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Opinión

La ilusión del Litio

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Entre las costras de los salares de Chile yace una incógnita. El litio, eterna promesa que el gobierno espera licitar durante este año, se aloja en su salmueras esperando por un boom de los autos eléctricos. El Ejecutivo anunció hace un mes medidas para aumentar su explotación con nuevos actores. Sin embargo, el interés por este mineral contrasta con las dudas que siembra.

Por Juan Pablo Garnham y Jorge Isla

A fines de la década de los sesenta, el geólogo Guillermo Chong se adentró en un terreno que, hasta ese momento, permanecía virgen. El salar de Atacama y sus tres mil kilómetros cuadrados -más de cuatro veces la superficie del Gran Santiago- no tenían los caminos, las tuberías de agua y, lo más importante, las piscinas en distintos tonos de azul donde hoy el litio se procesa. Eran prácticamente sólo costras de sal, verdaderas espinas gigantes que se levantaban de la tierra y que los obligaban avanzar apenas seis kilómetros por día. «Dos semanas nos duraban los zapatos caminando por ahí», recuerda.

Pero el esfuerzo de Chong y otros tres geólogos valió la pena. «Encontramos que el contenido de litio no sólo era comercial, sino que era tan alto que superaba el de los lugares donde en esos momentos se explotaba el mineral», dice el investigador, desde su oficina en el Museo del Desierto de Atacama. Y no se equivocó: la cantidad y la calidad del litio encontrado serían tan buenas -y de tan bajo costo de producción-, que en los 80 terminarían haciendo quebrar a las empresas que extraían y comercializaban este mineral en Estados Unidos.

Hasta el día de hoy, ése es el descubrimiento que tiene a Chile como el mayor productor de litio a nivel mundial, con reservas totales que se estiman en 7.500.000 de toneladas, más de la mitad del total mundial.

El poblado de Peine, al sur del salar de Atacama, es uno de los que viven de esta industria. Originalmente una villa agrícola, hoy este pueblo de 400 habitantes depende en gran parte de la planta que la Sociedad Chilena de Litio tiene a 25 kilómetros. El 80% de los funcionarios de la empresa provienen de esa localidad, donde la compañía (filial de la multinacional Chemetall) instaló su campamento y construyó los sistemas de agua y electricidad con los que el pueblo hoy funciona. Sin embargo, la comunidad siente que no la han incluido en la discusión del desarrollo minero local. «El Estado chileno partió al revés en este tema: debería preguntarnos a las comunidades primero. Nosotros somos los que nos llevamos el impacto social de estos proyectos», dice Ramón Torres, dirigente atacameño de Peine.

Torres se refiere principalmente a los cambios que vienen en la industria. Hasta hoy, la regulación no ha hecho posible aumentar el número de yacimientos y los actores en este mercado. En 1979 se declaró al mineral como inconcesible debido a su uso en el proceso de creación de energía nuclear por fusión. Quienes hoy lo explotan -la Sociedad Chilena de Litio y SQM- arriendan las concesiones de propiedad de Corfo, que provienen de esa época.

Luego de los descubrimientos del equipo en el que participó Chong, se hicieron estudios de factibilidad y la Corfo se hizo de las propiedades mineras del salar. En 1975, poco antes de que se declarara el litio inconcesible, la estadounidense Foote Mineral firmó un convenio para explotar el mineral y nueve años después, a través de la Sociedad Chilena de Litio, comenzó a extraerlo. La empresa después sería vendida hasta llegar a manos de Chemetall, cuyos dueños son Rockwood Holdings, de Estados Unidos. A su vez, el gobierno de Pinochet vendió otra parte de los derechos mineros a la estadounidense Amax, quien terminaría vendiendo éstos a SQM, la que comenzaría a explotar el salar a principios de los 90. Los contratos de ambas empresas son limitados por cantidad de toneladas y en el caso de SQM también por el tiempo, ya que caducaría en 2030.

Este año, a principios de febrero, el gobierno anunció que reformaría este régimen a través de un sistema de contratos especiales de operación (CEOL), que entregarán derechos de explotación por cien mil toneladas durante veinte años. Las autorizaciones se darán sin una asignación geográfica y a quien haga la mejor oferta en términos de dinero. El fisco recibirá, además del pago del contrato y de los impuestos, el 7% de las ventas anuales. «Esto significaría recaudar cerca de US$350 millones por proyecto», dice Pablo Wagner, subsecretario de Minería, quien espera concretar la primera licitación durante este año. Sin embargo, la apertura a nuevos actores es sólo una de las interrogantes que quedan por resolver.

Contra el tiempo

Por décadas, la idea de ver a Chile como una futura «Arabia Saudita» en un mundo de autos eléctricos con baterías a litio se ha apoderado del imaginario de académicos, empresarios y políticos. Pero esto ha formado parte más del discurso que de la acción, según consideran algunos expertos. «A principios de los 80, después de hacer mi doctorado, estaba dedicado a investigar en litio. Pero ante el desinterés que vi a nivel general, me cambié de industria. Tuve toda la razón porque en 20 años no ha pasado absolutamente nada», enfatiza Gustavo Lagos, director del Centro de Minería UC.

Así y todo, Lagos comparte el diagnóstico dentro del ámbito minero: Chile está en un momento expectante, en el que arriesga perder su sitial como el mejor productor de bajo costo. «Australia nos va a pasar y puede que China también. Así, bajaremos a una posición secundaria, con reservas interesantes, pero sin desarrollos prácticos, mientras todos los grandes productores de autos tienen algún modelo eléctrico basado en baterías de litio», advierte.

Un cambio global que reflejan 90 proyectos nuevos a nivel mundial. «Diez de ellos tienen probabilidades concretas de ejecutarse compitiendo con nosotros», indica la gerente general de la consultora SignumBOX, Daniela Desormeaux. «Sólo en Argentina hay un par que ya están en fase final de desarrollo para iniciar producción en los próximos dos años, con lo que Chile perderá su primer puesto». Aunque esto aún no se refleja en la demanda actual -que llegó a 140.000 toneladas de carbonato de litio en 2011, 12% más que el ejercicio anterior-, Desormeaux anticipa que ésta se disparará fuertemente desde 2015 y para 2025 las expectativas de consumo serían de 498 mil toneladas del material.

Con este cuadro, el subsecretario Wagner refuerza sus argumentos: «El mundo se está moviendo y si no hacemos nada, nuestro actual 41% del mercado -que ya significó una pérdida de 10 puntos-implicará que bajemos a 20% en el 2020. O tomamos esta oportunidad o la toman otros».

Las críticas a la licitación

La apuesta del gobierno por los CEOL todavía tiene un largo camino. Tras el anuncio del mes pasado se levantaron múltiples críticas, no sólo en el frente político desde la Concertación -los senadores Isabel Allende, Juan Pablo Letelier y Alejandro Navarro han denunciado una «privatización encubierta»-, sino también reparos por parte de expertos y de profesionales que asesoran a la industria.

Mientras Gustavo Lagos pide una fórmula que logre convocar a la brevedad a «empresas con capacidad financiera, tecnológica y ambiental con reglas del juego parejas y transparentes», el gerente general de la consultora DMO Minerals, Felipe Valenzuela, resalta que la clave es que los equipos del gobierno a cargo «dispongan del tiempo necesario para evaluar y precisar todos los aspectos, como es gestionar la inclusión (o exclusión) de las concesiones mineras vigentes en los proyectos o zonas que se liciten de las fórmulas de selección de los postulantes».

Otros son más escépticos sobre la capacidad del Ejecutivo de evitar caer en situaciones de discrecionalidad en la negociación de las cláusulas de los contratos con las empresas. «Soluciones como los contratos de operación son más fáciles y rápidas, pero no cuentan con una regulación detallada», puntualiza el socio del estudio Vergara y compañía, Winston Alburquenque, quien asevera que los CEOL «no resuelven el problema de fondo en una industria nueva que requiere certezas, como la que aportaría la generación de títulos semejantes a los usados en otros recursos naturales».

Mientras crece el debate, las empresas e inversionistas ansiosos por irrumpir en el negocio del litio vía contratos toman posiciones. Con distintas pertenencias en salares del norte, entre los interesados figuran las canadienses Lomiko Metals y Salares Lithium (fusionada con la australiana Talison); las estadounidenses Pan American Lithium y Mammoth Energy Inc. y la chilena Minera Copiapó, ligada a Francisco Javier Errázuriz. En este grupo con alta presencia de mineras junior -que buscan financiamiento de terceros y ofrecen acciones a inversionistas de riesgo-, una de las más activas es Li3 Energy, que recientemente se asoció al grupo coreano Posco. «En este proyecto de litio y potasio con un horizonte de inversiones por US$ 250 millones, en Maricunga ya hemos gastado más de US$ 50 millones. Y en las próximas semanas vamos a anunciar nuevas inversiones, entre US$ 20 millones y US$ 30 millones, destinadas en su mayoría al litio para una planta piloto y estudios para producir en 2014», informa el CEO de la firma, Luis Sáenz. Y agrega que tienen previsto comprar más terrenos en Maricunga «para consolidar posiciones» y opciones en otros salares.

No menos intensas son las gestiones de grandes grupos japoneses y coreanos como Mitsubishi, Sumitomo, Toyota, Hyundai y Samsung, para establecer alianzas de largo plazo.

Por su parte, los actores que hoy dominan el negocio son cautos. Ambas compañías sólo respondieron a Qué Pasa a través de comunicados institucionales. Sobre la fórmula propuesta por el gobierno, en SCL se limitan a valorar las reformas: «Éstas proyectan el negocio en la línea de garantizar la oferta a nivel mundial», subrayan. En SQM, por su parte, afirman que sus preocupaciones van en la dirección de un cambio más profundo. «No se debe categorizar al litio como un mineral estratégico, simplemente porque no tiene sentido. Es un mineral muy abundante y altamente distribuido en el mundo, por lo que más de una decena de países tienen importantes recursos que pueden explotar sin restricción», afirman. «Si Chile decide seguir con las limitaciones a la extracción de litio, muy posiblemente irá perdiendo el liderazgo que hoy tiene».

Vivir del litio

Los líderes de las comunidades atacameñas tienen un hábito. Todas las semanas revisan sagradamente el Diario Oficial. Lo que buscan son nuevas peticiones de derechos de aguas subterráneas en la zona. «Hoy los derechos concedidos son mayores que la cantidad de renovación de aguas que tiene el salar. Si la minería decidiera explotar todos los derechos que tiene, nosotros nos secamos», dice Julio Ramos, quien fue presidente del Consejo de Pueblos Atacameños entre 2008 y 2010.

En el caso del litio, hay conciencia de que el impacto no es tan fuerte como el que tiene la minería del cobre. «Pero el problema del litio es que no se sabe muy bien cómo va a impactar en las cuencas», dice el abogado Alonso Barros, quien ha asesorado por veinte años a los atacameños. El sistema hídrico del salar está conectado con las áreas de regadío y pastoreo de las zonas aledañas y, además, con áreas protegidas, como bofedales y humedales. La Laguna Chaxa, en la Reserva Nacional Los Flamencos, es uno de éstos.

En Conaf explican que, según sus monitoreos, el desarrollo del litio no ha afectado a la flora y a la fauna. Sin embargo, hay una sensación de desconfianza entre los atacameños frente a la minería, que se extiende también al efecto que podría causar en el turismo. De hecho, en la comuna de San Pedro de Atacama la única actividad minera son los yacimientos de SQM y la Sociedad Chilena de Litio.

La alcaldesa Sandra Berna rechaza de plano la existencia de nuevas plantas en el salar: «Yo creo que con las dos que tenemos ya es exceso. No pueden venir más». El problema es que las actividades mineras afectan la «postal». Desde las zonas más altas, como el poblado de Socaire o el de Peine, es posible ver en el horizonte las faenas. Ahí se bombea hacia la superficie el agua rica en minerales que se aloja en las profundidades del salar. Estas salmueras son depositadas en piscinas rectangulares para que el sol haga su trabajo, evaporando el agua y dejando las sales. Los minerales resultantes se separan, obteniendo litio, que reposa esperando su exportación.

«Va a ser complejo el desarrollo de la industria del litio por dos elementos: el daño ambiental y la licencia social, es decir, el impacto en las comunidades locales», dice Alonso Barros. Varios de los salares a los que podrían apuntar los inversionistas se encuentran en zonas que los pueblos atacameños reclaman como propias. Otras zonas de interés incluyen áreas como los bofedales en el salar de Aguas Calientes, que son protegidos por la ley chilena.

El gobierno ha establecido que 48 salares podrían ser de interés para inversionistas y que al menos diez han comprobado tener niveles de litio dignos de ser tomados en cuenta. Para Guillermo Chong, sin embargo, ninguno es como el de Atacama en cuanto a la calidad y cantidad. «Las leyes de otros salares son cinco o seis veces menores que en el de Atacama», dice el geólogo. Esto lo obliga a ver con escepticismo la rentabilidad futura de estos proyectos. «Dadas las exigencias de las normas legales, la competitividad del mercado y las leyes de litio que tienen estos salares, a mí me parece que no se va a empezar a explotar ningún yacimiento en Chile», comenta.

Sin embargo, ya hay al menos un candidato que tratará de demostrar lo contrario: la empresa taiwanesa Simbalik, que posee una concesión en el salar de Maricunga otorgada antes de 1979. Recién a fines del año pasado la minera obtuvo su permiso de explotación y hoy trabajan en concretar un proyecto antes de seis años.

Los otros actores deberán esperar el trámite que realiza el Ministerio de Minería. En estos momentos trabajan en la aprobación de las bases de la licitación en la Contraloría y luego realizarán road shows en Chile y el extranjero para atraer inversionistas.

Mientras tanto, lejos de toda la discusión y los planes, los pueblos atacameños de San Pedro, Toconao, Socaire y Peine descansan aparentemente silenciosos. La gente está más preocupada de las recientes lluvias, que cortaron caminos, afectaron cosechas y ahuyentaron a los turistas. Saben que los salares seguirán ahí, como parte vital de su vida productiva, pero la pregunta es cómo y la respuesta es difícil. «Tenemos dos actividades que compiten por espacio y por forma de trabajar: una es la minería y la otra es el turismo», dice Julio Ramos, «y el problema es que no son muy compatibles».

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HIDRÓGENO VERDE: LA ESTRATEGIA SE ACTUALIZA, EL DESAFÍO RECIÉN COMIENZA

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Dr. Lorenzo Reyes Bozo Decano Facultad de Ingeniería y Negocios
Universidad de Las Américas

La actualización 2026 de la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde de Chile refleja un cambio significativo respecto de la visión formulada en 2020. Mientras el plan original priorizaba una rápida inserción del país como exportador global, el nuevo enfoque pone énfasis en el desarrollo de demanda interna, capacidades industriales e infraestructura habilitante. Este giro responde a la evolución del mercado internacional del hidrógeno, cuyo despliegue ha sido más lento de lo previsto debido a altos costos de producción, escasez de contratos de compra de largo plazo y persistentes brechas regulatorias. En este escenario, promover aplicaciones domésticas en sectores como refinación, fertilizantes, minería o transporte pesado aparece como una decisión estratégica para generar aprendizaje tecnológico, reducir riesgos de inversión y construir una base industrial antes de escalar hacia otros países.

Dr. Lorenzo Reyes Bozo Decano Facultad de Ingeniería y Negocios
Universidad de Las Américas

Entre las fortalezas de la estrategia destaca el reconocimiento de los factores estructurales que condicionan el desarrollo de esta industria: reducción de costos tecnológicos, infraestructura logística, fortalecimiento regulatorio, formación de capital humano y legitimidad social. Este diagnóstico se alinea con las políticas de economías líderes, donde el hidrógeno es impulsado mediante incentivos públicos orientados a cerrar la brecha de costos frente a los combustibles fósiles y estimular la demanda inicial. En este sentido, la estrategia chilena refleja una lectura más realista del escenario global al reconocer que la competitividad no dependerá solo de la abundancia de recursos renovables, sino también de la existencia de mercados e instrumentos económicos claros.

Sin embargo, persisten debilidades relevantes. Aún existen indefiniciones sobre los mecanismos concretos para estimular la demanda interna y sobre la coordinación entre políticas energéticas, industriales y territoriales. Asimismo, la creciente competencia internacional —especialmente de países con fuerte apoyo estatal y capacidades industriales consolidadas— plantea un desafío significativo para el posicionamiento de Chile. A ello se suma la necesidad de avanzar en sistemas de certificación de emisiones, requisito clave para acceder a mercados exigentes, y de abordar desafíos territoriales vinculados al uso de agua, la infraestructura eléctrica y portuaria, y la aceptación social de proyectos de gran escala.

Es por ello que el principal desafío no reside solo en la estrategia, sino en su implementación. Para aspirar a un liderazgo en la economía del hidrógeno, Chile deberá generar señales de política que impulsen la demanda interna, acelerar la infraestructura habilitante, fortalecer sus capacidades tecnológicas e industriales y generar beneficios concretos para los territorios donde se emplazarán los proyectos. Solo así podrá transformar su potencial en una industria competitiva y sostenible.

 

Columna de Opinión/Dr. Lorenzo Reyes Bozo Decano Facultad de Ingeniería y Negocios 
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DAVOS: EL COMPROMISO DEL FUTURO DEL AGUA

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Por: Margarita Ducci / Directora Ejecutiva Pacto Global Chile, ONU

Cada enero, Davos vuelve a aparecer en las noticias como un símbolo: para algunos, el lugar donde se reúnen las élites a diagnosticar los problemas del mundo; para otros, un espacio incómodo pero necesario, donde se ensayan consensos globales en medio de un planeta cada vez más fragmentado. Este año, sin embargo, Davos dejó algo más que declaraciones. Y eso importa.

No puedo evitar mirar la 56ª Reunión Anual del World Economic Forum con una mezcla de esperanza y memoria. En 1999, en ese mismo escenario, nació el Pacto Global de Naciones Unidas. Fue un momento bisagra: empresas, gobiernos y sociedad civil aceptaron al menos en el papel-, que el crecimiento económico no podía seguir separado de los derechos de las personas, el trabajo decente, el medio ambiente y la lucha contra la corrupción. Hace 25 años, hablar de sostenibilidad era casi contracultural. Hoy es ineludible.

Que Davos haya declarado 2026 como el Año del Agua, o Blue Davos, no es un gesto menor. El agua es la prueba más concreta de que la crisis ambiental dejó de ser una abstracción. Dos mil doscientos millones de personas sin acceso a agua potable segura no son una estadística: son vidas condicionadas, enfermedades evitables, oportunidades perdidas. Que casi la mitad de la población mundial viva bajo estrés hídrico severo al menos un mes al año debería sacudirnos más de lo que lo hace.

El Foro fue claro al poner cifras al problema: más del 50% del PIB mundial depende de la naturaleza y de servicios ecosistémicos como el agua. Cuando se rompe el ciclo hídrico, no solo se degrada el medio ambiente; se erosiona la economía, la estabilidad social y la confianza. Sin embargo, durante décadas tratamos al agua como si fuera infinita, barata y ajena a cualquier lógica de gobernanza. Por eso resulta relevante que iniciativas como el Water Resilience Challenge busquen soluciones concretas en infraestructura, agricultura y ciudades. No es filantropía: es resiliencia. Es entender que el futuro no se juega solo en reducir emisiones, sino en adaptarnos, proteger lo que sostiene la vida y anticiparnos a shocks que ya están ocurriendo.

El Global Risks Report 2026 lo dice sin rodeos: vivimos en un mundo donde la incertidumbre es la norma, donde la confrontación reemplaza a la cooperación y la confianza, esa moneda invisible pero esencial, se devalúa. En ese contexto, los criterios ESG ya no alcanzan si se reducen a checklists o reportes de cumplimiento. Necesitan alma, propósito y una mirada sistémica que incorpore capital natural, social y humano. Me resonaron especialmente las advertencias de Christine Lagarde y Kristalina Georgieva: sin enfrentar las desigualdades económicas, sociales y tecnológicas, la innovación y el crecimiento sostenible no llegarán a quienes más lo necesitan. Esa frase podría haber sido pronunciada hace 25 años, cuando Pacto Global se gestaba como una promesa de responsabilidad compartida. El desafío es que no siga siendo solo una promesa.

Davos 2026 parece haber entendido algo esencial; no hay crecimiento posible en un planeta sediento, ni estabilidad en sociedades que sienten que siempre pagan los mismos el costo de las crisis. Volver al espíritu de Pacto Global, ese acuerdo ético entre lo público y lo privado, es quizás el acto más radical que Davos puede hacer hoy. Porque el agua, como la confianza, no se ve hasta que falta. Y cuando falta, ya es demasiado tarde para discursos vacíos.

 

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EL SILENCIO TRAS EL IMPACTO: BALLENAS, TRÁFICO Y CONTAMINACIÓN

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Por Miguel Ávila Director Núcleo de Investigación en Ciencias Biológicas Universidad de Las Américas.

Cada año, al conmemorarse el Día Mundial de las Ballenas, Chile tiene motivos tanto para celebrar como para preocuparse. Con miles de kilómetros de costa, nuestro país alberga cerca del 50 % de las especies de cetáceos del planeta. Sin embargo, esas mismas aguas se han transformado en una peligrosa autopista: un espacio donde el tráfico marítimo intenso convive con algunos de los mayores gigantes del océano, con consecuencias fatales.

Miguel Ávila Director Núcleo de Investigación en Ciencias Biológicas Universidad de Las Américas

Chile ostenta un triste récord mundial: es el país con la mayor tasa de colisiones fatales entre ballenas y embarcaciones. En la última década, casi un tercio de las muertes de cetáceos con causa identificada se debe a impactos con naves, convirtiendo estos choques en la principal causa de muerte no natural para las ballenas en nuestras aguas. Tras el fin de la caza comercial, la amenaza no ha desaparecido: simplemente ha cambiado de forma. Desde la Antártica hasta el norte de Chile, la superposición entre rutas marítimas y zonas de alta presencia de ballenas ha creado focos críticos de colisión que siguen expandiéndose.

A las amenazas visibles se suman otras menos evidentes, pero igualmente letales. La contaminación por mercurio, un metal pesado de origen industrial y minero que afecta incluso a ecosistemas tan remotos como la Antártica, donde llega a través del transporte atmosférico de larga distancia. En este ambiente extremo, la bioacumulación se intensifica y el metilmercurio, su forma más tóxica, se incorpora a las redes tróficas, alcanzando altas concentraciones en depredadores superiores como las ballenas. Así, estos cetáceos no solo reflejan el estado de los ecosistemas polares, sino que actúan como centinelas tempranos de riesgos que también pueden comprometer la salud humana.

En este contexto, el proyecto RT32-22, “Una mirada a la acumulación de mercurio y sus efectos en las redes tróficas de ballenas barbadas de las Islas Shetland del Sur y la Península Antártica”, financiado por el Instituto Antártico Chileno (INACH), busca medir concentraciones y comprender qué está ocurriendo con las ballenas en uno de los ecosistemas más prístinos del planeta. En un escenario de cambio global, donde las alteraciones en temperatura y corrientes pueden modificar la redistribución de contaminantes, esta investigación resulta clave para anticipar el impacto de este contaminante.

El cambio climático, la creciente actividad humana y la contaminación química, hacen urgente proteger a estos gigantes del mar. En este Día de las Ballenas, más que celebrar, el llamado es a actuar. Medidas concretas como la implementación de zonas de navegación lenta, el ajuste de rutas marítimas, el uso de tecnologías de detección temprana y el fortalecimiento del monitoreo de contaminantes, pueden reducir de forma significativa las amenazas que enfrentan las ballenas.

Imagen de Chris CJ Johnson en Pixabay

Chile tiene el privilegio de albergar una extraordinaria diversidad de cetáceos y la responsabilidad ineludible de cuidarlos. Solo así las futuras generaciones podrán seguir maravillándose con el soplo de una ballena en el horizonte, símbolo de un océano que aún puede mantenerse en equilibrio.

 

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Tecnología con propósito: El desafío del trabajo en Chile

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Margarita Ducci / Directora Ejecutiva Pacto Global Chile, ONU

Hablar hoy del futuro del trabajo nos llama a una conversación urgente sobre decisiones que ya están transformando la vida laboral en Chile. La automatización, la digitalización y la inteligencia artificial están redefiniendo empleos, habilidades y modelos productivos con una rapidez sin precedentes. Pero la pregunta que debemos hacernos es más profunda: ¿en qué condiciones trabajaremos y quiénes quedarán dentro o fuera de esta transición?

En 2025, la tasa de desempleo alcanzó alrededor del 8,8 %, con una tasa femenina cercana al 9,5 %, lo que evidencia un sesgo estructural en la recuperación del empleo tras crisis recientes. Además, la participación laboral de las mujeres sigue siendo significativamente menor que la de los hombres: alrededor de 52 % para mujeres frente a más de 71 % para hombres, una brecha de 19 puntos que supera el promedio de la OCDE. Junto con ello, persiste una brecha salarial de género de alrededor del 21 %, casi el doble del promedio regional, lo que revela que la calidad del empleo y sus beneficios difieren sustancialmente por género. Esto no sólo refleja una brecha de oportunidades, sino también, un riesgo de amplificación de desigualdades en la transición hacia una economía más digitalizada.

Hoy la automatización representa un reto. Un estudio reciente reveló que más del 50 % de los trabajadores en Chile realiza tareas con alto riesgo de ser automatizadas debido a su repetitividad, un indicador que ubica al país entre los que enfrentan mayores desafíos comparativamente. Esto no sólo implica potencial pérdida de empleos tradicionales, sino que puede agravar las brechas existentes si no se acompaña de políticas activas de reskilling, protección social y reconversión laboral.

En ese contexto, la sostenibilidad y la diversidad ya no son temas de marketing ni de reputación empresarial, son condiciones estructurales de competitividad y supervivencia financiera. Las empresas que no integran estos temas enfrentan riesgos reales: pérdida de talento, menor productividad, dificultades de acceso a financiamiento, tensiones regulatorias y vulnerabilidad en sus cadenas de valor. En cambio, las organizaciones que apuestan por la inclusión, el diálogo social, y la ética empresarial, demuestran mayor resiliencia, capacidad de adaptación e innovación.

Desde la mirada de Pacto Global Chile, el “trabajo del mañana” debe construirse sobre los estándares del ODS 8: trabajo decente y crecimiento económico. Esto significa empleos productivos, con derechos laborales garantizados, ingresos dignos, seguridad y, cada vez más, habilidades adaptativas frente a los cambios tecnológicos. Vemos con admiración como las empresas líderes están adoptando estrategias concretas, como la capacitación continua, la reconversión laboral, que incluyen habilidades digitales y competencias complementarias. Programas focalizados para mujeres, con iniciativas de formación tecnológica, liderazgo y acceso a sectores de mayor valor agregado además de planes de transición justa que combinan tecnología, movilidad interna y diálogo con los trabajadores. También, uso ético de la inteligencia artificial en procesos de selección y gestión de talento, para evitar sesgos discriminatorios.

Sabemos que el futuro del trabajo exige alianzas público-privadas, diálogo social y una visión compartida para construir un modelo laboral más justo e inclusivo. La tecnología debe estar al servicio de las personas, no al revés, y ese principio no es sólo ético: es estratégico y basal para un desarrollo económico más resiliente, equitativo y sostenible para Chile.

 

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Casen 2024: La formación laboral como motor de la autonomía económica

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Por Bárbara Veyl, gerenta de Vinculación e Innovación Social del OTIC CChC

Según los resultados de la Encuesta Casen 2024, 600 mil personas salieron de la pobreza. Miles de familias que disminuyeron las urgencias y angustia inmediata, gracias a un sistema de subsidios que representa el 69% de los ingresos del decil más vulnerable. Es un avance innegable en el corto plazo para esas familias, pero el desafío es que ese alivio se transforme en un proyecto de vida autónomo. El subsidio es una base necesaria. Pero formación laboral pertinente, que genere desarrollo de capacidades para el trabajo, es el trampolín definitivo hacia la seguridad y proyección de esas familias.

Y la urgencia es estructural. Chile es el penúltimo país de la OCDE en habilidades de su población adulta, una brecha crítica, pues un trabajador con mayores competencias recibe el doble de ingresos por hora y enfrenta una tasa de desempleo seis veces menor que uno menos calificado.

Con 750.000 trabajadores en riesgo inminente en sus empleos por la automatización, como reveló un reciente estudio publicado por el OTIC CChC y Comov, la empleabilidad debe ser una política de desarrollo y no una mera consecuencia. Necesitamos poner el foco con fuerza en la formación laboral. Formación pertinente y adaptada a las necesidades del mercado del trabajo. Un aumento considerable de la inversión en formación (en cantidad y en transversalidad). Ecosistemas con capacidad de generar iniciativas colaborativas, orquestando el impacto de cada uno de sus actores, para generar más valor que la suma de las partes. Son algunas de las fuerzas que podrían mejorar la precisión de un sistema que debe tener capacidades estructurales y musculatura, para generar el talento que las industrias y regiones del país vayan necesitando.

Bárbara Veyl, gerenta de Vinculación e Innovación Social del OTIC CChC

Desde quienes tenemos un rol intermediario en el sistema (como es el caso de la Corporación de Capacitación de la Construcción), urge una fuerza hacia la innovación de lo que nuestra industria puede ofrecer en materia de impacto social. Diagnósticos claros por industrias y regiones. Levantamiento de iniciativas colaborativas que resuelvan los desafíos priorizados, con acciones rápidas y claras, y objetivos a la vista. Conexión de puntos, exploración permanente de nuevas soluciones y generación de diálogo entre actores. Solo algunos de los ingredientes que permitirían generar verdaderos cambios en las reglas del juego.

Al iniciar este 2026 con un nuevo ciclo político, el desafío nacional es consolidar un modelo de desarrollo que ponga el talento al centro, especialmente porque superar la pobreza requiere que Estado y sector privado trabajen juntos para transformar la capacitación en una herramienta estratégica. Solo así la seguridad que hoy entrega el subsidio se convertirá mañana en la libertad que otorga el talento propio.

 

Columna de Opinión: Bárbara Veyl, gerenta de Vinculación e Innovación 
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