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Unidos en la Ciencia. El mayor informe realizado sobre el Cambio Climático
Las principales organizaciones científicas especializadas en el clima han unido fuerzas para producir un informe histórico para la Cumbre sobre la Acción Climática de las Naciones Unidas que han llamado “Unidos en la ciencia”, en el cual subrayan la preocupante y creciente brecha entre los objetivos acordados para abordar el calentamiento global y la situación real.
El informe Unidos en la Ciencia (en inglés) incluye detalles sobre el estado del clima y presenta tendencias en las emisiones y concentraciones atmosféricas de los principales gases de efecto invernadero. Asimismo, destaca la urgencia de una transformación socioeconómica fundamental en sectores clave como la energía y el uso de la tierra para evitar un aumento peligroso de la temperatura global, con impactos potencialmente irreversibles. También examina las herramientas para apoyar la mitigación y la adaptación al cambio climático.
“El informe proporciona una evaluación unificada del estado de nuestro sistema terrestre bajo la influencia creciente del cambio climático, la respuesta de la humanidad hasta el momento y las transformaciones de largo alcance que la ciencia proyecta para nuestro clima en el futuro. Los datos y hallazgos científicos presentados en el reporte representan la más reciente información autorizada sobre estos temas”, dijo el Grupo asesor de ciencias climáticas de la Cumbre sobre la Acción Climática del Secretario General de la ONU.
“El reporte destaca la necesidad urgente de desarrollar acciones concretas que detengan el calentamiento global y los peores efectos del cambio climático”, añadieron los científicos.
El grupo asesor está copresidido por el secretario general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), Petteri Taalas, y la antigua vicerrectora de la Escuela de Estudios Avanzados TERI Leena Srivastava, y está integrado por científicos naturales y sociales altamente reconocidos y respetados, con experiencia en diferentes aspectos del cambio climático, incluida la mitigación y la adaptación.
El informe, que fue coordinado por la OMM, tiene como objetivo exhibir de forma transparente lo último en el campo de la ciencia autorizada y aplicable.
La síntesis del reporte consta de breves resúmenes de las agencias contribuyentes: la OMM, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Global Atmosphere Watch, Global Carbon Project, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), Future Earth, Earth League y el Marco Mundial para los Servicios Climáticos. Este resumen se complementa con informes individuales más largos, presentados en un paquete al evento científico de alto nivel del 22 de septiembre y luego a los líderes mundiales en la Cumbre sobre la Acción Climática, el día 23.
Aspectos destacados del informe:
El clima mundial 2015-2019
OMM
El período de cinco años más cálido registrado
La temperatura promedio mundial de 2015 a 2019 está en camino a ser la más cálida de cualquier período equivalente jamás registrado. Actualmente se estima en 1,1 °C (± 0.1 ° C) por encima de la era preindustrial (1850–1900). Olas de calor generalizadas y duraderas, incendios récord y otros eventos devastadores como ciclones tropicales, inundaciones y sequías han tenido un gran impacto en el desarrollo socioeconómico y en el medio ambiente.
Disminución continua del hielo marino y la masa de hielo
La extensión del hielo marino en el verano del Ártico ha disminuido a una tasa de aproximadamente 12% por década de 1979 a 2018. Las cuatro mediciones más bajas de la extensión del hielo marino en invierno ocurrieron entre 2015 y 2019.
En general, la cantidad de hielo perdido anualmente en el manto de hielo antártico aumentó al menos seis veces entre 1979 y 2017. La pérdida de masa de glaciares en el período 2015-2019 es la más alta que en cualquier período de cinco años registrado.
El aumento del nivel del mar se está acelerando, los océanos se están volviendo más ácidos
La tasa observada de aumento medio del nivel del mar se aceleró de 3,04 milímetros por año (mm/año) durante el período 1997–2006 a aproximadamente 4 mm/año durante el período 2007–2016. Esto se debe a una mayor tasa de calentamiento y derretimiento de los mantos de hielo de Groenlandia y Antártida occidental. Ha habido un aumento general de 26% en la acidez del océano desde el comienzo de la era industrial.

Récord de concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera
Vigilancia Atmosférica Global de la OMM
Los niveles de los principales gases de efecto invernadero de larga duración, dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), han alcanzado nuevos niveles máximos.
La última vez que la atmósfera de la Tierra contenía 400 partes por millón de CO2 fue hace unos 3-5 millones de años, cuando la temperatura media global de la superficie era 2-3 °C más cálida que la actual, los mantos de hielo de Groenlandia y la Antártida occidental se derritieron, partes del hielo de la Antártida oriental retrocedieron, todo lo cual causó un aumento del nivel del mar de 10-20 m en comparación con el actual.
En 2018, la concentración global de CO2 fue de 407.8 partes por millón (ppm), 2.2 ppm más que en 2017. Los datos preliminares de un subconjunto de sitios de monitoreo de gases de efecto invernadero indican que las concentraciones de CO2 están en camino a alcanzar o incluso superar las 410 ppm a fines de 2019.
En 2017, el promedio mundial de las concentraciones atmosféricas de CO2 fue 405.6 ± 0.1 ppm, de CH4 fue 1859 ± 2 partes por cada mil millones (ppb) y de N2O fue 329.9 ± 0.1 ppb. Estos valores constituyen, respectivamente, un aumento de 146%, 257% y 122% en comparación con los niveles preindustriales (anteriores a 1750).
La tasa de crecimiento promedio de CO2 durante tres décadas consecutivas (1985–1995, 1995–2005 y 2005–2015) pasó de 1.42 ppm/año a 1.86 ppm/año y 2.06 ppm/año, respectivamente.
Presupuesto Mundial de Carbono
Global Carbon Project
Las emisiones de dióxido de carbono crecieron 2% y alcanzaron un récord de 37.000 millones de toneladas de CO2 en 2018. Todavía no hay signos de que las emisiones globales alcancen su punto máximo antes de comenzar a disminuir definitivamente, aunque están creciendo más lentamente que la economía mundial.
Las tendencias económicas y energéticas actuales sugieren que las emisiones serán al menos tan altas en 2019 como en 2018. Se espera que el PIB mundial crezca 3,2% en 2019, y si la economía global se descarboniza al mismo ritmo que en los últimos 10 años, las emisiones globales continuarían en aumento.
A pesar del extraordinario crecimiento de las renovables en la última década, el sistema energético mundial todavía está dominado por las fuentes de combustibles fósiles. El aumento anual en el uso mundial de la energía es mayor que la expansión de la energía renovable, lo que significa que el uso de combustibles fósiles sigue creciendo. Este crecimiento debe detenerse de inmediato.
La descarbonización necesaria para estabilizar el clima requiere de una aceleración en el uso de fuentes de energía libre de carbono y una rápida disminución de la participación mundial de los combustibles fósiles en la combinación energética. Este doble requisito ilustra la escala del desafío.
Los sumideros naturales de CO2, como la vegetación y los océanos, que eliminan aproximadamente la mitad de todas las emisiones de las actividades humanas, serán menos eficientes. Esto subraya la necesidad de reducir la deforestación y expandir los sumideros naturales de CO2, particularmente aquellos en bosques y suelos, que pueden mejorarse mediante una mejor gestión y la restauración de hábitats.
La brecha de emisiones – dónde estamos y a dónde debemos ir
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
El Informe sobre la Brecha de Emisiones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, cuya décima edición se publicará este noviembre, evalúa los últimos estudios científicos sobre las emisiones de gases de efecto invernadero actuales y las estimadas en el futuro, y las compara con los niveles de emisiones permitidos para que el mundo progrese en una vía de menor costo para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París. Esta diferencia entre “dónde es probable que estemos y dónde debemos estar” se conoce como la brecha de emisiones.

Si se mantienen las políticas climáticas actuales y los niveles de ambición de las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC), no se estima que las emisiones globales alcancen su punto máximo en 2030, mucho menos en 2020. Los resultados preliminares del Informe sobre la Brecha de Emisiones 2019 indican que las emisiones de gases de efecto invernadero continuaron aumentando en 2018.
La brecha de emisiones proyectada para 2030 entre los niveles de emisiones bajo la completa implementación de las NDC condicionadas y los niveles consistentes con las rutas de menor costo para lograr el objetivo de 2°C, es de 13 GtCO2e. Si sólo se implementan las NDC no condicionadas, la brecha aumenta a 15 GtCO2e. En el caso del objetivo de 1,5 °C es de 29 GtCO2e y de 32 GtCO2e respectivamente.
Se estima que con las NDC actuales se disminuirán las emisiones globales en 2030 en hasta 6 GtCO2e en comparación con un escenario donde continúen las políticas actuales. Este nivel de ambición debe triplicarse para alinearse con el objetivo de 2 °C y quintuplicarse para alinearse con el objetivo de 1,5 °C.
Si se implementan las NDC no condicionadas, y suponiendo que la acción climática continúe consistentemente durante todo el siglo XXI, nos encaminaríamos a un aumento de la temperatura media global de entre 2,9 °C y 3,4 °C para 2100 en relación con los niveles preindustriales.
Si las ambiciones de las NDC no se incrementan inmediatamente y se respaldan con acciones, será inevitable exceder el umbral de 1,5 °C. Si la brecha de emisiones no se cierra para 2030, es muy posible que el objetivo de limitar el aumento de temperatura a 2 °C también esté fuera de alcance.
Una parte sustancial del potencial técnico se puede lograr mediante la ampliación y la réplica de políticas existentes y bien probadas, como el cambio a las fuentes de energías renovables y la reforestación, que simultáneamente contribuyen a Objetivos de Desarrollo Sostenible clave.
Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC)
Tres informes especiales del IPCC publicados en 2018 y 2019 evalúan aspectos complementarios y específicos del cambio climático, antes del Sexto Informe de Evaluación del panel.
El Informe especial sobre el calentamiento global de 1,5 °C establece que limitar el calentamiento a 1.5 °C no es físicamente imposible, pero requeriría transformaciones sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad. Hay claros beneficios de mantener el calentamiento en 1.5 °C, en comparación con los escenarios de 2 °C o más. Cada grado de calentamiento importa.
Limitar el calentamiento a 1,5 °C puede ir de la mano con otros objetivos mundiales, como lograr el desarrollo sostenible y erradicar la pobreza.
El Informe Especial sobre el Cambio Climático y la Tierra enfatizó que la tierra ya está bajo una presión humana creciente y que el cambio climático es un factor que intensifica estas presiones. Al mismo tiempo, mantener el calentamiento global muy por debajo de 2ºC solo se puede lograr reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero de todos los sectores, incluidos los relacionados a la tierra y los alimentos.

“El informe muestra que una mejor gestión de la tierra puede contribuir a hacer frente al cambio climático, pero la tierra no es la única solución. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en todos los sectores, incluida la energía, es esencial para mantener el calentamiento global lo más cerca posible de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales”.
El 25 de septiembre de 2019, el IPCC publicará el Informe especial sobre el océano y la criósfera en un clima cambiante.
Perspectivas climáticas
Future Earth y Earth League
Evidencia consolidada refuerza la idea que la influencia humana es la causa dominante de los cambios en el sistema de la Tierra durante una nueva era geológica: el Antropoceno.
Los crecientes impactos climáticos aumentan los riesgos de cruzar puntos de inflexión críticos, es decir, umbrales que podrían conducir a cambios de largo alcance, en algunos casos abruptos y/o irreversibles.
Hay un reconocimiento creciente de que los impactos climáticos están golpeando con más fuerza y antes de lo que las evaluaciones climáticas indicaron incluso hace sólo una década.
A medida que se intensifica el cambio climático, las ciudades son particularmente vulnerables a consecuencias como el estrés térmico. Al mismo tiempo, las urbes pueden desempeñar un papel clave en la reducción de las emisiones a nivel local y global.
Las estrategias para la mitigación y para ampliar la gestión de adaptación al riesgo son necesarias en el futuro, no de forma aislada, dado el ritmo del cambio climático y la magnitud de sus impactos.
Sólo alcanzaremos el Acuerdo de París con una acción inmediata e inclusiva que abarque: una profunda descarbonización complementada con medidas políticas ambiciosas, protección y mejora de los sumideros de carbono y la biodiversidad, y esfuerzos para eliminar el CO2 de la atmósfera.
Marco Mundial para los Servicios Climáticos (GFCS)
Los servicios de información climática y de alerta temprana deben apuntalar la toma de decisiones sobre la acción climática para la adaptación.
Miembros del Grupo asesor
Copresidentes, Prof. Petteri Taalas, OMM, y Dra. Leena Srivastava, anteriormente de la Escuela de Estudios Avanzados del Instituto de Energía y Recursos (TERI-SAS) y del Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA), desde el 15 de noviembre de 2019
Dr. Navroz K Dubash, Centro de Investigación de Políticas de Nueva Delhi, India.
Dr. Brigitte Knopf, Instituto Mercator para la Investigación de los bienes comunes globales y el cambio climático.
Dr. Margaret Leinen, Institución de Oceanografía Scripps de la Universidad de California.
Dr. Heide Hackmann, Consejo Internacional para la Ciencia.
Dr. Jian Liu, Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.
Dr. Thelma Krug, Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático.
Dr. Yacob Mulugetta, University College London.
Dr. Joeri Rogelj, Imperial College London.
Dr. Maisa Rojas Corradi, Universidad de Chile.
Dr. Lisa Schipper, Universidad de Oxford.
El informe de síntesis ha sido compilado por la Organización Meteorológica Mundial bajo los auspicios del Grupo Asesor Científico de la Cumbre de Acción Climática de las Naciones Unidas de 2019, para reunir las últimas actualizaciones relacionadas con la ciencia climática de un grupo de organizaciones aliadas clave: la Organización Meteorológica Mundial (OMM), ONU Medio Ambiente, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio climático (IPCC), Global Carbon Project, Future Earth, Earth League y el Marco Mundial para los Servicios Climáticos (GFCS). El contenido de cada capítulo de este informe es atribuible a la información publicada por las respectivas organizaciones.
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Polinizadores en peligro: POR QUÉ LAS ABEJAS SON FUNDAMENTALES
Los polinizadores son esenciales para la reproducción de muchas plantas y para la producción de numerosos alimentos. Abejas, mariposas, escarabajos, aves y murciélagos transportan polen entre flores, permitiendo la formación de frutos y semillas.
Sin este proceso, muchos ecosistemas perderían diversidad y la agricultura sostenible sería mucho más difícil. En los últimos años, la disminución de poblaciones de polinizadores ha generado preocupación científica y social por sus consecuencias ambientales, económicas y alimentarias.
¿Qué son los polinizadores y por qué las abejas son fundamentales?
Los polinizadores son animales que facilitan el traslado de polen entre órganos reproductivos de las plantas. Las abejas son las más conocidas, pero no son las únicas. Muchos insectos silvestres cumplen funciones clave en bosques, praderas, huertos y cultivos. La polinización puede parecer un proceso pequeño, pero sostiene redes ecológicas complejas y contribuye a la estabilidad de los ecosistemas.
Las abejas destacan por su eficacia y constancia en la visita a flores. Existen abejas melíferas gestionadas por apicultores y muchas especies silvestres que polinizan plantas nativas y cultivos. Su trabajo mejora el rendimiento, la calidad y la diversidad de alimentos. Frutas, hortalizas, frutos secos y semillas dependen en mayor o menor medida de este proceso. Proteger a las abejas significa proteger la biodiversidad y la seguridad de la alimentación humana, ya que muchos productos ricos en vitaminas y micronutrientes dependen de ellas. Su pérdida simplificaría drásticamente la oferta alimentaria y afectaría la calidad nutricional global.
El equilibrio ecológico y la agricultura sostenible
- Biodiversidad y equilibrio ecológico: Los polinizadores ayudan a mantener la diversidad vegetal. Si disminuyen, muchas plantas producen menos semillas y frutos, lo que afecta a aves, mamíferos e insectos que dependen de ellas. Esta pérdida altera las cadenas alimentarias y reduce la resiliencia de los ecosistemas.
- Agricultura sostenible: La producción agrícola necesita polinizadores sanos. Aunque algunos cultivos se polinizan por el viento, muchos mejoran notablemente con la actividad de insectos. La presencia de setos, flores silvestres y hábitats naturales cerca de los campos puede aumentar sus poblaciones y reducir la dependencia de insumos externos, integrando naturaleza y producción de forma resiliente.
Amenazas principales y el uso de pesticidas
Las principales amenazas para los polinizadores son la pérdida de hábitat, el uso intensivo de pesticidas, la contaminación, las especies invasoras, las enfermedades y el cambio climático. La simplificación del paisaje agrícola reduce su alimento y refugio, mientras que las olas de calor y cambios estacionales desincronizan la floración con la actividad de los insectos.
Para mitigar el impacto químico, reducir pesticidas no significa abandonar la protección de cultivos, sino aplicar un manejo integrado de plagas. Este enfoque combina prevención, monitoreo y control biológico, recurriendo al uso químico solo cuando es estrictamente necesario. Así se protege la producción y se reduce el daño sobre insectos beneficiosos.
Apicultura vs. Polinizadores silvestres: La apicultura puede ser aliada de la conservación, pero no debe eclipsar a las especies silvestres. En algunos lugares, una densidad excesiva de colmenas domésticas puede competir con las especies nativas por recursos florales. Una estrategia equilibrada debe proteger a ambas, ya que la diversidad de polinizadores aumenta la estabilidad del servicio de polinización global.
Cómo proteger a los polinizadores en ciudades y campos
Para recuperar sus poblaciones, es vital diseñar paisajes favorables que combinen refugios, agua, ausencia de químicos peligrosos y una diversidad floral durante todo el año. Los monocultivos extensos ofrecen alimento durante periodos muy cortos y luego se convierten en desiertos ecológicos; en cambio, los setos, márgenes, praderas y pequeños bosques proporcionan continuidad temporal y espacial con flores de distintas formas adaptadas a diferentes insectos.
La gestión del territorio debe dividirse en dos frentes:
- En el campo: Los márgenes florales, la rotación de cultivos y la reducción de agroquímicos favorecen su recuperación rápida, conectando espacios verdes y hábitats naturales dispersos.
- Ciudades como refugio: Los entornos urbanos pueden convertirse en microhábitats valiosos si se gestionan parques, balcones y solares con criterios ecológicos. Praderas floridas, hoteles de insectos bien diseñados, la reducción de siegas excesivas y la eliminación de herbicidas permiten crear una red ecológica que complementa a los hábitats naturales.

El papel social, indicadores y seguimiento científico
Los ciudadanos pueden apoyar a los polinizadores mediante jardines con flores diversas, la compra de alimentos sostenibles y el apoyo a la apicultura responsable. Por su parte, las empresas agrícolas y alimentarias deben incorporar criterios de biodiversidad en sus cadenas de suministro, mientras que las administraciones públicas tienen la obligación de facilitar políticas que protejan hábitats y regulen sustancias perjudiciales.
Investigación y medición de resultados
Para saber si estas medidas funcionan, se requiere continuidad mediante la investigación y el seguimiento científico. Los indicadores de recuperación —como la presencia de más flores, mariposas, abejas silvestres y frutos en plantas nativas— deben evaluarse con monitoreos científicos de abundancia y diversidad. Los conteos de insectos y análisis de hábitats aportan datos esenciales para ajustar políticas agrícolas y urbanas, evitando que los esfuerzos se queden en acciones simbólicas de temporada.
Conclusión
Los polinizadores, especialmente las abejas, son fundamentales para la biodiversidad, los ecosistemas y la agricultura sostenible. Su declive no es un problema aislado, sino una señal de deterioro ambiental generalizado. Protegerlos exige cambiar la gestión del territorio, reducir presiones químicas y recuperar hábitats. Cuidar a los polinizadores es cuidar la base natural de muchos alimentos y de la vida en el planeta.
Fuente/Ambientum
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DÍA MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE
Cada 5 de junio recordamos que nuestra vida cotidiana está tejida con la vida del planeta. El Día Mundial del Medio Ambiente no es solo una fecha formal; es un espejo que nos pregunta qué tipo de mundo queremos heredar.
Desde su inicio en 1974 ha servido para encender debates y sembrar iniciativas: escuelas que plantan árboles con alumnos, barrios que organizan limpiezas de ríos, pequeñas empresas que cambian plásticos por materiales reutilizables. Esos actos, aunque modestos, son el pulso de una transformación mayor.
Su importancia radica en poner en la agenda pública desafíos ambientales transversales: contaminación atmosférica y de aguas, pérdida de biodiversidad, degradación de suelos, residuos y la crisis climática. Al concentrar campañas temáticas anuales y designar países anfitriones, el Día facilita la coordinación entre gobiernos, ONG, sector privado y comunidades locales, amplificando mensajes y recursos.
Históricamente, la conmemoración nació tras la creciente conciencia ambiental de los años 60–70 y las primeras conferencias internacionales que vinculaban desarrollo y ambiente. Desde entonces, ha ayudado a catalizar acuerdos, normativas y comportamientos —por ejemplo, campañas de reducción de plásticos, restauración de ecosistemas y promoción de energías limpias— que, aunque insuficientes, muestran el potencial de acción conjunta.
Los beneficios concretos para el planeta y el desarrollo sostenible incluyen: aceleración de políticas públicas ambientales; mayor financiamiento y prioridad para proyectos de conservación y infraestructura verde; impulso a la transición energética y eficiencia energética; y fortalecimiento de economías locales basadas en servicios ecosistémicos.
Para el cambio climático, la celebración funciona como instrumento de educación y presión política para reducir emisiones, promover adopción de renovables y fomentar prácticas de mitigación y adaptación. En biodiversidad, concentra esfuerzos de protección de hábitats, monitoreo de especies y estrategias de manejo sustentable que reducen pérdidas genéticas y servicios ecosistémicos esenciales (polinización, regulación hídrica, control de plagas).

La eficiencia energética recibe atención a través de campañas de consumo responsable, etiquetado, incentivos para renovación de flotas y edificaciones más eficientes, y fomento de tecnologías como iluminación LED, bombas de calor o edificios de consumo casi nulo. Estas acciones reducen demanda, emisiones y costes económicos.
Sin embargo, no todo es lineal: las oportunidades incluyen visibilizar soluciones escalables, atraer inversión verde, empoderar comunidades y promover innovación tecnológica y educativa. Las desventajas o límites son la temporalidad del impacto (muchas campañas quedan en acciones puntuales), el riesgo de “ecoblanqueo” por parte de empresas, la desigualdad en capacidad de respuesta entre países y la brecha entre discurso público y políticas vinculantes. Para maximizar beneficios se requieren seguimiento, metas cuantificables, transparencia en financiamiento y alianzas multisectoriales que traduzcan sensibilización en transformaciones estructurales.
En 2026, el lema del Día Mundial del Medio Ambiente es: «Un llamamiento mundial a la acción climática». Este año, el Día Mundial del Medio Ambiente se centra en el cambio climático y en las señales que nos envía el planeta. El Programa de Naciones Unidas por el Medio Ambiente nos llama a actuar #PorElClimaYa.
Cada año, un país se convierte en anfitrión y organizador del Día Mundial del Medio Ambiente. La República de Azerbaiyán será el país anfitrión del mayor evento por el medio ambiente del mundo.
Un llamamiento global por la acción climática
La Tierra ya nos está hablando. Y lo hace con temperaturas récord, incendios más feroces, tormentas extremas y glaciares que desaparecen frente a nuestros ojos.
Durante años dijimos que limitar el calentamiento global a 1,5 °C era clave para evitar los peores impactos del cambio climático. Hoy, ese umbral está peligrosamente cerca de ser superado. Y cada décima de grado cuenta.
El cambio climático no es una amenaza futura: está redefiniendo la vida en todo el planeta.
El #DíaMundialDelMedioAmbiente 2026 nos recuerda que todavía estamos a tiempo de cambiar el rumbo. La Tierra nos está enviando señales. La pregunta es: ¿qué señal vamos a enviar nosotros?
Súmate a la campaña global de ONU Medio Ambiente y actúa #PorElClimaYa. Porque proteger el planeta también es proteger nuestra salud, nuestras comunidades y nuestro futuro.
En el marco de la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente se deben centrar los esfuerzos en motivar a las personas y comunidades, para que se conviertan en agentes activos del desarrollo sostenible y de protección del medio ambiente.
Es por ello que se invita a las personas a mejorar sus hábitos de consumo. A las empresas a desarrollar modelos más ecológicos. A los gobiernos a proteger las zonas salvajes. A los profesores a educar en valores naturales. A los jóvenes a alzar la voz por el futuro del planeta. La protección del medio ambiente requiere del apoyo de todos.

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LA HUELLA QUE DEJA EL LITIO DE LAS BATERÍAS EN LOS OCÉANOS
El litio se ha convertido en uno de los grandes protagonistas de la transición energética debido a sus propiedades físico-químicas: es ligero, poco denso en estado sólido, presenta un elevado potencial electroquímico y una excelente conductividad eléctrica y térmica. Y eso lo convierte en materia prima clave de las baterías de coches eléctricos, teléfonos móviles y sistemas de almacenamiento de energías renovables.
Su imagen está asociada a un futuro limpio y descarbonizado. Sin embargo, como ocurre con muchos avances tecnológicos, su uso masivo plantea una pregunta incómoda: ¿qué ocurre con el litio cuando acaba en el medio ambiente, especialmente en el mar?
Estudios recientes realizados con organismos marinos muestran que este metal, considerado durante mucho tiempo poco problemático, puede dejar una huella biológica relevante en los ecosistemas marinos, incluso a concentraciones similares a las que ya se detectan en la naturaleza.
Un contaminante emergente y poco vigilado
A diferencia de otros metales ampliamente estudiados, como el mercurio o el plomo, el litio no suele figurar en los listados clásicos de contaminantes ambientales. Su impacto ecológico ha recibido mucha menos atención. Sin embargo, su producción se ha disparado en las últimas décadas y su tasa de reciclaje sigue siendo baja
Gran parte del litio acaba en vertederos o se libera a través de aguas residuales, que los sistemas de depuración no eliminan eficazmente. Esto facilita que alcance ríos, estuarios y océanos. En condiciones naturales, las concentraciones de litio en el agua de mar son bajas. Pero en zonas con fuerte presión humana o cerca de explotaciones mineras se han registrado valores notablemente más altos.
La cuestión es si estas concentraciones, sin ser letales, pueden afectar a la salud de los organismos marinos a largo plazo. Para disipar dudas, distintos estudios han utilizado especies clave de la cadena trófica marina, como copépodos, erizos de mar, quisquillas, mejillones o poliquetos. Su diversidad en estrategias alimentarias y fases del ciclo vital permite evaluar mejor los efectos del contaminante en diferentes niveles del ecosistema.
Más allá de la mortalidad: efectos invisibles
El litio no siempre provoca efectos inmediatos o visibles. En muchos casos, las concentraciones actuales no causan mortalidad masiva en los organismos marinos, pero sí generan efectos subletales que pueden comprometer su salud a largo plazo.
En concreto, producen alteraciones en enzimas relacionadas con el estrés oxidativo, en procesos de detoxificación y en mecanismos asociados al sistema nervioso. Tal y como ya se ha visto en investigaciones anteriores y también en las nuestras, en embriones de erizo de mar, la exposición al litio puede ralentizar el desarrollo o inducir malformaciones, incluso cuando no se produce la muerte de los organismos.
El tiempo importa tanto como la dosis
El efecto del litio no depende únicamente de la concentración, sino también del tiempo de exposición. A medida que pasan las semanas, las respuestas biológicas se vuelven más intensas y afectan a niveles cada vez más complejos, tanto bioquímicos como enzimáticos, pasando por alteraciones celulares, hasta daños visibles en tejidos.
Cuando todos estos indicadores se analizan de forma conjunta, el resultado es claro: el estrés biológico aumenta de manera progresiva y sostenida. Es decir, exposiciones prolongadas a litio, incluso en niveles moderados, pueden generar efectos acumulativos.
Este tipo de impactos, menos evidentes pero persistentes, plantea un riesgo ecológico importante, ya que puede afectar a la reproducción, el crecimiento y la supervivencia de las especies. A largo plazo, los cambios pueden alterar el equilibrio de los ecosistemas y el funcionamiento de las cadenas tróficas.
Además, estos resultados cuestionan la idea de que todos los materiales asociados a la transición energética sean ambientalmente inocuos. El litio es indispensable para reducir las emisiones de carbono, pero su ciclo de vida completo —incluyendo su destino final— debe evaluarse con rigor.
Una transición energética verdaderamente sostenible
Los estudios no apuntan a un riesgo inmediato de colapso de los ecosistemas marinos, pero sí lanzan una advertencia clara: el litio es un contaminante emergente que merece atención, seguimiento y regulación. Entender sus efectos a largo plazo, especialmente en combinación con otros factores como el calentamiento global o la exposición simultánea a múltiples contaminantes, será clave para avanzar hacia una transición energética completa.
Porque la transición no consiste solo en cambiar las fuentes de energía, sino en garantizar que las soluciones adoptadas no generen nuevos problemas ambientales.
El litio seguirá siendo esencial para el futuro energético. Pero su historia en los océanos aún se está escribiendo. Comprenderla a tiempo será fundamental para que la transición sea realmente sostenible.
Fuente/The Conversation/ Creative Commons
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VERANOS INTERMINABLES E INVIERNOS MENGUANTES: ¿CÓMO DEFINIMOS AHORA LAS ESTACIONES?
Uno de los elementos más visibles del cambio climático antropogénico (causado por el ser humano) es el aumento de la temperatura, que a su vez modifica la forma y extensión de las cuatro estaciones. ¿Las consecuencias? Veranos más largos, que se desplazan hacia la primavera y el otoño, inviernos más cortos, primaveras adelantadas y otoños retrasados.
Estudiar de manera precisa cómo, cuánto, a qué ritmo y con qué intensidad se están produciendo esos cambios y se proyecta que sucedan en el futuro tiene un interés enorme debido a sus numerosas consecuencias. No sólo para los ecosistemas naturales, sino en el consumo y gestión de la energía, el confort de la población o la alteración del ciclo anual y sus efectos.
El concepto o definición de verano o invierno es intuitivo y aparentemente sencillo. Sin embargo, definir y calcular de manera rigurosa y objetiva las estaciones resulta muy complejo; hay muchas sutilezas y matices a tener en cuenta. De hecho, no existe un consenso en la comunidad científica ni en los centros de estudio climático a la hora de determinarlo.
¿Cómo definimos un día de verano?
Existen múltiples formas de aproximarse a la definición de las estaciones, según el enfoque que se utilice. Por un lado está el astronómico o climático: desde la astronomía, se determina con los solsticios y equinocios, o desde la climatología, con periodos fijos de tres meses.
Estas definiciones son, por tanto, invariables. Así, el verano dura astronómicamente desde el 21 de junio al 21 de septiembre (con ligeras variaciones entre años). Y desde el punto de vista climático, corresponde a los meses de junio, julio y agosto.
No consuma noticias, entiéndalas.
Por otro lado, está la definición meteorológica o térmica. Determinar si un día concreto, más allá del calendario fijo, corresponde a condiciones de verano, otoño, invierno o primavera podría conseguirse a partir del comportamiento de su temperatura (media, máxima o mínima) diaria.
Así, una definición extendida entre la comunidad científica determina como día de verano aquel en el que la temperatura máxima supera los 25ºC. Este valor es un promedio muy global a nivel planetario. No obstante, resulta lógico que quienes viven en una zona de montaña, desértica o cerca de los polos o del ecuador no estén totalmente de acuerdo con que esa temperatura sea la que defina sus días de estío. Entre otros ejemplos, el servicio meteorológico sueco establece el comienzo de la estación a partir de 10ºC de temperatura media diaria.
Algunos trabajos proponen obtener el valor numérico en cada región a través de su promedio climatológico de temperatura (30-40 años más recientes), aunque no existe una propuesta general para la extensión de la zona y el periodo a emplear. En España, se ha estudiado tanto mediante medias de tres meses como a partir de la media entre junio y septiembre.
Además, está la posibilidad de emplear el percentil 75 de temperatura máxima o mínima o media. Suponiendo que las temperaturas evolucionan como una oscilación suave y homogénea a lo largo del año, dividiéndose en cuatro partes iguales el ciclo anual, ese percentil 75 correspondería al 25 % de los días más cálidos, es decir, los días de verano.
Existe otra propuesta interesante: analizar las estaciones a través de la distribución de frecuencias de la temperatura diaria en el año. Su forma es más o menos simétrica, con un máximo central (suma de días de primavera y otoño) y dos colas (verano e invierno). Los cambios proyectados por el calentamiento global tanto en el valor medio como en el ancho de esa distribución, que se muestran en los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), pueden ser útiles para estudiar cambios en las estaciones.
También existen trabajos que estudian las estaciones desde otras perspectivas muy distintas, como la fenológica: según el crecimiento de la vegetación y la floración. Como ejemplo ilustrativo, el cerezo japonés, con más de 1 000 años de datos, permite analizar la evolución estacional de la temperatura en escalas temporales enormes.
Si bien estos estudios son limitados en cuanto a su representatividad para grandes regiones, muestran de manera muy clara la conexión de los ecosistemas naturales y calentamiento global.
¿Cmo están cambiando las estaciones debido al calentamiento global?
Determinar el inicio y fin de una estación se vuelve una tarea más complicada si se tiene en cuenta que el cambio climático antropogénico está transformando los patrones. Múltiples estudios indican cambios muy significativos en la duración y extensión de las estaciones, y en particular del verano: más de un día por año de aumento en las últimas tres décadas en múltiples megaciudades (Sidney, Minneapolis, Tokio); incremento de al menos una semana en la mayor parte del hemisferio norte en las décadas recientes; o en torno a 2,5 días por década en Europa en los últimos 70 años.
Si ponemos el foco en España, los veranos de Castilla-La Mancha, por ejemplo, se han alargado 7 días por década de media en los últimos 40 años.
Estudiando las proyecciones futuras, los inviernos, definidos a partir de los valores del siglo XX, prácticamente habrán desaparecido en la península ibérica a finales del siglo XXI. A nivel global, cualquiera de las proyecciones de emisiones de gases de efecto invernadero obtienen veranos que duran en torno a 6 meses e inviernos de menos de 2.
El calentamiento global, por tanto, ya ha alterado de manera significativa las estaciones, en particular las más extremas (verano y el invierno). Entre las diferentes líneas de investigación, los expertos se están centrando en varios aspectos:
- Estudiar de forma más detallada los ritmos de cambio a escala más local.
- Analizar la sensibilidad de los cambios a los diferentes escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero.
- Hacer más precisas las diferentes metodologías para estimar las estaciones, su variabilidad y consistencia.
- Analizar mejor las estaciones como primavera y otoño, para conocer hasta qué punto se van a ver alteradas, acortadas, desplazadas o el paso de condiciones invernales a veraniegas y viceversa pueda ser más brusco.
Sólo profundizando en estos patrones se podrán precisar sus impactos y mejorar las medidas de adaptación en el contexto del cambio climático.
Fuente/The Conversation /Creative Commons
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Conversación
UNA OLA DE CALOR MARINA MASIVA PROVOCÓ EL COLAPSO DE LOS ARRECIFES DE CORAL DEL CARIBE MUCHO MÁS RÁPIDO DE LO PREVISTO.
Durante décadas, los arrecifes de coral de todo el Caribe han sufrido enfermedades, contaminación, sobrepesca y el aumento de la temperatura del mar, pero la mayoría ha seguido creciendo, hasta ahora.
En 2023 y 2024, las temperaturas superficiales alcanzaron máximos históricos en los océanos del mundo, y una ola de calor marina de duración e intensidad sin precedentes se extendió por los trópicos . Satélites de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU. detectaron estrés térmico que podría provocar el blanqueamiento de los corales en más del 80 % de las zonas de arrecifes del planeta .
Durante estos períodos de estrés extremo, los corales expulsan las algas simbióticas que les dan su color y la mayor parte de su alimento, lo que los vuelve completamente blancos y los deja vulnerables a la inanición, las enfermedades y, finalmente, la muerte .
En todo el Atlántico Norte , incluido el Caribe, el calor persistió durante meses, con un estrés térmico dos o tres veces mayor que el que los arrecifes habían experimentado jamás. El estrés térmico, fenómeno en el que las altas temperaturas ejercen presión sobre ecosistemas frágiles, puede alterar permanentemente su capacidad de funcionamiento.
Esto desencadenó lo que ahora se reconoce como el cuarto evento global de blanqueamiento de coral, el más grave que se ha documentado .
Blanqueamiento generalizado de los corales durante la ola de calor marina de 2023.
Los arrecifes de coral se encuentran entre los ecosistemas más productivos de la Tierra, y su importancia para las personas es fundamental. Alimentan a cientos de millones de personas a través de la pesca artesanal, son la base del turismo en todo el Caribe y sirven como rompeolas naturales que protegen la costa de las tormentas y reducen las inundaciones.
Los arrecifes del Caribe se están erosionando rápidamente.
En un nuevo estudio , descubrimos que en todo el Caribe, la ola de calor marina de 2023, combinada con una enfermedad mortal conocida como enfermedad de pérdida de tejido de coral pétreo, ha llevado a los arrecifes a superar un umbral que los científicos creían que estaría a una década o más de distancia. Ahora se están erosionando más rápido de lo que los corales pueden regenerarlos.
Estudiamos los arrecifes del Caribe mexicano y del Golfo de México, comparando los datos recopilados antes de la ola de calor (2018-2022) con los posteriores (2023-2024). En cada arrecife, contamos los corales vivos y los organismos que lo erosionan, como los peces loro y los erizos de mar. A partir de estos recuentos, estimamos la cantidad de formación de arrecifes (producción de carbonato) y de erosión (bioerosión), y luego calculamos el resultado neto: si el arrecife ganaba o perdía material.
Los resultados fueron contundentes: entre el 70 % y el 75 % de nuestros sitios en el Caribe pasaron de un crecimiento neto a una erosión neta. Ahora pierden carbonato de calcio más rápido de lo que los corales pueden agregarlo. El umbral que los modelos anteriores habían sugerido que podría superarse durante la próxima década ya se ha alcanzado .
Este cambio se debió a la pérdida de corales de rápido crecimiento, ramificados y formadores de placas, especialmente las especies de Acropora , que tienen tasas de crecimiento muy altas y contribuyen de manera desproporcionada a la formación de arrecifes.
Uno de nuestros hallazgos más preocupantes es que los arrecifes del Caribe que aún presentaban una alta cobertura de coral y una elevada producción de carbonato antes de la enfermedad y la ola de calor fueron los que más sufrieron pérdidas. Algunos perdieron hasta 8 kilogramos de carbonato de calcio por metro cuadrado al año.
Una historia de dos mares
Nuestro estudio también reveló un contraste sorprendente. Mientras que los arrecifes del Caribe colapsaron, los del Golfo de México se mantuvieron prácticamente intactos. La gran mayoría de los sitios del Golfo registraron un saldo positivo tras la ola de calor.
La diferencia radica en qué corales predominan en cada región. En el Golfo de México, los arrecifes están dominados por corales de crecimiento lento y forma de montículo. Crecen más lentamente, pero son más resistentes al calor. Sufrieron blanqueamiento durante la ola de calor, pero en su mayoría sobrevivieron, manteniendo así un balance positivo de carbonato en el arrecife .
Este es el equilibrio entre los procesos de construcción y erosión. Cuando se añade más de lo que se elimina, el arrecife de coral puede crecer. Cuando ese equilibrio se rompe, el arrecife deja de crecer e incluso puede erosionarse.
Además, los arrecifes del Golfo de México aún no se han visto afectados por la enfermedad de pérdida de tejido de los corales pétreos, que mata preferentemente a las mismas especies masivas y longevas que mantienen vivos los arrecifes del Golfo. Para cuando llegó el calor, gran parte del Caribe ya había perdido sus corales más resistentes debido al brote de la enfermedad . La ola de calor terminó lo que empezó.
Por qué es importante la erosión de los arrecifes
Todos los beneficios que proporcionan los arrecifes dependen de un delicado equilibrio entre la formación de arrecifes y la erosión.
Los arrecifes tropicales son esencialmente vastas estructuras de piedra caliza, construidas lentamente a lo largo de los siglos a medida que los corales depositan esqueletos de carbonato de calcio. Al mismo tiempo, las olas y diversos organismos del arrecife, como los peces loro, los erizos de mar y las esponjas perforadoras, los erosionan.
Un arrecife que se erosiona y se aplana comienza a perder su capacidad de proporcionar beneficios a otras especies y a las personas.
No esperábamos documentar el momento en que una importante región del océano pasara de crecer a erosionarse. El hecho de que ocurriera tan rápidamente, y en algunos de los arrecifes más emblemáticos y estudiados del Caribe, sugiere que los plazos que los científicos han estado utilizando podrían ser demasiado optimistas.
Nuestros hallazgos también podrían obligar a replantear la forma de abordar la restauración de los corales. En todo el Caribe, los programas han invertido mucho en la replantación de especies de coral ramificadas de rápido crecimiento, como Acropora , porque recuperan rápidamente su complejidad estructural. La ola de calor de 2023-2024 arrasó con muchas de estas poblaciones restauradas, además de las silvestres.
La restauración tendrá que diversificarse. Explorar enfoques como el intercambio de genes tolerantes al calor entre poblaciones (flujo genético asistido) y la cría de corales que sobrevivan mejor al calor (cría selectiva) podría ser una vía prometedora .
Pero la restauración por sí sola no será suficiente . Para revertir el declive se requieren reducciones drásticas de las emisiones de gases de efecto invernadero para disminuir la frecuencia e intensidad de las olas de calor marinas, junto con medidas locales contundentes contra la contaminación, la escorrentía de nutrientes, la sedimentación y las enfermedades, factores que debilitan a los corales antes de la llegada del calor.
Fuente/The Conversation/Creative Commons licence.
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