Conversación
Agua que no has de beber
Todas las actividades humanas utilizan agua. Para cocinar, lavar y producir, el líquido es tan vital que la ONU ya está alertando sobre una “bancarrota” del agua de aquí al 2050. La cantidad del elemento necesaria para producir alimentos y todos los bienes que se consumen es lo que se conoce como huella del agua, un patrón que cada vez cobra mayor importancia en los mercados y que está obligando a gobiernos y empresas a abordar una mejor gestión de los recursos.
En el mundo falta agua… al menos en la forma y oportunidad en que la necesitamos. Y cada vez se hará más escasa. La urbanización y la actividad económica, sumadas al cambio climático, están haciendo que la competencia y cuidado por el recurso sean cada vez más fuertes.
Un reciente informe del Instituto del Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas advirtió que el mundo se enfrenta a una “bancarrota de agua”, encendiendo las alarmas en torno a la gestión de los recursos hídricos de cada país.
Este informe se sumó al de los investigadores Arjen Hoekstra y Mesfin Mekonnen de la universidad holandesa de Twente que en febrero de este año revelaron que la producción de alimentos está consumiendo el 92% de toda el agua fresca disponible en el planeta. Ambos calcularon la huella hídrica media de cada país a partir de información recopilada entre los años 1996 y 2005.
El estudio de estos profesores también destacó el importante rol del comercio internacional en el tema: durante ese período, aproximadamente una quinta parte de toda la huella hídrica mundial se debió a importaciones y exportaciones, dato no menor para una economía tan abierta al mundo como la chilena.
¿Qué es? ¿Para qué sirve?
La huella del agua cuantifica el consumo de este líquido por cada ser humano en todos sus aspectos. Desde la que bebemos hasta la que se usa para producir los alimentos, ropa, o el hormigón de nuestras casas.
El concepto fue acuñado por el propio Arjen Hoekstra e incluye tanto el agua consumida directamente, como la empleada de forma indirecta en lo que comemos o los productos industriales que compramos.
Sirve para medir el impacto humano sobre los recursos hídricos del planeta y entregar información para establecer medidas para gestionar mejor los recursos hídricos. La ONU y entidades científicas recomiendan analizar el uso del agua desde una perspectiva global para que cada Estado pueda elaborar así sus planes hídricos nacionales.
Media piscina olímpica anual
El informe de Hoekstra y Mekonnen, considerado el más completo publicado hasta ahora, cuantificó que entre 1996 y 2005 la huella hídrica promedio anual por persona alcanzó los 1.385 metros cúbicos, es decir el equivalente a media piscina olímpica cada uno. La medición se hizo por persona con el fin de “limpiar” el efecto de la sobrepoblación, ya que al calcular la huella hídrica de cada país, desde la perspectiva del consumo y de la producción, las naciones más pobladas aparecen con una huella mayor.
16 mil litros de agua por kilo de carne
La carne, los cereales y la leche son los productos que más agua necesitan para ser producidos. En promedio se requieren 16.000 litros del líquido para generar un kilo de carne de vaca y 3.000 para un kilo de arroz. La producción de carne es la responsable de un tercio de toda la huella hídrica de la agricultura en el mundo, ya que es más intensiva en el uso de alimentos procesados.
Las cifras parecen exorbitantes, pero consideran no sólo lo que el animal bebió antes de morir, sino también el consumo hídrico del pasto y alimentos necesarios para su engorda, además del agua que se usó en la faena.
Un tomate, en cambio, necesita unos 125 litros de agua desde que se siembra hasta que llega a la mesa; una manzana 70 y una copa de vino, 120 litros.
¿Cómo se mide?
Básicamente la huella del agua se calcula midiendo el volumen total utilizado desde el inicio del proceso de producción hasta su consumo. La cuenta debe incluir el agua contenida en los insumos y la que se desecha, por ejemplo, durante el lavado de las botellas o instalaciones.
En cada país, la huella es diferente y está determinada por los productos que puede generar y consumir. La carne de vaca producida en granjas británicas que deben importar algunos de sus insumos para la alimentación, no tiene la misma huella que la brasileña, por ejemplo.
Lo mismo pasa con los productos agrícolas. En Chile, la uva sultanina tiene una huella de agua de 521 litros por kilo si se produce en Copiapó, pero de 374 litros por kilo si sale del valle de Aconcagua. En el caso de las paltas, las del Elqui bajo marcan 436 litros por kilo, mientras que las de La Ligua bajan a 378 litros por kilo.
El cálculo de la huella se fija fundamentalmente en la ecuación entre el requerimiento del agua de un cultivo y el rendimiento que se obtenga. De ello se desprende que cultivos que están en un área que no les corresponde pueden producir muy poco y, por lo tanto, tienen una huella muy alta.
La medición también establece la disponibilidad del recurso, ya sea por afluentes o lluvia y el grado de contaminación. El indicador, además, puede reflejar si hay o no sobrexplotación de las reservas de agua.
¿Cómo andamos por casa?
Chile está entre los países con una huella hídrica media. Su gasto en agua por habitante es de 1.115 metros cúbicos anuales. O lo que es lo mismo, unos 75 camiones aljibe. Argentina, con el doble de población consume 1.607 y Perú 1.080. La buena noticia es que la mayor parte, 778 metros cúbicos, corresponden a uso de agua de lluvia, la mayoría caída en territorio nacional, según el trabajo de Hoekstra y Mekonnen.
¿Y los demás?
Como en todas las mediciones medioambientales, los países más ricos son siempre los más gastadores. Mientras en Estados Unidos, cada ciudadano consume en promedio 2.842 metros cúbicos de agua cada año, en India con tres veces más población, el consumo per cápita es de 1.089 metros cúbicos y en China, el país más poblado del planeta, cada uno de sus 1.300 millones de habitantes gasta 1.071 metros cúbicos.
La huella hídrica per cápita del mundo desarrollado suele ser mayor que la de los países más pobres, debido al consumo más intensivo de todo tipo de proteínas animales, ropa o bienes que conllevan gasto de agua. Además, su alto poder adquisitivo hace que productos de todo el planeta estén presentes en sus mercados.
Chile exporta agua
Una parte importante de la huella hídrica mundial proviene del comercio exterior. Cuando un país como Chile exporta manzanas, está enviando al extranjero también toda el agua que necesitó para producir esas frutas.
Es lo que se llama agua virtual. En el periodo 1996-2005, el comercio internacional movió 2.320 Gm3 (miles de millones de litros) al año de agua contenida principalmente en productos agrícolas.
Los mayores exportadores de agua virtual fueron Estados Unidos, China, India y Brasil, mientras que los mayores importadores fueron Estados Unidos, Japón, Alemania y China.
Ello ha generado teorías como la del economista Alberto Garrido de la Universidad Politécnica de Madrid, quien sostiene que la próxima tendencia será que algunos países comenzarán a aprovechar su agua interna para producir lo que aporte más valor económico y con menos gasto, importando todo lo que gasta más y rinde menos. Por eso, se vislumbra que en las próximas décadas, algunos países europeos dejen de producir maíz ya que son menos eficientes que algunos americanos.
En Copiapó estaba mal medido
El año pasado, expertos del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) del Ministerio de Agricultura comenzaron a medir la huella de agua de 15 productos agrícolas de alto impacto comercial y económico del país como la palta, la uva, el tomate, etc.
El cálculo sólo considera la huella del producto al momento de cosecharlo y según Alfonso Osorio, director del proyecto, la información ya recabada permite establecer comparaciones a nivel mundial y comenzar a definir indicadores referenciales para el país. “Por ejemplo, ya tenemos muy claro cuál es la huella del agua de la vid de mesa en las diferentes regiones de Chile y qué se podría hacer para mejorar el indicador en este rubro”, adelanta.
Ello permitirá también corregir errores en la información internacional, que señala que en Copiapó, por ejemplo, el aporte del agua de lluvia en la contabilidad de la huella del agua era muy alta. “Está sobredimensionada, dado que el aporte de lluvia al requerimiento es muy bajo. Pareciera que en el dato mundial consideran que en Copiapó llueve mucho”, dice el investigador.
El caso de la viña Montes
En el mercado internacional, la huella del agua está comenzando a cobrar cada vez más fuerza. Como tendencia, eso sí, porque aún no hay mercados grandes que la estén exigiendo, porque además tampoco hay certificaciones comúnmente muy aceptadas.
Sin embargo, la Viña Montes comenzó en 2009 a trabajar en prácticas que permitieran bajar su huella. El presidente de la firma, Aurelio Montes, explica que el foco está puesto en la producción de las uvas, “debido a que durante el proceso productivo de elaboración de vinos, el mayor consumo de agua corresponde a esa etapa, llegando incluso a un 92% del total de la huella hídrica”, recalca.
Para ello, instalaron riego por goteo en el 100% de las hectáreas productivas y un departamento de investigación y desarrollo, cuyo foco principal es el estudio del recurso. “Los primeros resultados ya son auspiciosos, logrando ahorros del orden del 15% de agua, vale decir 600.000 litros por hectárea”, afirma.
En 2011 la compañía participó en un piloto de certificación, que consistió en revisar el estándar de medición de huella hídrica, que se ha ido desarrollando a nivel internacional. “Este piloto fue una gran oportunidad, porque nos permitió opinar desde Chile sobre el desarrollo internacional del estándar que finalmente se aplicará en todo el mundo. Cabe destacar que Viña Montes es la primera empresa vitivinícola latinoamericana en participar en este piloto, aportando con toda nuestra experiencia y conocimiento”, explica Montes.
Ahorro es riqueza
Invertir en sistemas de riego más eficientes, favorecer los cultivos que consumen menos agua y reducir la contaminación en la agricultura son los principales desafíos de Chile para mejorar su huella hídrica, ya que la producción agroalimentaria constituye el principal gasto nacional de agua. Y más, si el país continúa con su plan de convertirse en una potencia alimentaria.
En la Universidad de Talca están trabajando en el uso de tecnología para optimizar el uso del agua, con el objetivo de producir con sólo 80 litros una copa de vino. Hoy, la media es de 120. •••
Por Fernando Vega
Fuente:www.capital.cl
Conversación
Tratado de Alta Mar: Una noticia esperanzadora para la salud de los océanos
Más del 60% del océano corresponde a aguas de alta mar: aquellas que se encuentran fuera de las zonas jurisdiccionales de los países ribereños. El resto, las jurisdiccionales, que ocupan un tercio de los océanos, llevan bastante tiempo reguladas. Pero el ordenamiento de aquellas más alejadas de la costa se lleva discutiendo desde hace dos décadas y solo recientemente se ha firmado un Tratado de Alta Mar.
El Convenio del Derecho del Mar, firmado en Montego Bay (Jamaica) el 10 de diciembre de 1982, regula las aguas jurisdiccionales. Pero el nuevo Tratado de Alta Mar solo se aplica a partir de las zonas económicas exclusivas de los Estados. Es decir, en las aguas alejadas más de 200 millas de los territorios soberanos.
El tratado BBNJ (según sus siglas anglosajonas) es el tercer acuerdo de aplicación de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. El pacto incluye la protección de la biodiversidad y el uso sostenible de los recursos marinos.
Ratificación y entrada en vigor
Fruto de las reuniones mantenidas previamente, el 17 de enero de 2026 entró en vigor el nuevo acuerdo, denominado Tratado sobre la Conservación y el Uso Sostenible de la Diversidad Biológica Marina fuera de las Jurisdicciones Nacionales.
Más conocido como el Tratado de Alta Mar, ha obtenido la ratificación 81 países. En febrero de 2025, España se convirtió en el primer país europeo en depositar su ratificación ante la sede de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York. Marruecos y Sierra Leona se unieron recientemente (septiembre 2025) al total de Estados que lo han firmado. Se convirtieron en los países 60 y 61 en respaldar el tratado, permitiendo que entrara en vigor lo firmado en junio del año 2023.
El objetivo principal del acuerdo (dotado de 76 artículos repartidos en 12 partes) se centra en mejorar la coordinación entre los países y establecer un enfoque integral destinado a la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad en las aguas afectadas.
Por lo tanto, se busca garantizar el uso de los recursos del océano en alta mar a un ritmo y de una manera adecuados. Es decir, que su aprovechamiento no provoque una reducción (en el presente y a largo plazo) de las especies animales y vegetales. Adicionalmente, el reparto de los beneficios obtenidos del uso de los recursos genéticos marinos debe ser llevado a cabo de una manera equitativa. Y ello creando áreas protegidas y fortaleciendo la cooperación científica.
Preocupación en el sector pesquero
En referencia a la pesca, el artículo 10 del tratado refleja de manera clara lo que pretende en este aspecto. El acuerdo no busca invadir las competencias de otros organismos internacionales en referencia al reparto de los cupos de pesca. Se enfoca principalmente en el cambio climático, la acidificación de los mares, la contaminación y la explotación tecnológica.
No obstante, debido al fin ambientalista del pacto, es normal que se cree un posible foco de incertidumbre sobre sus posibles implicaciones para la pesca. Ello puede traer la consiguiente desconfianza por parte de los afectados.
El tratado permite el establecimiento de áreas marinas protegidas en alta mar. Asimismo, pretende que estén conectadas formando una red, una meta importante para poder alcanzar la protección del 30 % de los océanos (objetivo “30×30”) antes del año 2030. Actualmente, solo el 0,9 % de las aguas de alta mar está totalmente protegida.
Implicaciones jurídicas
Desde una óptica estrictamente jurídica, las normas del Tratado de Alta Mar no van en contra del Convenio del Derecho del Mar de las Naciones Unidas, sino que lo complementan en las áreas fuera de las aguas jurisdiccionales de los países. Así, se presentan como las primeras normas que tendrán efectividad en alta mar.
Adicionalmente, el tratado crea un nuevo órgano para conservar y gestionar la biodiversidad: la Conferencia de las Partes, que será el foro especializado para ejecutarlo.
Este tratado, como cualquier otro instrumento de derecho internacional, contiene una lista de principios. Estos deben tenerse en cuenta para su aplicación. Entre ellos destacan los de “quien contamina, paga” y “distribución justa y equitativa de los beneficios”, es decir, se obliga a quien contamina a asumir la responsabilidad y se garantiza una distribución equitativa de los beneficios derivados de los recursos marinos.
81 países lo incorporarán a su legislación
Tras su reciente entrada en vigor, el tratado pasa a ser jurídicamente vinculante. Afectará a los más de 80 países que lo han ratificado hasta ahora. Esto significa que aceptan incorporarlo a su legislación nacional.
El éxito del acuerdo dependerá de su traducción en medidas operativas y de los países implicados. Todos los Estados de la Unión Europea lo han firmado y ratificado. También lo han hecho otros países de América Latina, África y pequeños Estados vulnerables a la degradación oceánica, como las islas Seychelles y Palaos. Incluso China se ha sumado al pacto.
Pero existen países que, a pesar de firmarlo, aún no lo han ratificado, como Estados Unidos, Reino Unido y Rusia. Esto genera un escenario de adhesión desigual que condiciona el alcance real del tratado. En cualquier caso, la eficacia en su aplicación dependerá de la capacidad de los órganos institucionales ya existentes. Además, la puerta sigue abierta para que más Estados lo ratifiquen.
Fuente/The Conversation/ Licencia Creative Commons
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El mundo entra en ‘bancarrota hídrica’, según un informe de la ONU
Un estudio de la Organización de las Naciones Unidas declara que el término de ‘crisis hídrica’ que se utiliza habitualmente ya no se ajusta a la realidad, ya que hay daños irreversibles que han llevado a muchas cuencas y reservas a un punto sin retorno.
En medio del agotamiento crónico de las aguas subterráneas, la degradación de la tierra y el suelo, la deforestación y la contaminación, todo ello agravado por el calentamiento global, un informe de la ONU ha declarado hoy el inicio de una era de bancarrota hídrica mundial.
Según el nuevo informe, los términos habituales “estrés hídrico” y “crisis hídrica” no reflejan la realidad actual en muchos lugares: una situación caracterizada por pérdidas irreversibles de capital hídrico natural y la incapacidad de recuperar los niveles históricos. Por eso, los autores instan a los líderes mundiales a facilitar “una adaptación honesta y basada en la ciencia a una nueva realidad”.
“Este informe revela una verdad incómoda: muchas regiones están viviendo por encima de sus medios hidrológicos y muchos sistemas hídricos críticos ya están en bancarrota”, afirma el autor principal, Kaveh Madani, director del Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH).
Este informe revela una verdad incómoda: muchas regiones están viviendo por encima de sus medios hidrológicos y muchos sistemas hídricos críticos ya están en bancarrota
Kaveh Madani, UNU-INWEH
En términos financieros, el informe afirma que muchas sociedades no solo han gastado en exceso sus “ingresos” anuales renovables de agua procedentes de ríos, suelos y nieve acumulada, sino que han agotado sus “ahorros” a largo plazo en acuíferos, glaciares, humedales y otros depósitos naturales.
Esto ha dado lugar a una lista cada vez mayor de acuíferos reducidos, terrenos hundidos en deltas y ciudades costeras, lagos y humedales desaparecidos y una pérdida irreversible de biodiversidad.
El informe de la UNU se basa en un artículo publicado en la revista Water Resources Management, que define formalmente la quiebra hídrica como la sobreexplotación persistente de las aguas superficiales y subterráneas en relación con los caudales renovables y los niveles seguros de agotamiento; y la consiguiente pérdida irreversible o prohibitivamente costosa del capital natural relacionado con el agua.
Sistemas hídricos interconectados
Aunque no todas las cuencas y países se encuentran en bancarrota hídrica, Madani afirma que “suficientes sistemas críticos en todo el mundo han superado estos umbrales. Estos sistemas están interconectados a través del comercio, la migración, las retroalimentaciones climáticas y las dependencias geopolíticas, por lo que el panorama de riesgo global se ha alterado fundamentalmente”.
El 75 % de la humanidad esté en países clasificados como inseguros o críticamente inseguros en materia de agua.
Según el informe, uno de los puntos críticos está en la región de Oriente Medio y África del Norte, donde el alto estrés hídrico, la vulnerabilidad climática, la baja productividad agrícola, la desalinización intensiva en energía y las tormentas de arena y polvo “se entrecruzan con economías políticas complejas”.
En algunas partes del sur de Asia, la agricultura dependiente de las aguas subterráneas y la urbanización han provocado descensos crónicos de los niveles freáticos y hundimientos locales. Y en el suroeste de Estados Unidos, el río Colorado y sus embalses “se han convertido en símbolos de promesas de agua de forma excesiva”.
Basándose en conjuntos de datos globales y pruebas científicas recientes, el informe presenta un panorama estadístico desolador de las tendencias, causadas en su gran mayoría por los seres humanos. Por ejemplo, el texto arroja que un 50 % de los grandes lagos de todo el mundo han perdido agua desde principios de la década de 1990 (con un 25 % de la humanidad dependiendo directamente de esos lagos).
También destaca que un 50 % del agua doméstica mundial ahora se obtiene de las aguas subterráneas y más del 40 % del agua de riego se extrae de acuíferos que se están agotando.
Además, unas 410 millones de hectáreas de humedales naturales —casi igual al tamaño de toda la Unión Europea— han desaparecido en las últimas cinco décadas, y se ha perdido más del 30 % de masa glaciar mundial desde 1970.
Esta situación provoca que el 75 % de la humanidad esté en países clasificados como inseguros o críticamente inseguros en materia de agua, y 4 000 millones de personas se enfrentan a una grave escasez de agua al menos un mes al año.
170 millones de hectáreas de tierras de cultivo en riesgo
Además, 170 millones de hectáreas de tierras de cultivo de regadío están sometidas a un estrés hídrico alto o muy alto, lo que equivale a la superficie de Francia, España, Alemania e Italia juntas, con la inseguridad alimentaria que conlleva.
“Millones de agricultores intentan cultivar más alimentos a partir de fuentes de agua que se reducen, están contaminadas o están desapareciendo. Sin una rápida transición hacia una agricultura inteligente en el uso del agua, la bancarrota hídrica se extenderá rápidamente”, dice Madani.
Según explican los autores, una región puede sufrir inundaciones un año y seguir estando en bancarrota hídrica, añade, si las extracciones a largo plazo superan la reposición. En ese sentido, la bancarrota hídrica no tiene que ver con lo húmedo o seco que parezca un lugar, sino con el equilibrio, la contabilidad y la sostenibilidad.
“Al igual que con el cambio climático global o las pandemias, una declaración de bancarrota hídrica global no implica un impacto uniforme en todas partes, sino que suficientes sistemas en todas las regiones y niveles de ingresos se han vuelto insolventes y han cruzado umbrales irreversibles para constituir una condición a escala planetaria”, afirma el autor.
Al igual que con el cambio climático global o las pandemias, una declaración de bancarrota hídrica global no implica un impacto uniforme en todas partes, sino que suficientes sistemas en todas las regiones y niveles de ingresos se han vuelto insolventes
Kaveh Madani, UNU-INWEH
Pero Madani señala que las consecuencias se extienden entre regiones: “los efectos se propagan por los mercados mundiales, la estabilidad política y la seguridad alimentaria en otros lugares. Esto hace que la quiebra hídrica no sea una serie de crisis locales aisladas, sino un riesgo global compartido que exige un nuevo tipo de respuesta: gestión de la quiebra, no gestión de crisis”.
El agua, un recurso limitado
Por eso, los autores reclaman que se reconozca el agua como una limitación y una oportunidad para cumplir los compromisos en materia de clima, biodiversidad y tierra.
Ana Allende, profesora de investigación del CSIC experta en seguridad alimentaria y calidad de aguas ajena al estudio, destaca que en Europa, aunque tradicionalmente se perciba como una región menos vulnerable, los problemas siguen existiendo: sobreexplotación de acuíferos, especialmente en zonas agrícolas intensivas, degradación de ríos y humedales; pérdida de calidad del agua por contaminación difusa y urbana, y una creciente frecuencia de sequías prolongadas, especialmente en el Mediterráneo.
La principal implicación para Europa es que no puede seguir abordando la escasez únicamente mediante mejoras de eficiencia, reutilización o nuevas infraestructuras
Ana Allende, CSIC
“El informe apunta a la necesidad de aceptar que algunos impactos son irreversibles y que la gestión del agua debe orientarse a prevenir más daños, redistribuir riesgos y costes de forma justa y adaptar los sistemas socioeconómicos a una disponibilidad de agua estructuralmente menor”, concluye.
Fuente/SINC Derechos: Creative Commons. Chile Desarrollo Sustentable www.chiledesarrollosustentable.cl www.facebook.com/pg/ChiledesarrollosustentableCDS twitter.com/CDSustentable #CDSustentable , #Sostenible #DesarrolloSostenible #MedioAmbiente #ChileDesarrolloSustentable, #ECOXXI
Conversación
Francisca Toledo, será la futura ministra de Medio Ambiente .
La ingeniera civil industrial de 40 años está desde 2022 en Libertad y Desarrollo, donde se especializó en recursos naturales y cambio climático. En el último tiempo ha trabajado estrechamente con Jorge Quiroz.
Francisca Toledo Echegaray (40) será la próxima ministra del Medio Ambiente. El presidente electo, José Antonio Kast, nombró a la ingeniería civil industrial con mención eléctrica de la Universidad Católica como la sucesora de Maisa Rojas.
La futura secretaria de Estado participó en los dos gobiernos de Sebastián Piñera. Primero, entre 2010 y 2014, Toledo fue asesora del Ministerio Secretaría General de la Presidencia, con Cristián Larroulet, en temas como educación y telecomunicaciones.
Y en la segunda administración tuvo dos posiciones. Entre marzo del 2018 y junio del 2020 fue asesora de gabinete de la Presidencia de la República, desde donde le tocaba interactuar con carteras como Obras Públicas y Medio Ambiente, recuerda un integrante de ese gabinete. Desde 2020 a 2022 fue jefa de división de evaluación social de inversiones del Ministerio de Desarrollo Social, según detalla en su cuenta LinkedIn.
Entre ambos gobiernos, tuvo un paso por el sector privado: desde 2014 a 2017 fue primero ingeniera de estudios por tres años y luego, gerente de estrategia en la Cámara Marítima y Portuaria (Camport).
Tras el término de la segunda administración de Piñera, en 2022, Francisca Toledo entró como investigadora a Libertad y Desarrollo (LyD). La también magíster en derecho regulatorio de la UC se enfocó en temas de tramitación ambiental y el centro de estudios declara en sus áreas de estudios los recursos naturales y cambio climático.
Según consigna la página de LyD, Francisca Toledo fue uno de los editores del libro de “30 años de política ambiental: ¿hacia dónde vamos?”, donde se habla de “un progresivo debilitamiento de la gestión ambiental, ofreciendo un diagnóstico sobre las posibles causas o factores que han incidido y algunas propuestas de cara a fortalecer la gestión ambiental en los próximos años”.
Toledo, en nombre de LyD, ha ido a exponer al Congreso en materias relacionadas con la tramitación ambiental, la ley de permisos sectoriales y las capacidades de la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA).
En este contexto, Toledo, junto con la coordinadora del programa legislativo de LyD, Pilar Hazbun, propuso fijar mínimos de desempeños en los plazos de tramitación y alertó sobre las atribuciones de la SMA, que le entregan muchas veces el rol de “juez y parte”.
La cartera de Medio Ambiente ha sido considerada clave por las nuevas autoridades en su tarea de destrabar proyectos de inversión. Toledo ha trabajado estrechamente con Jorge Quiroz en el último tiempo y fue una de las economistas que participaron en la reunión del futuro ministro de Hacienda con economistas que habían apoyado a Evelyn Matthei tras la primera vuelta, como los expresidentes del Banco Central Rodrigo Vergara y Vittorio Corbo, y el exministro de Hacienda de Sebastián Piñera, Felipe Larraín.
Fuente/Pulso/LaTercera
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Conversación
¿Se quedarán sin nieve los Pirineos por culpa del cambio climático?
La nieve es uno de los elementos más característicos de las montañas y del invierno en gran parte del mundo. Más allá de su valor paisajístico, esta desempeña un papel clave en el funcionamiento de los ecosistemas de montaña y en múltiples actividades socioeconómicas.
Sin embargo, la nieve es también un componente del sistema climático especialmente sensible al calentamiento global. En las últimas décadas, su cantidad, duración y comportamiento han mostrado cambios significativos.
No nieva igual todos los inviernos
La nieve presenta una marcada variabilidad temporal y espacial. En las montañas de la península ibérica, los inviernos pueden alternar entre años con abundantes nevadas y otros casi sin nieve.
Esta variabilidad no es homogénea. Las cotas bajas y sectores como el Pirineo oriental son más irregulares debido a su posición frente a los flujos atlánticos, mientras que cordilleras occidentales y septentrionales actúan como barrera, captando la mayor parte de la humedad y dejando condiciones más secas hacia el este. Este fenómeno, conocido como sombra pluviométrica, también es observable en otras montañas españolas como Sierra Nevada.
A escala local, además, el relieve y el viento influyen también en la acumulación de nieve. En conjunto, estos factores hacen que las tendencias espacio-temporales de la nieve muestren una elevada heterogeneidad.
¿Hay menos nieve en el hemisferio norte?
A escala del hemisferio norte, la cobertura de nieve ha disminuido de forma acelerada desde la década de 1980. Este descenso se atribuye principalmente al aumento de la temperatura vinculado al cambio climático de origen antrópico. Este fenómeno ha dado lugar a lo que se conoce como sequía nival hidrológica, es decir, cuando la acumulación de nieve es insuficiente o la fusión es demasiado rápida y se genera un déficit respecto a un periodo histórico concreto.
Aun así, durante la estación fría, en cotas elevadas y en latitudes altas, la acumulación de nieve depende más de la precipitación que de la temperatura. En las latitudes medias de la cuenca del Mediterráneo, la precipitación presenta una elevada variabilidad anual y decadal, sin que se observen tendencias claras a lo largo del periodo histórico.
En los Pirineos, en cotas elevadas (>2 000 m), donde las temperaturas se mantienen bajo cero, las tendencias recientes (2000-2020) son neutras o ligeramente positivas. Sin embargo, en periodos más largos (1958–2017) se observa una disminución generalizada del número de días con nieve en el suelo y del espesor medio.
Además, en este sistema montañoso se detecta una fusión cada vez más temprana en la temporada y más intensa, asociada a un aumento de la energía disponible para derretir la nieve. Este fenómeno se ha relacionado con una mayor frecuencia de situaciones anticiclónicas durante la primavera. Estos periodos de estabilidad atmosférica favorecen la entrada de masas de aire templado, incrementan la radiación y el calor sensible, y aceleran la fusión. Estas situaciones atmosféricas se producen actualmente con temperaturas más elevadas debido al calentamiento global.
¿Qué pasará en el futuro?
Los estudios basados en simulaciones climáticas coinciden en proyectar una disminución de la nieve en el hemisferio norte, independientemente del modelo climático utilizado y del escenario de emisiones de gases de efecto invernadero considerado, tanto moderado como alto.
En los Pirineos, las proyecciones apuntan a una reducción generalizada de la nieve, especialmente en las cotas bajas, donde pequeños aumentos de temperatura determinan si la precipitación cae en forma de nieve o de lluvia.
Aun así, la nieve no desaparecerá de esta cadena montañosa, ni siquiera a finales de siglo. En concreto, las proyecciones para finales del siglo XXI (2080–2100) anticipan reducciones de la precipitación nival que oscilan entre el −9 % en un escenario de emisiones moderadas (entre 2 500 y 3 000 m) y el −29 % en un escenario de altas emisiones (entre 1 000 y 1 500 m), en comparación con el clima histórico (periodo 1960–2006).
Estos cambios afectan también la duración de la temporada de nieve, la rapidez de la fusión y los picos de escorrentía, es decir, el agua que circula por la superficie. Un aumento de 1 °C puede reducir hasta un 30 % la nieve estacional a 1 500 m.
Además, estudios recientes indican que el aumento de la temperatura debido al cambio climático contribuye a una mayor evaporación y a una mayor cantidad de humedad disponible en la atmósfera, lo que puede dar lugar a un incremento de episodios extremos de precipitación en forma de nieve, como la borrasca Filomena de 2021, siempre que la temperatura se sitúe por debajo del punto de fusión.
Implicaciones para el clima y los ecosistemas
La nieve es un factor clave en las zonas de montaña. Actúa como un regulador hidrológico natural: almacena agua durante los meses fríos y la libera de forma progresiva en primavera y verano. Su disminución altera los picos de escorrentía, afecta a la disponibilidad de recursos hídricos y condiciona la producción hidroeléctrica.
La nieve desempeña un papel fundamental en el clima debido a su alto albedo, ya que refleja gran parte de la radiación solar. La pérdida de cobertura nival incrementa la absorción de energía en la superficie, generando retroalimentaciones que aumentan la temperatura.
Los cambios en la nieve influyen también en los ecosistemas de montaña, en la fenología de la vegetación –en sus ciclos biológicos– y en la evolución de los glaciares, que dependen de una cubierta nival persistente para retrasar la exposición del hielo durante el verano. Además, el aumento de episodios de lluvia sobre nieve, favorecidos por temperaturas más elevadas, puede desencadenar crecidas rápidas e inundaciones, como la ocurrida en el municipio de Vielha (Lérida) en 2013, con elevados costes económicos.
En este contexto, el cambio climático plantea un desafío estructural para los sistemas naturales y económicos de montaña. Afrontar este nuevo escenario requiere avanzar en estrategias de adaptación y mitigación que permitan gestionar el agua, el territorio y las actividades de montaña.
Fuente/The Conversation / Creative Commons
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H2 Chile conmemora ocho años en un momento decisivo para la industria del hidrógeno verde
En un contexto de ajustes en el despliegue global del sector, el gremio reunió a autoridades y actores clave para analizar los desafíos de ejecución del hidrógeno verde en Chile, una industria que concentra 83 proyectos anunciados, una cartera estimada en US$170 mil millones y un potencial exportador de más de US$13.000 millones anuales, pero que enfrenta brechas críticas para avanzar hacia la escala comercial.
En un escenario marcado por un despliegue más selectivo de la industria del hidrógeno verde a nivel global, y un foco creciente en viabilidad económica y demanda, H2 Chile conmemoró su octavo aniversario con un encuentro que puso en el centro del debate la necesidad deacelerar la ejecución de proyectos y cerrar la brecha entre anuncios e implementación.
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