Conversación
“El mercado energético está al servicio de un oligopolio de tres empresas en el campo eléctrico”
Raúl Sohr :
Si es que hay un tema que preocupa a las sociedades del siglo XXI, el de la energía es uno que se sitúa en el centro del debate en los días que vivimos. En este último tiempo en Chile han proliferado las centrales a carbón con el consiguiente impacto sobre las comunidades cercanas a estas generadoras de energía. Juan Pablo Cárdenas entrevistó al periodista y analista internacional sobre su último libro «Así no podemos seguir. Política, energía y medioambiente».
Este miércoles, en una edición especial de su comentario político, Juan Pablo Cárdenas, entrevistó al periodista y analista internacional, Raúl Sohr, respecto de los principales temas que aborda en su último libro “Así no podemos seguir. Política, energía y medioambiente”, cuyo texto salió a la luz pública bajo el alero de la colección Debate de la editorial Random House Mondadori.
En esta publicación Raúl Sohr se hace cargo de un tema de candente debate en la actualidad, como es la energía, señalando en el libro que el destino de los países, sus industrias, depende en alto grado de la abundancia o escasez de los recursos energéticos. Entre otros libros del destacado periodista se pueden mencionar los títulos: “Para entender a los militares”, “Chao, petróleo” y “Chile a ciegas”.
Lo que se sabe por este libro es que Chile es un caso extremo de desregulación, donde el dejar hacer se aplica a todos los niveles y en definitiva la política se ha hecho en beneficio del sector privado [No son palabras mías son palabras del propio autor] y la actitud, el dejar hacer y no planificar de parte del Estado nos tendría a mal traer respecto del tema de la energía.
Efectivamente, yo creo que Chile es un ejemplo extremo de neoliberalismo en que el mercado ha sido un desastre, el mercado es una cosa muy virtuosa, tiene un gran dinamismo, asigna recursos y estimula una serie de iniciativas, sin embargo, cuando el mercado no tiene riendas va en una sola dirección, el lucro de los protagonistas principales que terminan diseñando el sistema de acuerdo a sus intereses y eso es exactamente lo que ha ocurrido en Chile. El mercado energético está al servicio de un oligopolio de tres empresas en el campo eléctrico y algunas más en otras energías, pero el bien común, el interés de largo plazo del país, su autonomía energética, que es absolutamente clave, no hay un factor estratégico más importante para un país que la energía. Eso ha quedado en manos de empresas, que naturalmente buscan darles los mejores dividendos a sus socios y lo que pase con el país, bueno ese es un problema del país, aunque ellos siempre colocan al país a su servicio cuando se trata de regulaciones o desregulaciones.
Sabemos que nuestra actividad minera, que es la principal consume grandes fuentes de energía. En promedio el costo de las grandes empresas mineras, el 30 por ciento es energía. Sin embargo, las grandes empresas mineras no han hecho un esfuerzo para dotarse, ni garantizarse estos recursos.
Esfuerzos muy tímidos
Tú ves que hay alguna reacción de la clase política respecto de este tema. Yo veo que hay un país bastante más consciente que en el pasado, un país que se ha movilizado, que ha emprendido campañas contra HidroAysén. Tú ves que hay alguna capacidad ahora, ya que estamos enfrentando nuevas elecciones y vamos a tener un nuevo Gobierno, ¿crees que Chile puede enmendar el rumbo en ese respecto?
Yo creo que estamos en el peor de los mundos, porque de un lado está ese dejar hacer que tú señalabas, es decir, las empresas hacen las cosas a su gusto y lo hacen mañosamente a través de oficinas de abogados, de oficinas de relaciones públicas, no abren un debate, todos se señalan absolutamente a favor de la libre competencia y hacen lo imposible para que no haya libre competencia e impiden el ingreso de nuevos competidores, especialmente en el rubro de medianos y pequeños generadores y por el otro lado tenemos la protesta ciudadana. La protesta ciudadana es reactiva, es la gente que dice yo acá no quiero una termoeléctrica a carbón, no quiero que Chile termine como una guitarra lleno de torres de alta tensión. Esas reacciones aunque son muy justificadas tampoco nos dan una planificación, por lo tanto, hoy no tenemos ningún plan, que podríamos llamar un plan de ordenamiento territorial, sino que tenemos una ciudadanía descontenta que para una serie de proyectos y algunos de ellos son necesarios. Se necesita más energía eléctrica por ejemplo. Se van parando los proyectos y del otro lado se comienza a producir una desinversión y como no hay un plan y aquí viene el tema de fondo y es lo que falla y es muy difícil de resolver es el modelo. Vivimos en un modelo absolutamente centralizado, jerárquico en que el país ha obrado en función de los grandes intereses. Cómo se logra armonizar los intereses ciudadanos para llegar a una situación de planificación de largo plazo con un Estado fuerte, no grande, un Estado capaz de regular y esto lo vamos a ver en la Educación, en la Salud, en la AFP, es decir esto es una salchicha, no importa donde la cortes el problema es exactamente el mismo. El problema de la Educación es ante todo un problema político y el de la energía es igualmente político, quién manda.
Es lo que hemos estado conversando con distintos especialistas en la materia. El mercado funciona para la venta de productos de consumo, para muchas cosas funciona y es eficiente, pero para estos temas vitales como son la salud, la energía, la educación, la previsión y otros, parece ser que la intervención del Estado es urgente y lo que uno ve y lo leo asombrosamente en tu libro es que se empeora la situación en término de los recursos, porque los políticos han prometido dejar de carbonizar nuestra energía y lo que sabemos es que en los últimos años lo que se ha multiplicado es justamente el uso del carbón y el petróleo.
En el caso de Isla Riesco es el carbón más tóxico, el peor de los carbones, no hay carbones de mejor calidad.
Tú dices en el libro que es curioso que en este país que tiene una larga geografía, que tenemos prácticamente todos los climas, no estemos bien dotados de algunas fuentes de energía como el petróleo, esencialmente, pero da la impresión que el país tiene muchas fuentes de energía a las que podríamos recurrir, se habla de las energías no convencionales y que Chile tendría ventajas respecto de otros países. ¿Qué se hace al respecto?
Yo he viajado por todo el mundo investigando este tema y lo he visto en Alemania, Francia, Corea del Sur, Nueva Zelandia. En Alemania el Estado resolvió salirse de la energía atómica y están en un proceso de acabar con la energía atómica, para que te digo como han reclamado los generadores nucleares en Alemania, pero el Estado tomó una decisión basado en la voluntad mayoritaria del pueblo alemán de acabar con esto. Nueva Zelandia tiene una capacidad geotérmica menor que Chile y sin embargo ya produce casi mil mega watt, lo que es bastante, Chile produce cero y tiene más capacidad. Nueva Zelandia es un país capitalista, pero la geotermia la desarrolló el Estado. Brasil que tuvo una dictadura militar de derecha es el país más exitoso en biocombustibles y han desarrollado a partir del azúcar una capacidad enorme, es el único país que ha conseguido disminuir el consumo real de petróleo y utilizar biocombustibles.
Pero están desarrollando también energía atómica.
Ya tienen dos reactores atómicos y están construyendo un tercero, Brasil tiene todo absolutamente todo, dicho sea de paso el programa nuclear brasileño es un desastre igual que el argentino. Yo diría que en América Latina no hay muchos casos exitosos, pero en el caso brasileño, ellos terminaron comprando en los años ´80 una serie de reactores y ahora están construyendo el tercero con tecnología del año ´80. O sea nuevo, pero del año ´80 entonces es un artefacto totalmente pasado de moda y creo que en el caso brasileño, como el argentino no fue una necesidad energética que los llevo a esto, sino las aspiraciones de gran potencia y controlar el ciclo nuclear y realmente lo que Brasil ha soñado siempre cumplir, ahora aparentemente lo está haciendo construyendo un submarino nuclear. Me llama la atención que en Brasil donde la gente salió a protestar contra los estadios y lo que se gastaba en los eventos deportivos no hayan protestado en contra el absurdo que Brasil construya un submarino nuclear
Yo hice memoria de una entrevista que realicé aquí mismo hace algunos años en que un experto de la universidad decía que la solución a la crisis energética en Chile era la energía nuclear, que se trataba de un recurso más limpio que otros, que se trataba de un recurso que ya no ofrecía los riesgos que tuvimos en el pasado. ¿Sigues siendo tajantemente contrario al desarrollo de la energía nuclear para nuestro país?
Yo no tengo una oposición esencial a la energía nuclear, no está en mi ADN, como lo estaría en el de los verdes que dicen energía nuclear bajo ninguna circunstancia. Es verdad que es una energía limpia mientras está contenida, pero cuando se sale de los reactores no hay nada más sucio y atroz, lo que ha pasado en Fukushima en que 20 mil personas han sido desplazadas probablemente de por vida de sus hogares, no hay nada más sucio. Ninguna central geotérmica de cualquier otro combustible produce una tragedia de ese tipo, pero mi oposición principal es que no se puede utilizar nada que no cumpla con el principio precautorio, que es un principio fundamental es que no se puede sacar al mercado un remedio si no puede garantizar que no va a producir un daño colateral y lo mismo con la energía nuclear, si puedes garantizar que nunca va haber un accidente y que si ese accidente ocurre lo puedes controlar, yo no tendría problema, pero como no lo puedes hacer y se ha visto tras cada accidente, que son pocos, pero cuando ocurren son atroces, que no se puede controlar y los japoneses no han podido controlar nada y todos los días estamos escuchando nuevos problemas en Fukushima, soy totalmente contrario dado el control que se tiene hoy sobre la energía nuclear.
Si estuviera en tus manos enfrentar una comisión del Congreso del propio Gobierno en relación a este tema, ¿qué estrategia sugerirías para Chile en términos de nuestra matriz energética?
En el último capítulo lo propongo, y es que el primer problema es político, es decir, ese es el elemento más importante y propondría un equipo de trabajo para elaborar con personas de distintos sectores, no necesariamente técnicos, con estos, pero principalmente con líderes de opinión un Plan de Ordenamiento Territorial para ver el país, qué energías existen en cada región, qué se puede desarrollar armónicamente en esas regiones. Allí donde se produce vino o hay fruta, no vamos a instalar una termoeléctrica carbonera, como se ha hecho y por eso surgen los tremendos conflictos entre sectores, por lo tanto, lo primero es llegar a un mecanismo en que se pueda establecer un consenso con una participación regional y local en que todos los involucrados puedan participar. No podemos seguir con esto en que la gente se entera a última hora que le van a instalar en su patio trasero una central que puede afectar su salud. Por supuesto que la gente sale y todo esto conduce a la famosa judicialización y después en la medida en que exista un consenso yo creo que Chile puede avanzar enormemente en un factor que es muy importante, que es el ahorro y la eficiencia. Hemos hecho muy poco, este Gobierno disminuyó los recursos de ahorro y eficiencia en circunstancias que en su documento principal plantea que ese es el elemento central y tiene razón pero no lo llevo a la práctica. Las generadoras, todo el rubro energético, no tienen mucho interés en la eficiencia, ellos quieren vender más, quieren ganar más. Y respecto de la eficiencia, sí no están en contra pero no la estimulan para nada.
Si la idea es promover fuentes de energía acordes a las necesidades de cada zona y a los recursos de cada zona, un proyecto como el de HidroAysén sigue siendo absolutamente extemporáneo, llevar energía desde el extremo sur del país hacia el norte.
Claro porque hoy se trata de energía distribuida, lo más cerca posible de los consumidores, yo diría que no se debería permitir, y estas son regulaciones del Estado, es decir, no se permite la construcción de una casa más que no esté dotada de un calentador solar, con eso a la gente de menos recursos les haces un favor inmenso porque cuando colocas esto, que puede salir por $300 mil pesos y dentro del costo de una vivienda es marginal y le das un ahorro de 60% o 70% al menos desde la zona central hacia el norte en todo su calentamiento de agua, nunca más una ducha con agua fría gracias a esta instalación y es parte de la construcción, debería haber un estímulo activo para las placas foto voltaicas, que la gente pueda producir su electricidad y recién había un debate, salió una “ley muy trucha” que no resuelve el problema y no hay estímulo, a los particulares que quieren invertir en esto, en Estados Unidos, en países en que el mercado es muy competitivo, está llenos de estímulos, se puede deducir de impuestos. Por ejemplo si quieres renovar tu casa, si quieres mejorar el aislamiento a la casa, eso se deduce de impuestos, hay todo tipo de estímulos para que justamente haya mayor eficiencia. Acá no hay ningún estímulo, el que quiere hacer algo lo hacer por su cuenta y eso es.
Es notable el aporte que hace tu libro al concebir la sociedad del mañana, entre otras cosas vamos a tener casas construidas con otros materiales, vamos a tener ciudades probablemente que tengan que circular menos automóviles, pero sobre todos los avances que se han experimentado en la materia, lo que ha pasado en Holanda con el uso de la Bicicleta y otro tipo de cosas que ahorra energía, aprovecha los recursos propios y frena algo que es muy preocupante, que está expresado en tu libro, que es el fenómeno del cambio climático. Tú eres de los ecologistas duros.
Yo veo el calentamiento global como la mayor amenaza sobre la humanidad, es decir, no hay nada que nos esté afectando más y uno ve como está cambiando Chile y como la sequía y la falta de recursos hídricos va perjudicando una serie de industrias. Yo sugiero en el libro si las cosas siguen por el rumbo actual, que por ejemplo el glaciar que nos da el agua, el Glaciar Echaurren siga perdiendo 10 metros por año para el año 2030 no va haber Glaciar Echaurren y junto con él otros glaciares y el agua se va hacer tan cara, los alimentos también en la zona central que probablemente eso va a provocar un proceso migratorio y la gente se va a comenzar a desplazar hacia el sur. De hecho muchas empresas vitivinícolas ya están comprando tierras nuevas en el sur en prevención de lo que ellos calculan pueda ocurrir. Por ejemplo yo he visto obras que se están construyendo en los países nórdicos, en el Mar Báltico de diques y muros de contención, calculando de que habrá una subida de los mares, han cambiado todos los planes reguladores, han corrido tres metros hacia arriba, es decir, hoy no se puede construir en las cotas que se construía antes porque dan por hecho que van a subir los mares en la medida que se derrita el casquete ártico.
(*) Raúl Sohr es periodista, sociólogo y analista internacional de la Universidad de Chile, en París y realizó sus estudios de especialización en Londres. Además, es columnista de distintos medios de comunicación internacionales, como el periódico británico, The Guardian y la revista estadounidense Time.
Fuente: http://radio.uchile.cl/
“El mercado energético está al servicio de un oligopolio de tres empresas en el campo eléctrico”
Conversación
Polinizadores en peligro: POR QUÉ LAS ABEJAS SON FUNDAMENTALES
Los polinizadores son esenciales para la reproducción de muchas plantas y para la producción de numerosos alimentos. Abejas, mariposas, escarabajos, aves y murciélagos transportan polen entre flores, permitiendo la formación de frutos y semillas.
Sin este proceso, muchos ecosistemas perderían diversidad y la agricultura sostenible sería mucho más difícil. En los últimos años, la disminución de poblaciones de polinizadores ha generado preocupación científica y social por sus consecuencias ambientales, económicas y alimentarias.
¿Qué son los polinizadores y por qué las abejas son fundamentales?
Los polinizadores son animales que facilitan el traslado de polen entre órganos reproductivos de las plantas. Las abejas son las más conocidas, pero no son las únicas. Muchos insectos silvestres cumplen funciones clave en bosques, praderas, huertos y cultivos. La polinización puede parecer un proceso pequeño, pero sostiene redes ecológicas complejas y contribuye a la estabilidad de los ecosistemas.
Las abejas destacan por su eficacia y constancia en la visita a flores. Existen abejas melíferas gestionadas por apicultores y muchas especies silvestres que polinizan plantas nativas y cultivos. Su trabajo mejora el rendimiento, la calidad y la diversidad de alimentos. Frutas, hortalizas, frutos secos y semillas dependen en mayor o menor medida de este proceso. Proteger a las abejas significa proteger la biodiversidad y la seguridad de la alimentación humana, ya que muchos productos ricos en vitaminas y micronutrientes dependen de ellas. Su pérdida simplificaría drásticamente la oferta alimentaria y afectaría la calidad nutricional global.
El equilibrio ecológico y la agricultura sostenible
- Biodiversidad y equilibrio ecológico: Los polinizadores ayudan a mantener la diversidad vegetal. Si disminuyen, muchas plantas producen menos semillas y frutos, lo que afecta a aves, mamíferos e insectos que dependen de ellas. Esta pérdida altera las cadenas alimentarias y reduce la resiliencia de los ecosistemas.
- Agricultura sostenible: La producción agrícola necesita polinizadores sanos. Aunque algunos cultivos se polinizan por el viento, muchos mejoran notablemente con la actividad de insectos. La presencia de setos, flores silvestres y hábitats naturales cerca de los campos puede aumentar sus poblaciones y reducir la dependencia de insumos externos, integrando naturaleza y producción de forma resiliente.
Amenazas principales y el uso de pesticidas
Las principales amenazas para los polinizadores son la pérdida de hábitat, el uso intensivo de pesticidas, la contaminación, las especies invasoras, las enfermedades y el cambio climático. La simplificación del paisaje agrícola reduce su alimento y refugio, mientras que las olas de calor y cambios estacionales desincronizan la floración con la actividad de los insectos.
Para mitigar el impacto químico, reducir pesticidas no significa abandonar la protección de cultivos, sino aplicar un manejo integrado de plagas. Este enfoque combina prevención, monitoreo y control biológico, recurriendo al uso químico solo cuando es estrictamente necesario. Así se protege la producción y se reduce el daño sobre insectos beneficiosos.
Apicultura vs. Polinizadores silvestres: La apicultura puede ser aliada de la conservación, pero no debe eclipsar a las especies silvestres. En algunos lugares, una densidad excesiva de colmenas domésticas puede competir con las especies nativas por recursos florales. Una estrategia equilibrada debe proteger a ambas, ya que la diversidad de polinizadores aumenta la estabilidad del servicio de polinización global.
Cómo proteger a los polinizadores en ciudades y campos
Para recuperar sus poblaciones, es vital diseñar paisajes favorables que combinen refugios, agua, ausencia de químicos peligrosos y una diversidad floral durante todo el año. Los monocultivos extensos ofrecen alimento durante periodos muy cortos y luego se convierten en desiertos ecológicos; en cambio, los setos, márgenes, praderas y pequeños bosques proporcionan continuidad temporal y espacial con flores de distintas formas adaptadas a diferentes insectos.
La gestión del territorio debe dividirse en dos frentes:
- En el campo: Los márgenes florales, la rotación de cultivos y la reducción de agroquímicos favorecen su recuperación rápida, conectando espacios verdes y hábitats naturales dispersos.
- Ciudades como refugio: Los entornos urbanos pueden convertirse en microhábitats valiosos si se gestionan parques, balcones y solares con criterios ecológicos. Praderas floridas, hoteles de insectos bien diseñados, la reducción de siegas excesivas y la eliminación de herbicidas permiten crear una red ecológica que complementa a los hábitats naturales.

El papel social, indicadores y seguimiento científico
Los ciudadanos pueden apoyar a los polinizadores mediante jardines con flores diversas, la compra de alimentos sostenibles y el apoyo a la apicultura responsable. Por su parte, las empresas agrícolas y alimentarias deben incorporar criterios de biodiversidad en sus cadenas de suministro, mientras que las administraciones públicas tienen la obligación de facilitar políticas que protejan hábitats y regulen sustancias perjudiciales.
Investigación y medición de resultados
Para saber si estas medidas funcionan, se requiere continuidad mediante la investigación y el seguimiento científico. Los indicadores de recuperación —como la presencia de más flores, mariposas, abejas silvestres y frutos en plantas nativas— deben evaluarse con monitoreos científicos de abundancia y diversidad. Los conteos de insectos y análisis de hábitats aportan datos esenciales para ajustar políticas agrícolas y urbanas, evitando que los esfuerzos se queden en acciones simbólicas de temporada.
Conclusión
Los polinizadores, especialmente las abejas, son fundamentales para la biodiversidad, los ecosistemas y la agricultura sostenible. Su declive no es un problema aislado, sino una señal de deterioro ambiental generalizado. Protegerlos exige cambiar la gestión del territorio, reducir presiones químicas y recuperar hábitats. Cuidar a los polinizadores es cuidar la base natural de muchos alimentos y de la vida en el planeta.
Fuente/Ambientum
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DÍA MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE
Cada 5 de junio recordamos que nuestra vida cotidiana está tejida con la vida del planeta. El Día Mundial del Medio Ambiente no es solo una fecha formal; es un espejo que nos pregunta qué tipo de mundo queremos heredar.
Desde su inicio en 1974 ha servido para encender debates y sembrar iniciativas: escuelas que plantan árboles con alumnos, barrios que organizan limpiezas de ríos, pequeñas empresas que cambian plásticos por materiales reutilizables. Esos actos, aunque modestos, son el pulso de una transformación mayor.
Su importancia radica en poner en la agenda pública desafíos ambientales transversales: contaminación atmosférica y de aguas, pérdida de biodiversidad, degradación de suelos, residuos y la crisis climática. Al concentrar campañas temáticas anuales y designar países anfitriones, el Día facilita la coordinación entre gobiernos, ONG, sector privado y comunidades locales, amplificando mensajes y recursos.
Históricamente, la conmemoración nació tras la creciente conciencia ambiental de los años 60–70 y las primeras conferencias internacionales que vinculaban desarrollo y ambiente. Desde entonces, ha ayudado a catalizar acuerdos, normativas y comportamientos —por ejemplo, campañas de reducción de plásticos, restauración de ecosistemas y promoción de energías limpias— que, aunque insuficientes, muestran el potencial de acción conjunta.
Los beneficios concretos para el planeta y el desarrollo sostenible incluyen: aceleración de políticas públicas ambientales; mayor financiamiento y prioridad para proyectos de conservación y infraestructura verde; impulso a la transición energética y eficiencia energética; y fortalecimiento de economías locales basadas en servicios ecosistémicos.
Para el cambio climático, la celebración funciona como instrumento de educación y presión política para reducir emisiones, promover adopción de renovables y fomentar prácticas de mitigación y adaptación. En biodiversidad, concentra esfuerzos de protección de hábitats, monitoreo de especies y estrategias de manejo sustentable que reducen pérdidas genéticas y servicios ecosistémicos esenciales (polinización, regulación hídrica, control de plagas).

La eficiencia energética recibe atención a través de campañas de consumo responsable, etiquetado, incentivos para renovación de flotas y edificaciones más eficientes, y fomento de tecnologías como iluminación LED, bombas de calor o edificios de consumo casi nulo. Estas acciones reducen demanda, emisiones y costes económicos.
Sin embargo, no todo es lineal: las oportunidades incluyen visibilizar soluciones escalables, atraer inversión verde, empoderar comunidades y promover innovación tecnológica y educativa. Las desventajas o límites son la temporalidad del impacto (muchas campañas quedan en acciones puntuales), el riesgo de “ecoblanqueo” por parte de empresas, la desigualdad en capacidad de respuesta entre países y la brecha entre discurso público y políticas vinculantes. Para maximizar beneficios se requieren seguimiento, metas cuantificables, transparencia en financiamiento y alianzas multisectoriales que traduzcan sensibilización en transformaciones estructurales.
En 2026, el lema del Día Mundial del Medio Ambiente es: «Un llamamiento mundial a la acción climática». Este año, el Día Mundial del Medio Ambiente se centra en el cambio climático y en las señales que nos envía el planeta. El Programa de Naciones Unidas por el Medio Ambiente nos llama a actuar #PorElClimaYa.
Cada año, un país se convierte en anfitrión y organizador del Día Mundial del Medio Ambiente. La República de Azerbaiyán será el país anfitrión del mayor evento por el medio ambiente del mundo.
Un llamamiento global por la acción climática
La Tierra ya nos está hablando. Y lo hace con temperaturas récord, incendios más feroces, tormentas extremas y glaciares que desaparecen frente a nuestros ojos.
Durante años dijimos que limitar el calentamiento global a 1,5 °C era clave para evitar los peores impactos del cambio climático. Hoy, ese umbral está peligrosamente cerca de ser superado. Y cada décima de grado cuenta.
El cambio climático no es una amenaza futura: está redefiniendo la vida en todo el planeta.
El #DíaMundialDelMedioAmbiente 2026 nos recuerda que todavía estamos a tiempo de cambiar el rumbo. La Tierra nos está enviando señales. La pregunta es: ¿qué señal vamos a enviar nosotros?
Súmate a la campaña global de ONU Medio Ambiente y actúa #PorElClimaYa. Porque proteger el planeta también es proteger nuestra salud, nuestras comunidades y nuestro futuro.
En el marco de la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente se deben centrar los esfuerzos en motivar a las personas y comunidades, para que se conviertan en agentes activos del desarrollo sostenible y de protección del medio ambiente.
Es por ello que se invita a las personas a mejorar sus hábitos de consumo. A las empresas a desarrollar modelos más ecológicos. A los gobiernos a proteger las zonas salvajes. A los profesores a educar en valores naturales. A los jóvenes a alzar la voz por el futuro del planeta. La protección del medio ambiente requiere del apoyo de todos.

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LA HUELLA QUE DEJA EL LITIO DE LAS BATERÍAS EN LOS OCÉANOS
El litio se ha convertido en uno de los grandes protagonistas de la transición energética debido a sus propiedades físico-químicas: es ligero, poco denso en estado sólido, presenta un elevado potencial electroquímico y una excelente conductividad eléctrica y térmica. Y eso lo convierte en materia prima clave de las baterías de coches eléctricos, teléfonos móviles y sistemas de almacenamiento de energías renovables.
Su imagen está asociada a un futuro limpio y descarbonizado. Sin embargo, como ocurre con muchos avances tecnológicos, su uso masivo plantea una pregunta incómoda: ¿qué ocurre con el litio cuando acaba en el medio ambiente, especialmente en el mar?
Estudios recientes realizados con organismos marinos muestran que este metal, considerado durante mucho tiempo poco problemático, puede dejar una huella biológica relevante en los ecosistemas marinos, incluso a concentraciones similares a las que ya se detectan en la naturaleza.
Un contaminante emergente y poco vigilado
A diferencia de otros metales ampliamente estudiados, como el mercurio o el plomo, el litio no suele figurar en los listados clásicos de contaminantes ambientales. Su impacto ecológico ha recibido mucha menos atención. Sin embargo, su producción se ha disparado en las últimas décadas y su tasa de reciclaje sigue siendo baja
Gran parte del litio acaba en vertederos o se libera a través de aguas residuales, que los sistemas de depuración no eliminan eficazmente. Esto facilita que alcance ríos, estuarios y océanos. En condiciones naturales, las concentraciones de litio en el agua de mar son bajas. Pero en zonas con fuerte presión humana o cerca de explotaciones mineras se han registrado valores notablemente más altos.
La cuestión es si estas concentraciones, sin ser letales, pueden afectar a la salud de los organismos marinos a largo plazo. Para disipar dudas, distintos estudios han utilizado especies clave de la cadena trófica marina, como copépodos, erizos de mar, quisquillas, mejillones o poliquetos. Su diversidad en estrategias alimentarias y fases del ciclo vital permite evaluar mejor los efectos del contaminante en diferentes niveles del ecosistema.
Más allá de la mortalidad: efectos invisibles
El litio no siempre provoca efectos inmediatos o visibles. En muchos casos, las concentraciones actuales no causan mortalidad masiva en los organismos marinos, pero sí generan efectos subletales que pueden comprometer su salud a largo plazo.
En concreto, producen alteraciones en enzimas relacionadas con el estrés oxidativo, en procesos de detoxificación y en mecanismos asociados al sistema nervioso. Tal y como ya se ha visto en investigaciones anteriores y también en las nuestras, en embriones de erizo de mar, la exposición al litio puede ralentizar el desarrollo o inducir malformaciones, incluso cuando no se produce la muerte de los organismos.
El tiempo importa tanto como la dosis
El efecto del litio no depende únicamente de la concentración, sino también del tiempo de exposición. A medida que pasan las semanas, las respuestas biológicas se vuelven más intensas y afectan a niveles cada vez más complejos, tanto bioquímicos como enzimáticos, pasando por alteraciones celulares, hasta daños visibles en tejidos.
Cuando todos estos indicadores se analizan de forma conjunta, el resultado es claro: el estrés biológico aumenta de manera progresiva y sostenida. Es decir, exposiciones prolongadas a litio, incluso en niveles moderados, pueden generar efectos acumulativos.
Este tipo de impactos, menos evidentes pero persistentes, plantea un riesgo ecológico importante, ya que puede afectar a la reproducción, el crecimiento y la supervivencia de las especies. A largo plazo, los cambios pueden alterar el equilibrio de los ecosistemas y el funcionamiento de las cadenas tróficas.
Además, estos resultados cuestionan la idea de que todos los materiales asociados a la transición energética sean ambientalmente inocuos. El litio es indispensable para reducir las emisiones de carbono, pero su ciclo de vida completo —incluyendo su destino final— debe evaluarse con rigor.
Una transición energética verdaderamente sostenible
Los estudios no apuntan a un riesgo inmediato de colapso de los ecosistemas marinos, pero sí lanzan una advertencia clara: el litio es un contaminante emergente que merece atención, seguimiento y regulación. Entender sus efectos a largo plazo, especialmente en combinación con otros factores como el calentamiento global o la exposición simultánea a múltiples contaminantes, será clave para avanzar hacia una transición energética completa.
Porque la transición no consiste solo en cambiar las fuentes de energía, sino en garantizar que las soluciones adoptadas no generen nuevos problemas ambientales.
El litio seguirá siendo esencial para el futuro energético. Pero su historia en los océanos aún se está escribiendo. Comprenderla a tiempo será fundamental para que la transición sea realmente sostenible.
Fuente/The Conversation/ Creative Commons
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VERANOS INTERMINABLES E INVIERNOS MENGUANTES: ¿CÓMO DEFINIMOS AHORA LAS ESTACIONES?
Uno de los elementos más visibles del cambio climático antropogénico (causado por el ser humano) es el aumento de la temperatura, que a su vez modifica la forma y extensión de las cuatro estaciones. ¿Las consecuencias? Veranos más largos, que se desplazan hacia la primavera y el otoño, inviernos más cortos, primaveras adelantadas y otoños retrasados.
Estudiar de manera precisa cómo, cuánto, a qué ritmo y con qué intensidad se están produciendo esos cambios y se proyecta que sucedan en el futuro tiene un interés enorme debido a sus numerosas consecuencias. No sólo para los ecosistemas naturales, sino en el consumo y gestión de la energía, el confort de la población o la alteración del ciclo anual y sus efectos.
El concepto o definición de verano o invierno es intuitivo y aparentemente sencillo. Sin embargo, definir y calcular de manera rigurosa y objetiva las estaciones resulta muy complejo; hay muchas sutilezas y matices a tener en cuenta. De hecho, no existe un consenso en la comunidad científica ni en los centros de estudio climático a la hora de determinarlo.
¿Cómo definimos un día de verano?
Existen múltiples formas de aproximarse a la definición de las estaciones, según el enfoque que se utilice. Por un lado está el astronómico o climático: desde la astronomía, se determina con los solsticios y equinocios, o desde la climatología, con periodos fijos de tres meses.
Estas definiciones son, por tanto, invariables. Así, el verano dura astronómicamente desde el 21 de junio al 21 de septiembre (con ligeras variaciones entre años). Y desde el punto de vista climático, corresponde a los meses de junio, julio y agosto.
No consuma noticias, entiéndalas.
Por otro lado, está la definición meteorológica o térmica. Determinar si un día concreto, más allá del calendario fijo, corresponde a condiciones de verano, otoño, invierno o primavera podría conseguirse a partir del comportamiento de su temperatura (media, máxima o mínima) diaria.
Así, una definición extendida entre la comunidad científica determina como día de verano aquel en el que la temperatura máxima supera los 25ºC. Este valor es un promedio muy global a nivel planetario. No obstante, resulta lógico que quienes viven en una zona de montaña, desértica o cerca de los polos o del ecuador no estén totalmente de acuerdo con que esa temperatura sea la que defina sus días de estío. Entre otros ejemplos, el servicio meteorológico sueco establece el comienzo de la estación a partir de 10ºC de temperatura media diaria.
Algunos trabajos proponen obtener el valor numérico en cada región a través de su promedio climatológico de temperatura (30-40 años más recientes), aunque no existe una propuesta general para la extensión de la zona y el periodo a emplear. En España, se ha estudiado tanto mediante medias de tres meses como a partir de la media entre junio y septiembre.
Además, está la posibilidad de emplear el percentil 75 de temperatura máxima o mínima o media. Suponiendo que las temperaturas evolucionan como una oscilación suave y homogénea a lo largo del año, dividiéndose en cuatro partes iguales el ciclo anual, ese percentil 75 correspondería al 25 % de los días más cálidos, es decir, los días de verano.
Existe otra propuesta interesante: analizar las estaciones a través de la distribución de frecuencias de la temperatura diaria en el año. Su forma es más o menos simétrica, con un máximo central (suma de días de primavera y otoño) y dos colas (verano e invierno). Los cambios proyectados por el calentamiento global tanto en el valor medio como en el ancho de esa distribución, que se muestran en los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), pueden ser útiles para estudiar cambios en las estaciones.
También existen trabajos que estudian las estaciones desde otras perspectivas muy distintas, como la fenológica: según el crecimiento de la vegetación y la floración. Como ejemplo ilustrativo, el cerezo japonés, con más de 1 000 años de datos, permite analizar la evolución estacional de la temperatura en escalas temporales enormes.
Si bien estos estudios son limitados en cuanto a su representatividad para grandes regiones, muestran de manera muy clara la conexión de los ecosistemas naturales y calentamiento global.
¿Cmo están cambiando las estaciones debido al calentamiento global?
Determinar el inicio y fin de una estación se vuelve una tarea más complicada si se tiene en cuenta que el cambio climático antropogénico está transformando los patrones. Múltiples estudios indican cambios muy significativos en la duración y extensión de las estaciones, y en particular del verano: más de un día por año de aumento en las últimas tres décadas en múltiples megaciudades (Sidney, Minneapolis, Tokio); incremento de al menos una semana en la mayor parte del hemisferio norte en las décadas recientes; o en torno a 2,5 días por década en Europa en los últimos 70 años.
Si ponemos el foco en España, los veranos de Castilla-La Mancha, por ejemplo, se han alargado 7 días por década de media en los últimos 40 años.
Estudiando las proyecciones futuras, los inviernos, definidos a partir de los valores del siglo XX, prácticamente habrán desaparecido en la península ibérica a finales del siglo XXI. A nivel global, cualquiera de las proyecciones de emisiones de gases de efecto invernadero obtienen veranos que duran en torno a 6 meses e inviernos de menos de 2.
El calentamiento global, por tanto, ya ha alterado de manera significativa las estaciones, en particular las más extremas (verano y el invierno). Entre las diferentes líneas de investigación, los expertos se están centrando en varios aspectos:
- Estudiar de forma más detallada los ritmos de cambio a escala más local.
- Analizar la sensibilidad de los cambios a los diferentes escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero.
- Hacer más precisas las diferentes metodologías para estimar las estaciones, su variabilidad y consistencia.
- Analizar mejor las estaciones como primavera y otoño, para conocer hasta qué punto se van a ver alteradas, acortadas, desplazadas o el paso de condiciones invernales a veraniegas y viceversa pueda ser más brusco.
Sólo profundizando en estos patrones se podrán precisar sus impactos y mejorar las medidas de adaptación en el contexto del cambio climático.
Fuente/The Conversation /Creative Commons
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Conversación
UNA OLA DE CALOR MARINA MASIVA PROVOCÓ EL COLAPSO DE LOS ARRECIFES DE CORAL DEL CARIBE MUCHO MÁS RÁPIDO DE LO PREVISTO.
Durante décadas, los arrecifes de coral de todo el Caribe han sufrido enfermedades, contaminación, sobrepesca y el aumento de la temperatura del mar, pero la mayoría ha seguido creciendo, hasta ahora.
En 2023 y 2024, las temperaturas superficiales alcanzaron máximos históricos en los océanos del mundo, y una ola de calor marina de duración e intensidad sin precedentes se extendió por los trópicos . Satélites de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU. detectaron estrés térmico que podría provocar el blanqueamiento de los corales en más del 80 % de las zonas de arrecifes del planeta .
Durante estos períodos de estrés extremo, los corales expulsan las algas simbióticas que les dan su color y la mayor parte de su alimento, lo que los vuelve completamente blancos y los deja vulnerables a la inanición, las enfermedades y, finalmente, la muerte .
En todo el Atlántico Norte , incluido el Caribe, el calor persistió durante meses, con un estrés térmico dos o tres veces mayor que el que los arrecifes habían experimentado jamás. El estrés térmico, fenómeno en el que las altas temperaturas ejercen presión sobre ecosistemas frágiles, puede alterar permanentemente su capacidad de funcionamiento.
Esto desencadenó lo que ahora se reconoce como el cuarto evento global de blanqueamiento de coral, el más grave que se ha documentado .
Blanqueamiento generalizado de los corales durante la ola de calor marina de 2023.
Los arrecifes de coral se encuentran entre los ecosistemas más productivos de la Tierra, y su importancia para las personas es fundamental. Alimentan a cientos de millones de personas a través de la pesca artesanal, son la base del turismo en todo el Caribe y sirven como rompeolas naturales que protegen la costa de las tormentas y reducen las inundaciones.
Los arrecifes del Caribe se están erosionando rápidamente.
En un nuevo estudio , descubrimos que en todo el Caribe, la ola de calor marina de 2023, combinada con una enfermedad mortal conocida como enfermedad de pérdida de tejido de coral pétreo, ha llevado a los arrecifes a superar un umbral que los científicos creían que estaría a una década o más de distancia. Ahora se están erosionando más rápido de lo que los corales pueden regenerarlos.
Estudiamos los arrecifes del Caribe mexicano y del Golfo de México, comparando los datos recopilados antes de la ola de calor (2018-2022) con los posteriores (2023-2024). En cada arrecife, contamos los corales vivos y los organismos que lo erosionan, como los peces loro y los erizos de mar. A partir de estos recuentos, estimamos la cantidad de formación de arrecifes (producción de carbonato) y de erosión (bioerosión), y luego calculamos el resultado neto: si el arrecife ganaba o perdía material.
Los resultados fueron contundentes: entre el 70 % y el 75 % de nuestros sitios en el Caribe pasaron de un crecimiento neto a una erosión neta. Ahora pierden carbonato de calcio más rápido de lo que los corales pueden agregarlo. El umbral que los modelos anteriores habían sugerido que podría superarse durante la próxima década ya se ha alcanzado .
Este cambio se debió a la pérdida de corales de rápido crecimiento, ramificados y formadores de placas, especialmente las especies de Acropora , que tienen tasas de crecimiento muy altas y contribuyen de manera desproporcionada a la formación de arrecifes.
Uno de nuestros hallazgos más preocupantes es que los arrecifes del Caribe que aún presentaban una alta cobertura de coral y una elevada producción de carbonato antes de la enfermedad y la ola de calor fueron los que más sufrieron pérdidas. Algunos perdieron hasta 8 kilogramos de carbonato de calcio por metro cuadrado al año.
Una historia de dos mares
Nuestro estudio también reveló un contraste sorprendente. Mientras que los arrecifes del Caribe colapsaron, los del Golfo de México se mantuvieron prácticamente intactos. La gran mayoría de los sitios del Golfo registraron un saldo positivo tras la ola de calor.
La diferencia radica en qué corales predominan en cada región. En el Golfo de México, los arrecifes están dominados por corales de crecimiento lento y forma de montículo. Crecen más lentamente, pero son más resistentes al calor. Sufrieron blanqueamiento durante la ola de calor, pero en su mayoría sobrevivieron, manteniendo así un balance positivo de carbonato en el arrecife .
Este es el equilibrio entre los procesos de construcción y erosión. Cuando se añade más de lo que se elimina, el arrecife de coral puede crecer. Cuando ese equilibrio se rompe, el arrecife deja de crecer e incluso puede erosionarse.
Además, los arrecifes del Golfo de México aún no se han visto afectados por la enfermedad de pérdida de tejido de los corales pétreos, que mata preferentemente a las mismas especies masivas y longevas que mantienen vivos los arrecifes del Golfo. Para cuando llegó el calor, gran parte del Caribe ya había perdido sus corales más resistentes debido al brote de la enfermedad . La ola de calor terminó lo que empezó.
Por qué es importante la erosión de los arrecifes
Todos los beneficios que proporcionan los arrecifes dependen de un delicado equilibrio entre la formación de arrecifes y la erosión.
Los arrecifes tropicales son esencialmente vastas estructuras de piedra caliza, construidas lentamente a lo largo de los siglos a medida que los corales depositan esqueletos de carbonato de calcio. Al mismo tiempo, las olas y diversos organismos del arrecife, como los peces loro, los erizos de mar y las esponjas perforadoras, los erosionan.
Un arrecife que se erosiona y se aplana comienza a perder su capacidad de proporcionar beneficios a otras especies y a las personas.
No esperábamos documentar el momento en que una importante región del océano pasara de crecer a erosionarse. El hecho de que ocurriera tan rápidamente, y en algunos de los arrecifes más emblemáticos y estudiados del Caribe, sugiere que los plazos que los científicos han estado utilizando podrían ser demasiado optimistas.
Nuestros hallazgos también podrían obligar a replantear la forma de abordar la restauración de los corales. En todo el Caribe, los programas han invertido mucho en la replantación de especies de coral ramificadas de rápido crecimiento, como Acropora , porque recuperan rápidamente su complejidad estructural. La ola de calor de 2023-2024 arrasó con muchas de estas poblaciones restauradas, además de las silvestres.
La restauración tendrá que diversificarse. Explorar enfoques como el intercambio de genes tolerantes al calor entre poblaciones (flujo genético asistido) y la cría de corales que sobrevivan mejor al calor (cría selectiva) podría ser una vía prometedora .
Pero la restauración por sí sola no será suficiente . Para revertir el declive se requieren reducciones drásticas de las emisiones de gases de efecto invernadero para disminuir la frecuencia e intensidad de las olas de calor marinas, junto con medidas locales contundentes contra la contaminación, la escorrentía de nutrientes, la sedimentación y las enfermedades, factores que debilitan a los corales antes de la llegada del calor.
Fuente/The Conversation/Creative Commons licence.
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