Conversación
Unidos en la Ciencia. El mayor informe realizado sobre el Cambio Climático
Las principales organizaciones científicas especializadas en el clima han unido fuerzas para producir un informe histórico para la Cumbre sobre la Acción Climática de las Naciones Unidas que han llamado “Unidos en la ciencia”, en el cual subrayan la preocupante y creciente brecha entre los objetivos acordados para abordar el calentamiento global y la situación real.
El informe Unidos en la Ciencia (en inglés) incluye detalles sobre el estado del clima y presenta tendencias en las emisiones y concentraciones atmosféricas de los principales gases de efecto invernadero. Asimismo, destaca la urgencia de una transformación socioeconómica fundamental en sectores clave como la energía y el uso de la tierra para evitar un aumento peligroso de la temperatura global, con impactos potencialmente irreversibles. También examina las herramientas para apoyar la mitigación y la adaptación al cambio climático.
“El informe proporciona una evaluación unificada del estado de nuestro sistema terrestre bajo la influencia creciente del cambio climático, la respuesta de la humanidad hasta el momento y las transformaciones de largo alcance que la ciencia proyecta para nuestro clima en el futuro. Los datos y hallazgos científicos presentados en el reporte representan la más reciente información autorizada sobre estos temas”, dijo el Grupo asesor de ciencias climáticas de la Cumbre sobre la Acción Climática del Secretario General de la ONU.
“El reporte destaca la necesidad urgente de desarrollar acciones concretas que detengan el calentamiento global y los peores efectos del cambio climático”, añadieron los científicos.
El grupo asesor está copresidido por el secretario general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), Petteri Taalas, y la antigua vicerrectora de la Escuela de Estudios Avanzados TERI Leena Srivastava, y está integrado por científicos naturales y sociales altamente reconocidos y respetados, con experiencia en diferentes aspectos del cambio climático, incluida la mitigación y la adaptación.
El informe, que fue coordinado por la OMM, tiene como objetivo exhibir de forma transparente lo último en el campo de la ciencia autorizada y aplicable.
La síntesis del reporte consta de breves resúmenes de las agencias contribuyentes: la OMM, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Global Atmosphere Watch, Global Carbon Project, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), Future Earth, Earth League y el Marco Mundial para los Servicios Climáticos. Este resumen se complementa con informes individuales más largos, presentados en un paquete al evento científico de alto nivel del 22 de septiembre y luego a los líderes mundiales en la Cumbre sobre la Acción Climática, el día 23.
Aspectos destacados del informe:
El clima mundial 2015-2019
OMM
El período de cinco años más cálido registrado
La temperatura promedio mundial de 2015 a 2019 está en camino a ser la más cálida de cualquier período equivalente jamás registrado. Actualmente se estima en 1,1 °C (± 0.1 ° C) por encima de la era preindustrial (1850–1900). Olas de calor generalizadas y duraderas, incendios récord y otros eventos devastadores como ciclones tropicales, inundaciones y sequías han tenido un gran impacto en el desarrollo socioeconómico y en el medio ambiente.
Disminución continua del hielo marino y la masa de hielo
La extensión del hielo marino en el verano del Ártico ha disminuido a una tasa de aproximadamente 12% por década de 1979 a 2018. Las cuatro mediciones más bajas de la extensión del hielo marino en invierno ocurrieron entre 2015 y 2019.
En general, la cantidad de hielo perdido anualmente en el manto de hielo antártico aumentó al menos seis veces entre 1979 y 2017. La pérdida de masa de glaciares en el período 2015-2019 es la más alta que en cualquier período de cinco años registrado.
El aumento del nivel del mar se está acelerando, los océanos se están volviendo más ácidos
La tasa observada de aumento medio del nivel del mar se aceleró de 3,04 milímetros por año (mm/año) durante el período 1997–2006 a aproximadamente 4 mm/año durante el período 2007–2016. Esto se debe a una mayor tasa de calentamiento y derretimiento de los mantos de hielo de Groenlandia y Antártida occidental. Ha habido un aumento general de 26% en la acidez del océano desde el comienzo de la era industrial.

Récord de concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera
Vigilancia Atmosférica Global de la OMM
Los niveles de los principales gases de efecto invernadero de larga duración, dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), han alcanzado nuevos niveles máximos.
La última vez que la atmósfera de la Tierra contenía 400 partes por millón de CO2 fue hace unos 3-5 millones de años, cuando la temperatura media global de la superficie era 2-3 °C más cálida que la actual, los mantos de hielo de Groenlandia y la Antártida occidental se derritieron, partes del hielo de la Antártida oriental retrocedieron, todo lo cual causó un aumento del nivel del mar de 10-20 m en comparación con el actual.
En 2018, la concentración global de CO2 fue de 407.8 partes por millón (ppm), 2.2 ppm más que en 2017. Los datos preliminares de un subconjunto de sitios de monitoreo de gases de efecto invernadero indican que las concentraciones de CO2 están en camino a alcanzar o incluso superar las 410 ppm a fines de 2019.
En 2017, el promedio mundial de las concentraciones atmosféricas de CO2 fue 405.6 ± 0.1 ppm, de CH4 fue 1859 ± 2 partes por cada mil millones (ppb) y de N2O fue 329.9 ± 0.1 ppb. Estos valores constituyen, respectivamente, un aumento de 146%, 257% y 122% en comparación con los niveles preindustriales (anteriores a 1750).
La tasa de crecimiento promedio de CO2 durante tres décadas consecutivas (1985–1995, 1995–2005 y 2005–2015) pasó de 1.42 ppm/año a 1.86 ppm/año y 2.06 ppm/año, respectivamente.
Presupuesto Mundial de Carbono
Global Carbon Project
Las emisiones de dióxido de carbono crecieron 2% y alcanzaron un récord de 37.000 millones de toneladas de CO2 en 2018. Todavía no hay signos de que las emisiones globales alcancen su punto máximo antes de comenzar a disminuir definitivamente, aunque están creciendo más lentamente que la economía mundial.
Las tendencias económicas y energéticas actuales sugieren que las emisiones serán al menos tan altas en 2019 como en 2018. Se espera que el PIB mundial crezca 3,2% en 2019, y si la economía global se descarboniza al mismo ritmo que en los últimos 10 años, las emisiones globales continuarían en aumento.
A pesar del extraordinario crecimiento de las renovables en la última década, el sistema energético mundial todavía está dominado por las fuentes de combustibles fósiles. El aumento anual en el uso mundial de la energía es mayor que la expansión de la energía renovable, lo que significa que el uso de combustibles fósiles sigue creciendo. Este crecimiento debe detenerse de inmediato.
La descarbonización necesaria para estabilizar el clima requiere de una aceleración en el uso de fuentes de energía libre de carbono y una rápida disminución de la participación mundial de los combustibles fósiles en la combinación energética. Este doble requisito ilustra la escala del desafío.
Los sumideros naturales de CO2, como la vegetación y los océanos, que eliminan aproximadamente la mitad de todas las emisiones de las actividades humanas, serán menos eficientes. Esto subraya la necesidad de reducir la deforestación y expandir los sumideros naturales de CO2, particularmente aquellos en bosques y suelos, que pueden mejorarse mediante una mejor gestión y la restauración de hábitats.
La brecha de emisiones – dónde estamos y a dónde debemos ir
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
El Informe sobre la Brecha de Emisiones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, cuya décima edición se publicará este noviembre, evalúa los últimos estudios científicos sobre las emisiones de gases de efecto invernadero actuales y las estimadas en el futuro, y las compara con los niveles de emisiones permitidos para que el mundo progrese en una vía de menor costo para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París. Esta diferencia entre “dónde es probable que estemos y dónde debemos estar” se conoce como la brecha de emisiones.

Si se mantienen las políticas climáticas actuales y los niveles de ambición de las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC), no se estima que las emisiones globales alcancen su punto máximo en 2030, mucho menos en 2020. Los resultados preliminares del Informe sobre la Brecha de Emisiones 2019 indican que las emisiones de gases de efecto invernadero continuaron aumentando en 2018.
La brecha de emisiones proyectada para 2030 entre los niveles de emisiones bajo la completa implementación de las NDC condicionadas y los niveles consistentes con las rutas de menor costo para lograr el objetivo de 2°C, es de 13 GtCO2e. Si sólo se implementan las NDC no condicionadas, la brecha aumenta a 15 GtCO2e. En el caso del objetivo de 1,5 °C es de 29 GtCO2e y de 32 GtCO2e respectivamente.
Se estima que con las NDC actuales se disminuirán las emisiones globales en 2030 en hasta 6 GtCO2e en comparación con un escenario donde continúen las políticas actuales. Este nivel de ambición debe triplicarse para alinearse con el objetivo de 2 °C y quintuplicarse para alinearse con el objetivo de 1,5 °C.
Si se implementan las NDC no condicionadas, y suponiendo que la acción climática continúe consistentemente durante todo el siglo XXI, nos encaminaríamos a un aumento de la temperatura media global de entre 2,9 °C y 3,4 °C para 2100 en relación con los niveles preindustriales.
Si las ambiciones de las NDC no se incrementan inmediatamente y se respaldan con acciones, será inevitable exceder el umbral de 1,5 °C. Si la brecha de emisiones no se cierra para 2030, es muy posible que el objetivo de limitar el aumento de temperatura a 2 °C también esté fuera de alcance.
Una parte sustancial del potencial técnico se puede lograr mediante la ampliación y la réplica de políticas existentes y bien probadas, como el cambio a las fuentes de energías renovables y la reforestación, que simultáneamente contribuyen a Objetivos de Desarrollo Sostenible clave.
Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC)
Tres informes especiales del IPCC publicados en 2018 y 2019 evalúan aspectos complementarios y específicos del cambio climático, antes del Sexto Informe de Evaluación del panel.
El Informe especial sobre el calentamiento global de 1,5 °C establece que limitar el calentamiento a 1.5 °C no es físicamente imposible, pero requeriría transformaciones sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad. Hay claros beneficios de mantener el calentamiento en 1.5 °C, en comparación con los escenarios de 2 °C o más. Cada grado de calentamiento importa.
Limitar el calentamiento a 1,5 °C puede ir de la mano con otros objetivos mundiales, como lograr el desarrollo sostenible y erradicar la pobreza.
El Informe Especial sobre el Cambio Climático y la Tierra enfatizó que la tierra ya está bajo una presión humana creciente y que el cambio climático es un factor que intensifica estas presiones. Al mismo tiempo, mantener el calentamiento global muy por debajo de 2ºC solo se puede lograr reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero de todos los sectores, incluidos los relacionados a la tierra y los alimentos.

“El informe muestra que una mejor gestión de la tierra puede contribuir a hacer frente al cambio climático, pero la tierra no es la única solución. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en todos los sectores, incluida la energía, es esencial para mantener el calentamiento global lo más cerca posible de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales”.
El 25 de septiembre de 2019, el IPCC publicará el Informe especial sobre el océano y la criósfera en un clima cambiante.
Perspectivas climáticas
Future Earth y Earth League
Evidencia consolidada refuerza la idea que la influencia humana es la causa dominante de los cambios en el sistema de la Tierra durante una nueva era geológica: el Antropoceno.
Los crecientes impactos climáticos aumentan los riesgos de cruzar puntos de inflexión críticos, es decir, umbrales que podrían conducir a cambios de largo alcance, en algunos casos abruptos y/o irreversibles.
Hay un reconocimiento creciente de que los impactos climáticos están golpeando con más fuerza y antes de lo que las evaluaciones climáticas indicaron incluso hace sólo una década.
A medida que se intensifica el cambio climático, las ciudades son particularmente vulnerables a consecuencias como el estrés térmico. Al mismo tiempo, las urbes pueden desempeñar un papel clave en la reducción de las emisiones a nivel local y global.
Las estrategias para la mitigación y para ampliar la gestión de adaptación al riesgo son necesarias en el futuro, no de forma aislada, dado el ritmo del cambio climático y la magnitud de sus impactos.
Sólo alcanzaremos el Acuerdo de París con una acción inmediata e inclusiva que abarque: una profunda descarbonización complementada con medidas políticas ambiciosas, protección y mejora de los sumideros de carbono y la biodiversidad, y esfuerzos para eliminar el CO2 de la atmósfera.
Marco Mundial para los Servicios Climáticos (GFCS)
Los servicios de información climática y de alerta temprana deben apuntalar la toma de decisiones sobre la acción climática para la adaptación.
Miembros del Grupo asesor
Copresidentes, Prof. Petteri Taalas, OMM, y Dra. Leena Srivastava, anteriormente de la Escuela de Estudios Avanzados del Instituto de Energía y Recursos (TERI-SAS) y del Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA), desde el 15 de noviembre de 2019
Dr. Navroz K Dubash, Centro de Investigación de Políticas de Nueva Delhi, India.
Dr. Brigitte Knopf, Instituto Mercator para la Investigación de los bienes comunes globales y el cambio climático.
Dr. Margaret Leinen, Institución de Oceanografía Scripps de la Universidad de California.
Dr. Heide Hackmann, Consejo Internacional para la Ciencia.
Dr. Jian Liu, Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.
Dr. Thelma Krug, Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático.
Dr. Yacob Mulugetta, University College London.
Dr. Joeri Rogelj, Imperial College London.
Dr. Maisa Rojas Corradi, Universidad de Chile.
Dr. Lisa Schipper, Universidad de Oxford.
El informe de síntesis ha sido compilado por la Organización Meteorológica Mundial bajo los auspicios del Grupo Asesor Científico de la Cumbre de Acción Climática de las Naciones Unidas de 2019, para reunir las últimas actualizaciones relacionadas con la ciencia climática de un grupo de organizaciones aliadas clave: la Organización Meteorológica Mundial (OMM), ONU Medio Ambiente, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio climático (IPCC), Global Carbon Project, Future Earth, Earth League y el Marco Mundial para los Servicios Climáticos (GFCS). El contenido de cada capítulo de este informe es atribuible a la información publicada por las respectivas organizaciones.
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Tratado de Alta Mar: Una noticia esperanzadora para la salud de los océanos
Más del 60% del océano corresponde a aguas de alta mar: aquellas que se encuentran fuera de las zonas jurisdiccionales de los países ribereños. El resto, las jurisdiccionales, que ocupan un tercio de los océanos, llevan bastante tiempo reguladas. Pero el ordenamiento de aquellas más alejadas de la costa se lleva discutiendo desde hace dos décadas y solo recientemente se ha firmado un Tratado de Alta Mar.
El Convenio del Derecho del Mar, firmado en Montego Bay (Jamaica) el 10 de diciembre de 1982, regula las aguas jurisdiccionales. Pero el nuevo Tratado de Alta Mar solo se aplica a partir de las zonas económicas exclusivas de los Estados. Es decir, en las aguas alejadas más de 200 millas de los territorios soberanos.
El tratado BBNJ (según sus siglas anglosajonas) es el tercer acuerdo de aplicación de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. El pacto incluye la protección de la biodiversidad y el uso sostenible de los recursos marinos.
Ratificación y entrada en vigor
Fruto de las reuniones mantenidas previamente, el 17 de enero de 2026 entró en vigor el nuevo acuerdo, denominado Tratado sobre la Conservación y el Uso Sostenible de la Diversidad Biológica Marina fuera de las Jurisdicciones Nacionales.
Más conocido como el Tratado de Alta Mar, ha obtenido la ratificación 81 países. En febrero de 2025, España se convirtió en el primer país europeo en depositar su ratificación ante la sede de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York. Marruecos y Sierra Leona se unieron recientemente (septiembre 2025) al total de Estados que lo han firmado. Se convirtieron en los países 60 y 61 en respaldar el tratado, permitiendo que entrara en vigor lo firmado en junio del año 2023.
El objetivo principal del acuerdo (dotado de 76 artículos repartidos en 12 partes) se centra en mejorar la coordinación entre los países y establecer un enfoque integral destinado a la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad en las aguas afectadas.
Por lo tanto, se busca garantizar el uso de los recursos del océano en alta mar a un ritmo y de una manera adecuados. Es decir, que su aprovechamiento no provoque una reducción (en el presente y a largo plazo) de las especies animales y vegetales. Adicionalmente, el reparto de los beneficios obtenidos del uso de los recursos genéticos marinos debe ser llevado a cabo de una manera equitativa. Y ello creando áreas protegidas y fortaleciendo la cooperación científica.
Preocupación en el sector pesquero
En referencia a la pesca, el artículo 10 del tratado refleja de manera clara lo que pretende en este aspecto. El acuerdo no busca invadir las competencias de otros organismos internacionales en referencia al reparto de los cupos de pesca. Se enfoca principalmente en el cambio climático, la acidificación de los mares, la contaminación y la explotación tecnológica.
No obstante, debido al fin ambientalista del pacto, es normal que se cree un posible foco de incertidumbre sobre sus posibles implicaciones para la pesca. Ello puede traer la consiguiente desconfianza por parte de los afectados.
El tratado permite el establecimiento de áreas marinas protegidas en alta mar. Asimismo, pretende que estén conectadas formando una red, una meta importante para poder alcanzar la protección del 30 % de los océanos (objetivo “30×30”) antes del año 2030. Actualmente, solo el 0,9 % de las aguas de alta mar está totalmente protegida.
Implicaciones jurídicas
Desde una óptica estrictamente jurídica, las normas del Tratado de Alta Mar no van en contra del Convenio del Derecho del Mar de las Naciones Unidas, sino que lo complementan en las áreas fuera de las aguas jurisdiccionales de los países. Así, se presentan como las primeras normas que tendrán efectividad en alta mar.
Adicionalmente, el tratado crea un nuevo órgano para conservar y gestionar la biodiversidad: la Conferencia de las Partes, que será el foro especializado para ejecutarlo.
Este tratado, como cualquier otro instrumento de derecho internacional, contiene una lista de principios. Estos deben tenerse en cuenta para su aplicación. Entre ellos destacan los de “quien contamina, paga” y “distribución justa y equitativa de los beneficios”, es decir, se obliga a quien contamina a asumir la responsabilidad y se garantiza una distribución equitativa de los beneficios derivados de los recursos marinos.
81 países lo incorporarán a su legislación
Tras su reciente entrada en vigor, el tratado pasa a ser jurídicamente vinculante. Afectará a los más de 80 países que lo han ratificado hasta ahora. Esto significa que aceptan incorporarlo a su legislación nacional.
El éxito del acuerdo dependerá de su traducción en medidas operativas y de los países implicados. Todos los Estados de la Unión Europea lo han firmado y ratificado. También lo han hecho otros países de América Latina, África y pequeños Estados vulnerables a la degradación oceánica, como las islas Seychelles y Palaos. Incluso China se ha sumado al pacto.
Pero existen países que, a pesar de firmarlo, aún no lo han ratificado, como Estados Unidos, Reino Unido y Rusia. Esto genera un escenario de adhesión desigual que condiciona el alcance real del tratado. En cualquier caso, la eficacia en su aplicación dependerá de la capacidad de los órganos institucionales ya existentes. Además, la puerta sigue abierta para que más Estados lo ratifiquen.
Fuente/The Conversation/ Licencia Creative Commons
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El mundo entra en ‘bancarrota hídrica’, según un informe de la ONU
Un estudio de la Organización de las Naciones Unidas declara que el término de ‘crisis hídrica’ que se utiliza habitualmente ya no se ajusta a la realidad, ya que hay daños irreversibles que han llevado a muchas cuencas y reservas a un punto sin retorno.
En medio del agotamiento crónico de las aguas subterráneas, la degradación de la tierra y el suelo, la deforestación y la contaminación, todo ello agravado por el calentamiento global, un informe de la ONU ha declarado hoy el inicio de una era de bancarrota hídrica mundial.
Según el nuevo informe, los términos habituales “estrés hídrico” y “crisis hídrica” no reflejan la realidad actual en muchos lugares: una situación caracterizada por pérdidas irreversibles de capital hídrico natural y la incapacidad de recuperar los niveles históricos. Por eso, los autores instan a los líderes mundiales a facilitar “una adaptación honesta y basada en la ciencia a una nueva realidad”.
“Este informe revela una verdad incómoda: muchas regiones están viviendo por encima de sus medios hidrológicos y muchos sistemas hídricos críticos ya están en bancarrota”, afirma el autor principal, Kaveh Madani, director del Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH).
Este informe revela una verdad incómoda: muchas regiones están viviendo por encima de sus medios hidrológicos y muchos sistemas hídricos críticos ya están en bancarrota
Kaveh Madani, UNU-INWEH
En términos financieros, el informe afirma que muchas sociedades no solo han gastado en exceso sus “ingresos” anuales renovables de agua procedentes de ríos, suelos y nieve acumulada, sino que han agotado sus “ahorros” a largo plazo en acuíferos, glaciares, humedales y otros depósitos naturales.
Esto ha dado lugar a una lista cada vez mayor de acuíferos reducidos, terrenos hundidos en deltas y ciudades costeras, lagos y humedales desaparecidos y una pérdida irreversible de biodiversidad.
El informe de la UNU se basa en un artículo publicado en la revista Water Resources Management, que define formalmente la quiebra hídrica como la sobreexplotación persistente de las aguas superficiales y subterráneas en relación con los caudales renovables y los niveles seguros de agotamiento; y la consiguiente pérdida irreversible o prohibitivamente costosa del capital natural relacionado con el agua.
Sistemas hídricos interconectados
Aunque no todas las cuencas y países se encuentran en bancarrota hídrica, Madani afirma que “suficientes sistemas críticos en todo el mundo han superado estos umbrales. Estos sistemas están interconectados a través del comercio, la migración, las retroalimentaciones climáticas y las dependencias geopolíticas, por lo que el panorama de riesgo global se ha alterado fundamentalmente”.
El 75 % de la humanidad esté en países clasificados como inseguros o críticamente inseguros en materia de agua.
Según el informe, uno de los puntos críticos está en la región de Oriente Medio y África del Norte, donde el alto estrés hídrico, la vulnerabilidad climática, la baja productividad agrícola, la desalinización intensiva en energía y las tormentas de arena y polvo “se entrecruzan con economías políticas complejas”.
En algunas partes del sur de Asia, la agricultura dependiente de las aguas subterráneas y la urbanización han provocado descensos crónicos de los niveles freáticos y hundimientos locales. Y en el suroeste de Estados Unidos, el río Colorado y sus embalses “se han convertido en símbolos de promesas de agua de forma excesiva”.
Basándose en conjuntos de datos globales y pruebas científicas recientes, el informe presenta un panorama estadístico desolador de las tendencias, causadas en su gran mayoría por los seres humanos. Por ejemplo, el texto arroja que un 50 % de los grandes lagos de todo el mundo han perdido agua desde principios de la década de 1990 (con un 25 % de la humanidad dependiendo directamente de esos lagos).
También destaca que un 50 % del agua doméstica mundial ahora se obtiene de las aguas subterráneas y más del 40 % del agua de riego se extrae de acuíferos que se están agotando.
Además, unas 410 millones de hectáreas de humedales naturales —casi igual al tamaño de toda la Unión Europea— han desaparecido en las últimas cinco décadas, y se ha perdido más del 30 % de masa glaciar mundial desde 1970.
Esta situación provoca que el 75 % de la humanidad esté en países clasificados como inseguros o críticamente inseguros en materia de agua, y 4 000 millones de personas se enfrentan a una grave escasez de agua al menos un mes al año.
170 millones de hectáreas de tierras de cultivo en riesgo
Además, 170 millones de hectáreas de tierras de cultivo de regadío están sometidas a un estrés hídrico alto o muy alto, lo que equivale a la superficie de Francia, España, Alemania e Italia juntas, con la inseguridad alimentaria que conlleva.
“Millones de agricultores intentan cultivar más alimentos a partir de fuentes de agua que se reducen, están contaminadas o están desapareciendo. Sin una rápida transición hacia una agricultura inteligente en el uso del agua, la bancarrota hídrica se extenderá rápidamente”, dice Madani.
Según explican los autores, una región puede sufrir inundaciones un año y seguir estando en bancarrota hídrica, añade, si las extracciones a largo plazo superan la reposición. En ese sentido, la bancarrota hídrica no tiene que ver con lo húmedo o seco que parezca un lugar, sino con el equilibrio, la contabilidad y la sostenibilidad.
“Al igual que con el cambio climático global o las pandemias, una declaración de bancarrota hídrica global no implica un impacto uniforme en todas partes, sino que suficientes sistemas en todas las regiones y niveles de ingresos se han vuelto insolventes y han cruzado umbrales irreversibles para constituir una condición a escala planetaria”, afirma el autor.
Al igual que con el cambio climático global o las pandemias, una declaración de bancarrota hídrica global no implica un impacto uniforme en todas partes, sino que suficientes sistemas en todas las regiones y niveles de ingresos se han vuelto insolventes
Kaveh Madani, UNU-INWEH
Pero Madani señala que las consecuencias se extienden entre regiones: “los efectos se propagan por los mercados mundiales, la estabilidad política y la seguridad alimentaria en otros lugares. Esto hace que la quiebra hídrica no sea una serie de crisis locales aisladas, sino un riesgo global compartido que exige un nuevo tipo de respuesta: gestión de la quiebra, no gestión de crisis”.
El agua, un recurso limitado
Por eso, los autores reclaman que se reconozca el agua como una limitación y una oportunidad para cumplir los compromisos en materia de clima, biodiversidad y tierra.
Ana Allende, profesora de investigación del CSIC experta en seguridad alimentaria y calidad de aguas ajena al estudio, destaca que en Europa, aunque tradicionalmente se perciba como una región menos vulnerable, los problemas siguen existiendo: sobreexplotación de acuíferos, especialmente en zonas agrícolas intensivas, degradación de ríos y humedales; pérdida de calidad del agua por contaminación difusa y urbana, y una creciente frecuencia de sequías prolongadas, especialmente en el Mediterráneo.
La principal implicación para Europa es que no puede seguir abordando la escasez únicamente mediante mejoras de eficiencia, reutilización o nuevas infraestructuras
Ana Allende, CSIC
“El informe apunta a la necesidad de aceptar que algunos impactos son irreversibles y que la gestión del agua debe orientarse a prevenir más daños, redistribuir riesgos y costes de forma justa y adaptar los sistemas socioeconómicos a una disponibilidad de agua estructuralmente menor”, concluye.
Fuente/SINC Derechos: Creative Commons. Chile Desarrollo Sustentable www.chiledesarrollosustentable.cl www.facebook.com/pg/ChiledesarrollosustentableCDS twitter.com/CDSustentable #CDSustentable , #Sostenible #DesarrolloSostenible #MedioAmbiente #ChileDesarrolloSustentable, #ECOXXI
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Francisca Toledo, será la futura ministra de Medio Ambiente .
La ingeniera civil industrial de 40 años está desde 2022 en Libertad y Desarrollo, donde se especializó en recursos naturales y cambio climático. En el último tiempo ha trabajado estrechamente con Jorge Quiroz.
Francisca Toledo Echegaray (40) será la próxima ministra del Medio Ambiente. El presidente electo, José Antonio Kast, nombró a la ingeniería civil industrial con mención eléctrica de la Universidad Católica como la sucesora de Maisa Rojas.
La futura secretaria de Estado participó en los dos gobiernos de Sebastián Piñera. Primero, entre 2010 y 2014, Toledo fue asesora del Ministerio Secretaría General de la Presidencia, con Cristián Larroulet, en temas como educación y telecomunicaciones.
Y en la segunda administración tuvo dos posiciones. Entre marzo del 2018 y junio del 2020 fue asesora de gabinete de la Presidencia de la República, desde donde le tocaba interactuar con carteras como Obras Públicas y Medio Ambiente, recuerda un integrante de ese gabinete. Desde 2020 a 2022 fue jefa de división de evaluación social de inversiones del Ministerio de Desarrollo Social, según detalla en su cuenta LinkedIn.
Entre ambos gobiernos, tuvo un paso por el sector privado: desde 2014 a 2017 fue primero ingeniera de estudios por tres años y luego, gerente de estrategia en la Cámara Marítima y Portuaria (Camport).
Tras el término de la segunda administración de Piñera, en 2022, Francisca Toledo entró como investigadora a Libertad y Desarrollo (LyD). La también magíster en derecho regulatorio de la UC se enfocó en temas de tramitación ambiental y el centro de estudios declara en sus áreas de estudios los recursos naturales y cambio climático.
Según consigna la página de LyD, Francisca Toledo fue uno de los editores del libro de “30 años de política ambiental: ¿hacia dónde vamos?”, donde se habla de “un progresivo debilitamiento de la gestión ambiental, ofreciendo un diagnóstico sobre las posibles causas o factores que han incidido y algunas propuestas de cara a fortalecer la gestión ambiental en los próximos años”.
Toledo, en nombre de LyD, ha ido a exponer al Congreso en materias relacionadas con la tramitación ambiental, la ley de permisos sectoriales y las capacidades de la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA).
En este contexto, Toledo, junto con la coordinadora del programa legislativo de LyD, Pilar Hazbun, propuso fijar mínimos de desempeños en los plazos de tramitación y alertó sobre las atribuciones de la SMA, que le entregan muchas veces el rol de “juez y parte”.
La cartera de Medio Ambiente ha sido considerada clave por las nuevas autoridades en su tarea de destrabar proyectos de inversión. Toledo ha trabajado estrechamente con Jorge Quiroz en el último tiempo y fue una de las economistas que participaron en la reunión del futuro ministro de Hacienda con economistas que habían apoyado a Evelyn Matthei tras la primera vuelta, como los expresidentes del Banco Central Rodrigo Vergara y Vittorio Corbo, y el exministro de Hacienda de Sebastián Piñera, Felipe Larraín.
Fuente/Pulso/LaTercera
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¿Se quedarán sin nieve los Pirineos por culpa del cambio climático?
La nieve es uno de los elementos más característicos de las montañas y del invierno en gran parte del mundo. Más allá de su valor paisajístico, esta desempeña un papel clave en el funcionamiento de los ecosistemas de montaña y en múltiples actividades socioeconómicas.
Sin embargo, la nieve es también un componente del sistema climático especialmente sensible al calentamiento global. En las últimas décadas, su cantidad, duración y comportamiento han mostrado cambios significativos.
No nieva igual todos los inviernos
La nieve presenta una marcada variabilidad temporal y espacial. En las montañas de la península ibérica, los inviernos pueden alternar entre años con abundantes nevadas y otros casi sin nieve.
Esta variabilidad no es homogénea. Las cotas bajas y sectores como el Pirineo oriental son más irregulares debido a su posición frente a los flujos atlánticos, mientras que cordilleras occidentales y septentrionales actúan como barrera, captando la mayor parte de la humedad y dejando condiciones más secas hacia el este. Este fenómeno, conocido como sombra pluviométrica, también es observable en otras montañas españolas como Sierra Nevada.
A escala local, además, el relieve y el viento influyen también en la acumulación de nieve. En conjunto, estos factores hacen que las tendencias espacio-temporales de la nieve muestren una elevada heterogeneidad.
¿Hay menos nieve en el hemisferio norte?
A escala del hemisferio norte, la cobertura de nieve ha disminuido de forma acelerada desde la década de 1980. Este descenso se atribuye principalmente al aumento de la temperatura vinculado al cambio climático de origen antrópico. Este fenómeno ha dado lugar a lo que se conoce como sequía nival hidrológica, es decir, cuando la acumulación de nieve es insuficiente o la fusión es demasiado rápida y se genera un déficit respecto a un periodo histórico concreto.
Aun así, durante la estación fría, en cotas elevadas y en latitudes altas, la acumulación de nieve depende más de la precipitación que de la temperatura. En las latitudes medias de la cuenca del Mediterráneo, la precipitación presenta una elevada variabilidad anual y decadal, sin que se observen tendencias claras a lo largo del periodo histórico.
En los Pirineos, en cotas elevadas (>2 000 m), donde las temperaturas se mantienen bajo cero, las tendencias recientes (2000-2020) son neutras o ligeramente positivas. Sin embargo, en periodos más largos (1958–2017) se observa una disminución generalizada del número de días con nieve en el suelo y del espesor medio.
Además, en este sistema montañoso se detecta una fusión cada vez más temprana en la temporada y más intensa, asociada a un aumento de la energía disponible para derretir la nieve. Este fenómeno se ha relacionado con una mayor frecuencia de situaciones anticiclónicas durante la primavera. Estos periodos de estabilidad atmosférica favorecen la entrada de masas de aire templado, incrementan la radiación y el calor sensible, y aceleran la fusión. Estas situaciones atmosféricas se producen actualmente con temperaturas más elevadas debido al calentamiento global.
¿Qué pasará en el futuro?
Los estudios basados en simulaciones climáticas coinciden en proyectar una disminución de la nieve en el hemisferio norte, independientemente del modelo climático utilizado y del escenario de emisiones de gases de efecto invernadero considerado, tanto moderado como alto.
En los Pirineos, las proyecciones apuntan a una reducción generalizada de la nieve, especialmente en las cotas bajas, donde pequeños aumentos de temperatura determinan si la precipitación cae en forma de nieve o de lluvia.
Aun así, la nieve no desaparecerá de esta cadena montañosa, ni siquiera a finales de siglo. En concreto, las proyecciones para finales del siglo XXI (2080–2100) anticipan reducciones de la precipitación nival que oscilan entre el −9 % en un escenario de emisiones moderadas (entre 2 500 y 3 000 m) y el −29 % en un escenario de altas emisiones (entre 1 000 y 1 500 m), en comparación con el clima histórico (periodo 1960–2006).
Estos cambios afectan también la duración de la temporada de nieve, la rapidez de la fusión y los picos de escorrentía, es decir, el agua que circula por la superficie. Un aumento de 1 °C puede reducir hasta un 30 % la nieve estacional a 1 500 m.
Además, estudios recientes indican que el aumento de la temperatura debido al cambio climático contribuye a una mayor evaporación y a una mayor cantidad de humedad disponible en la atmósfera, lo que puede dar lugar a un incremento de episodios extremos de precipitación en forma de nieve, como la borrasca Filomena de 2021, siempre que la temperatura se sitúe por debajo del punto de fusión.
Implicaciones para el clima y los ecosistemas
La nieve es un factor clave en las zonas de montaña. Actúa como un regulador hidrológico natural: almacena agua durante los meses fríos y la libera de forma progresiva en primavera y verano. Su disminución altera los picos de escorrentía, afecta a la disponibilidad de recursos hídricos y condiciona la producción hidroeléctrica.
La nieve desempeña un papel fundamental en el clima debido a su alto albedo, ya que refleja gran parte de la radiación solar. La pérdida de cobertura nival incrementa la absorción de energía en la superficie, generando retroalimentaciones que aumentan la temperatura.
Los cambios en la nieve influyen también en los ecosistemas de montaña, en la fenología de la vegetación –en sus ciclos biológicos– y en la evolución de los glaciares, que dependen de una cubierta nival persistente para retrasar la exposición del hielo durante el verano. Además, el aumento de episodios de lluvia sobre nieve, favorecidos por temperaturas más elevadas, puede desencadenar crecidas rápidas e inundaciones, como la ocurrida en el municipio de Vielha (Lérida) en 2013, con elevados costes económicos.
En este contexto, el cambio climático plantea un desafío estructural para los sistemas naturales y económicos de montaña. Afrontar este nuevo escenario requiere avanzar en estrategias de adaptación y mitigación que permitan gestionar el agua, el territorio y las actividades de montaña.
Fuente/The Conversation / Creative Commons
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