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Viaje al cementerio de Ballenas de la Patagonia

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Después de la alarma mundial que el año pasado generó el descubrimiento de más de 300 ballenas muertas en las costas de Aysén, “Sábado” se embarcó en una expedición de científicos, policías de la PDI y personal del Sernapesca hacia la zona, famosa por su mal tiempo y oleaje infernal.

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La idea del grupo era conseguir las pruebas definitivas para descifrar las causas de un desastre ecológico nunca antes visto y que, de continuar, podría significar el fin de toda una especie.

Después de 10 horas de navegación desde Puerto Chacabuco (Región de Aysén), un agudo campanilleo despertó a los pocos que -pasada la medianoche- podían dormir a bordo del patrullero Micalvi, de la Armada. Con olas de más de cuatro metros que chocaban contra el casco y que estremecían los fierros desde la proa hasta la popa, la mayoría de la tripulación estaba despierta a esa hora debido a los mareos y al ruido de los platos que se rompían en la cocina.

Con el buque meciéndose como el barco pirata de un parque de diversiones, los científicos que compartían un camarote oscuro y estrecho solo entendieron la palabra “emergencia” que salía desde un altoparlante; justo antes de ver a un par de marinos partir disparados hacia la sala de máquinas. A medio camino del destino final, los investigadores permanecieron en silencio hasta que la misma voz informó que la emergencia había sido superada, y que la navegación continuaba como estaba previsto.

Desde antes de zarpar, los científicos sabían que el cruce del golfo de Penas -un “infierno de olas”, en las historias de Francisco Coloane- sería turbulento: parte del precio que debían pagar para tratar de averiguar por qué, en uno de los rincones más remotos y salvajes de la Región de Aysén, cientos de ejemplares de la especie Balaenoptera borealis -más conocida como ballena sei- murieron entre marzo y abril del año pasado.

Ballena a la vista

Después de 16 horas de navegación, en un viaje de más de 400 kilómetros desde Puerto Chacabuco, al amanecer del viernes 12 de febrero pasado el Micalvi -buque de 42 metros de largo, construido en 1992, con una tripulación de 30 marinos que patrullan la zona- dejó atrás el golfo de Penas y se internó en el apacible estero Slight. En el puente del buque, el comandante Carlos Alfaro chequeaba los radares y el resto de los controles mientras daba las instrucciones finales para recalar en Puerto Slight: una bahía mansa rodeada de cerros cubiertos por un bosque húmedo y siempre verde.

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La misión de 20 días tenía como objetivo principal el mantenimiento de faros y otras señales marítimas. Pero, al mismo tiempo, la primera etapa del viaje -cinco días asignados al cambio de personal y reabastecimiento del faro Raper- serviría para que un equipo compuesto por funcionarios del Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca), policías de la Brigada de Delitos Contra el Medio Ambiente de la PDI (Bidema) y científicos, estudiara en terreno el epicentro de la mortandad de ballenas más numerosa de la que se tenga registro en todo el mundo: 337 ejemplares identificados en diferentes expediciones, marítimas y aéreas, realizadas el primer semestre de 2015.

Uno a uno, los integrantes del grupo aparecieron en la cámara de marinos y cabos: un comedor con dos mesas largas, hervidores de agua, una tostadora de pan y un televisor encendido desde la mañana con videos de reggaeton y películas por las noches. El primero en llegar a desayunar fue Mauricio Ulloa, jefe de la Unidad de Rescate Animal del Sernapesca y líder de la misión científica. “El objetivo principal de la misión es tomar muestras de los esqueletos para determinar si se trata solo de una especie de ballena, pero también queremos saber de qué murieron, qué edad tenían cuando murieron, si se trata de familias”, me dijo Ulloa antes de reconocer que lo que más le preocupaba -desde hacía ya varios días-, era que nos encontráramos con ballenas muertas recientemente, pues eso significaría que el desastre puede repetirse este año.

No habían pasado más de cinco minutos cuando la voz del comandante Alfaro apareció en el altoparlante y anunció la pesadilla de Ulloa: una ballena yacía sobre la playa de piedras de Puerto Slight. Desde la cubierta, a poco más de un kilómetro de distancia y con la niebla aún baja, el cuerpo rosáceo parecía tener al menos unos 10 metros de largo. Con los binoculares era fácil distinguir una docena de pájaros negros sobre el cadáver.

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La tercera pasajera

Cazadas comercialmente hasta 1982, año en que la actividad fue prohibida por los países que formaban parte de la Comisión Ballenera Internacional, se estima que hoy quedan entre 15 y 20.000 ballenas sei: menos del 10% de las que había a inicios del siglo XX. De características y hábitos aún misteriosos para la ciencia, en Chile empezó a conocerse más sobre esta especie -cetáceos de hasta 18 metros y 30 toneladas, de dorso gris oscuro y barbas en vez de dientes, capaces de nadar a 50 kilómetros por hora- cuando un grupo del centro de estudios científicos Huinay encontró, a mediados de abril pasado, una veintena de ballenas muertas en el estero Slight.

Apenas regresaron de la expedición -liderada por la bióloga Vreni Hâussermann-, a comienzos de mayo informaron del hecho al Sernapesca, organismo que interpuso una denuncia en la Fiscalía de Puerto de Aysén. El caso lo asumió el fiscal Pedro Poblete, quien instruyó una investigación a cargo del subcomisario de la Bidema Francisco Cuevas. En ese contexto, el 25 de mayo un grupo de especialistas de las universidades Austral, de Chile y Santo Tomás, del Instituto Nacional Antártico (INACh), de distintas ONG ecologistas y del Sernapesca zarparon desde Puerto Montt (Región de Los Lagos) en un buque de la Armada para comprobar la dimensión e investigar las causas del sorpresivo desastre ecológico. Al día siguiente, el subcomisario Cuevas subió a la nave en Puerto Chacabuco junto a un par de policías a su cargo. Además de la tripulación de la Armada, eran casi 30 civiles los que la mañana del miércoles 27 de mayo vieron una postal apocalíptica: cadáveres en distintas etapas de descomposición -desde carcasas blanquecinas a medio deshacer hasta huesos desarticulados- sobre la playa de Caleta Buena, un puerto natural ubicado en la entrada del estero Slight.

Luego de llegar a la playa en zódiacs, lo primero que los investigadores comprobaron fue que ningún cuerpo presentaba señales de intervención humana, como heridas de arpones o choques con barcos de gran tonelaje. Tampoco encontraron restos de petróleo o de otros productos químicos en las muestras de agua, por lo que también descartaron esas hipótesis. Más tarde se realizaron necropsias a los dos cuerpos -de los 37 identificados- mejor conservados. En el procedimiento se tomaron muestras de músculos y de huesos blandos del tímpano para descartar cargas de presión provocadas por sonares o explosiones.

“Se descartaron causas antrópicas y eso nos dio la idea de que podría tratarse de algo en el alimento”, recuerda David Cassis, doctor en biología marina e integrante del Centro de Investigación para el Cambio Climático de la Universidad Santo Tomás, quien detectó toxinas con tests rápidos que aplicó en el buque a muestras de contenido estomacal. Experto en marea roja, Cassis de inmediato pensó que la causa de muerte más probable era la ingesta de algas microscópicas contaminadas. “Pero eso no fue ni es concluyente”, dice, “porque no sabemos cuánta concentración de toxinas hace falta para matar a uno de estos cetáceos”.

Desde Punta Arenas (Región de Magallanes), donde tiene su oficina en el INACh, Anelio Aguayo, el biólogo marino y experto en la materia más respetado en Chile, explica que es importante diferenciar varamiento de mortandad: “En el varamiento llegan los ejemplares de cetáceos a morir a las costas; en la mortandad, los ejemplares mueren en el agua y son arrastrados por las corrientes hacia la playa”.

Los trabajos en terreno continuaron al día siguiente y el 29 de mayo el barco emprendió su regreso a Puerto Montt. Las muestras recopiladas fueron enviadas al Instituto de Ciencias Marinas y Limnológicas de la Universidad Austral, donde el 10 de junio la mayoría de los científicos que participó en la expedición se reunió para determinar cómo y dónde se realizarían los análisis de las muestras recolectadas. La idea era entregarle cuanto antes una serie de informes a la PDI y a la Fiscalía de Aysén para avanzar con la investigación.

Al descartar que la mortandad estuviera relacionada con la acción humana, en septiembre el fiscal Poblete pidió al tribunal el sobreseimiento definitivo de la causa.

La historia parecía haber llegado a su fin, pero a mediados de noviembre pasado se supo que tres investigadoras -Vreni Hâussermann, de Huinay; Carolina Simon Gutstein, del Consejo de Monumentos Nacionales; y su ayudante Fanny Horwitz; todas del mismo grupo que hizo la primera denuncia- sobrevolaron las costas del golfo de Penas entre el 23 y 24 de junio y, por las ventanillas de la avioneta pilotada por un experto en la zona, observaron más de doscientas ballenas muertas recientemente.

La mayoría de los restos yacía en el seno Newman: una entrada de mar ubicada a solo 25 kilómetros del estero Slight.

Después del análisis de más de 10.000 fotografías en alta resolución y tres horas de video, las investigadoras determinaron que se trataba de 337 esqueletos y cuerpos en distintos grados de descomposición. Sin embargo, no denunciaron el hallazgo a las autoridades porque, según dijeron, el dinero para el sobrevuelo lo consiguieron de la National Geographic: institución que les entregó los recursos a cambio del embargo de la información.

El descubrimiento se hizo público recién cuando la argentina Fanny Horwitz, de 25 años, alumna del máster en ciencias biológicas de la Universidad de Chile, envió una denuncia por mortandad masiva de ballenas a la página web del Sernapesca. Era el 19 de noviembre. Al día siguiente, la National Geographic dio a conocer el hallazgo en su sitio web internacional, detonando una polémica entre los científicos locales.

“Si hubieran informado que eran más de 300, la causa se habría abierto de nuevo a través de la Fiscalía en Aysén, y la Armada habría prestado los apoyos para una nueva expedición, pero ya estamos en diciembre”, dijo entonces a El Mercurio el experto en cetáceos y fundador del Centro Ballena Azul Rodrigo Hucke, para quien las investigadoras ocultaron la información con el propósito de ser las primeras en publicar el hallazgo en revistas científicas. En la misma línea, un grupo de 15 especialistas, entre ellos Anelio Aguayo, redactó una carta para manifestar su rechazo al modo de actuar de las investigadoras, destacando que no respetaron un acuerdo consensuado por todos los científicos que participaron en la expedición de mayo en el barco de la Armada -en la que participó Horwitz- y, sobre todo, que el desastre podía tratarse de un problema de salud pública que, por ejemplo, debió haber sido informado a los pescadores de la zona.

La denuncia le costó a Fanny Horwitz su distanciamiento del equipo de investigación, el término abrupto de su magíster y el regreso a Buenos Aires. Al teléfono desde la capital argentina, la bióloga asegura que en el mismo sobrevuelo se discutió la posibilidad de informar a las autoridades, pero que sus compañeras privilegiaron publicar papers antes que el resto. “Y, al final, eso yo no lo pude tolerar”, dice Horwitz, quien este año se dedicará a hacer clases de biología en un colegio.

La necropsia

Más allá de la polémica científica, la denuncia significó la apertura de una nueva investigación judicial a cargo de Pedro Poblete. En ese contexto fue que, a mediados de enero pasado, el fiscal sobrevoló la zona para determinar el punto donde deberían concentrarse las diligencias de la segunda expedición, dirigidas en terreno otra vez por el subcomisario Francisco Cuevas.

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Así, el viernes 12 de febrero pasado, el policía observaba a la distancia el cuerpo de la ballena, varado hace solo un par de días en la playa de Puerto Slight, según le contaron los marinos que -después de cuatro meses de trabajo en el faro Raper- subieron al Micalvi. La tripulación del buque dedicó toda la jornada a realizar el cambio de personal y a las faenas de abastecimiento del faro. No fue hasta la mañana siguiente que los científicos y policías se subieron a un zódiac para ver de cerca el cetáceo.

“La denuncia viene por infracción a la Ley de Pesca, por eso la primera misión es identificar marcas de lesiones, arpones o redes para determinar si hubo terceras personas involucradas en este evento”, me explicó el subcomisario Cuevas, a un par de metros del cadáver. Ante la posibilidad de que de un segundo a otro la suave llovizna se transformara en lluvia, los peritos de la PDI comenzaron de inmediato con los trabajos de fijación fotográfica y planimétrica, antes de que el equipo del Sernapesca empezara la disección.

Con serruchos de ferretería y cuchillos convencionales, lo primero que hizo una de las dos funcionarias fue un corte transversal a lo largo del abdomen del animal, el que medía 12,8 metros desde la nariz hasta la cola. El resto de los investigadores, la mayoría de los cuales había visto o sabía de videos en YouTube que muestran a ballenas que -literalmente- explotan producto de la generación de gases tras la muerte, observaba desde lejos el procedimiento mientras un olor nauseabundo impregnaba el aire húmedo.

Sin todo el instrumental ni las personas necesarias para una autopsia de esas dimensiones, y cuando la mitad de las vísceras del animal ya estaban sobre la playa, en un momento Mauricio Ulloa, del Sernapesca -quizá producto del hedor que permaneció en sus narices por varios días-, estalló: “¡Aquí vinimos a trabajar!, así que los científicos que vinieron tienen que ayudar con la necropsia”, dijo dirigiéndose a los tres científicos. Más tarde, los profesionales -representantes de la Universidad de Chile, del Centro Huinay y del Consejo de Monumentos Nacionales- dijeron que ellos no contaban con experiencia ni las competencias necesarias para realizar esa clase de procedimiento, y que cada uno viajó, respectivamente, con tareas específicas: tomar trozos de piel para analizar el ADN y comprobar la especie, recoger muestras de flora para medir el impacto de los restos en la vegetación aledaña y levantar datos sobre medidas y la disposición de los cuerpos.

No obstante, dos de los investigadores decidieron ayudar con la necropsia y -luego de calzarse trajes plásticos, mascarillas y botas de hule- al rato estaban con las piernas hundidas hasta las rodillas entre los intestinos del animal. Después de casi tres horas de trabajo, en que se extrajeron muestras de barbas, contenido rectal, hígado y otros órganos, empezó a llover fuerte y el equipo decidió que la tarea había terminado.

Otra vez en el zódiac, de regreso hacia el buque, al alejarse vieron que las aves que habían sobrevolado en círculo desde temprano, ahora descendían para comenzar su festín carroñero.

Con un sol inusual para la zona incluso en verano, a la mañana siguiente el Micalvi zarpó hacia la entrada del seno Newman: el lugar identificado como el epicentro del desastre en los sobrevuelos realizados por el equipo de Huinay en junio y por el fiscal Poblete en enero pasado.

Tras casi dos horas de viaje, pasado el mediodía dos zódiacs, en que se dividieron los peritos de la PDI, Sernapesca y los científicos, se internaron por la entrada de mar de casi 20 kilómetros: un territorio salvaje -ubicado 200 kilómetros al norponiente del lugar habitado más cercano, Caleta Tortel-, donde muy pocos se atreven a llegar debido a su baja profundidad, que hace riesgosa la navegación para embarcaciones de mediano y gran calado. Los trabajos de medición y toma de muestras duraron hasta las seis de la tarde, cuando un viento frío y cada vez más intenso sopló desde el golfo de Penas, anunciando que la ventana de buen tiempo estaba por terminar.

En total se estudiaron -registrando su posición mediante GPS- 15 cuerpos: la mayoría de los cuales, estimó el grupo, correspondía a muertes producidas el año pasado. El resto -partes de esqueletos desmembrados por la marea- podía datar, según Mauricio Ulloa, de ballenas, aparentemente todas de la especie sei, muertas hace dos, tres y hasta cuatro años.

El último día de trabajo en terreno, el lunes 15 de febrero, amaneció cubierto de nubes negras que auguraban una tormenta. Por eso, los zódiacs partieron a las nueve de la mañana con la instrucción de volver lo antes posible y, de inmediato, iniciar el retorno de la expedición hacia Puerto Chacabuco.

Preparados para seguir con los registros de osamentas, los investigadores se llevaron una sorpresa cuando vieron una ballena muerta que flotaba cerca de la playa. Sin los medios ni el tiempo para arrastrar el animal hasta a la orilla, para realizar una nueva necropsia, solo tomaron una muestra de piel antes de seguir explorando el seno Newman hasta casi las tres de la tarde. En total, durante los dos días de trabajo en el sector, el equipo tomó muestras de tejidos de 36 ejemplares.

Trampa ecológica

Además de informes para la PDI y la fiscalía, los resultados científicos de la expedición serán parte fundamental de un taller que el próximo 13 y 14 de abril reunirá a expertos internacionales para discutir sobre el tema en Viña del Mar (Región de Valparaíso). A la cita, organizada por el Sernapesca, se espera que acudan algunos de los científicos más importantes en la materia, como Robert L. Brownell, quien lleva más de cincuenta años registrando varamientos de cetáceos y hoy es reconocido como la máxima autoridad en la materia. Miembro de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos -NOAA, por su sigla en inglés-, Brownell espera que la reunión en Chile se convierta en el paso inicial para que los científicos de varios países enfrenten en conjunto la serie de mortandades masivas de grandes cetáceos que se han registrado alrededor de todo el mundo durante los últimos cinco años.

Frances Gulland, miembro de un comité asesor del Presidente Barack Obama e investigadora principal del Centro de Mamíferos Marinos en Sausalito, también espera acudir a la cita. Según ella, lo que sucede en el golfo de Penas es una catástrofe de orden mundial, pues la muerte de más de 300 ejemplares registradas en un año representa la disminución de alrededor del 3% de la especie solo en un evento. “Se debe determinar la causa de las muertes y al mismo tiempo hacer estudios medioambientales para investigar la incidencia de biotoxinas y enfermedades infecciosas. Pero, además, se debe determinar si el evento ya terminó o sigue en curso”, dice la bióloga marina desde California.

El temor de Gulland es el mismo que -desde que viajó a la zona en mayo pasado- tiene David Cassis, el experto chileno en marea roja. En su laboratorio del Centro de Investigación para el Cambio Climático de la Santo Tomás, Cassis dice que lo más probable es que las ballenas sei mueren debido a su alimentación, compuesta por pequeños organismos contaminados por biotoxinas. En ese sentido, el actual fenómeno de El Niño -que aumenta la temperatura de las aguas, y que es mucho más intenso que el registrado en 1997 y 1998- propiciaría un brote anómalo de algas que generan sustancias capaces de matar a las sei al paralizar sus impulsos nerviosos, sus músculos respiratorios o desatando problemas gastrointestinales.

“Lo peor es que puede tratarse de un fenómeno cíclico, frente al cual no hay mucho que hacer, porque no se pueden poner barreras para evitar que esta especie vaya a alimentarse a una zona que por su lejanía consideran segura”, dice Cassis. “El golfo de Penas, lamentablemente, podría tratarse de una gran trampa ecológica para estas ballenas”.

A pocas horas de recalar otra vez en Puerto Chacabuco, luego de otra noche larga y turbulenta atravesando el golfo de Penas, Mauricio Ulloa dice que, aunque por supuesto se pudo haber planificado mejor, está satisfecho por el trabajo realizado por el equipo. Sin embargo, después de encontrarse con los dos ejemplares muertos recientemente, asegura que no puede evitar estar preocupado ante la posibilidad de que una nueva mortandad masiva se repita en los próximos meses. “Si determinamos que esto es por marea roja, que es un fenómeno natural, será muy difícil hacer algo. Ahora no se me ocurre cómo… Ojalá que no sea como el año pasado”, dice mirando su tazón de café.

Fuente/diario.elmercurio/
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Desarrollo Sostenible

MAPFRE NEUTRALIZA EL 84% DE SU HUELLA DE CARBONO OPERATIVA EN 16 PROYECTOS GLOBALES DE COMPENSACIÓN

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    Mapfre generó en 2025 una huella de carbono operativa de 53.517 tCO2e, cerca de un 6% menos con respecto a 2024, de la cual el 84%, es decir, 45.136 tCO2e, se ha compensado con un total de 16 proyectos realizados en 10 países, para evitar la deforestación de bosques que estaban en riesgo de desaparecer, así como otros vinculados a la reforestación, agricultura regenerativa y energías renovables. 

    La compañía ha dado a conocer estas cifras en el marco del Día Internacional del Medio Ambiente, que se celebra este 5 de junio, y en el que ha destacado que dicho descenso se debe al esfuerzo que realiza el Grupo para seguir avanzando hacia la descarbonización de la economía, clave para avanzar en la lucha contra el cambio climático. 

    Un total de 13 países donde Mapfre tiene actividad han participado en proyectos para compensar su huella de carbono operativa. Destaca el proyecto ‘Concosta REDD+Project’, desarrollado en la región sur del Chocó, en la zona pacífica de Colombia, con el que España, Estados Unidos, México y Panamá han compensado parte de su huella de carbono operativa. El proyecto tiene como objetivo evitar la deforestación y contribuir a transformar comunidades dependientes de la tala mediante alternativas sostenibles con las que obtener ingresos, mejorar el acceso a servicios básicos como la salud y la educación y apoyar la participación laboral de la mujer. Con este proyecto se han compensado un total de 20.806 toneladas de carbono

    Brasil también ha sido protagonista por su participación en otros proyectos de deforestación evitada como el dirigido a proteger la Serra do Amolar Pantanal, que presenta altos niveles de riesgo de deforestación por la ganadería y la agricultura, y con el que se proporciona empleo y formación a las familias que viven en esta región, así como apoyo al ecoturismo y prevención de incendios.  

    También se ha compensado con proyectos de gestión forestal mejorada cuyo objetivo es optimizar el uso sostenible de los bosques, conservar la biodiversidad, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, así como mejorar los beneficios sociales y económicos que proporcionan a la comunidad local.

    Destaca el proyecto Loon Echo & Mahoosuc Land Trusts Forest Carbon Project, con el que Mapfre en Estados Unidos ha compensado 2.754 toneladas de carbono, y cuyo objetivo es proteger una zona de más de 8.000 acres de bosque en los Estados de Maine y New Hampshire para que evite la erosión del suelo, produzca recursos hídricos, mejore la calidad del aire y contribuya a mantener las reservas de carbono existentes, así como el proyecto de recuperación ecológica y paisajística, en la Serra do Caramulo, en Portugal, una zona de montaña muy degradada debido a la explotación forestal; y otros dirigidos a promover la reforestación, como el proyecto Bostal/Trabazos, llevado a cabo en Zamora (España), para transformar 317 hectáreas afectadas por incendios.

    También se ha compensado en proyectos de agricultura regenerativa, cuyo objetivo es ayudar a los agricultores de Italia y Alemania a realizar la transición desde las prácticas agrícolas intensivas convencionales a la agricultura regenerativa, reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) con prácticas para mejorar la salud del suelo, la biodiversidad y reducir el uso de fertilizantes

    El Grupo se ha comprometido a ser una compañía neutra en 2030 y convertirse en Net Zero en 2050, y para ello también contribuye a la descarbonización a través de la inversión y la suscripción y con medidas para reducir la huella de su operación directa. Entre ellas, destaca la restricción del uso de combustibles fósiles, la utilización de fuentes de energía renovables y la sustitución de su flota de vehículos convencionales por híbridos o eléctricos. 


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    Medio Ambiente

    América Latina: Avances, desafíos y el impulso hacia una movilidad eléctrica sostenible

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    La expansión de buses eléctricos y vehículos electrificados marca un cambio en la región, aunque persisten retos clave para consolidar un sistema de transporte limpio, eficiente y accesible.


    El avance de la electromovilidad comienza a consolidarse en América Latina, motivado por la urgencia de disminuir la huella de carbono y enfrentar los problemas de contaminación urbana. En mercados como Chile y Perú, esta transformación ha redefinido la manera de entender el transporte, tanto público como particular, y ha abierto nuevos desafíos relacionados con el desarrollo de infraestructura y la adopción de tecnologías adecuadas.

    Chile se ha posicionado como uno de los países más avanzados de la región en electromovilidad, especialmente en el transporte público. El país destaca por contar con una de las flotas de buses eléctricos más numerosas fuera de China, estimada en alrededor de 2.600 unidades en operación, lo que lo sitúa a la vanguardia de la región. Además, se proyecta que para 2026 la capital contará con más de 4.400 buses eléctricos y 55 electro terminales, con los que se podría electrificar casi dos tercios del transporte público urbano.

    Este crecimiento se acompaña de beneficios ambientales medibles. Datos del Libro Blanco de la Movilidad Sostenible (2025) indican que se ha observado una reducción de más del 50% en emisiones de material particulado (PM2,5) y un descenso de más del 20% en gases de efecto invernadero en comparación con niveles pre-electromovilidad.

    En Perú, aunque el desarrollo de la electromovilidad es más reciente y con una participación todavía menor en el total del mercado automotor, también hay señales de crecimiento. Según datos de la Asociación Automotriz del Perú (AAP), entre enero y julio de 2025 se vendieron 5.328 vehículos electrificados, alcanzando una participación de 4,6% del mercado automotor nacional. Este porcentaje representa un avance constante frente a años anteriores, aunque todavía por detrás de las tasas de otros países de la región.

    Por su parte, Perú también avanza en esta transición, experimentando un notable crecimiento en la adopción de vehículos electrificados. De acuerdo con un informe de El Comercio (2025), en 2024 se vendieron 6.603 unidades eléctricas en el país, alcanzando un total de más de 16.000 vehículos en circulación, lo que subraya el creciente interés por la electromovilidad en el país.

    En este sentido, Ignacio Ugalde, director de Power Systems para el Clúster Andino Sur en Schneider Electric, subraya la importancia de esta transformación y afirma que “la transición hacia una movilidad eléctrica eficiente no solo responde a una necesidad ambiental, sino que también representa una oportunidad para replantear las ciudades del futuro y elevar la calidad de vida de sus habitantes”.

    Principales obstáculos y oportunidades

    Pese a estos avances, el impulso de la electromovilidad aún se ve condicionado por obstáculos relevantes. Entre los principales se encuentran la insuficiente red de puntos de carga, la elevada inversión inicial que requieren los vehículos eléctricos y la necesidad de fortalecer el trabajo conjunto entre el sector público y el privado para avanzar en soluciones de largo plazo. En esa línea, el ejecutivo advierte que “la industria automotriz, pese a su nivel de desarrollo tecnológico, continúa enfrentando retos como la limitada capacitación en servicios digitales, la falta de componentes, la puesta en marcha de un mayor número de proyectos piloto y la definición de un marco regulatorio acorde”.

    Para asumir estos desafíos, Schneider Electric reafirma su compromiso con la transformación hacia una movilidad eléctrica más eficiente y sustentable. A través de su plataforma EcoStruxure, basada en Internet de las Cosas (IoT), la compañía ofrece soluciones que mejoran la experiencia de carga eléctrica, optimizando sistemas para asegurar su disponibilidad y eficiencia en variados contextos, desde ciudades hasta zonas interurbanas.

    Así lo afirma Ugalde, indicando que “el desarrollo de este tipo de tecnologías ratifica el compromiso de Schneider Electric de apoyar al sector transporte, proporcionando soluciones integrales para movilidad urbana, túneles, aeropuertos, puertos y ferrocarriles, y contribuyendo al desarrollo de infraestructura a nivel país”.

    Con este enfoque integral que incluye tecnología avanzada, decisiones basadas en datos y colaboración multisectorial, América Latina continúa dando pasos sólidos hacia un futuro en que la movilidad eléctrica juegue un papel central en la mejora de las ciudades y en la reducción del impacto ambiental.

     

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    El desafío del agua en la minería: CÓMO EL MAR ESTÁ REDEFINIENDO LA EFICIENCIA HÍDRICA EN CHILE

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    De toda la energía eléctrica consumida en el país, el 30% es utilizada por la industria minera.


     

    En Chile, la minería es un pilar fundamental de la economía, aportando el 12% del PIB nacional y hasta el 52% en regiones como Antofagasta. Sin embargo, el crecimiento de esta industria enfrenta un desafío estructural: el acceso al agua. Con gran parte de sus operaciones ubicadas en la zona centro-norte, una de las más áridas del mundo, la necesidad de encontrar soluciones sostenibles se ha vuelto urgente. En este contexto, el océano ha dejado de ser solo un paisaje para convertirse en un recurso estratégico clave para el sector.

    La desalinización del agua es solo el primer paso para garantizar el abastecimiento hídrico en la minería. Una vez tratada, debe recorrer grandes distancias y superar desniveles extremos para llegar a las faenas. Un ejemplo que marca un hito en la agenda sustentable, es el proyecto conjunto entre ABB y Minera Los Pelambres, que en marco a sus proyectos INCO (Infraestructura Complementaria) y PAO (Proyecto de Adaptación Operacional) busca el 90% del agua utilizada en sus procesos provenga del mar o de fuentes recirculadas. Hasta ahora, el proyecto ha inyectado a la economía de la región de Coquimbo $1.977 millones y en su punto de máxima actividad generará más de 2 mil empleos.

    Martín Capó, Lead Manager Abb Motion, comenta: “Para lograrlo, se han implementado motores eléctricos de alta potencia en su sistema de bombeo, permitiendo desalinizar el agua e impulsarla debajo de los 1.000 metros a 150 kilómetros de distancia hasta las faenas de operación minera. Este avance no solo asegura un suministro eficiente, sino que también optimiza el consumo energético, garantizando la sostenibilidad del proceso a largo plazo.”

    Por otro lado, el Proyecto Aconcagua contempla una planta desaladora en Ventanas, Puchuncaví, y un acueducto hasta Quilapilún, Tiltil, con una impulsión eficiente gracias a 12 VDFs en media tensión (1800 y 2500 HP). Su objetivo principal es abastecer de agua a la faena minera Las Tórtolas de Anglo American, pero también tiene un impacto social clave: parte de los 1500 litros por segundo beneficiará a zonas rurales entre la costa y la zona central del país, contribuyendo a la sostenibilidad y mejorando el acceso al agua en comunidades vulnerables.

    ABB Motion en su aniversario número 70, es un actor clave en la transición hacia una minería más eficiente y baja en emisiones. Su tecnología permite que estos procesos sean posibles, con motores eléctricos y variadores de velocidad que no sólo impulsan el agua a grandes distancias, sino que lo hacen con un enfoque en la eficiencia energética y la reducción del impacto ambiental. A través de soluciones innovadoras, ABB Motion ayuda a reducir el consumo de energía y a mejorar la productividad industrial, alineándose con su compromiso global con la descarbonización y la sostenibilidad.

    El desafío no termina en la impulsión del agua; su reutilización es un factor esencial en la estrategia de sostenibilidad de la industria. La combinación de tecnologías avanzadas, como las soluciones de ABB Motion, permite que la minería chilena avance hacia un modelo más eficiente y responsable con los recursos, asegurando su continuidad sin comprometer el futuro de las próximas generaciones.

    ABB Motion no solo impulsa el agua en la minería, sino que también impulsa el cambio hacia un futuro más sostenible, donde la innovación y la eficiencia energética juegan un rol fundamental en la transformación de las industrias.



    
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    Desarrollo Sostenible

    STARTUPS CHILENA ASEGURA FINANCIAMIENTO DE $1.000 MILLONES PARA ELIMINAR 50 MILLONES DE BOTELLAS DE PLÁSTICO AL AÑO

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    La innovadora startup chilena Maihue ha logrado asegurar un financiamiento de $1.000 millones, lo que le permitirá expandir su tecnología de dispensadores de agua purificada conectados a la red y continuar con su misión de reducir el uso de botellas de plástico desechables. Se estima que esta inversión ayudará a evitar el uso de hasta 50 millones de botellas de plástico al año, contribuyendo significativamente a la reducción de residuos plásticos en el país.


     

    Desde su fundación en 2017, Maihue ha revolucionado el consumo de agua al ofrecer una alternativa más ecológica y rentable, al eliminar la necesidad de comprar agua embotellada o utilizar botellones. La empresa funciona a través de un modelo de suscripción mensual, permitiendo que los usuarios accedan a agua purificada directamente desde la red. Actualmente, Maihue ya cuenta con 25.000 usuarios residenciales, 2.000 empresas, y más de 200 hoteles y restaurantes, todos comprometidos con un modelo de consumo más sostenible.

    La propuesta de Maihue destaca no solo por su contribución al medio ambiente, sino también por los beneficios económicos que ofrece. Su tecnología permite a los usuarios reducir su huella de carbono hasta un 90% en comparación con el uso de agua embotellada, al eliminar el transporte y la logística de las botellas. Además, el costo de acceder al sistema de Maihue es hasta 10 veces más bajo que el de las alternativas de agua envasada, lo que ha generado ahorros de entre un 30% y un 50% para sus clientes.

    La compañía se ha posicionado como una solución innovadora para hogares, empresas y la industria hotelera, al proveer un sistema que no solo es económico, sino también más eficiente y ecológico. Esta tendencia ha llevado a Maihue a consolidarse como una empresa clave en la lucha contra el uso excesivo de plásticos de un solo uso.

    El financiamiento recibido proviene de la oficina chilena de Belat, Doble Impacto, y resalta el creciente interés de los inversionistas en proyectos que promuevan la sostenibilidad y el impacto social positivo. Jorge Muñoz, gerente general de Doble Impacto, destacó el potencial de Maihue: «Este tipo de iniciativas tienen el poder de cambiar industrias completas, y Maihue está liderando el camino hacia un futuro más responsable con el medio ambiente», afirmó Muñoz.

    Maihue ha logrado captar la atención de inversionistas de plataformas éticas y fondos de inversión interesados en financiar empresas que impulsen desarrollos con impacto positivo. Con esta nueva inversión, la empresa se prepara para ampliar su alcance a nuevos mercados y seguir ampliando su red de usuarios, consolidándose como un referente en tecnología limpia y soluciones sustentables.

    Según Gonzalo Achondo, CFO de Maihue, el éxito de este financiamiento refleja una tendencia creciente de inversión en empresas que priorizan el impacto social y ambiental. «Hay una fuerte demanda de fondos de inversión y family offices por apoyar proyectos que generen cambios positivos a nivel global», señaló Achondo. Este interés se alinea con un movimiento más amplio hacia la adopción de modelos de negocio responsables, que buscan reducir los efectos negativos sobre el medio ambiente y promover el bienestar social.

    Con el respaldo de estos $1.000 millones, Maihue no solo expandirá sus operaciones a nivel nacional, sino que también está en camino de convertirse en un líder regional en la lucha contra el desperdicio de plástico, consolidando su modelo de negocio como una alternativa viable y escalable para un futuro más sostenible.


    
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    Desarrollo Sostenible

    ESCOLARES DE MELIPEUCO APRENDEN DE ENERGÍAS RENOVABLES EN PROGRAMA “KIDS IN ENERGY” DE WEC CHILE

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    En una ceremonia, la empresa generadora de energía renovable, Latin America Power también entregó un reconocimiento a ocho colegios del sector que fueron parte del Programa de Certificación Ambiental Nacional.


    62 alumnos de Melipeuco participaron del programa “Vive la Energía” de la línea Kids in Energy & Sustainability 2024, iniciativa impulsada por el World Energy Council Chile (WEC Chile) y sus entidades asociadas, Latin America Power (LAP) y la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI). Este tiene como objetivo entregar herramientas de aprendizaje y experiencias significativas a niños en edad temprana, así como también transmitir en palabras simples lo que significa el sistema energético en sus vidas.

    La instancia contó con la presencia de diferentes autoridades, como el seremi de Hacienda de la región de la Araucanía, Ronald Kliebs, representantes de la Seremi de Energía y el alcalde de Melipeuco, Alejandro Cuminao.

    En esta ocasión, el programa que ya está en su tercer año de desarrollo se realizó en Melipeuco como parte del Proyecto Me Sumo, una iniciativa que desde 2022 es impulsada por Latin America Power y la Municipalidad de Melipeuco, que tiene como base el desarrollo de un modelo de gestión para la Educación y Gestión Ambiental de la comuna.

    Al respecto, el gerente general de LAP, Esteban Moraga quien también estuvo presente en la actividad comentó que, “desde que empezamos con este proyecto, el objetivo ha sido ir sumando nuevos actores para seguir desarrollando a toda la comuna y sus habitantes, de la mano del trabajo conjunto en el marco de esta alianza público-privada. Asimismo, para nosotros ser parte de espacios y plataformas de dialogo como el WEC Chile es muy importante, por lo que estamos orgullosos de haber podido acercar Kids in Energy a Melipeuco y así generar una sinergia integral con los estudiantes que participan diariamente del proyecto Me Sumo”.

    Durante la jornada, estudiantes de las escuelas Volcán Llaima, San Gabriel, Cumcumllaque, Carén, Dahuelhue, y Colegio Adenauer fueron parte de diferentes actividades enfocadas bajo el concepto de “Alfabetización Energética” y sesiones teórico-prácticas sobre el uso y el manejo de energías renovables.

     

    En esa línea, la directora Ejecutiva del World Energy Council Chile, María Trinidad Castro comentó que “es un orgullo ver el trabajo comunitario realizado en la localidad de Melipeuco y su énfasis en educación. Nos moviliza que las escuelas de todo Chile pueden ser parte de iniciativas como nuestro programa Kids in Energy & Sustainability desde donde buscamos aprender junto a niños y niñas sobre la importancia de nuestro sistema energético que está en el corazón de nuestras vidas”.

    Por su parte, la directora de Vinculación con el Medio de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la Universidad Adolfo Ibáñez, Valeria Farías, enfatizó el compromiso de la Facultad con la educación y la concientización sobre energía y sostenibilidad entre las generaciones futuras: Vive la Energía representa una fuente de inspiración y satisfacción, ya que nos brinda la oportunidad de ofrecer una experiencia científica a niños y niñas de diversas regiones del país. Es necesario destacar que este programa ha sido reconocido internacionalmente por el impacto que ha tenido en las y los escolares y en esta ocasión, llevamos nuestra iniciativa a la comuna de Melipeuco, en la región de La Araucanía, enfatizando aún más nuestro compromiso con las regiones del país”.

    Programa de certificación ambiental SNCAE

    Posterior a las actividades, en una ceremonia la empresa LatinAmerica Power (LAP) entregó un reconocimiento a los ocho establecimientos que fueron certificados en nivel excelencia por el programa de Certificación Ambiental del Ministerio de Educación.

    La iniciativa es desarrollada por LAP junto al Servicio Nacional de Certificación Ambiental Estudiantil (SNCAE) y el Departamento de Educación de la Municipalidad de Melipeuco, y busca implementar una estrategia integral para abordar la educación ambiental para la sustentabilidad en los establecimientos educacionales de la comuna.

    En esa línea, el gerente de Sostenibilidad y Medioambiente de LAP, José Salgado valoró el trabajo colaborativo que se ha implementado e invitó a la comunidad a continuar adelante. “hasta la fecha, gracias al esfuerzo de todos los actores parte del programa, hemos logrado incorporar al programa de educación Ambiental al 95% de los alumnos de la comuna. Esto nos motiva a seguir apoyando este lindo proyecto, el cual es importante no tan solo para la comuna de Melipeuco, sino que para todas las escuelas del país que se van acogiendo a este sistema de certificación”, agregó.

    En esta oportunidad, el programa certificó a las escuelas Volcán Llaima, Cumcumyaque, Carén y Liceo Los Andes en Nivel de Excelencia, la Escuela Fundo Molulco en Nivel Medio y las Escuelas Dahuelhue, Cumcumllaque y 10 de Llaima en Nivel Básico.

    Los establecimientos reconocidos eran parte de la iniciativa desde 2022 y 2023, mientras que para 2024 la empresa anunció la incorporación de la Escuela Molulco y Colegio Adenauer, a las actividades que ofrecerá el programa para este 2024.


    Fuente/Ambientum
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