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LA HUELLA DE CARBONO DE NUESTRA VIDA DIGITAL
The Carbon Trust, una organización independiente, ha publicado recientemente un informe en el que cuantificaba en 55 gramos de CO₂ el impacto de una hora de vídeo en streaming (por ejemplo Netflix, Filmin o Youtube).
Una noticia así puede provocar desconcierto: ¿es eso mucho?, ¿hay que sentirse mal por ello? Al fin y al cabo algunos lectores sabrán que un vehículo de combustión emite unos 100 gramos de CO₂ por cada kilómetro recorrido. En ese sentido, mi conciencia puede estar tranquila por meterme un atracón de series, ¿no? Y además, ¿qué tiene que ver el CO₂ con Netflix?
Noticias de este tipo sería mejor tratarlas desde una perspectiva más general. No es correcto focalizar el problema en un servicio en concreto. Y es que la mayoría de los usuarios no son conscientes de la cantidad de energía que requiere el funcionamiento de todos los servicios y aplicaciones digitales que forman ya una parte indispensable de nuestro día a día.
La mayoría de estos servicios corren en el cloud –la nube– una entidad abstracta y difusa para muchos, pero con un consumo energético bien real y escalofriante.
El coste energético de recoger información de 1000 millones de kms en 220 países
No solo generamos huella de carbono cuando vemos vídeos en streaming. Pongamos otro ejemplo. Cuando usamos Google Maps en nuestro smartphone para llegar a un sitio determinado, para encontrar un restaurante o cualquier otro punto de interés, en realidad estamos haciendo dos cosas. En primer lugar, orientarnos. Es evidente. En segundo lugar, estamos compartiendo con Google nuestra ubicación.
Google Maps incorpora una aplicación denominada Traffic, que nos permite saber en tiempo real el estado del tráfico de las carreteras y calles. Para obtener esta información, Google recopila continuamente la ubicación de todos los dispositivos que en ese instante tienen instalado Google Maps. De esta forma, puede conocer a qué velocidad se están moviendo los usuarios que están transitando por una determinada vía.
Tras eliminar datos erráticos o que aportan información dudosa, y tras calcular que la velocidad de la mayoría de usuarios en las proximidades de esa vía es muy baja, Google puede determinar que probablemente hay un atasco ¿inteligente, no?
Para cumplir solo esa función, Google está constantemente recogiendo información de usuarios de todo el planeta, en cada calle, en cada carretera (según ellos mismos cubren 1000 millones de kms en 220 países). Pero Google no solo informa al usuario del estado del tráfico en tiempo real, sino que es capaz de predecir con sorprendente exactitud a qué hora va a llegar a su destino. Para ello no solo utiliza la información disponible en el instante actual, sino que realiza estimaciones mediante potentes algoritmos de inteligencia artificial que son capaces de adivinar cómo estará cada vía en los próximos minutos. ¿Y cómo aprende una inteligencia artificial? Básicamente a partir de la información del pasado. Google lleva más de 10 años almacenando datos de todas las carreteras del mundo.
Las lucrativas macrogranjas de datos
Es difícil imaginar la ingente cantidad de datos que hay que transferir, almacenar y la potencia de computación necesaria para realizar una acción como la que acabamos de describir a escala global. Detrás de esta hercúlea tarea está el cloud, una tecnología que nos podríamos imaginar como una enorme flota de coches de alquiler, donde cada empresa de servicios (desde Spotify hasta Wallapop) alquila los recursos que utiliza en cada momento.
Pero el cloud –la nube– no es una entidad etérea. El cloud se traduce en el plano material en los centros de datos; las instalaciones que alojan los dispositivos de procesado, almacenamiento y comunicación.
Existen multitud de centros de datos en diferentes lugares y de todas las escalas imaginables. En los últimos años han aparecido centros de datos de dimensiones descomunales (los llamados hyperscale data centers).
Estamos hablando de grandes naves –o quizás algo más parecido a macrogranjas– con kilómetros de pasillos que albergan decenas de miles de procesadores y unidades de almacenamiento.
Cada vez que hacemos clic dejamos huella
Cuando hablamos de hyperscale hablamos de unos pocos por continente. Por ejemplo, Amazon recientemente anunció la creación en Aragón de una infraestructura para dar servicio a una nueva región en Europa, que se sumará a las 6 ya existentes: Frankfurt, Londres, París, Irlanda, Estocolmo y Milán.
Los centros de datos son la columna vertebral del mundo digitalizado moderno. Más allá de las plataformas de ocio o del comercio electrónico, los servicios en la nube se han vuelto esenciales para otros sectores industriales como los sistemas de fabricación distribuida, la logística, las finanzas y muchos otros.
No hay un único culpable –nuestros ejemplos de Netflix o Google Maps–. Es un problema a escala global: detrás de cada aplicación en nuestro smartphone, de cada sitio web que visitamos, de cada servicio que opera discretamente en la nube, existen centros de datos encargados de procesar la colosal cantidad de información que se genera en nuestra vida digital.
Para aquellos que trabajan con un ordenador, es un buen ejercicio revisar el historial del navegador en los últimos días: verán que han visitado cientos de sitios web.
Para todos los demás, piensen por un momento en las aplicaciones que han utilizado en las últimas horas –acceso al banco, comprobar el tiempo, pedir un Glovo, Uber–; piensen también en las redes sociales –TikTok, Instagram, Facebook, Twitter–, o en la simple comunicación –WhatsApp, Telegram–.
Toda nuestra actividad gira ya alrededor de los datos, infinidad de datos que deben ser procesados y almacenados en el cloud, es decir, por esos grandes centros repletos de procesadores y dispositivos de almacenamiento. Esta frenética actividad digital centrada en los datos no parece tener límite en un futuro próximo.
La rentable nube de Amazon
Todo el mundo conoce Amazon, el gigante de la venta por Internet. En su día Amazon desarrolló su propio cloud para soportar la plataforma de venta que estaban lanzando. Pero al cabo de pocos años desarrolló una nueva línea de negocio aprovechando precisamente su experiencia en el cloud.
Esta línea, denominada Amazon Web Services (AWS), consiste básicamente en alquilar a terceros su plataforma cloud. Lo que inicialmente se planteó como una forma de escalar su ingeniería se ha convertido hoy en día en el 13% de las ventas totales de Amazon, pero mucho más importante, en el 75% de su beneficio operativo. Piensen por un momento todo lo que puede llegar a vender Amazon a nivel mundial. ¿Quién no ha pedido recientemente algo a Amazon? Ahora piensen que su gran negocio, en realidad, no es la venta de productos, sino el cloud.
El 1% del consumo mundial de electricidad
Los centros de datos son instalaciones que consumen una enorme cantidad de energía. A nivel global, la energía necesaria para abastecer sus nodos de computación e instalaciones se estimó en unos 205 TWh en el 2018. Para contextualizar, este valor supone aproximadamente el 1% del consumo mundial de electricidad (22 848 TWh en 2019, según la IEA), el equivalente a la demanda total de un país de tamaño medio como España (249 TWh en 2019).
Hay que destacar que las empresas que dominan el mercado mundial del cloud –entre ellas Google, Amazon y Microsoft– afirman estar fuertemente comprometidas con la reducción de su impacto.
Los centros de datos modernos son mucho más sostenibles que las generaciones anteriores, en parte debido al uso de procesadores mucho más eficientes, pero también a la mejora en los sistemas de refrigeración y otros avances.
Además, estas empresas están haciendo fuertes inversiones en renovables, tanto para alimentar sus propios centros de datos como en inversiones puramente estratégicas. Por ejemplo, entre otras iniciativas, desde 2017 Google compra en el mercado de las renovables el equivalente al 100% de su uso anual de electricidad, y para 2030 pretende funcionar con energía verde en su totalidad las 24 horas del día.
Pero en este artículo nos gustaría también centrarnos en la otra parte de la ecuación: en los usuarios.
Los granos de arroz en un tablero de ajedrez
El tamaño de los centros de datos es un vivo reflejo del volumen del consumo y la actividad económica a nivel global. Somos muchos seres humanos –miles de millones– los que utilizamos los servicios digitales en nuestro día a día, y son muchos los servicios que utilizamos.
Cuando el creador del ajedrez —un antiguo matemático de la India— mostró su invento al rey de un lejano país de Oriente, el rey estaba tan satisfecho que le concedió al inventor que él mismo decidiera cuál sería su recompensa. El sabio le pidió al rey algo que de buenas a primeras aparentaba ser bastante humilde: por el primer casillero del tablero de ajedrez debía recibir un grano de arroz; por el segundo, dos; por el tercero, cuatro; y así sucesivamente, duplicando la cantidad cada vez.
El rey, que no debía saber mucho de aritmética, rápidamente aceptó la petición, y le ordenó a su tesorero que contase los granos de arroz correspondientes y que se los entregase al inventor. Cuando el tesorero realizó el cálculo de los granos adeudados, le tuvo que explicar al monarca que habría que darle al inventor una cantidad de granos cuyo valor era superior a todos los activos del reino –solo en la última casilla habría 9 223 372 036 854 775 808 granos de arroz, unos 200.000 millones de toneladas, contando que en un gramo de arroz pueda haber entre 40 y 50 granos.
Solo cuando miramos el problema desde una perspectiva global –cuando sumamos los granitos de arroz– descubrimos la magnitud de algo aparentemente inocente. Y es que cuesta mucho conceptualizar los grandes números.
No existe a corto plazo una solución para mitigar el impacto de las tecnologías digitales. Lo que sí podemos plantear es hacer un uso responsable. Podemos empezar por poner consciencia en nuestra relación con todas esas aplicaciones digitales. ¿Están a nuestro servicio? ¿O somos nosotros los que estamos a su servicio?
Estas aplicaciones están específicamente diseñadas para incrementar el tiempo que pasamos en ellas, mientras recolectan nuestros datos con los que después hacen su negocio.
Antes de dejar que Netflix reproduzca sin preguntarnos el siguiente capítulo de la serie que estemos viendo, pensemos si realmente eso es lo que queremos hacer, teniendo en cuenta el impacto en nuestras propias vidas y en el medio ambiente. Imaginen si cada persona pusiera su granito de arroz por un futuro más sostenible y humano.
Fuente/TheConversation Chile Desarrollo Sustentable www.chiledesarrollosustentable.cl www.facebook.com/pg/ChiledesarrollosustentableCDS twitter.com/CDSustentable #CDSustentable,#Sostenible #DesarrolloSostenible #MedioAmbiente, #ChileDesarrolloSustentable, #ECOXXI
Desarrollo Sostenible
Día Mundial de los Humedales: Guardianes olvidados de nuestro planeta
Día Mundial de los Humedales, un recordatorio urgente de estos ecosistemas subestimados: pantanos, manglares, turberas y lagunas que cubren solo el 6% de la superficie terrestre, pero sostienen el 40% de la biodiversidad global.
Imagina un mundo sin ríos que fluyan limpios, sin aves migratorias surcando el cielo ni costas protegidas de tormentas furiosas. Eso es lo que nos espera si ignoramos los humedales. Cada 2 de febrero celebramos el Día Mundial de los Humedales, un recordatorio urgente de estos ecosistemas subestimados: pantanos, manglares, turberas y lagunas que cubren solo el 6% de la superficie terrestre, pero sostienen el 40% de la biodiversidad global.
Su historia: De un tratado visionario a una llamada global
Todo comenzó en 1971 con la Convención de Ramsar, firmada en la ciudad iraní de Ramsar por 18 naciones. Preocupados por la pérdida acelerada de estos hábitats —el 35% ya ha desaparecido desde 1970—, crearon el primer tratado ambiental moderno. En 1997, la Conferencia de la COP3 lo declaró Día Mundial, impulsado por la UNESCO. Hoy, 172 países protegen 2.500 sitios Ramsar, cubriendo 256 millones de hectáreas. En Chile, humedales como el Salar de Atacama o el estero de Ñipas son joyas nacionales, vitales para nuestra megadiversidad andina.
Importancia y beneficios ambientales: Los superhéroes invisibles
Los humedales son filtros naturales: purifican el agua absorbiendo contaminantes como nitratos y metales pesados, reduciendo en un 50-90% la polución de ríos. Almacenan carbono —las turberas guardan el doble que todos los bosques juntos—, combatiendo el cambio climático. Protegen costas de erosión y tsunamis (los manglares atenúan olas en un 66%), recargan acuíferos y albergan especies clave: el 75% de peces comerciales dependen de ellos. Para nosotros, humanos, significan agua potable, alimentos y turismo sostenible —en América Latina, generan millones en economías locales.
Ventajas y oportunidades: Un futuro verde al alcance
Pros: Alta resiliencia climática, bajo costo de restauración (hasta 10 veces más barata que infraestructuras grises), multifuncionales (biodiversidad + mitigación de desastres) y potencial económico (pesca, ecoturismo). Oportunidades abundan: restaurar 350 millones de hectáreas globales podría secuestrar 200 gigatoneladas de CO2 para 2050, según la ONU. En Chile, proyectos como la recuperación del humedal El Yali crean empleos verdes y fortalecen la resiliencia ante sequías.
Desventajas y contras: No todo es idílico
Contras: Emisiones de metano en turberas anegadas (hasta 100 veces más potentes que el CO2, aunque neto positivo), riesgo de enfermedades como malaria en zonas tropicales, y conflictos de uso: agricultura y urbanismo los drenan por su suelo fértil. La salinidad complica la explotación, y su fragilidad ante sequías (como en Chile por el cambio climático) los hace vulnerables. Gestionarlos requiere inversión continua, y la pérdida anual del 1% global urge acción inmediata.
En resumen, este día no es solo conmemoración: es una invitación a actuar. Proteger humedales es invertir en nuestro futuro —barato, efectivo y vital. ¿Y tú? Visita un humedal cercano, apoya políticas locales o restaura uno en tu comunidad.
El planeta te lo agradecerá.
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Conversación
Tratado de Alta Mar: Una noticia esperanzadora para la salud de los océanos
Más del 60% del océano corresponde a aguas de alta mar: aquellas que se encuentran fuera de las zonas jurisdiccionales de los países ribereños. El resto, las jurisdiccionales, que ocupan un tercio de los océanos, llevan bastante tiempo reguladas. Pero el ordenamiento de aquellas más alejadas de la costa se lleva discutiendo desde hace dos décadas y solo recientemente se ha firmado un Tratado de Alta Mar.
El Convenio del Derecho del Mar, firmado en Montego Bay (Jamaica) el 10 de diciembre de 1982, regula las aguas jurisdiccionales. Pero el nuevo Tratado de Alta Mar solo se aplica a partir de las zonas económicas exclusivas de los Estados. Es decir, en las aguas alejadas más de 200 millas de los territorios soberanos.
El tratado BBNJ (según sus siglas anglosajonas) es el tercer acuerdo de aplicación de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. El pacto incluye la protección de la biodiversidad y el uso sostenible de los recursos marinos.
Ratificación y entrada en vigor
Fruto de las reuniones mantenidas previamente, el 17 de enero de 2026 entró en vigor el nuevo acuerdo, denominado Tratado sobre la Conservación y el Uso Sostenible de la Diversidad Biológica Marina fuera de las Jurisdicciones Nacionales.
Más conocido como el Tratado de Alta Mar, ha obtenido la ratificación 81 países. En febrero de 2025, España se convirtió en el primer país europeo en depositar su ratificación ante la sede de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York. Marruecos y Sierra Leona se unieron recientemente (septiembre 2025) al total de Estados que lo han firmado. Se convirtieron en los países 60 y 61 en respaldar el tratado, permitiendo que entrara en vigor lo firmado en junio del año 2023.
El objetivo principal del acuerdo (dotado de 76 artículos repartidos en 12 partes) se centra en mejorar la coordinación entre los países y establecer un enfoque integral destinado a la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad en las aguas afectadas.
Por lo tanto, se busca garantizar el uso de los recursos del océano en alta mar a un ritmo y de una manera adecuados. Es decir, que su aprovechamiento no provoque una reducción (en el presente y a largo plazo) de las especies animales y vegetales. Adicionalmente, el reparto de los beneficios obtenidos del uso de los recursos genéticos marinos debe ser llevado a cabo de una manera equitativa. Y ello creando áreas protegidas y fortaleciendo la cooperación científica.
Preocupación en el sector pesquero
En referencia a la pesca, el artículo 10 del tratado refleja de manera clara lo que pretende en este aspecto. El acuerdo no busca invadir las competencias de otros organismos internacionales en referencia al reparto de los cupos de pesca. Se enfoca principalmente en el cambio climático, la acidificación de los mares, la contaminación y la explotación tecnológica.
No obstante, debido al fin ambientalista del pacto, es normal que se cree un posible foco de incertidumbre sobre sus posibles implicaciones para la pesca. Ello puede traer la consiguiente desconfianza por parte de los afectados.
El tratado permite el establecimiento de áreas marinas protegidas en alta mar. Asimismo, pretende que estén conectadas formando una red, una meta importante para poder alcanzar la protección del 30 % de los océanos (objetivo “30×30”) antes del año 2030. Actualmente, solo el 0,9 % de las aguas de alta mar está totalmente protegida.
Implicaciones jurídicas
Desde una óptica estrictamente jurídica, las normas del Tratado de Alta Mar no van en contra del Convenio del Derecho del Mar de las Naciones Unidas, sino que lo complementan en las áreas fuera de las aguas jurisdiccionales de los países. Así, se presentan como las primeras normas que tendrán efectividad en alta mar.
Adicionalmente, el tratado crea un nuevo órgano para conservar y gestionar la biodiversidad: la Conferencia de las Partes, que será el foro especializado para ejecutarlo.
Este tratado, como cualquier otro instrumento de derecho internacional, contiene una lista de principios. Estos deben tenerse en cuenta para su aplicación. Entre ellos destacan los de “quien contamina, paga” y “distribución justa y equitativa de los beneficios”, es decir, se obliga a quien contamina a asumir la responsabilidad y se garantiza una distribución equitativa de los beneficios derivados de los recursos marinos.
81 países lo incorporarán a su legislación
Tras su reciente entrada en vigor, el tratado pasa a ser jurídicamente vinculante. Afectará a los más de 80 países que lo han ratificado hasta ahora. Esto significa que aceptan incorporarlo a su legislación nacional.
El éxito del acuerdo dependerá de su traducción en medidas operativas y de los países implicados. Todos los Estados de la Unión Europea lo han firmado y ratificado. También lo han hecho otros países de América Latina, África y pequeños Estados vulnerables a la degradación oceánica, como las islas Seychelles y Palaos. Incluso China se ha sumado al pacto.
Pero existen países que, a pesar de firmarlo, aún no lo han ratificado, como Estados Unidos, Reino Unido y Rusia. Esto genera un escenario de adhesión desigual que condiciona el alcance real del tratado. En cualquier caso, la eficacia en su aplicación dependerá de la capacidad de los órganos institucionales ya existentes. Además, la puerta sigue abierta para que más Estados lo ratifiquen.
Fuente/The Conversation/ Licencia Creative Commons
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Desarrollo Sostenible
Desafío Levantemos Chile despliega ayuda en Penco y Lirquén: El llamado es a donar para sostener la emergencia
Equipos de la ONG ya se encuentran en terreno entregando kits de remoción de escombros, alimentos de primera necesidad, agua y comida a las familias damnificadas.
La organización hace un llamado urgente a la sociedad civil y empresas para sumarse a la campaña y permitir que la ayuda llegue a más zonas del Biobío.
“Hay que ponerse la mano en el corazón, ponerse en el lugar de nosotros, solo eso pedimos. Los meses pasan volando y necesitamos ayuda inmediata para que podamos levantarnos, no dejemos que pase el tiempo”, dice Manuel, damnificado del sector de Punta de Parra.
Los equipos de la organización ya se encuentran desplegados en Penco y Lirquén identificando niveles de daño y prioridades de ayuda para las cientos de familias afectadas. El foco de la ONG está puesto hoy en la entrega de kits de remoción de escombros, además de artículos de primera necesidad. Además, gracias a los aportes de CCU y Soprole, se han podido confeccionar kits con agua y leche.Otra alianzas estratégicas, se han habilitado puentes aéreos con SKY y terrestres con PDQ y Hualpén.
Llamado a la acción #HoyaLaEmergenciaSonLosIncendios.
La magnitud de los incendios requiere un esfuerzo masivo para llegar a todas las comunidades que hoy están bajo alerta. Por ello, la organización refuerza su campaña de donaciones para financiar la compra de insumos y próximas etapas de apoyo y reconstrucción.
“Hoy la emergencia nos exige ser más rápidos que nunca. Estamos en Penco y Lirquén viendo el dolor de las familias, pero también su fuerza. El panorama es realmente desolador, necesitamos que todos se sumen a esta campaña; cada donación es un kit de herramientas, es comida para una familia o agua para un brigadista”, señaló el director de emergencias de Desafío Levantemos Chile, Askaan Wohlt.
El modelo de la ONG se basa en transformar la ayuda en soluciones concretas a través de una colaboración público-privada, junto al empoderamiento de la sociedad civil. Al igual que en reconstrucciones emblemáticas como Canal Chacao o Canal Beagle, cada peso donado se gestiona con eficiencia y transparencia.
“Para nosotros la transparencia es uno de los pilares fundamentales como organziación. Es por esto que en nuestra página web tenemos publicadas nuestras cuentas públicas de las distintas emergencias en las que hemos trabajado; donde todos pueden conocer hacia dónde hemos destinado los recursos y los proyectos que hemos realizado. En esta ocasión no será diferente”, indicó Teresita Bull, directora de comunicaciones de Desafío Levantemos Chile.
¿Cómo ayudar?
Para sostener este despliegue, la organización lanzó la campaña #HoyLaEmergenciaSonLosIncendios. El llamado urgente es a realizar donaciones de manera oficial a través de su página web o cuenta corriente del Banco de Chile, ya que las donaciones en dinero permiten una gestión más rápida y adaptada a la realidad de cada comuna.
Sitio web: www.desafiolevantemoschile.cl
Donaciones:
Banco de Chile – Desafío Levantemos Chile
Cuenta Corriente: 98027 -07
Rut: 65.943.320.-6
Mail: [email protected]
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Conversación
Francisca Toledo, será la futura ministra de Medio Ambiente .
La ingeniera civil industrial de 40 años está desde 2022 en Libertad y Desarrollo, donde se especializó en recursos naturales y cambio climático. En el último tiempo ha trabajado estrechamente con Jorge Quiroz.
Francisca Toledo Echegaray (40) será la próxima ministra del Medio Ambiente. El presidente electo, José Antonio Kast, nombró a la ingeniería civil industrial con mención eléctrica de la Universidad Católica como la sucesora de Maisa Rojas.
La futura secretaria de Estado participó en los dos gobiernos de Sebastián Piñera. Primero, entre 2010 y 2014, Toledo fue asesora del Ministerio Secretaría General de la Presidencia, con Cristián Larroulet, en temas como educación y telecomunicaciones.
Y en la segunda administración tuvo dos posiciones. Entre marzo del 2018 y junio del 2020 fue asesora de gabinete de la Presidencia de la República, desde donde le tocaba interactuar con carteras como Obras Públicas y Medio Ambiente, recuerda un integrante de ese gabinete. Desde 2020 a 2022 fue jefa de división de evaluación social de inversiones del Ministerio de Desarrollo Social, según detalla en su cuenta LinkedIn.
Entre ambos gobiernos, tuvo un paso por el sector privado: desde 2014 a 2017 fue primero ingeniera de estudios por tres años y luego, gerente de estrategia en la Cámara Marítima y Portuaria (Camport).
Tras el término de la segunda administración de Piñera, en 2022, Francisca Toledo entró como investigadora a Libertad y Desarrollo (LyD). La también magíster en derecho regulatorio de la UC se enfocó en temas de tramitación ambiental y el centro de estudios declara en sus áreas de estudios los recursos naturales y cambio climático.
Según consigna la página de LyD, Francisca Toledo fue uno de los editores del libro de “30 años de política ambiental: ¿hacia dónde vamos?”, donde se habla de “un progresivo debilitamiento de la gestión ambiental, ofreciendo un diagnóstico sobre las posibles causas o factores que han incidido y algunas propuestas de cara a fortalecer la gestión ambiental en los próximos años”.
Toledo, en nombre de LyD, ha ido a exponer al Congreso en materias relacionadas con la tramitación ambiental, la ley de permisos sectoriales y las capacidades de la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA).
En este contexto, Toledo, junto con la coordinadora del programa legislativo de LyD, Pilar Hazbun, propuso fijar mínimos de desempeños en los plazos de tramitación y alertó sobre las atribuciones de la SMA, que le entregan muchas veces el rol de “juez y parte”.
La cartera de Medio Ambiente ha sido considerada clave por las nuevas autoridades en su tarea de destrabar proyectos de inversión. Toledo ha trabajado estrechamente con Jorge Quiroz en el último tiempo y fue una de las economistas que participaron en la reunión del futuro ministro de Hacienda con economistas que habían apoyado a Evelyn Matthei tras la primera vuelta, como los expresidentes del Banco Central Rodrigo Vergara y Vittorio Corbo, y el exministro de Hacienda de Sebastián Piñera, Felipe Larraín.
Fuente/Pulso/LaTercera
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Conversación
H2 Chile conmemora ocho años en un momento decisivo para la industria del hidrógeno verde
En un contexto de ajustes en el despliegue global del sector, el gremio reunió a autoridades y actores clave para analizar los desafíos de ejecución del hidrógeno verde en Chile, una industria que concentra 83 proyectos anunciados, una cartera estimada en US$170 mil millones y un potencial exportador de más de US$13.000 millones anuales, pero que enfrenta brechas críticas para avanzar hacia la escala comercial.
En un escenario marcado por un despliegue más selectivo de la industria del hidrógeno verde a nivel global, y un foco creciente en viabilidad económica y demanda, H2 Chile conmemoró su octavo aniversario con un encuentro que puso en el centro del debate la necesidad deacelerar la ejecución de proyectos y cerrar la brecha entre anuncios e implementación.
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