Conversación
“El mercado energético está al servicio de un oligopolio de tres empresas en el campo eléctrico”
Raúl Sohr :
Si es que hay un tema que preocupa a las sociedades del siglo XXI, el de la energía es uno que se sitúa en el centro del debate en los días que vivimos. En este último tiempo en Chile han proliferado las centrales a carbón con el consiguiente impacto sobre las comunidades cercanas a estas generadoras de energía. Juan Pablo Cárdenas entrevistó al periodista y analista internacional sobre su último libro «Así no podemos seguir. Política, energía y medioambiente».
Este miércoles, en una edición especial de su comentario político, Juan Pablo Cárdenas, entrevistó al periodista y analista internacional, Raúl Sohr, respecto de los principales temas que aborda en su último libro “Así no podemos seguir. Política, energía y medioambiente”, cuyo texto salió a la luz pública bajo el alero de la colección Debate de la editorial Random House Mondadori.
En esta publicación Raúl Sohr se hace cargo de un tema de candente debate en la actualidad, como es la energía, señalando en el libro que el destino de los países, sus industrias, depende en alto grado de la abundancia o escasez de los recursos energéticos. Entre otros libros del destacado periodista se pueden mencionar los títulos: “Para entender a los militares”, “Chao, petróleo” y “Chile a ciegas”.
Lo que se sabe por este libro es que Chile es un caso extremo de desregulación, donde el dejar hacer se aplica a todos los niveles y en definitiva la política se ha hecho en beneficio del sector privado [No son palabras mías son palabras del propio autor] y la actitud, el dejar hacer y no planificar de parte del Estado nos tendría a mal traer respecto del tema de la energía.
Efectivamente, yo creo que Chile es un ejemplo extremo de neoliberalismo en que el mercado ha sido un desastre, el mercado es una cosa muy virtuosa, tiene un gran dinamismo, asigna recursos y estimula una serie de iniciativas, sin embargo, cuando el mercado no tiene riendas va en una sola dirección, el lucro de los protagonistas principales que terminan diseñando el sistema de acuerdo a sus intereses y eso es exactamente lo que ha ocurrido en Chile. El mercado energético está al servicio de un oligopolio de tres empresas en el campo eléctrico y algunas más en otras energías, pero el bien común, el interés de largo plazo del país, su autonomía energética, que es absolutamente clave, no hay un factor estratégico más importante para un país que la energía. Eso ha quedado en manos de empresas, que naturalmente buscan darles los mejores dividendos a sus socios y lo que pase con el país, bueno ese es un problema del país, aunque ellos siempre colocan al país a su servicio cuando se trata de regulaciones o desregulaciones.
Sabemos que nuestra actividad minera, que es la principal consume grandes fuentes de energía. En promedio el costo de las grandes empresas mineras, el 30 por ciento es energía. Sin embargo, las grandes empresas mineras no han hecho un esfuerzo para dotarse, ni garantizarse estos recursos.
Esfuerzos muy tímidos
Tú ves que hay alguna reacción de la clase política respecto de este tema. Yo veo que hay un país bastante más consciente que en el pasado, un país que se ha movilizado, que ha emprendido campañas contra HidroAysén. Tú ves que hay alguna capacidad ahora, ya que estamos enfrentando nuevas elecciones y vamos a tener un nuevo Gobierno, ¿crees que Chile puede enmendar el rumbo en ese respecto?
Yo creo que estamos en el peor de los mundos, porque de un lado está ese dejar hacer que tú señalabas, es decir, las empresas hacen las cosas a su gusto y lo hacen mañosamente a través de oficinas de abogados, de oficinas de relaciones públicas, no abren un debate, todos se señalan absolutamente a favor de la libre competencia y hacen lo imposible para que no haya libre competencia e impiden el ingreso de nuevos competidores, especialmente en el rubro de medianos y pequeños generadores y por el otro lado tenemos la protesta ciudadana. La protesta ciudadana es reactiva, es la gente que dice yo acá no quiero una termoeléctrica a carbón, no quiero que Chile termine como una guitarra lleno de torres de alta tensión. Esas reacciones aunque son muy justificadas tampoco nos dan una planificación, por lo tanto, hoy no tenemos ningún plan, que podríamos llamar un plan de ordenamiento territorial, sino que tenemos una ciudadanía descontenta que para una serie de proyectos y algunos de ellos son necesarios. Se necesita más energía eléctrica por ejemplo. Se van parando los proyectos y del otro lado se comienza a producir una desinversión y como no hay un plan y aquí viene el tema de fondo y es lo que falla y es muy difícil de resolver es el modelo. Vivimos en un modelo absolutamente centralizado, jerárquico en que el país ha obrado en función de los grandes intereses. Cómo se logra armonizar los intereses ciudadanos para llegar a una situación de planificación de largo plazo con un Estado fuerte, no grande, un Estado capaz de regular y esto lo vamos a ver en la Educación, en la Salud, en la AFP, es decir esto es una salchicha, no importa donde la cortes el problema es exactamente el mismo. El problema de la Educación es ante todo un problema político y el de la energía es igualmente político, quién manda.
Es lo que hemos estado conversando con distintos especialistas en la materia. El mercado funciona para la venta de productos de consumo, para muchas cosas funciona y es eficiente, pero para estos temas vitales como son la salud, la energía, la educación, la previsión y otros, parece ser que la intervención del Estado es urgente y lo que uno ve y lo leo asombrosamente en tu libro es que se empeora la situación en término de los recursos, porque los políticos han prometido dejar de carbonizar nuestra energía y lo que sabemos es que en los últimos años lo que se ha multiplicado es justamente el uso del carbón y el petróleo.
En el caso de Isla Riesco es el carbón más tóxico, el peor de los carbones, no hay carbones de mejor calidad.
Tú dices en el libro que es curioso que en este país que tiene una larga geografía, que tenemos prácticamente todos los climas, no estemos bien dotados de algunas fuentes de energía como el petróleo, esencialmente, pero da la impresión que el país tiene muchas fuentes de energía a las que podríamos recurrir, se habla de las energías no convencionales y que Chile tendría ventajas respecto de otros países. ¿Qué se hace al respecto?
Yo he viajado por todo el mundo investigando este tema y lo he visto en Alemania, Francia, Corea del Sur, Nueva Zelandia. En Alemania el Estado resolvió salirse de la energía atómica y están en un proceso de acabar con la energía atómica, para que te digo como han reclamado los generadores nucleares en Alemania, pero el Estado tomó una decisión basado en la voluntad mayoritaria del pueblo alemán de acabar con esto. Nueva Zelandia tiene una capacidad geotérmica menor que Chile y sin embargo ya produce casi mil mega watt, lo que es bastante, Chile produce cero y tiene más capacidad. Nueva Zelandia es un país capitalista, pero la geotermia la desarrolló el Estado. Brasil que tuvo una dictadura militar de derecha es el país más exitoso en biocombustibles y han desarrollado a partir del azúcar una capacidad enorme, es el único país que ha conseguido disminuir el consumo real de petróleo y utilizar biocombustibles.
Pero están desarrollando también energía atómica.
Ya tienen dos reactores atómicos y están construyendo un tercero, Brasil tiene todo absolutamente todo, dicho sea de paso el programa nuclear brasileño es un desastre igual que el argentino. Yo diría que en América Latina no hay muchos casos exitosos, pero en el caso brasileño, ellos terminaron comprando en los años ´80 una serie de reactores y ahora están construyendo el tercero con tecnología del año ´80. O sea nuevo, pero del año ´80 entonces es un artefacto totalmente pasado de moda y creo que en el caso brasileño, como el argentino no fue una necesidad energética que los llevo a esto, sino las aspiraciones de gran potencia y controlar el ciclo nuclear y realmente lo que Brasil ha soñado siempre cumplir, ahora aparentemente lo está haciendo construyendo un submarino nuclear. Me llama la atención que en Brasil donde la gente salió a protestar contra los estadios y lo que se gastaba en los eventos deportivos no hayan protestado en contra el absurdo que Brasil construya un submarino nuclear
Yo hice memoria de una entrevista que realicé aquí mismo hace algunos años en que un experto de la universidad decía que la solución a la crisis energética en Chile era la energía nuclear, que se trataba de un recurso más limpio que otros, que se trataba de un recurso que ya no ofrecía los riesgos que tuvimos en el pasado. ¿Sigues siendo tajantemente contrario al desarrollo de la energía nuclear para nuestro país?
Yo no tengo una oposición esencial a la energía nuclear, no está en mi ADN, como lo estaría en el de los verdes que dicen energía nuclear bajo ninguna circunstancia. Es verdad que es una energía limpia mientras está contenida, pero cuando se sale de los reactores no hay nada más sucio y atroz, lo que ha pasado en Fukushima en que 20 mil personas han sido desplazadas probablemente de por vida de sus hogares, no hay nada más sucio. Ninguna central geotérmica de cualquier otro combustible produce una tragedia de ese tipo, pero mi oposición principal es que no se puede utilizar nada que no cumpla con el principio precautorio, que es un principio fundamental es que no se puede sacar al mercado un remedio si no puede garantizar que no va a producir un daño colateral y lo mismo con la energía nuclear, si puedes garantizar que nunca va haber un accidente y que si ese accidente ocurre lo puedes controlar, yo no tendría problema, pero como no lo puedes hacer y se ha visto tras cada accidente, que son pocos, pero cuando ocurren son atroces, que no se puede controlar y los japoneses no han podido controlar nada y todos los días estamos escuchando nuevos problemas en Fukushima, soy totalmente contrario dado el control que se tiene hoy sobre la energía nuclear.
Si estuviera en tus manos enfrentar una comisión del Congreso del propio Gobierno en relación a este tema, ¿qué estrategia sugerirías para Chile en términos de nuestra matriz energética?
En el último capítulo lo propongo, y es que el primer problema es político, es decir, ese es el elemento más importante y propondría un equipo de trabajo para elaborar con personas de distintos sectores, no necesariamente técnicos, con estos, pero principalmente con líderes de opinión un Plan de Ordenamiento Territorial para ver el país, qué energías existen en cada región, qué se puede desarrollar armónicamente en esas regiones. Allí donde se produce vino o hay fruta, no vamos a instalar una termoeléctrica carbonera, como se ha hecho y por eso surgen los tremendos conflictos entre sectores, por lo tanto, lo primero es llegar a un mecanismo en que se pueda establecer un consenso con una participación regional y local en que todos los involucrados puedan participar. No podemos seguir con esto en que la gente se entera a última hora que le van a instalar en su patio trasero una central que puede afectar su salud. Por supuesto que la gente sale y todo esto conduce a la famosa judicialización y después en la medida en que exista un consenso yo creo que Chile puede avanzar enormemente en un factor que es muy importante, que es el ahorro y la eficiencia. Hemos hecho muy poco, este Gobierno disminuyó los recursos de ahorro y eficiencia en circunstancias que en su documento principal plantea que ese es el elemento central y tiene razón pero no lo llevo a la práctica. Las generadoras, todo el rubro energético, no tienen mucho interés en la eficiencia, ellos quieren vender más, quieren ganar más. Y respecto de la eficiencia, sí no están en contra pero no la estimulan para nada.
Si la idea es promover fuentes de energía acordes a las necesidades de cada zona y a los recursos de cada zona, un proyecto como el de HidroAysén sigue siendo absolutamente extemporáneo, llevar energía desde el extremo sur del país hacia el norte.
Claro porque hoy se trata de energía distribuida, lo más cerca posible de los consumidores, yo diría que no se debería permitir, y estas son regulaciones del Estado, es decir, no se permite la construcción de una casa más que no esté dotada de un calentador solar, con eso a la gente de menos recursos les haces un favor inmenso porque cuando colocas esto, que puede salir por $300 mil pesos y dentro del costo de una vivienda es marginal y le das un ahorro de 60% o 70% al menos desde la zona central hacia el norte en todo su calentamiento de agua, nunca más una ducha con agua fría gracias a esta instalación y es parte de la construcción, debería haber un estímulo activo para las placas foto voltaicas, que la gente pueda producir su electricidad y recién había un debate, salió una “ley muy trucha” que no resuelve el problema y no hay estímulo, a los particulares que quieren invertir en esto, en Estados Unidos, en países en que el mercado es muy competitivo, está llenos de estímulos, se puede deducir de impuestos. Por ejemplo si quieres renovar tu casa, si quieres mejorar el aislamiento a la casa, eso se deduce de impuestos, hay todo tipo de estímulos para que justamente haya mayor eficiencia. Acá no hay ningún estímulo, el que quiere hacer algo lo hacer por su cuenta y eso es.
Es notable el aporte que hace tu libro al concebir la sociedad del mañana, entre otras cosas vamos a tener casas construidas con otros materiales, vamos a tener ciudades probablemente que tengan que circular menos automóviles, pero sobre todos los avances que se han experimentado en la materia, lo que ha pasado en Holanda con el uso de la Bicicleta y otro tipo de cosas que ahorra energía, aprovecha los recursos propios y frena algo que es muy preocupante, que está expresado en tu libro, que es el fenómeno del cambio climático. Tú eres de los ecologistas duros.
Yo veo el calentamiento global como la mayor amenaza sobre la humanidad, es decir, no hay nada que nos esté afectando más y uno ve como está cambiando Chile y como la sequía y la falta de recursos hídricos va perjudicando una serie de industrias. Yo sugiero en el libro si las cosas siguen por el rumbo actual, que por ejemplo el glaciar que nos da el agua, el Glaciar Echaurren siga perdiendo 10 metros por año para el año 2030 no va haber Glaciar Echaurren y junto con él otros glaciares y el agua se va hacer tan cara, los alimentos también en la zona central que probablemente eso va a provocar un proceso migratorio y la gente se va a comenzar a desplazar hacia el sur. De hecho muchas empresas vitivinícolas ya están comprando tierras nuevas en el sur en prevención de lo que ellos calculan pueda ocurrir. Por ejemplo yo he visto obras que se están construyendo en los países nórdicos, en el Mar Báltico de diques y muros de contención, calculando de que habrá una subida de los mares, han cambiado todos los planes reguladores, han corrido tres metros hacia arriba, es decir, hoy no se puede construir en las cotas que se construía antes porque dan por hecho que van a subir los mares en la medida que se derrita el casquete ártico.
(*) Raúl Sohr es periodista, sociólogo y analista internacional de la Universidad de Chile, en París y realizó sus estudios de especialización en Londres. Además, es columnista de distintos medios de comunicación internacionales, como el periódico británico, The Guardian y la revista estadounidense Time.
Fuente: http://radio.uchile.cl/
“El mercado energético está al servicio de un oligopolio de tres empresas en el campo eléctrico”
Conversación
Tratado de Alta Mar: Una noticia esperanzadora para la salud de los océanos
Más del 60% del océano corresponde a aguas de alta mar: aquellas que se encuentran fuera de las zonas jurisdiccionales de los países ribereños. El resto, las jurisdiccionales, que ocupan un tercio de los océanos, llevan bastante tiempo reguladas. Pero el ordenamiento de aquellas más alejadas de la costa se lleva discutiendo desde hace dos décadas y solo recientemente se ha firmado un Tratado de Alta Mar.
El Convenio del Derecho del Mar, firmado en Montego Bay (Jamaica) el 10 de diciembre de 1982, regula las aguas jurisdiccionales. Pero el nuevo Tratado de Alta Mar solo se aplica a partir de las zonas económicas exclusivas de los Estados. Es decir, en las aguas alejadas más de 200 millas de los territorios soberanos.
El tratado BBNJ (según sus siglas anglosajonas) es el tercer acuerdo de aplicación de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. El pacto incluye la protección de la biodiversidad y el uso sostenible de los recursos marinos.
Ratificación y entrada en vigor
Fruto de las reuniones mantenidas previamente, el 17 de enero de 2026 entró en vigor el nuevo acuerdo, denominado Tratado sobre la Conservación y el Uso Sostenible de la Diversidad Biológica Marina fuera de las Jurisdicciones Nacionales.
Más conocido como el Tratado de Alta Mar, ha obtenido la ratificación 81 países. En febrero de 2025, España se convirtió en el primer país europeo en depositar su ratificación ante la sede de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York. Marruecos y Sierra Leona se unieron recientemente (septiembre 2025) al total de Estados que lo han firmado. Se convirtieron en los países 60 y 61 en respaldar el tratado, permitiendo que entrara en vigor lo firmado en junio del año 2023.
El objetivo principal del acuerdo (dotado de 76 artículos repartidos en 12 partes) se centra en mejorar la coordinación entre los países y establecer un enfoque integral destinado a la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad en las aguas afectadas.
Por lo tanto, se busca garantizar el uso de los recursos del océano en alta mar a un ritmo y de una manera adecuados. Es decir, que su aprovechamiento no provoque una reducción (en el presente y a largo plazo) de las especies animales y vegetales. Adicionalmente, el reparto de los beneficios obtenidos del uso de los recursos genéticos marinos debe ser llevado a cabo de una manera equitativa. Y ello creando áreas protegidas y fortaleciendo la cooperación científica.
Preocupación en el sector pesquero
En referencia a la pesca, el artículo 10 del tratado refleja de manera clara lo que pretende en este aspecto. El acuerdo no busca invadir las competencias de otros organismos internacionales en referencia al reparto de los cupos de pesca. Se enfoca principalmente en el cambio climático, la acidificación de los mares, la contaminación y la explotación tecnológica.
No obstante, debido al fin ambientalista del pacto, es normal que se cree un posible foco de incertidumbre sobre sus posibles implicaciones para la pesca. Ello puede traer la consiguiente desconfianza por parte de los afectados.
El tratado permite el establecimiento de áreas marinas protegidas en alta mar. Asimismo, pretende que estén conectadas formando una red, una meta importante para poder alcanzar la protección del 30 % de los océanos (objetivo “30×30”) antes del año 2030. Actualmente, solo el 0,9 % de las aguas de alta mar está totalmente protegida.
Implicaciones jurídicas
Desde una óptica estrictamente jurídica, las normas del Tratado de Alta Mar no van en contra del Convenio del Derecho del Mar de las Naciones Unidas, sino que lo complementan en las áreas fuera de las aguas jurisdiccionales de los países. Así, se presentan como las primeras normas que tendrán efectividad en alta mar.
Adicionalmente, el tratado crea un nuevo órgano para conservar y gestionar la biodiversidad: la Conferencia de las Partes, que será el foro especializado para ejecutarlo.
Este tratado, como cualquier otro instrumento de derecho internacional, contiene una lista de principios. Estos deben tenerse en cuenta para su aplicación. Entre ellos destacan los de “quien contamina, paga” y “distribución justa y equitativa de los beneficios”, es decir, se obliga a quien contamina a asumir la responsabilidad y se garantiza una distribución equitativa de los beneficios derivados de los recursos marinos.
81 países lo incorporarán a su legislación
Tras su reciente entrada en vigor, el tratado pasa a ser jurídicamente vinculante. Afectará a los más de 80 países que lo han ratificado hasta ahora. Esto significa que aceptan incorporarlo a su legislación nacional.
El éxito del acuerdo dependerá de su traducción en medidas operativas y de los países implicados. Todos los Estados de la Unión Europea lo han firmado y ratificado. También lo han hecho otros países de América Latina, África y pequeños Estados vulnerables a la degradación oceánica, como las islas Seychelles y Palaos. Incluso China se ha sumado al pacto.
Pero existen países que, a pesar de firmarlo, aún no lo han ratificado, como Estados Unidos, Reino Unido y Rusia. Esto genera un escenario de adhesión desigual que condiciona el alcance real del tratado. En cualquier caso, la eficacia en su aplicación dependerá de la capacidad de los órganos institucionales ya existentes. Además, la puerta sigue abierta para que más Estados lo ratifiquen.
Fuente/The Conversation/ Licencia Creative Commons
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El mundo entra en ‘bancarrota hídrica’, según un informe de la ONU
Un estudio de la Organización de las Naciones Unidas declara que el término de ‘crisis hídrica’ que se utiliza habitualmente ya no se ajusta a la realidad, ya que hay daños irreversibles que han llevado a muchas cuencas y reservas a un punto sin retorno.
En medio del agotamiento crónico de las aguas subterráneas, la degradación de la tierra y el suelo, la deforestación y la contaminación, todo ello agravado por el calentamiento global, un informe de la ONU ha declarado hoy el inicio de una era de bancarrota hídrica mundial.
Según el nuevo informe, los términos habituales “estrés hídrico” y “crisis hídrica” no reflejan la realidad actual en muchos lugares: una situación caracterizada por pérdidas irreversibles de capital hídrico natural y la incapacidad de recuperar los niveles históricos. Por eso, los autores instan a los líderes mundiales a facilitar “una adaptación honesta y basada en la ciencia a una nueva realidad”.
“Este informe revela una verdad incómoda: muchas regiones están viviendo por encima de sus medios hidrológicos y muchos sistemas hídricos críticos ya están en bancarrota”, afirma el autor principal, Kaveh Madani, director del Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH).
Este informe revela una verdad incómoda: muchas regiones están viviendo por encima de sus medios hidrológicos y muchos sistemas hídricos críticos ya están en bancarrota
Kaveh Madani, UNU-INWEH
En términos financieros, el informe afirma que muchas sociedades no solo han gastado en exceso sus “ingresos” anuales renovables de agua procedentes de ríos, suelos y nieve acumulada, sino que han agotado sus “ahorros” a largo plazo en acuíferos, glaciares, humedales y otros depósitos naturales.
Esto ha dado lugar a una lista cada vez mayor de acuíferos reducidos, terrenos hundidos en deltas y ciudades costeras, lagos y humedales desaparecidos y una pérdida irreversible de biodiversidad.
El informe de la UNU se basa en un artículo publicado en la revista Water Resources Management, que define formalmente la quiebra hídrica como la sobreexplotación persistente de las aguas superficiales y subterráneas en relación con los caudales renovables y los niveles seguros de agotamiento; y la consiguiente pérdida irreversible o prohibitivamente costosa del capital natural relacionado con el agua.
Sistemas hídricos interconectados
Aunque no todas las cuencas y países se encuentran en bancarrota hídrica, Madani afirma que “suficientes sistemas críticos en todo el mundo han superado estos umbrales. Estos sistemas están interconectados a través del comercio, la migración, las retroalimentaciones climáticas y las dependencias geopolíticas, por lo que el panorama de riesgo global se ha alterado fundamentalmente”.
El 75 % de la humanidad esté en países clasificados como inseguros o críticamente inseguros en materia de agua.
Según el informe, uno de los puntos críticos está en la región de Oriente Medio y África del Norte, donde el alto estrés hídrico, la vulnerabilidad climática, la baja productividad agrícola, la desalinización intensiva en energía y las tormentas de arena y polvo “se entrecruzan con economías políticas complejas”.
En algunas partes del sur de Asia, la agricultura dependiente de las aguas subterráneas y la urbanización han provocado descensos crónicos de los niveles freáticos y hundimientos locales. Y en el suroeste de Estados Unidos, el río Colorado y sus embalses “se han convertido en símbolos de promesas de agua de forma excesiva”.
Basándose en conjuntos de datos globales y pruebas científicas recientes, el informe presenta un panorama estadístico desolador de las tendencias, causadas en su gran mayoría por los seres humanos. Por ejemplo, el texto arroja que un 50 % de los grandes lagos de todo el mundo han perdido agua desde principios de la década de 1990 (con un 25 % de la humanidad dependiendo directamente de esos lagos).
También destaca que un 50 % del agua doméstica mundial ahora se obtiene de las aguas subterráneas y más del 40 % del agua de riego se extrae de acuíferos que se están agotando.
Además, unas 410 millones de hectáreas de humedales naturales —casi igual al tamaño de toda la Unión Europea— han desaparecido en las últimas cinco décadas, y se ha perdido más del 30 % de masa glaciar mundial desde 1970.
Esta situación provoca que el 75 % de la humanidad esté en países clasificados como inseguros o críticamente inseguros en materia de agua, y 4 000 millones de personas se enfrentan a una grave escasez de agua al menos un mes al año.
170 millones de hectáreas de tierras de cultivo en riesgo
Además, 170 millones de hectáreas de tierras de cultivo de regadío están sometidas a un estrés hídrico alto o muy alto, lo que equivale a la superficie de Francia, España, Alemania e Italia juntas, con la inseguridad alimentaria que conlleva.
“Millones de agricultores intentan cultivar más alimentos a partir de fuentes de agua que se reducen, están contaminadas o están desapareciendo. Sin una rápida transición hacia una agricultura inteligente en el uso del agua, la bancarrota hídrica se extenderá rápidamente”, dice Madani.
Según explican los autores, una región puede sufrir inundaciones un año y seguir estando en bancarrota hídrica, añade, si las extracciones a largo plazo superan la reposición. En ese sentido, la bancarrota hídrica no tiene que ver con lo húmedo o seco que parezca un lugar, sino con el equilibrio, la contabilidad y la sostenibilidad.
“Al igual que con el cambio climático global o las pandemias, una declaración de bancarrota hídrica global no implica un impacto uniforme en todas partes, sino que suficientes sistemas en todas las regiones y niveles de ingresos se han vuelto insolventes y han cruzado umbrales irreversibles para constituir una condición a escala planetaria”, afirma el autor.
Al igual que con el cambio climático global o las pandemias, una declaración de bancarrota hídrica global no implica un impacto uniforme en todas partes, sino que suficientes sistemas en todas las regiones y niveles de ingresos se han vuelto insolventes
Kaveh Madani, UNU-INWEH
Pero Madani señala que las consecuencias se extienden entre regiones: “los efectos se propagan por los mercados mundiales, la estabilidad política y la seguridad alimentaria en otros lugares. Esto hace que la quiebra hídrica no sea una serie de crisis locales aisladas, sino un riesgo global compartido que exige un nuevo tipo de respuesta: gestión de la quiebra, no gestión de crisis”.
El agua, un recurso limitado
Por eso, los autores reclaman que se reconozca el agua como una limitación y una oportunidad para cumplir los compromisos en materia de clima, biodiversidad y tierra.
Ana Allende, profesora de investigación del CSIC experta en seguridad alimentaria y calidad de aguas ajena al estudio, destaca que en Europa, aunque tradicionalmente se perciba como una región menos vulnerable, los problemas siguen existiendo: sobreexplotación de acuíferos, especialmente en zonas agrícolas intensivas, degradación de ríos y humedales; pérdida de calidad del agua por contaminación difusa y urbana, y una creciente frecuencia de sequías prolongadas, especialmente en el Mediterráneo.
La principal implicación para Europa es que no puede seguir abordando la escasez únicamente mediante mejoras de eficiencia, reutilización o nuevas infraestructuras
Ana Allende, CSIC
“El informe apunta a la necesidad de aceptar que algunos impactos son irreversibles y que la gestión del agua debe orientarse a prevenir más daños, redistribuir riesgos y costes de forma justa y adaptar los sistemas socioeconómicos a una disponibilidad de agua estructuralmente menor”, concluye.
Fuente/SINC Derechos: Creative Commons. Chile Desarrollo Sustentable www.chiledesarrollosustentable.cl www.facebook.com/pg/ChiledesarrollosustentableCDS twitter.com/CDSustentable #CDSustentable , #Sostenible #DesarrolloSostenible #MedioAmbiente #ChileDesarrolloSustentable, #ECOXXI
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Francisca Toledo, será la futura ministra de Medio Ambiente .
La ingeniera civil industrial de 40 años está desde 2022 en Libertad y Desarrollo, donde se especializó en recursos naturales y cambio climático. En el último tiempo ha trabajado estrechamente con Jorge Quiroz.
Francisca Toledo Echegaray (40) será la próxima ministra del Medio Ambiente. El presidente electo, José Antonio Kast, nombró a la ingeniería civil industrial con mención eléctrica de la Universidad Católica como la sucesora de Maisa Rojas.
La futura secretaria de Estado participó en los dos gobiernos de Sebastián Piñera. Primero, entre 2010 y 2014, Toledo fue asesora del Ministerio Secretaría General de la Presidencia, con Cristián Larroulet, en temas como educación y telecomunicaciones.
Y en la segunda administración tuvo dos posiciones. Entre marzo del 2018 y junio del 2020 fue asesora de gabinete de la Presidencia de la República, desde donde le tocaba interactuar con carteras como Obras Públicas y Medio Ambiente, recuerda un integrante de ese gabinete. Desde 2020 a 2022 fue jefa de división de evaluación social de inversiones del Ministerio de Desarrollo Social, según detalla en su cuenta LinkedIn.
Entre ambos gobiernos, tuvo un paso por el sector privado: desde 2014 a 2017 fue primero ingeniera de estudios por tres años y luego, gerente de estrategia en la Cámara Marítima y Portuaria (Camport).
Tras el término de la segunda administración de Piñera, en 2022, Francisca Toledo entró como investigadora a Libertad y Desarrollo (LyD). La también magíster en derecho regulatorio de la UC se enfocó en temas de tramitación ambiental y el centro de estudios declara en sus áreas de estudios los recursos naturales y cambio climático.
Según consigna la página de LyD, Francisca Toledo fue uno de los editores del libro de “30 años de política ambiental: ¿hacia dónde vamos?”, donde se habla de “un progresivo debilitamiento de la gestión ambiental, ofreciendo un diagnóstico sobre las posibles causas o factores que han incidido y algunas propuestas de cara a fortalecer la gestión ambiental en los próximos años”.
Toledo, en nombre de LyD, ha ido a exponer al Congreso en materias relacionadas con la tramitación ambiental, la ley de permisos sectoriales y las capacidades de la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA).
En este contexto, Toledo, junto con la coordinadora del programa legislativo de LyD, Pilar Hazbun, propuso fijar mínimos de desempeños en los plazos de tramitación y alertó sobre las atribuciones de la SMA, que le entregan muchas veces el rol de “juez y parte”.
La cartera de Medio Ambiente ha sido considerada clave por las nuevas autoridades en su tarea de destrabar proyectos de inversión. Toledo ha trabajado estrechamente con Jorge Quiroz en el último tiempo y fue una de las economistas que participaron en la reunión del futuro ministro de Hacienda con economistas que habían apoyado a Evelyn Matthei tras la primera vuelta, como los expresidentes del Banco Central Rodrigo Vergara y Vittorio Corbo, y el exministro de Hacienda de Sebastián Piñera, Felipe Larraín.
Fuente/Pulso/LaTercera
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Conversación
¿Se quedarán sin nieve los Pirineos por culpa del cambio climático?
La nieve es uno de los elementos más característicos de las montañas y del invierno en gran parte del mundo. Más allá de su valor paisajístico, esta desempeña un papel clave en el funcionamiento de los ecosistemas de montaña y en múltiples actividades socioeconómicas.
Sin embargo, la nieve es también un componente del sistema climático especialmente sensible al calentamiento global. En las últimas décadas, su cantidad, duración y comportamiento han mostrado cambios significativos.
No nieva igual todos los inviernos
La nieve presenta una marcada variabilidad temporal y espacial. En las montañas de la península ibérica, los inviernos pueden alternar entre años con abundantes nevadas y otros casi sin nieve.
Esta variabilidad no es homogénea. Las cotas bajas y sectores como el Pirineo oriental son más irregulares debido a su posición frente a los flujos atlánticos, mientras que cordilleras occidentales y septentrionales actúan como barrera, captando la mayor parte de la humedad y dejando condiciones más secas hacia el este. Este fenómeno, conocido como sombra pluviométrica, también es observable en otras montañas españolas como Sierra Nevada.
A escala local, además, el relieve y el viento influyen también en la acumulación de nieve. En conjunto, estos factores hacen que las tendencias espacio-temporales de la nieve muestren una elevada heterogeneidad.
¿Hay menos nieve en el hemisferio norte?
A escala del hemisferio norte, la cobertura de nieve ha disminuido de forma acelerada desde la década de 1980. Este descenso se atribuye principalmente al aumento de la temperatura vinculado al cambio climático de origen antrópico. Este fenómeno ha dado lugar a lo que se conoce como sequía nival hidrológica, es decir, cuando la acumulación de nieve es insuficiente o la fusión es demasiado rápida y se genera un déficit respecto a un periodo histórico concreto.
Aun así, durante la estación fría, en cotas elevadas y en latitudes altas, la acumulación de nieve depende más de la precipitación que de la temperatura. En las latitudes medias de la cuenca del Mediterráneo, la precipitación presenta una elevada variabilidad anual y decadal, sin que se observen tendencias claras a lo largo del periodo histórico.
En los Pirineos, en cotas elevadas (>2 000 m), donde las temperaturas se mantienen bajo cero, las tendencias recientes (2000-2020) son neutras o ligeramente positivas. Sin embargo, en periodos más largos (1958–2017) se observa una disminución generalizada del número de días con nieve en el suelo y del espesor medio.
Además, en este sistema montañoso se detecta una fusión cada vez más temprana en la temporada y más intensa, asociada a un aumento de la energía disponible para derretir la nieve. Este fenómeno se ha relacionado con una mayor frecuencia de situaciones anticiclónicas durante la primavera. Estos periodos de estabilidad atmosférica favorecen la entrada de masas de aire templado, incrementan la radiación y el calor sensible, y aceleran la fusión. Estas situaciones atmosféricas se producen actualmente con temperaturas más elevadas debido al calentamiento global.
¿Qué pasará en el futuro?
Los estudios basados en simulaciones climáticas coinciden en proyectar una disminución de la nieve en el hemisferio norte, independientemente del modelo climático utilizado y del escenario de emisiones de gases de efecto invernadero considerado, tanto moderado como alto.
En los Pirineos, las proyecciones apuntan a una reducción generalizada de la nieve, especialmente en las cotas bajas, donde pequeños aumentos de temperatura determinan si la precipitación cae en forma de nieve o de lluvia.
Aun así, la nieve no desaparecerá de esta cadena montañosa, ni siquiera a finales de siglo. En concreto, las proyecciones para finales del siglo XXI (2080–2100) anticipan reducciones de la precipitación nival que oscilan entre el −9 % en un escenario de emisiones moderadas (entre 2 500 y 3 000 m) y el −29 % en un escenario de altas emisiones (entre 1 000 y 1 500 m), en comparación con el clima histórico (periodo 1960–2006).
Estos cambios afectan también la duración de la temporada de nieve, la rapidez de la fusión y los picos de escorrentía, es decir, el agua que circula por la superficie. Un aumento de 1 °C puede reducir hasta un 30 % la nieve estacional a 1 500 m.
Además, estudios recientes indican que el aumento de la temperatura debido al cambio climático contribuye a una mayor evaporación y a una mayor cantidad de humedad disponible en la atmósfera, lo que puede dar lugar a un incremento de episodios extremos de precipitación en forma de nieve, como la borrasca Filomena de 2021, siempre que la temperatura se sitúe por debajo del punto de fusión.
Implicaciones para el clima y los ecosistemas
La nieve es un factor clave en las zonas de montaña. Actúa como un regulador hidrológico natural: almacena agua durante los meses fríos y la libera de forma progresiva en primavera y verano. Su disminución altera los picos de escorrentía, afecta a la disponibilidad de recursos hídricos y condiciona la producción hidroeléctrica.
La nieve desempeña un papel fundamental en el clima debido a su alto albedo, ya que refleja gran parte de la radiación solar. La pérdida de cobertura nival incrementa la absorción de energía en la superficie, generando retroalimentaciones que aumentan la temperatura.
Los cambios en la nieve influyen también en los ecosistemas de montaña, en la fenología de la vegetación –en sus ciclos biológicos– y en la evolución de los glaciares, que dependen de una cubierta nival persistente para retrasar la exposición del hielo durante el verano. Además, el aumento de episodios de lluvia sobre nieve, favorecidos por temperaturas más elevadas, puede desencadenar crecidas rápidas e inundaciones, como la ocurrida en el municipio de Vielha (Lérida) en 2013, con elevados costes económicos.
En este contexto, el cambio climático plantea un desafío estructural para los sistemas naturales y económicos de montaña. Afrontar este nuevo escenario requiere avanzar en estrategias de adaptación y mitigación que permitan gestionar el agua, el territorio y las actividades de montaña.
Fuente/The Conversation / Creative Commons
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