difícil. En los últimos años, la disminución de poblaciones de polinizadores ha generado preocupación científica y social por sus consecuencias ambientales, económicas y alimentarias.

Los polinizadores son animales que facilitan el traslado de polen entre órganos reproductivos de las plantas. Las abejas son las más conocidas, pero no son las únicas. Muchos insectos silvestres cumplen funciones clave en bosques, praderas, huertos y cultivos. La polinización puede parecer un proceso pequeño, pero sostiene redes ecológicas complejas y contribuye a la estabilidad de los ecosistemas.

Las abejas destacan por su eficacia y constancia en la visita a flores. Existen abejas melíferas gestionadas por apicultores y muchas especies silvestres que polinizan plantas nativas y cultivos. Su trabajo mejora el rendimiento, la calidad y la diversidad de alimentos. Frutas, hortalizas, frutos secos y semillas dependen en mayor o menor medida de este proceso. Proteger a las abejas significa proteger la biodiversidad y la seguridad de la alimentación humana, ya que muchos productos ricos en vitaminas y micronutrientes dependen de ellas. Su pérdida simplificaría drásticamente la oferta alimentaria y afectaría la calidad nutricional global.

  • Biodiversidad y equilibrio ecológico: Los polinizadores ayudan a mantener la diversidad vegetal. Si disminuyen, muchas plantas producen menos semillas y frutos, lo que afecta a aves, mamíferos e insectos que dependen de ellas. Esta pérdida altera las cadenas alimentarias y reduce la resiliencia de los ecosistemas.
  • Agricultura sostenible: La producción agrícola necesita polinizadores sanos. Aunque algunos cultivos se polinizan por el viento, muchos mejoran notablemente con la actividad de insectos. La presencia de setos, flores silvestres y hábitats naturales cerca de los campos puede aumentar sus poblaciones y reducir la dependencia de insumos externos, integrando naturaleza y producción de forma resiliente.

Las principales amenazas para los polinizadores son la pérdida de hábitat, el uso intensivo de pesticidas, la contaminación, las especies invasoras, las enfermedades y el cambio climático. La simplificación del paisaje agrícola reduce su alimento y refugio, mientras que las olas de calor y cambios estacionales desincronizan la floración con la actividad de los insectos.

Para mitigar el impacto químico, reducir pesticidas no significa abandonar la protección de cultivos, sino aplicar un manejo integrado de plagas. Este enfoque combina prevención, monitoreo y control biológico, recurriendo al uso químico solo cuando es estrictamente necesario. Así se protege la producción y se reduce el daño sobre insectos beneficiosos.

Para recuperar sus poblaciones, es vital diseñar paisajes favorables que combinen refugios, agua, ausencia de químicos peligrosos y una diversidad floral durante todo el año. Los monocultivos extensos ofrecen alimento durante periodos muy cortos y luego se convierten en desiertos ecológicos; en cambio, los setos, márgenes, praderas y pequeños bosques proporcionan continuidad temporal y espacial con flores de distintas formas adaptadas a diferentes insectos.

  1. En el campo: Los márgenes florales, la rotación de cultivos y la reducción de agroquímicos favorecen su recuperación rápida, conectando espacios verdes y hábitats naturales dispersos.
  2. Ciudades como refugio: Los entornos urbanos pueden convertirse en microhábitats valiosos si se gestionan parques, balcones y solares con criterios ecológicos. Praderas floridas, hoteles de insectos bien diseñados, la reducción de siegas excesivas y la eliminación de herbicidas permiten crear una red ecológica que complementa a los hábitats naturales.

Los ciudadanos pueden apoyar a los polinizadores mediante jardines con flores diversas, la compra de alimentos sostenibles y el apoyo a la apicultura responsable. Por su parte, las empresas agrícolas y alimentarias deben incorporar criterios de biodiversidad en sus cadenas de suministro, mientras que las administraciones públicas tienen la obligación de facilitar políticas que protejan hábitats y regulen sustancias perjudiciales.

Para saber si estas medidas funcionan, se requiere continuidad mediante la investigación y el seguimiento científico. Los indicadores de recuperación —como la presencia de más flores, mariposas, abejas silvestres y frutos en plantas nativas— deben evaluarse con monitoreos científicos de abundancia y diversidad. Los conteos de insectos y análisis de hábitats aportan datos esenciales para ajustar políticas agrícolas y urbanas, evitando que los esfuerzos se queden en acciones simbólicas de temporada.

Los polinizadores, especialmente las abejas, son fundamentales para la biodiversidad, los ecosistemas y la agricultura sostenible. Su declive no es un problema aislado, sino una señal de deterioro ambiental generalizado. Protegerlos exige cambiar la gestión del territorio, reducir presiones químicas y recuperar hábitats. Cuidar a los polinizadores es cuidar la base natural de muchos alimentos y de la vida en el planeta.


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DÍA MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE

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Desde su inicio en 1974 ha servido para encender debates y sembrar iniciativas: escuelas que plantan árboles con alumnos, barrios que organizan limpiezas de ríos, pequeñas empresas que cambian plásticos por materiales reutilizables. Esos actos, aunque modestos, son el pulso de una transformación mayor.

Su importancia radica en poner en la agenda pública desafíos ambientales transversales: contaminación atmosférica y de aguas, pérdida de biodiversidad, degradación de suelos, residuos y la crisis climática. Al concentrar campañas temáticas anuales y designar países anfitriones, el Día facilita la coordinación entre gobiernos, ONG, sector privado y comunidades locales, amplificando mensajes y recursos.

Históricamente, la conmemoración nació tras la creciente conciencia ambiental de los años 60–70 y las primeras conferencias internacionales que vinculaban desarrollo y ambiente. Desde entonces, ha ayudado a catalizar acuerdos, normativas y comportamientos —por ejemplo, campañas de reducción de plásticos, restauración de ecosistemas y promoción de energías limpias— que, aunque insuficientes, muestran el potencial de acción conjunta.

Los beneficios concretos para el planeta y el desarrollo sostenible incluyen: aceleración de políticas públicas ambientales; mayor financiamiento y prioridad para proyectos de conservación y infraestructura verde; impulso a la transición energética y eficiencia energética; y fortalecimiento de economías locales basadas en servicios ecosistémicos.

Para el cambio climático, la celebración funciona como instrumento de educación y presión política para reducir emisiones, promover adopción de renovables y fomentar prácticas de mitigación y adaptación. En biodiversidad, concentra esfuerzos de protección de hábitats, monitoreo de especies y estrategias de manejo sustentable que reducen pérdidas genéticas y servicios ecosistémicos esenciales (polinización, regulación hídrica, control de plagas).

Imagen de Łukasz Winiarski en Pixabay

La eficiencia energética recibe atención a través de campañas de consumo responsable, etiquetado, incentivos para renovación de flotas y edificaciones más eficientes, y fomento de tecnologías como iluminación LED, bombas de calor o edificios de consumo casi nulo. Estas acciones reducen demanda, emisiones y costes económicos.

Sin embargo, no todo es lineal: las oportunidades incluyen visibilizar soluciones escalables, atraer inversión verde, empoderar comunidades y promover innovación tecnológica y educativa. Las desventajas o límites son la temporalidad del impacto (muchas campañas quedan en acciones puntuales), el riesgo de “ecoblanqueo” por parte de empresas, la desigualdad en capacidad de respuesta entre países y la brecha entre discurso público y políticas vinculantes. Para maximizar beneficios se requieren seguimiento, metas cuantificables, transparencia en financiamiento y alianzas multisectoriales que traduzcan sensibilización en transformaciones estructurales.

En 2026, el lema del Día Mundial del Medio Ambiente es: «Un llamamiento mundial a la acción climática». Este año, el Día Mundial del Medio Ambiente se centra en el cambio climático y en las señales que nos envía el planeta. El Programa de Naciones Unidas por el Medio Ambiente nos llama a actuar #PorElClimaYa.

Cada año, un país se convierte en anfitrión y organizador del Día Mundial del Medio Ambiente. La República de Azerbaiyán será el país anfitrión del mayor evento por el medio ambiente del mundo.

 La Tierra ya nos está hablando. Y lo hace con temperaturas récord, incendios más feroces, tormentas extremas y glaciares que desaparecen frente a nuestros ojos.

Durante años dijimos que limitar el calentamiento global a 1,5 °C era clave para evitar los peores impactos del cambio climático. Hoy, ese umbral está peligrosamente cerca de ser superado. Y cada décima de grado cuenta.

El cambio climático no es una amenaza futura: está redefiniendo la vida en todo el planeta.

El #DíaMundialDelMedioAmbiente 2026 nos recuerda que todavía estamos a tiempo de cambiar el rumbo. La Tierra nos está enviando señales. La pregunta es: ¿qué señal vamos a enviar nosotros?

Súmate a la campaña global de ONU Medio Ambiente y actúa #PorElClimaYa. Porque proteger el planeta también es proteger nuestra salud, nuestras comunidades y nuestro futuro.

En el marco de la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente se deben centrar los esfuerzos en motivar a las personas y comunidades, para que se conviertan en agentes activos del desarrollo sostenible y de protección del medio ambiente.

Es por ello que se invita a las personas a mejorar sus hábitos de consumo. A las empresas a desarrollar modelos más ecológicos. A los gobiernos a proteger las zonas salvajes. A los profesores a educar en valores naturales. A los jóvenes a alzar la voz por el futuro del planeta. La protección del medio ambiente requiere del apoyo de todos.

Imagen de Ralf Ruppert en Pixabay

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LA HUELLA QUE DEJA EL LITIO DE LAS BATERÍAS EN LOS OCÉANOS

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Su imagen está asociada a un futuro limpio y descarbonizado. Sin embargo, como ocurre con muchos avances tecnológicos, su uso masivo plantea una pregunta incómoda: ¿qué ocurre con el litio cuando acaba en el medio ambiente, especialmente en el mar?

Estudios recientes realizados con organismos marinos muestran que este metal, considerado durante mucho tiempo poco problemático, puede dejar una huella biológica relevante en los ecosistemas marinos, incluso a concentraciones similares a las que ya se detectan en la naturaleza.

A diferencia de otros metales ampliamente estudiados, como el mercurio o el plomo, el litio no suele figurar en los listados clásicos de contaminantes ambientales. Su impacto ecológico ha recibido mucha menos atención. Sin embargo, su producción se ha disparado en las últimas décadas y su tasa de reciclaje sigue siendo baja

Gran parte del litio acaba en vertederos o se libera a través de aguas residuales, que los sistemas de depuración no eliminan eficazmente. Esto facilita que alcance ríos, estuarios y océanos. En condiciones naturales, las concentraciones de litio en el agua de mar son bajas. Pero en zonas con fuerte presión humana o cerca de explotaciones mineras se han registrado valores notablemente más altos.

La cuestión es si estas concentraciones, sin ser letales, pueden afectar a la salud de los organismos marinos a largo plazo. Para disipar dudas, distintos estudios han utilizado especies clave de la cadena trófica marina, como copépodos, erizos de mar, quisquillas, mejillones o poliquetos. Su diversidad en estrategias alimentarias y fases del ciclo vital permite evaluar mejor los efectos del contaminante en diferentes niveles del ecosistema.

El litio no siempre provoca efectos inmediatos o visibles. En muchos casos, las concentraciones actuales no causan mortalidad masiva en los organismos marinos, pero sí generan efectos subletales que pueden comprometer su salud a largo plazo.

En concreto, producen alteraciones en enzimas relacionadas con el estrés oxidativo, en procesos de detoxificación y en mecanismos asociados al sistema nervioso. Tal y como ya se ha visto en investigaciones anteriores y también en las nuestras, en embriones de erizo de mar, la exposición al litio puede ralentizar el desarrollo o inducir malformaciones, incluso cuando no se produce la muerte de los organismos.

El efecto del litio no depende únicamente de la concentración, sino también del tiempo de exposición. A medida que pasan las semanas, las respuestas biológicas se vuelven más intensas y afectan a niveles cada vez más complejos, tanto bioquímicos como enzimáticos, pasando por alteraciones celulares, hasta daños visibles en tejidos.

Cuando todos estos indicadores se analizan de forma conjunta, el resultado es claro: el estrés biológico aumenta de manera progresiva y sostenida. Es decir, exposiciones prolongadas a litio, incluso en niveles moderados, pueden generar efectos acumulativos.

Este tipo de impactos, menos evidentes pero persistentes, plantea un riesgo ecológico importante, ya que puede afectar a la reproducción, el crecimiento y la supervivencia de las especies. A largo plazo, los cambios pueden alterar el equilibrio de los ecosistemas y el funcionamiento de las cadenas tróficas.

Además, estos resultados cuestionan la idea de que todos los materiales asociados a la transición energética sean ambientalmente inocuos. El litio es indispensable para reducir las emisiones de carbono, pero su ciclo de vida completo —incluyendo su destino final— debe evaluarse con rigor.

Los estudios no apuntan a un riesgo inmediato de colapso de los ecosistemas marinos, pero sí lanzan una advertencia clara: el litio es un contaminante emergente que merece atención, seguimiento y regulación. Entender sus efectos a largo plazo, especialmente en combinación con otros factores como el calentamiento global o la exposición simultánea a múltiples contaminantes, será clave para avanzar hacia una transición energética completa.

Porque la transición no consiste solo en cambiar las fuentes de energía, sino en garantizar que las soluciones adoptadas no generen nuevos problemas ambientales.

El litio seguirá siendo esencial para el futuro energético. Pero su historia en los océanos aún se está escribiendo. Comprenderla a tiempo será fundamental para que la transición sea realmente sostenible.



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VERANOS INTERMINABLES E INVIERNOS MENGUANTES: ¿CÓMO DEFINIMOS AHORA LAS ESTACIONES?

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Uno de los elementos más visibles del cambio climático antropogénico (causado por el ser humano) es el aumento de la temperatura, que a su vez modifica la forma y extensión de las cuatro estaciones. ¿Las consecuencias? Veranos más largos, que se desplazan hacia la primavera y el otoño, inviernos más cortos, primaveras adelantadas y otoños retrasados.


Estudiar de manera precisa cómo, cuánto, a qué ritmo y con qué intensidad se están produciendo esos cambios y se proyecta que sucedan en el futuro tiene un interés enorme debido a sus numerosas consecuencias. No sólo para los ecosistemas naturales, sino en el consumo y gestión de la energía, el confort de la población o la alteración del ciclo anual y sus efectos.

El concepto o definición de verano o invierno es intuitivo y aparentemente sencillo. Sin embargo, definir y calcular de manera rigurosa y objetiva las estaciones resulta muy complejo; hay muchas sutilezas y matices a tener en cuenta. De hecho, no existe un consenso en la comunidad científica ni en los centros de estudio climático a la hora de determinarlo.

¿Cómo definimos un día de verano?

Existen múltiples formas de aproximarse a la definición de las estaciones, según el enfoque que se utilice. Por un lado está el astronómico o climático: desde la astronomía, se determina con los solsticios y equinocios, o desde la climatología, con periodos fijos de tres meses.

Estas definiciones son, por tanto, invariables. Así, el verano dura astronómicamente desde el 21 de junio al 21 de septiembre (con ligeras variaciones entre años). Y desde el punto de vista climático, corresponde a los meses de junio, julio y agosto.

No consuma noticias, entiéndalas.

Por otro lado, está la definición meteorológica o térmica. Determinar si un día concreto, más allá del calendario fijo, corresponde a condiciones de verano, otoño, invierno o primavera podría conseguirse a partir del comportamiento de su temperatura (media, máxima o mínima) diaria.

Así, una definición extendida entre la comunidad científica determina como día de verano aquel en el que la temperatura máxima supera los 25ºC. Este valor es un promedio muy global a nivel planetario. No obstante, resulta lógico que quienes viven en una zona de montaña, desértica o cerca de los polos o del ecuador no estén totalmente de acuerdo con que esa temperatura sea la que defina sus días de estío. Entre otros ejemplos, el servicio meteorológico sueco establece el comienzo de la estación a partir de 10ºC de temperatura media diaria.

Algunos trabajos proponen obtener el valor numérico en cada región a través de su promedio climatológico de temperatura (30-40 años más recientes), aunque no existe una propuesta general para la extensión de la zona y el periodo a emplear. En España, se ha estudiado tanto mediante medias de tres meses como a partir de la media entre junio y septiembre.

Además, está la posibilidad de emplear el percentil 75 de temperatura máxima o mínima o media. Suponiendo que las temperaturas evolucionan como una oscilación suave y homogénea a lo largo del año, dividiéndose en cuatro partes iguales el ciclo anual, ese percentil 75 correspondería al 25 % de los días más cálidos, es decir, los días de verano.

Existe otra propuesta interesante: analizar las estaciones a través de la distribución de frecuencias de la temperatura diaria en el año. Su forma es más o menos simétrica, con un máximo central (suma de días de primavera y otoño) y dos colas (verano e invierno). Los cambios proyectados por el calentamiento global tanto en el valor medio como en el ancho de esa distribución, que se muestran en los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), pueden ser útiles para estudiar cambios en las estaciones.

También existen trabajos que estudian las estaciones desde otras perspectivas muy distintas, como la fenológica: según el crecimiento de la vegetación y la floración. Como ejemplo ilustrativo, el cerezo japonés, con más de 1 000 años de datos, permite analizar la evolución estacional de la temperatura en escalas temporales enormes.

Si bien estos estudios son limitados en cuanto a su representatividad para grandes regiones, muestran de manera muy clara la conexión de los ecosistemas naturales y calentamiento global.

¿Cmo están cambiando las estaciones debido al calentamiento global?

Determinar el inicio y fin de una estación se vuelve una tarea más complicada si se tiene en cuenta que el cambio climático antropogénico está transformando los patrones. Múltiples estudios indican cambios muy significativos en la duración y extensión de las estaciones, y en particular del verano: más de un día por año de aumento en las últimas tres décadas en múltiples megaciudades (Sidney, Minneapolis, Tokio); incremento de al menos una semana en la mayor parte del hemisferio norte en las décadas recientes; o en torno a 2,5 días por década en Europa en los últimos 70 años.

Si ponemos el foco en España, los veranos de Castilla-La Mancha, por ejemplo, se han alargado 7 días por década de media en los últimos 40 años.

Estudiando las proyecciones futuras, los inviernos, definidos a partir de los valores del siglo XX, prácticamente habrán desaparecido en la península ibérica a finales del siglo XXI. A nivel global, cualquiera de las proyecciones de emisiones de gases de efecto invernadero obtienen veranos que duran en torno a 6 meses e inviernos de menos de 2.

El calentamiento global, por tanto, ya ha alterado de manera significativa las estaciones, en particular las más extremas (verano y el invierno). Entre las diferentes líneas de investigación, los expertos se están centrando en varios aspectos:

  • Estudiar de forma más detallada los ritmos de cambio a escala más local.
  • Analizar la sensibilidad de los cambios a los diferentes escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero.
  • Hacer más precisas las diferentes metodologías para estimar las estaciones, su variabilidad y consistencia.
  • Analizar mejor las estaciones como primavera y otoño, para conocer hasta qué punto se van a ver alteradas, acortadas, desplazadas o el paso de condiciones invernales a veraniegas y viceversa pueda ser más brusco.

Sólo profundizando en estos patrones se podrán precisar sus impactos y mejorar las medidas de adaptación en el contexto del cambio climático.

 


Fuente/The Conversation /Creative Commons
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UNA OLA DE CALOR MARINA MASIVA PROVOCÓ EL COLAPSO DE LOS ARRECIFES DE CORAL DEL CARIBE MUCHO MÁS RÁPIDO DE LO PREVISTO.

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Durante décadas, los arrecifes de coral de todo el Caribe han sufrido enfermedades, contaminación, sobrepesca y el aumento de la temperatura del mar, pero la mayoría ha seguido creciendo, hasta ahora.

 

En 2023 y 2024, las temperaturas superficiales alcanzaron máximos históricos en los océanos del mundo, y una ola de calor marina de duración e intensidad sin precedentes se extendió por los trópicos . Satélites de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU. detectaron estrés térmico que podría provocar el blanqueamiento de los corales en más del 80 % de las zonas de arrecifes del planeta .

Durante estos períodos de estrés extremo, los corales expulsan las algas simbióticas que les dan su color y la mayor parte de su alimento, lo que los vuelve completamente blancos y los deja vulnerables a la inanición, las enfermedades y, finalmente, la muerte .

En todo el Atlántico Norte , incluido el Caribe, el calor persistió durante meses, con un estrés térmico dos o tres veces mayor que el que los arrecifes habían experimentado jamás. El estrés térmico, fenómeno en el que las altas temperaturas ejercen presión sobre ecosistemas frágiles, puede alterar permanentemente su capacidad de funcionamiento.

Esto desencadenó lo que ahora se reconoce como el cuarto evento global de blanqueamiento de coral, el más grave que se ha documentado .

Blanqueamiento generalizado de los corales durante la ola de calor marina de 2023.

Los arrecifes de coral se encuentran entre los ecosistemas más productivos de la Tierra, y su importancia para las personas es fundamental. Alimentan a cientos de millones de personas a través de la pesca artesanal, son la base del turismo en todo el Caribe y sirven como rompeolas naturales que protegen la costa de las tormentas y reducen las inundaciones.

Los arrecifes del Caribe se están erosionando rápidamente.

En un nuevo estudio , descubrimos que en todo el Caribe, la ola de calor marina de 2023, combinada con una enfermedad mortal conocida como enfermedad de pérdida de tejido de coral pétreo, ha llevado a los arrecifes a superar un umbral que los científicos creían que estaría a una década o más de distancia. Ahora se están erosionando más rápido de lo que los corales pueden regenerarlos.

Estudiamos los arrecifes del Caribe mexicano y del Golfo de México, comparando los datos recopilados antes de la ola de calor (2018-2022) con los posteriores (2023-2024). En cada arrecife, contamos los corales vivos y los organismos que lo erosionan, como los peces loro y los erizos de mar. A partir de estos recuentos, estimamos la cantidad de formación de arrecifes (producción de carbonato) y de erosión (bioerosión), y luego calculamos el resultado neto: si el arrecife ganaba o perdía material.

Los resultados fueron contundentes: entre el 70 % y el 75 % de nuestros sitios en el Caribe pasaron de un crecimiento neto a una erosión neta. Ahora pierden carbonato de calcio más rápido de lo que los corales pueden agregarlo. El umbral que los modelos anteriores habían sugerido que podría superarse durante la próxima década ya se ha alcanzado .

Este cambio se debió a la pérdida de corales de rápido crecimiento, ramificados y formadores de placas, especialmente las especies de Acropora , que tienen tasas de crecimiento muy altas y contribuyen de manera desproporcionada a la formación de arrecifes.

Uno de nuestros hallazgos más preocupantes es que los arrecifes del Caribe que aún presentaban una alta cobertura de coral y una elevada producción de carbonato antes de la enfermedad y la ola de calor fueron los que más sufrieron pérdidas. Algunos perdieron hasta 8 kilogramos de carbonato de calcio por metro cuadrado al año.

Una historia de dos mares

Nuestro estudio también reveló un contraste sorprendente. Mientras que los arrecifes del Caribe colapsaron, los del Golfo de México se mantuvieron prácticamente intactos. La gran mayoría de los sitios del Golfo registraron un saldo positivo tras la ola de calor.

La diferencia radica en qué corales predominan en cada región. En el Golfo de México, los arrecifes están dominados por corales de crecimiento lento y forma de montículo. Crecen más lentamente, pero son más resistentes al calor. Sufrieron blanqueamiento durante la ola de calor, pero en su mayoría sobrevivieron, manteniendo así un balance positivo de carbonato en el arrecife .

Este es el equilibrio entre los procesos de construcción y erosión. Cuando se añade más de lo que se elimina, el arrecife de coral puede crecer. Cuando ese equilibrio se rompe, el arrecife deja de crecer e incluso puede erosionarse.

Imagen de Design Scape Studio en Pixabay

Además, los arrecifes del Golfo de México aún no se han visto afectados por la enfermedad de pérdida de tejido de los corales pétreos, que mata preferentemente a las mismas especies masivas y longevas que mantienen vivos los arrecifes del Golfo. Para cuando llegó el calor, gran parte del Caribe ya había perdido sus corales más resistentes debido al brote de la enfermedad . La ola de calor terminó lo que empezó.

Por qué es importante la erosión de los arrecifes

Todos los beneficios que proporcionan los arrecifes dependen de un delicado equilibrio entre la formación de arrecifes y la erosión.

Los arrecifes tropicales son esencialmente vastas estructuras de piedra caliza, construidas lentamente a lo largo de los siglos a medida que los corales depositan esqueletos de carbonato de calcio. Al mismo tiempo, las olas y diversos organismos del arrecife, como los peces loro, los erizos de mar y las esponjas perforadoras, los erosionan.

Un arrecife que se erosiona y se aplana comienza a perder su capacidad de proporcionar beneficios a otras especies y a las personas.

No esperábamos documentar el momento en que una importante región del océano pasara de crecer a erosionarse. El hecho de que ocurriera tan rápidamente, y en algunos de los arrecifes más emblemáticos y estudiados del Caribe, sugiere que los plazos que los científicos han estado utilizando podrían ser demasiado optimistas.

Nuestros hallazgos también podrían obligar a replantear la forma de abordar la restauración de los corales. En todo el Caribe, los programas han invertido mucho en la replantación de especies de coral ramificadas de rápido crecimiento, como Acropora , porque recuperan rápidamente su complejidad estructural. La ola de calor de 2023-2024 arrasó con muchas de estas poblaciones restauradas, además de las silvestres.

La restauración tendrá que diversificarse. Explorar enfoques como el intercambio de genes tolerantes al calor entre poblaciones (flujo genético asistido) y la cría de corales que sobrevivan mejor al calor (cría selectiva) podría ser una vía prometedora .

Pero la restauración por sí sola no será suficiente . Para revertir el declive se requieren reducciones drásticas de las emisiones de gases de efecto invernadero para disminuir la frecuencia e intensidad de las olas de calor marinas, junto con medidas locales contundentes contra la contaminación, la escorrentía de nutrientes, la sedimentación y las enfermedades, factores que debilitan a los corales antes de la llegada del calor.

 


Fuente/The Conversation/Creative Commons licence.
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